viernes, 16 de abril de 2010

Transformanueca en revisión (II): ¿Mea culpa tecnológico?



No sería muy exagerado afirmar que los primeros veinte años (1950-1970) de mi vida los pasé esencialmente dedicado a adquirir conocimientos científicos y cierta cultura para contribuir, como ciudadano e ingeniero químico, al desarrollo de mi país y, especialmente, a un desarrollo petroquímico que permitiera incrementar la productividad agrícola -vía fertilizantes- y con ello atender las necesidades alimentarias de la población. Tenía ya prácticamente terminada la carrera académica, y montado un laboratorio personal de química, con algunos cientos de equipos y miles de reactivos, cuando descubrí que los planes, tanto del gobierno como de la industria petrolera, eran muy distintos: adquirir plantas llave en mano ("El Tablazo marca el paso..."), instalarlas a los trancazos para hacer propaganda con la inauguración de las obras, y hacer negocios con las contrataciones, uno, y obtener ganancias fáciles con la exportación de petróleo crudo, la otra. Desbordado de indignación -o quien sabe si incapaz de entender los juegos del país, demasiado alejados de los míos-, pero quedándome para siempre con las pasiones básicas entonces activadas: la ciencia, la literatura, el arte, la fotografía, los viajes, la amistad, el amor, la naturaleza (todas las cuales han ido dejando su secuela de expresiones o huellas tangibles e intangibles diversas, aunque muchas de ellas, como los diarios personales o el laboratorio de química, que la DISIP se empeñó en declarar herramienta terrorista -y cuyas pequeñas historias creo haber comentado antes-, se extraviaron el camino...), decidí dedicarme a la política para ayudar a corregir semejante orden de cosas.

Los segundos veinte años (1970-1990), o sea, la segunda cuarta parte probable
(pues uno nunca sabe...) de mi vida, los dediqué principalmente a actividades sociales y políticas. Dirigí un movimiento universitario (la Liga de Estudiantes / Hacia la Toma del Porvenir); contribuí decisivamente, como mano derecha de Alfredo Maneiro, a la construcción de un partido político (La Causa R); luego, con Jorge Giordani, Edgar Paredes Pisani, Luis Alvaray, Christian Burgazzi y otros, de un movimiento profesional (el Movimiento Profesional Antonio José de Sucre, MPS, a nivel de ingenieros y afines); y, más tarde, junto a Carlos Blanco, Rigoberto Lanz, Alí Rodríguez y otros, intenté, sin éxito, pues pronto me sentí solo en el empeño, fundar otro partido político. También trabajé en, o dirigí, varias publicaciones, que acompañaron esos esfuerzos: La Causa R, Prag, el Boletín del MPS, la revista Ahora... También aprendí a ganarme la vida con el oficio de analista de información documental, al que escogí por que me permitía estudiar y seguir aprendiendo sobre la problemática de la educación, la ciencia y la tecnología, e hice los abstracts (resúmenes analíticos) de un par de decenas de miles de artículos de revistas y libros. De esos años me quedó, aparte de la experiencia de levantar una familia y un par de hijos, de las huellas de aquellas actividades a las que llamé pasiones básicas -con sus respectivos archivos, bibliotecas, ficheros y afines-, y también de las cicatrices de un generoso y surtido racimo de expulsiones, un cuerpo de ideas propias y no académicas, volcadas en manuscritos personales y/o divulgadas en talleres, foros,seminarios y publicaciones menores, aunque nunca seriamente publicadas, acerca de la naturaleza del desarrollo de las capacidades productivas y educativas, y una visión de las dinámicas de los movimientos sociales y políticos. Claro que, en el plano propiamente político, indirecta o parcialmente contribuí a algunos logros: la organización de la Causa R, de donde emergió luego el partido Patria Para Todos, ciertos logros del MPS en el Colegio de Ingenieros de Guayana (con la paralización de la despiadada construcción de la represa de Guri, por el consorcio Brasvén, en donde murieron decenas de tabajadores en condiciones harto inseguras, como el logro más importante) y su apoyo crucial a las gestiones de Andrés Velázquez en Bolívar, y hasta la emergencia de Chávez y el chavismo (pues las relaciones con el sector militar se iniciaron por aquella época, y el propio presidente ha reconocido a Alfredo Maneiro como uno de sus principales mentores...) tienen mucho que ver con esos esfuerzos. Pero, no obstante, entre mediados y fines de los ochenta, sentí que el mundo de la política venezolana tendía a convertirse, cargado de intereses que lo bastardean (en la acepción negativa de este vocablo), en un fin en sí mismo, desvinculado de la atención a las necesidades de la gente, y dejó de interesarme como actividad primordial. Decidí entonces, junto con Maricarmen Padrón, con quien también me casé en segundas nupcias, fundar un pequeño centro de investigación sin fines de lucro y sin subsidio alguno público o privado (pero sí hepático para quienes hemos estado en él...) al que decidimos llamar Centro de Transformación Sociotecnológica (FORMA), dedicado a impulsar un desarrollo de capacidades tecnológicas con ética e inspiración social (de allí lo de Transformación Sociotecnológica), al que todavía, aunque sin ella, dirijo.

La que posiblemente se convierta en la tercera cuarta parte de mi existencia (1990-2010) ha transcurrido entre la dedicación a un conjunto de más de cien proyectos, que apuntaron al desarrollo de capacidades tecnológicas y de formación de personal técnico y tecnológico, entre ellos algunos dedicados a impulsar la formación de ingenieros de procesos petroquímicos en INTEVEP, de personal siderúrgico y metalúrgico en las empresas básicas de Guayana, en el sector eléctrico, en la industria metalmecánica, en el ámbito ambiental de la meteorología, la climatología y la hidrología; la continuación de las investigaciones sobre la transformación de nuestras sociedades, junto al seguimento acucioso del acontecer político latinoamericano, y el empeño, fallido hasta ahora, por comprarle a la vida aunque fuese un par de años para publicar y dar a conocer los resultados de tantos estudios y experiencias; y, muy recientemente, con la dedicación a Transformanueca. Sin embargo, la inflación rampante y producto de la desconfianza de los actores económicos en el futuro, la extendida incomprensión de la importancia del conocimiento en las sociedades modernas, las discontinuidades en los proyectos públicos,
el inmediatismo mercantilista de las empresas, y, quizás sobre todo, la corrupción desatada en el país, con un tráfico de comisiones (sin las cuales a menudo es imposible hasta cobrar los proyectos ejecutados para el sector público) que asfixia casi todos los esfuerzos de atención real a los problemas, han conspirado exitosamente para que, otra vez, los resultados sólo puedan verse de manera magra e indirecta: algunos miles de profesionales, técnicos y empresarios que han asistido a los cursos de FORMA, diseños de sistemas diversos, contribución a los planes estrategicoides (pues con la extrema incertidumbre reinante nada puede ser realmente estratégico en Venezuela) de numerosas pequeñas y medianas empresas e instituciones, y, de nuevo, bibliotecas, archivos, y miles de páginas, fichas y documentos diversos escritos (así como de fotografías, etc.), a la espera de una oportunidad para ser divulgados (o esperando su turno para ir a parar a quien sabe qué basurero, derrumbe sísmico o incendio...). Transformanueca ha venido a ser una especie de espita o válvula de escape de estas ideas acumuladas, pero he aquí que, apenas en su primer año, ya comienza a padecer del síndrome de la incomprensión y abandono externo al que pareciera condenado cualquier intento serio de transformación del país, o, como mínimo, cualquiera de los emprendidos por quien suscribe.

Para efectos prácticos, Venezuela se comporta como un área rural en la que ha aparecido una mina de petróleo, o como un colegio en el que se tumban piñatas todos los días: ni los productores quieren trabajar, puro pensando en las preciadas pepitas, menas o dólares de la mina, ni los muchachos quieren estudiar o aprender puro pensando en las golosinas de las piñatas. Quienes proponen algo distinto al reparto de unas u otras poco a poco terminan siendo vistos como raros, acomplejados o enfermos, y no pocas veces como los enemigos a aplastar. Todo ocurre como si el país padeciese una incurable adicción a las palancas, movidas, rebusques, bullas y chanchullos que genera la renta petrolera, ante la cual sucumben todos los esfuerzos de prédica o de acción que apunten en sentido contrario.

Cuando me senté a escribir el artículo estaba pensando en Transformanueca y su futuro, pero en algún momento -¿será que hay algún virus autobiográfico que me ataca en torno a los aniversarios...?- empecé a hablar no del blog sino del supuesto bloguero y su futuro, y a veces confieso que no logro distinguir bien donde termino yo y donde empiezan mis empeños por difundir y aplicar ideas... Espero que estas reflexiones no contribuyan, o a lo mejor sí va a ser así, a cocer más la que quizás sea ya una colección de ladrillos... (Como ven, las reflexiones y cosas por aquí no han estado precisamente color de rosa, pero por lo visto no hay más remedio cuando cumple años el blog y el tal bloguero está casi presto a iniciar su probable última cuarta parte de residencia en este compungido planeta...).

martes, 13 de abril de 2010

Transformanueca en revisión (I): ¿Mea culpa científico?

¡Quién lo iba a creer! ¡Una criatura de apenas un año, y ya con una crisis existencial! Pues resulta que eso es exactamente lo que ha ocurrido. Tal vez copiándose de su progenitor, a Transformanueca le ha dado por celebrar su primer aniversario dándole dizque por evaluar su trayectoria -¿cuál trayectoria, si apenas está dando sus pininos, preguntan por aquí?- y decidir su destino próximo (para variar, en medio de un si no silencio absoluto de sus lectores, por lo menos tirando a murmullesco). Tan seria ha sido la absorción en sus meditaciones, que por primera vez en todo el primer año el blog se ha atrasado imperdonablemente en dos artículos, y ahora deberá ponerse al día para arribar más elegantemente a su artículo aniversario, el 104*. Bueno, sorpresas te da la vida...

Más allá de la cuestión circunstancial de la escasez de comentarios, el asunto que ha recalentado las neuronas de Transformanueca es el de la compatibilidad entre un enfoque centrado en lo importante para la transformación de nuestras naciones latinoamericanas en el largo plazo versus otro que atienda más la urgencia de los cambios locales en el corto plazo. Por supuesto que de lo que se trata es de combinar ambos, pero el quid está, tal y como lo planteamos en el artículo anterior, en cómo hacerlo en un medio comunicacional con las restricciones y potencialidades de este.

Mirando hacia atrás resulta claro que el tratamiento brindado al tema alimentario provocó una especie de mutis en los lectores, probablemente debido al énfasis en ciertos aspectos, digamos que científicos, de esta problemática. Y así podríamos, pongamos por caso, hacer un mea culpa por habernos dejado llevar por una de nuestras pasiones, la química, tal vez abusando de la buena voluntad de los lectores, o quizás hacer un propósito de rectificación en materia de extensión de los artículos y/o de las series del blog, o, a lo mejor, decidir sencillamente responder a lo que pareciera acaparar la atención de mis compatriotas chicos, los venezolanos, cual es la definición permanente y obsesiva ante las acciones, expresiones u omisiones del actual Comandante en Jefe de la República Bolivariana. De ser así, no tendríamos por delante mayores complicaciones.

Pero ¿qué hacer si seguimos persuadidos de que esta problemática alimentaria está en el meollo subyacente a todo el acontecer político no sólo venezolano sino latinoamericano? ¿De que todos nuestros problemas sociales estructurales arrancan del hecho de que nuestra nación ha sido edificada, como todas las demás del subcontinente, sobre la base de la destrucción sistemática de los modos de vida de las poblaciones indo y afroamericanas, de la negación de su libertad alimentaria y del reemplazo de economías sustentables por otras al servicio de la monoexportación de bienes, crecientemente no agrícolas ni alimenticios, para beneficio de ajenos y muy pocos? ¿De que mientras no seamos capaces de darle una solución definitiva a esta necesidad primarísima seguiremos viviendo en una sociedad de manpostería o en una suerte de campamento minero, plagados de exclusiones y privilegios? ¿De que, incluso en el plano coyuntural, toda la dinámica actual de acontecimientos arranca del llamado Caracazo, que no fue otra cosa sino un desbordamiento popular, seguido de una brutal represión, ante la incapacidad institucional para asegurar la satisfacción de necesidades básicas, y antes que nada alimentarias, de la mayoría de la población? ¿O es que, acaso, más allá de la chispa encendida por un incidente de costo de pasajes en las rutas de transporte urbanas, el hecho central de esta revuelta popular, que ahora unos quieren exaltar como una insurreción política de talla histórica y otros desestimar como un mero desorden público, no fue el saqueo masivo de supermercados, abastos y bodegas a manos de un pueblo pobre que sólo logra subsistir mal que bien dedicándole hasta la mitad o más de sus precarios ingresos a la adquisición de alimentos? ¿O es que no nos damos cuenta de que el caballo principal de la batalla del gobierno por la captación de votos populares y por su afianzamiento en el poder ha sido la distribución masiva -y lamentablemente no sustentable- de alimentos entre los sectores de bajos ingresos, quienes han pasado a ver al actual presidente como su máximo benefactor histórico y le han respondido con un respaldo poco menos que incondicional (con aquello de que amor con amor se paga...)?

Y, como si estas visiones microestructural y coyuntural fuesen insuficientes, entonces, en un plano mucho más grueso y abarcante, ¿no es acaso la dificultad para organizar nuestra producción agrícola en una realidad de suelos tropicales y a menudo excesivamente lavados e inaptos para los monocultivos típicos de las zonas templadas, con su escasez de conocimientos relevantes, el obstáculo más formidable que se interpone en el tránsito a nuestra modernidad, y que deja al desnudo toda la retórica y la desvinculación de la realidad de nuestros centros de enseñanza superior e investigación? ¿O es que el problema del hambre proteicocalórica no es el más acuciante para las cinco sextas partes de la humanidad, mientras que la sexta parte restante no deja de padecer de severas hambres de micronutrientes específicos, con la carga de infartos, obesidades, arteriosclerosis, diabetes, etc., que ello acarrea? Y ¿cómo subestimar el lastre abrumador que significa una cultura de parcelamiento del conocimiento en segmentos estancos, en donde el grueso de políticos parecieran alérgicos ante la más leve exigencia de comprensión de los rudimentos científicos de los problemas sociales, y especialmente alimentarios, que nos agobian? ¿En donde, una y otra vez, en el caso venezolano, desatendiendo los gritos de alarma de nuestros más preclaros pensadores y ductores, desde Simón Rodríguez y el propio Libertador hasta Arturo Uslar Pietri, Pérez Alfonzo, Luis Beltrán Prieto, Domingo Felipe Maza Zabala, pasando por Cecilio Acosta, Alberto Adriani, Cecilio Zubillaga, Mariano Picón Salas, José María Bengoa, Reinaldo Cervini, Alejandro Hernández, Luis Caballero Mejías y tantos otros, se ha desatendido la capacitación de la población para la producción agrícola alimentaria en base a la necesidad de satisfacer nuestros requerimientos? ¿Qué hacer, entonces, si nos asaltan dudas acerca de si la razón profunda del rechazo al abordaje en profundidad de nuestros asuntos alimentarios en el blog no estará relacionada con la secular desatención a esta vital problemática en nuestros países?

En estas y afines reflexiones hemos estado zambullidos estos días y seguiremos en los próximos, y demás está decir que mucho apreciaríamos las opiniones de los lectores que nos deseen apoyar con sugerencias u observaciones.

*Posdata: una lectora me observó, en comunicación personal, acertadamente, que el aniversario de Transformanueca no se cumple con el artículo 104, sino el día 24 de abril, cuando salió a la web el primer artículo del blog, o, en su defecto, el martes o viernes más cercano a esa fecha, como lo será el próximo viernes 23 de abril. Quedamos más que convencidos... y agradecidos.

viernes, 9 de abril de 2010

¿Hacia dónde debe orientarse Transformanueca?

Nuestro caro -y ya por cuatro décadas- amigo Rafael Maldonado nos ha escrito hace días un comentario de grueso calibre, que nos ha dado mucho que pensar, y todavía estamos, en la dirección y redacción de Transformanueca, indecisos entre si considerar que nos ha puesto el dedo en la llaga o si ha lanzado una pedrada en el ojo del boticario*. Y, por si fuera poco, el sentido profundo de estos reclamos ha venido a coincidir con observaciones directas recientes de otros fans y seguidores del blog, como Isis, Maricarmen, Edgar Fernando y varios otros cercanos y/o camaradas políticos, a quienes les ha extrañado su rumbo reciente. Tanto impacto ha tenido este comentario al artículo 99 (el penúltimo) que, sobre la marcha de nuestras reflexiones y dada la trascendencia del asunto planteado, hemos decidido responder a sus planteamientos no de la manera usual, con otro comentario, sino con un artículo completo, éste.

Rafael comienza su reciente mensaje, un poco al estilo de algunos de sus anteriores, casi con una amenaza de retirarse de lector del blog, cuya pista ha "intentado seguir", si se insiste en tratar temas que a él no le interesan y que superan su paciencia, y observando que ya nos tiene en una especie de cuarentena hasta que se nos pasen las manías alimentarias o, peor todavía, sexuales [claro que estas son exageraciones pedagógicas, del tipo usual en nuestras asambleas estudiantiles de antaño, pues a lo que él llama "intentar seguir la pista del blog", incluye minucias como la de imprimir todos los artículos y guardarlos en una carpeta, llamarme regularmente por teléfono para hacer comentarios verbales, e invitarme periódicamente a almorzar para hablarme del blog y discutir sobre la situación política del país, etcétera]. Pero resulta que luego, tras estos familiares escarceos, y cuando ya empezábamos a prepararnos mentalmente para responderle a la usanza anterior, o sea, justificando lo que estamos haciendo, se lanza con una batería de contundentes reclamos en donde nos dice que hay un Edgar político a quien él bien conoce y a quien no encuentra en estos escritos, que hay un cúmulo de asuntos urgentes que están pasando y sobre los que le gustaría conocer mi opinión, y, en dos platos, que a él le consta que en el pasado hemos sido capaces de conjugar la atención a lo urgente y a lo importante, mientras que no lo estamos haciendo en el presente, con lo cual nos ha dejado entre anonadados y turulatos.

La verdad sea dicha es que el comentario rafaeliano ha llegado en un momento que no podía ser más oportuno, por lo cual le estamos más allá de lo agradecidos, pues, al filo del artículo cien de Transformanueca, nos disponíamos a hacer una evaluación de lo hecho, con miras a hacer ajustes o darle su golpecito de timón al rumbo del blog. Lo que nos habíamos propuesto hasta ahora, hartos como estamos de tanta cháchara política vacía en Venezuela, que no pocas veces se reduce a determinar si uno está incondicionalmente a favor o en contra de las ocurrencias de Chávez, era sentar una base de reflexiones generales preliminares, una especie de contexto o marco ideológico amplio y no catequístico ni libresco, que nos permitiera, más adelante, abordar también, pero con mayor consistencia, temas más prácticos, urgentes y políticos. Pero todo empieza a sugerir que se nos ha pasado la mano en favor de la atención a lo importante y en detrimento de lo urgente, y esta vez el jalón de orejas de nuestro amigo, que no se vino -como la otra vez- con protestas porque habláramos de las poblaciones prehispánicas (sobre las que se dice muy poco en Internet) en lugar de sobre Michael Jackson (bajo cuyo nombre se recuperan 117 millones de páginas...), sino con exigencias de definiciones ante asuntos como las próximas elecciones parlamentarias o la disputa Chávez/Falcón, nos ha sacudido constructivamente.

Nuestro plan original con el blog ha consistido en dedicarle un año y algunos meses, unos ciento y pico de artículos, a establecer las premisas mencionadas, y particularmente a exponer lo que entendemos por capacidades, identidades, necesidades y libertades, para, desde allí, abordar la problemática conceptual sobre los modos, procesos e historias de vida, con énfasis en sus singularidades latinoamericanas, y luego comenzar a abordar temas del tipo que más le interesan a Rafael. Ocurrió, sin embargo, que, por un lado, al abordar el tema de las necesidades alimentarias, para el que inicialmente estaba previsto un solo artículo, se destaparon viejos archivos de fichas de investigación y documentos redactados (algunos de más de cien páginas) sobre esta problemática que siempre me ha atraído, y de pronto me vi actualizando mis análisis de hace más de dos décadas y contrastándolos con la copiosa información ahora disponible gratuitamente por Internet; y, por otro, tuvieron lugar, primero, la muerte natural de José María Bengoa, uno de mis ídolos en materia alimentaria, sobre la cual muy poco se dijo en la prensa establecida -lo que ya me indignó bastante-, y, luego, el abominable crimen perpetrado contra el empresario caroreño Mario Oropeza Riera, uno de los principales impulsores de una nueva raza lechera de importancia estratégica para el país, el cual fue ignorado por el gobierno y tratado mediáticamente casi como un caso más de las páginas de sucesos. Todo esto, más cierta pasión frustrada por la química -de la que hablaré otro día-, terminó por sublevar mi espíritu y disparar la subserie hasta un total de quince artículos, que, quizás justificadamente, hicieron perder la paciencia bloguera a nuestro amigo y, seguramente, a otros seguidores y lectores. No viene al caso pedir excusas por algo que no estoy seguro dejaría de hacer si pudiese devolver el tiempo, pero sí declarar que considero que los lectores de Transformanueca tienen todo el derecho a reclamar por lo que consideren un extravío micromediático, y que todos los que participemos en la dirección y redacción del blog estamos obligados a escucharlos con respeto, pues, entre otras cosas, de eso, de interactuar con otros, se trata en estas cibercomunicaciones.

Tres son las opciones o vías alternativas que podrían estar abiertas para la evolución venidera del blog, a las que conceptualizo así:
  1. La opción trivial: continuar con la programación preestablecida, concluir las subseries y series sobre necesidades y libertades, y luego sobre sistemas e historias de vida en América Latina, para después comenzar a tratar poco a poco cuestiones más urgentes, políticas e/o inmediatas. Ventajas de esta opción: se podrían abordar, dentro de unos meses, los temas más políticos con una mayor profundidad y precisión. Desventaja: el blog podría ganarse una famita de indolente o insensible ante asuntos de interés inmediato de los lectores, y/o pasar agachado ante temas de interés vital, para frustración e impaciencia de unos cuantos.
  2. La opción golpe drástico de timón: abordar ya una serie sobre asuntos de interés inmediato para los lectores venezolanos, que son, por ahora, la gran mayoría de lectores, y diferir por unos meses el tratamiento de las cuestiones más conceptuales, que, de requerirse, se expondrían sobre la marcha. Ventaja: se tranquilizaría a muchos lectores preocupados por cierta aparente exquisitez o preciosismo del blog, demostrándoles que no tenemos vocaciones académicas ni retóricas, sino que seguimos siendo los hombres de acción y reflexión de siempre. Desventajas: aparte de cierta pérdida de profundidad en el abordaje de algunos temas estratégicos, el blog podría atraer a intolerantes e insultadores de oficio, de uno u otro bando, no dispuestos a admitir que pueda existir en política algo diferente a estar incondicionalmente con o acérrimamente en contra del actual Presidente de los venezolanos, y esto podría hacerle perder al cuasibloguero su paciencia...
  3. La opción golpe moderado de timón: que podría constar de alguna modalidad de entreveramiento o intercalado de artículos o series, unos más conceptuales y abstractos y otros más vinculados a la coyuntura y el momento político actuales en América Latina y, particularmente, Venezuela, tal vez combinados con algún tipo de difusión de los artículos a través de la prensa o medios ordinarios. Ventajas: podría intentarse adoptar lo mejor de las opciones anteriores, esto es, avanzar hacia un blog a la vez denso y relevante para el día a día. Desventaja: podría perderse el chivo y el mecate, o, como le respondió una vez Bernard Shaw a Isadora Duncan, quien le propuso la posibilidad de tener un hijo que tuviese la inteligencia de él y la gracia corporal de ella, que nunca podría tenerse la garantía de tomar lo mejor de amba opciones, y que bien podría resultar un engendro con la fealdad corporal de él y las limitaciones mentales de ella... o sea, como decimos por aquí, un blog que no fuese ni chicha ni limonada...
En fin, ¡qué interesante y grato sería poder conocer la opinión de algunos otros lectores acerca de estos cruciales asuntos que nos ha planteado nuestro amigo Rafael! (Mientras encontramos la manera de ofrecerlo permanentemente, el procedimiento para hacer los comentarios está detallado en el artículo anterior, o sea, el número cien, del martes 06/04/2010). Espero entonces noticias, que podrían apoyar, o conducir a, decisiones que se anunciarían en el artículo numero 104, correspondiente al aniversario propiamente dicho de Transformanueca.


*Durante muchos años, y curiosos como somos con las cosas del idioma, nos preguntamos y le preguntamos a otros acerca del origen de este popular refrán venezolano, y nada que lo aclarábamos: unos decían que se refería a los lentes que solían usar los boticarios, otros que sus ojos les eran esenciales para medir las recetas de los medicamentos, alguno habló de una pedrada famosa a un boticario caraqueño que no recordaba, etcétera, hasta que un día, casualmente y hace pocos años, escudriñando, como muchas veces lo hemos hecho, tanto por gusto como por necesidad, las acepciones y formas complejas de palabras en el Diccionario de la lengua española (Vigésima segunda edición) de la Real Academia Española, al que en confianza llamamos aquí DRAE, encontramos la perla de que el
ojo de boticario era simplemente el "lugar seguro en las boticas para guardar estupefacientes y ciertos medicamentos", de donde resulta, de cajón, que el refrán trata del efecto devastador que puede tener una pedrada digamos que en el meollo o madre de los recursos valiosos de un sistema complejo, al estilo de una botica o farmacia de las viejas, o de un blog de los de ahora...

martes, 6 de abril de 2010

¿Por qué y para quiénes estos cien artículos?

Varios enfoques concursaron, durante días, para inspirar este artículo centenario de Transformanueca. El primero, que parecía obvio, de corte casi celebrativo, en la onda del artículo cincuenta, fue prontamente descartado ante la situación angustiosa que vive Venezuela, cuya economía está desmoronándose y con una inflación rampante, en donde la inseguridad nos está disparando a marcas olímpicas de criminalidad, y cuyo clima político pre-electoral amenaza convertirse en un nuevo festival de intolerancia e inmadurez política: la oposición sin ajustar cuentas con su estrategias de salir del gobierno como sea, el gobierno cada día más sectario y exclusivamente actuante en función de su propia perpetuación, y Dios quiera que no ocurra un retorno a las andanzas del año 2002... El segundo, digamos que evaluativo o reflexivo, invitando a los lectores a opinar sobre la experiencia y el futuro del blog, quizás con apoyo en una encuesta, resultó igualmente rechazado tras constatar que por estos ciberlares, y pese a que el flujo de visitas no ha bajado -pues se mantiene en cerca de once o doce diarias-, hace un mes (ocho artículos seguidos) que no se recibe ni un comentario* aunque sea para decir este teclado es mío, lo cual lució como una respuesta de los alrededor de setenta u ochenta asiduos del blog, quienes parecieran haber dicho anticipadamente que están ocupados en otros menesteres... El tercero, pongámoslo como defensivo, consistiría en una argumentación o justificación de lo hecho hasta ahora en el blog, de repente acompañado de un nuevo llamado a los lectores a tener paciencia, etc., pero por razones no del todo racionales la redacción experimentó una especie de fastidio previo ante esta opción y la descartó sin más... Otro más habría sido una especie de enfoque evasivo, como si aquí no estuviese pasando nada, pero esto en seguida se reveló tanto indigno del estilo que queremos para Transformanueca como prácticamente irrespetuoso para los pocos pero honorables lectores...

Y fue así que nos quedamos con este enfoque, al que podríamos llamar afirmativo/autocrítico, que consiste, en dos platos, en reconocer de antemano que algún error de relieve debe haberse cometido aquí, para provocar semejante éxodo de lectores dispuestos a formular comentarios y quebrando la tradición de aproximadamente un promedio de un comentario externo por artículo, pero, por otro lado, afirmando sin ambages que, incluso admitiendo la posibilidad de algún desliz reciente, las convicciones esenciales del blog se mantienen, así como su disposición a continuar. Tal es la idea que sustentaremos a continuación.

Todo sugiere que, por alguna razón, la subserie sobre la cuestión alimentaria, una perla en la corona de preocupaciones del metido dizque a bloguero este, no logró tocar fibras profundas de los lectores. Sea porque se pasó de extensa o de científica, porque se alejó demasiado de las inquietudes principales de los lectores -hasta ahora, en su mayoría, profesionales de clase media-, o por razones que faltan por descubrir, lo cierto es que un mes entero sin comentarios de ninguna índole se pasó de maraca en materia de silencios cibernéticos admisibles. Esto tiene que obligar a reflexionar a Transformanueca, cosa que haremos a partir de ahora -¡ojalá que con apoyo de algunos lectores!- y, sobre todo, desde aquí hasta el artículo 104, con el que se cumplirá un año (cincuenta y dos semanas de dos artículos cada una).

Por otra parte, y al margen de la contingencia del mes de marzo, la ocasión parece particularmente propicia para responder a la pregunta escogida como título. Comencemos con su primera parte: ¿Por qué estos cien artículos?
  • En primer lugar y sobre todo porque estamos convencidos de que en el planeta, y especialmente en América Latina, algo hay que hacer frente una suerte de epidemia de pereza mental, ante la cual la gripe porcina, alias AH1N1, luce como un estornudo esporádico. Mientras que, en relación a cualquier tema que escojamos, en estos ya no tan albores del siglo XXI se tienen cien veces más conocimientos que en la primera mitad del siglo XIX, la gente, incluso mucha gente instruida e informada, pareciera empecinada en pensar bien con las cabezas de los liberales decimonónicos, que se imaginaban que todos los problemas de la humanidad se resolverían en pocas décadas con el auxilio de la ciencia, la tecnología y los mercados competitivos, o bien con las de los socialistas utópicos, que creían que con buena voluntad e intenciones de sus líderes, y una buena sazón de enfrentamientos, experimentos y denuncias contra los desafueros capitalistas, los pobres y proletarios del mundo pronto lograrían enderezar la mayoría de entuertos civilizatorios. Poco ha importado que los científicos, pese a saber muchísimo más que sus colegas de anteayer -quienes creyeron saberlo casi todo-, sean invariablemente más humildes y más escépticos en torno a las posibilidades de la ciencia; que el capitalismo bicentenario sólo pueda exhibir magros resultados, beneficiosos para menos de una sexta parte de la población mundial; que la idea del socialismo en países atrasados e impulsado a punta de voluntarismos y denuncias haya resultado en absolutos y numerosos fracasos más allá de lo estrepitoso; o que hoy se conozcan, razonablemente soportadas, explicaciones convincentes acerca de los orígenes y evolución del universo, la materia, el tiempo, el espacio, la vida, el ser humano o la civilización occidental, con las que ni soñaron aquellos pensadores de marras. Para efectos prácticos, todo eso es tratado cual conchas de ajos, y ¡que viva la ceguera! pareciera ser la consigna imperante ante las nuevas luces. Transformanueca, especialmente con estos primeros cien artículos, se ha propuesto aportar aunque sean algunas pistas para la conformación de ciertos elementos en la construcción de algún grano de arena en pro de la superación de semejante neoscurantismo y su maniqueísmo derivado.
  • En segundo lugar y más concretamente, porque pensamos que América Latina, necesita de una orientación que le permita, sin renunciar a sus críticas civilizatorias o a sus sueños de largo plazo, moverse en el corto y mediano plazo en el contexto de una realidad en donde tendrá inexorablemente que aprender a sacar provecho de la educación, la ciencia, la tecnología y la democracia modernas. Después del derrumbe de la ilusión de que podría hacer un salto histórico altilargo desde el latifundismo y mercantilismo al socialismo, sin hacer escala en el capitalismo, América Latina requiere imperiosamente de una comprensión profunda del sentido y carácter de sus transformaciones, y Transformanueca aspira a ser útil en el proceso de elaboración de tal orientación concreta -o, como mínimo, de algunas de sus premisas-, que facilite la edificación de nuevos modos de vida, nuevas capacidades sociales y nuevas maneras de satisfacer nuestras imperiosas necesidades y conquistar nuestras merecidas libertades. Estos cien artículos pretenden haber sido un aporte inicial en este sentido.
  • En tercer lugar, porque hay que empeñarse en superar una concepción reinante en muchos países, y particularmente en Venezuela, con su fuerte adicción rentista y estatista, que hace de la política, y particularmente de la escena política mediática, el non plus ultra de la transformación social. Se pretende que los políticos, frecuentemente intolerantes, sectarios y alérgicos al debate y a la disidencia, las más de las veces sin una mínima claridad intelectual, sin organizaciones sólidas y construidas desde abajo, y no pocas veces sin experiencia en el impulso de luchas desde el seno de movimientos sociales, se conviertan, de golpe y porrazo, en mandamases de todos los poderes y fuerzas públicas, manejadores de todas las chequeras de mayores dígitos, ideólogos de la educación, la ciencia y la cultura, dueños de todos los territorios y recursos importantes, voceros en todos los medios masivos de comunicación y tomadores de todas las decisiones de relieve. Estos políticos no tienen tiempo para discusiones, ni para analizar problemas, ni para reflexiones, ni para escuchar a nadie y menos si se trata de críticas: se las saben todas, todo el tiempo y mientras por más tiempo mejor, y punto. Esta enfermedad, que en Venezuela lleva ya cuando menos un siglo de arraigo, hace que los ciudadanos corrientes conviertan sus derechos políticos en meras cualidades de aguante y recepción de dádivas, o, a lo sumo, en permisos para hacer bulto en mítines o sumar votos en elecciones, sin capacidad de control alguno sobre sus gobernantes o sobre las orientaciones sea del gobierno o de la oposición. Transformanueca quiere nadar contra esta nefasta corriente, y estos cien artículos esperan haber ayudado y seguir ayudando para ampliar esa concepción, a la vez mezquina por un lado y omniabarcante por otro, de la política.
  • Y, por último, mas sin menoscabar su importancia, porque es necesario revigorizar las ideas de la generación mundial de Mayo '68, que gritó que si una revolución no es capaz de cambiar la vida hasta sus cimientos no merece llamarse tal. Todo acontece como si, en medio del simplismo mental, de los vacíos programáticos y de las carencias políticas señaladas, en nuestros países latinoamericanos se pretendiera retrotraer los términos del cambio social a los parámetros de la Guerra Fría, en donde la toma del poder político en favor o en contra de megaenemigos planetarios agotaba los alcances de la revolución, y cualquier planteamiento o iniciativa distintos eran inmediatamente catalogados como cobardes escapismos que, en última instancia, le hacían el juego al enemigo. En nombre de la libertad y la democracia, por el lado capitalista, versus en nombre de los oprimidos y proletarios, por el lado dizque socialista, se quisieron justificar desde abusos y arbitrariedades hasta cacerías de brujas y purgas, cuando no de crasas matanzas y genocidios. Transformanueca apuesta a reivindicar la libertad de pensamiento y disensión en el quid de toda propuesta transformadora, y estos primeros artículos quieren servir de botón de muestra.
Y en cuanto a la segunda parte de la pregunta titular: ¿a quiénes están dirigidos estos primeros cien artículos?, respondemos: a seres socialmente sensibles, amplios de mente y dispuestos a pensar en maneras de traducir en cambios y hechos concretos tal sensibilidad y amplitud; a latinoamericanos conscientes de la imperiosidad de los cambios en nuestra subregión, que no conduzcan a pesadillas del pasado o a reediciones ilimitadas de las mismas situaciones problemáticas, y dispuestos a tomarse un tiempo para conceptualizar, diseñar y planificar el sentido, no importa si para actualizarlo una y otra vez, de tales cambios, así como a no latinoamericanos interesados seriamente en nuestros asuntos. No es un blog para acólitos, incondicionales de caudillos, fundamentalistas, catequistas, poseedores de verdades eternas, caletreros o sabelotodos.

Con estas afirmaciones iniciales, y también durante, sobre todo, los próximos cuatro artículos, hasta cumplir el primer año de actividades del blog,
cuando volveremos sobre estas cuestiones, damos por iniciada nuestra reflexión centenario/aniversaria, e invitamos encarecidamente a nuestros lectores a ayudarnos a ver más claro el porvenir inmediato de Transformanueca. Y no sobra recordar que para expresar comentarios en el blog, que no pocas amigas y amigos me hacen por teléfono, mensajes de texto, correos electrónicos o en encuentros personales, basta con: a) hacer clic en el fondo de los artículos, en donde dice "comentarios", b) luego, debajo de donde dice "Publicar un comentario en la entrada", abrir la ventanilla que dice "Comentar como:", y hacer clic en la opción "Nombre/URL", c) en el nuevo cuadro de diálogo "Editar perfil", escribir el nombre en el espacio "Nombre", y, si se quiere (aunque no es indispensable) que aparezca la foto que tengan asociada a una dirección Internet, escribir cuidadosamente tal dirección en donde dice URL (sin olvidar el http://), o, si no, dejar este espacio en blanco, y hacer clic en el botón "Continuar", d) escribir el comentario, no importa que sea breve o sencillo, pues lo apreciaremos más que cualquier silencio, en la ventana debajo de "Publicar un comentario en la entrada", y e) hacer clic en el botón "Publicar un comentario" (si aparece un mensaje que dice que no se pudo publicar el comentario por equis razón, darle de nuevo al mismo botón "Publicar un comentario", hasta que diga que ya ha sido publicado el comentario. ¿Complicado?, bueno, no es tan sencillo como desearíamos, pero tampoco nada del otro mundo o que no valga la pena aprender. Seguimos con ganas de seguir en contacto.

*Nota: justo cuando estábamos cerrando este artículo llegó un comentario bien crítico, al que nos referiremos prontamente, pero decidimos no modificar el texto de esta entrega.

viernes, 2 de abril de 2010

Sobre sexo, reproducción, familia y pareja en América Latina

Compartimos la apreciación, tantas veces formulada, desde perspectivas sociológicas y antropológicas hasta religiosas y filosóficas, de que la familia es a la sociedad lo que la célula al organismo individual. Mientras que el individuo solo no puede reproducirse biológica y mucho menos culturalmente, en la familia eso es exactamente lo que tiene lugar. La familia es una suerte de microsociedad o sociedad en miniatura, en donde se conforman primariamente las capacidades de los hijos y se ejercitan cotidianamente las de los padres, se libran luchas por satisfacer las necesidades y conquistar las libertades, y, quizás sobre todo, es allí donde se refuerzan, inhiben o distorsionan los valores fundamentales de la identidad humana. Hay evidencias de mucho peso, como las acumuladas por el Proyecto Cero de Harvard, que sugieren que cuando el niño entra a la escuela ya lleva consigo, adquirida en la familia, la concepción esencial del mundo que le acompañará toda su vida. Según esto, la política, en buena porción, se desenvolvería asegurando los apoyos, provocando los rechazos o superando los conflictos de ese niño preescolar que todos llevamos dentro.

A la hora, sin embargo, de plantear los mecanismos de estructuración, fortalecimiento o defensa de la familia, nos permitiremos disentir de buena parte de las teorías y propuestas establecidas, que nos parece tienden a enfatizar factores externos tales como los legales, los económicos o los religiosos. Sin descartar la gran importancia de estos, nos luce, quizás influidos por estudiosos de esta problemática como nuestro amigo Manuel Barroso, autor de La experiencia de ser familia, que tales factores, al menos en las sociedades modernas o con intenciones de serlo, actúan principalmente a través de una especie de núcleo interno, la pareja, que contiene, profundizando la metáfora celular, la carga o definición genética de la familia. Una familia sana es, a nuestro entender y en mucha mayor medida que a la inversa, la puesta en escena del proyecto vital de una pareja sana. La pareja, incluso si no es del tipo convencional heterosexual, es quien concibe, orienta, dirige, organiza y provee los recursos materiales y las conductas culturales que permitirán la crianza y socialización de los hijos propios, adoptados o heredados de relaciones anteriores. Si tuviésemos razón, entonces, buena parte de las estrategias sociales para recomponer la familia, y particularmente la familia latinoamericana, tendrían que enfatizar lo que con frecuencia es dejado de lado: el reforzamiento de la pareja, desde donde se ejercen o emanan, por decirlo de algún modo, las fuerzas y energías, a las que, en sentido amplio, estamos llamando sexuales, llamadas a asegurar nuestra identidad humana.

Una pareja capaz de asegurar su sustento y con una sana relación sexual y amorosa es el pilar fundamental sobre el cual puede erigirse una familia, un hogar, un conjunto de grupos e instituciones, y, por ende, una sociedad moderna sana. Mientras que las sociedades occidentales medias quisieron reemplazar esta pareja intrínsecamente amorosa por una familia unida desde fuera por los mandatos de Dios y sus representantes terrestres, con empoderamiento de un lugarteniente interno, el pater familiae, sus sucesoras, las sociedades occidentales modernas, están queriendo hacer de la atracción entre figuras físicas en busca de placeres mutuos el soporte de la familia y las instituciones, y cada una ha conducido a desviaciones distintas respecto de la senda de la restauración de nuestra identidad antropológica.

Si unas, al pretender proscribir el sexo y el placer, convierten a estas fuerzas en enemigas de un crecimiento planificado, las otras, al exaltarlas al margen de su esencia amorosa, pretenden hacer de la familia un centro de reforzamiento del desamor y la insensibilidad social. En ambos casos, el sexo, lejos de actuar como fuerza cohesionadora e integradora, se convierte en fuerza disruptiva y degenerativa. Si las familias clásicas y saturadas de normas, prohibiciones y obligaciones son una incitación a tener placeres e hijos fuera del matrimonio, y una causa indirecta de proliferación de madres solteras, no pocas veces adolescentes y aun niñas, prostitución forzada, abortos improvisados, etc., las familias nucleares modernas, articuladas al calor de atracciones cosméticas y crecidas en medio del egoísmo y el hedonismo reinantes, son un criadero de conductas indiferentes, cuyos vínculos muchas veces se disuelven apenas llegada la adolescencia de los hijos. Si la represión psicológica y física de unas ha sido descrita, por ejemplo, en las primeras películas de Carlos Saura (Ana y los lobos, La prima Angélica, Cría Cuervos,...), en donde quedan al desnudo las hipocresías de la sacrosanta familia franquista, o en ciertas películas de Bergman (Fanny y Alexander, Sonata otoñal, ...), que desenmascaran la familia puritana nórdica, las limitaciones de la familia materialista moderna han sido reveladas en múltiples filmes europeos y estadounidenses, entre los que se nos vienen a la mente Sexo, mentiras y video, de Steven Soderbergh, o Belleza americana, de Sam Mendes.

Para colmo, en nuestro caso latinoamericano, estas variantes de la familia patriarcal nuclear de tipo europeo han venido a reemplazar, casi por la fuerza, la estructura familiar de tipo bien matriarcal (con hegemonía del rol materno) o matrístico (en el sentido propuesto por Maturana y otros, con autoridad compartida por roles masculinos y femeninos) de nuestras poblaciones preibéricas, por lo cual el modelo nunca ha tenido plena aceptación, entre nuestros sectores populares sobre todo, y ello ha contribuido no poco, junto a la falta de empleos e ingresos familiares estables, a debilitar la estructura familiar de las sociedades latinoamericanas.

Prácticamente todo lo que hemos venido analizando y diciendo en este blog, a propósito de las sociedades latinoamericanas, podría particularizarse y expresarse desde el punto de vista de la familia latinoamericana, junto a su núcleo, la pareja latinoamericana. Nuestros ancestrales anhelos de constituirnos en una sociedad integrada y amorosa y dejar atrás las realidades de la exclusión y la discriminación, nuestras luchas por satisfacer nuestras necesidades y conquistar nuestras libertades desde alimentarias y sexuales hasta de autorrealización y armonía, los desafíos por transformar nuestras capacidades para hacer viable todo lo anterior, cambiar nuestras maneras de vivir y protagonizar nuestras historias, todo ello podríamos abordarlo desde este ámbito elemental, ante el cual también se yerguen, como en una escala proporcional, nuestros formidables obstáculos al cambio. Todas las debilidades y flaquezas, y también todas las potencialidades, de nuestras sociedades tienen su correlato en esta microesfera.

Y, precisa- mente, es este plano familiar el que más directa e inmediata- mente sufre los embates de la insatisfac- ción de nuestras necesidades alimentarias y sexuales, o sea, de sobrevivencia. Bajo la determinación de la falta de capacidades para atender satisfactoriamente sus requerimientos de nutrientes y de un marco cultural que canalice apropiadamente las energías sexuales de la población, gran parte de nuestras parejas y familias se conforman de manera precaria y con limitadas posibilidades de estabilización, y pronto son llamadas a retroalimentar el sustrato vicioso que las engendra y rodea. Los niños malnutridos y criados en un ambiente plagado de conflictos y escaso de amor e ingresos son fuertes candidatos a desaprovechar las oportunidades de aprendizaje en la escuela y desertar precozmente de ella, a ingresar con serias desventajas en un mercado laboral de por sí escaso de puestos de trabajo productivo, a sucumbir en la calle ante las tentaciones del vicio y la delincuencia, y a desahogar tarde o temprano sus frustraciones con acciones sexuales que pronto se traducen en más hijos sumados a la espiral de la debacle social.

Más concretamente, los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, adscrita al sistema de Naciones Unidas, revelan que en la mayoría de países de la subregión un 15% o más de las adolescentes de 15 a 19 años ya son madres, en contraste con el estándar de 3% o menos en las naciones europeas. Según trabajos recientes de investigadores de la problemática familiar y de la pobreza latinoamericana, como nuestro amigo Bernardo Kliksberg ("La familia en América Latina: Realidades, interrogantes y perspectivas", México: XIX Congreso Panamericano del Niño, 2004), en el 25% más pobre de las poblaciones urbanas latinoamericanas ocurre el 32% de los nacimientos de madres adolescentes, mientras que en las zonas rurales alcanza hasta un 40%. Mientras que el 80% de los casos de maternidad adolescente urbana tiene lugar en el 50% más pobre de la población, en el 25% de mayores ingresos sólo ocurre el 9% de dichos casos. También se han detectado tendencias hacia el incremento de hijos nacidos fuera de matrimonios, que en la mayoría de países anda ya por más de un 30%. E inclusive, en el plano de las parejas que se casan, mientras que en los países europeos modernos la fracción de mujeres adolescentes que contraen matrimonio suele estar por debajo del 3%, y aun del 2%, en nuestra América Latina estas cifras con frecuencia sobrepasan el 20%, e inclusive el 30% y hasta el 40%: Argentina (26%), Brasil (19%), Costa Rica (17%), Ecuador (26%), Guatemala (41%), México (28%), Paraguay (30%), Venezuela (19%). Pese a que no se obtuvieron los datos para otros países, pareciera que, de nuevo, Chile (11%), Uruguay (11%) y Cuba (12%) lucen a la vanguardia en planificación familiar desde esta perspectiva.

En la gran mayoría de situaciones, esa maternidad precoz, que frecuen- temente no tiene lugar en un contexto matrimo- nial, no conduce a familias integradas y estables sino a hogares desintegrados bajo la sola jefatura de madres solteras inexpertas, con escaso nivel educativo y en condiciones de pobreza, lo cual constituye un caldo de cultivo para la gestación de toda clase de males sociales posteriores. Cuando los padres varones jóvenes intentan asumir sus responsabilidades familiares, con frecuencia carecen de oficios o profesiones y, o bien se les dificulta encontrar empleos estables, o, si los consiguen, pasan a ganar salarios mínimos que no les permiten asumir su rol de proveedores del nuevo hogar ni pensar en las posibilidades de acceder a una vivienda digna. Al poco tiempo, muchos llegan a la conclusión de que les será imposible afrontar sus compromisos familiares, resultan lesionados en su autoestima o quedan desprestigiados ante la madre de sus hijos y su familia, y optan por conductas escapistas de consumo de licor y drogas y/o actividades delictivas que pronto los lanzan a la hez de los estratos sociales de nuestras sociedades. Según estadísticas recientes del Banco Mundial, en la mayoría de países de América Latina el desempleo de jóvenes varones con edades entre 15 y 24 años estaría en el orden de un 15 a 30% ó más, mientras que el número de hogares liderados por mujeres estaría por un 20 a 30% ó más (con casos extremos como el de Haití, con un 43%).

Los estudios de Kliksberg y colegas también confirman la impresión, que muchas veces hemos tenido en nuestro contacto con barriadas pobres en Venezuela, de que la situación de familias jóvenes con bajos o nulos ingresos e hijos no buscados es un decisivo factor tanto detonante de la violencia doméstica como erosionante de la estabilidad familiar. Se ha estimado que entre el 30 y el 50% de las mujeres latinoamericanas, según los países, padecen algún tipo de violencia psicológica en sus hogares, y entre un 10 a un 30% de violencia física, con incidencias más de cinco veces mayores en la población de menores ingresos respecto a los estratos acomodados. Un estudio, citado por Kliksberg, realizado no hace mucho en un conjunto de centros penitenciarios juveniles en los Estados Unidos, reveló que el 70% de los jóvenes reclusos provenían de familias con padre ausente. No hemos conocido estudios locales que correlacionen las conductas desertoras de la escuela y/o delictivas con la inestabilidad y la conflictividad familiar, pero abrigamos pocas dudas de que si existen ya, o cuando se hagan, terminarán por corroborar lo que en otras latitudes es ya un lugar común: que así como las familias estables pueden sembrar sanos valores en los futuros ciudadanos, las inestables son una madriguera de comportamientos antisociales.

La conjugación de pobreza, maternidad adolescente, altas tasas de fecundidad, violencia doméstica, desnutrición infantil y afines, sigue disparando procesos de deterioro de la estructura familiar latinoamericana, que aúpan procesos de pauperización capaces, a su turno, de retroalimentar esas dinámicas perversas. La satisfacción de las necesidades sexuales y alimentarias, difícil de alcanzar en cualquiera de los contextos en que se desenvuelven la pareja y la familia en el mundo contemporáneo, encuentra en América Latina obstáculos atávicos que bloquean la mayoría de esfuerzos civilizados y democráticos por superarlos, lo cual estimula la ola de conflictos y polarizaciones sociales y políticas -potenciadora de comportamientos no pocas veces aprendidos en el hogar- que también está asfixiando a nuestras sociedades. Sin embargo, no hay otra alternativa que la de insistir paciente y críticamente en la solución pacífica a todos estos problemas, y este blog está empeñado en ser útil a este respecto.

Nuestra América Latina está reclamando a gritos movimientos radicales, no en cuanto a las formas de lucha, sino en el calibre y profundidad de sus planteamientos, que contribuyan a satisfacer estas necesidades. Si para impulsar la satisfacción de nuestras necesidades alimentarias requerimos de los aportes de nutricionistas, médicos, agrónomos, empresarios, agricultores..., para atender las sexuales es imperativa la intervención de psicólogos, sexólogos, sociólogos, antropólogos y afines. No puede haber sociedades sanas y sólidas sin una familia de igual tenor en sus tejidos, pero, a su vez, tampoco puede haber familias sanas sin parejas y sexualidades sanas, y todo ello tiene que ser proclamado con fuerza y claridad por estos movimientos. Sólo así podremos hallar alternativas tanto a las soluciones trilladas del pasado del amor sin sexo, a menudo defendidas por los sectores conservadores religiosos, como a las pretendidas fórmulas científicas modernas del sexo desligado del amor. Si unas pretenden orientar el carro familiar sin los caballos impulsores del sexo, las otras promueven la liberación y desbocamiento de estos caballos al desuncirlos del carro del amor.