martes, 6 de julio de 2010

Pero hay una Venezuela sana en el vientre de la enferma

Aunque las primeras miradas ponen de bulto la existencia de una Venezuela enferma y disociada, con dos economías, dos culturas, dos territorios, dos aparatos mediáticos, dos sistemas educativos... y dos proyectos políticos antagónicos dotados, cada uno, de su stock de viernes, caracazos, golpes de Estado, deslaves, referendos revocatorios, referendos constitucionales, y hasta interpretaciones constitucionales y mares de la felicidad, cuando observamos con mayor agudeza descubrimos una especie de residuo que no encaja en ninguno de los polos disociados, como si hubiese otra criatura en los intersticios de la disociación, o si esa Venezuela decadente estuviera preñada de otra. En esta segunda tesis sumaria e introductoria sobre Venezuela, exploraremos la naturaleza de ese residuo, cuya magnitud real va mucho más allá de su aparente insignificancia, puesto que bajo él subyace todo el tejido del país sano que ha logrado bien permanecer inmune, tras siglos de devastación, destrabajo y rapiña, o bien emprender, embrionariamente, un proceso de transformación real de la Venezuela enferma.

Intentaremos demostrar, además, que en el reconocimiento, articulación y potenciación de este tejido sano está la clave para encontrar un nuevo rumbo factible para la nación, y que este tejido no sólo consiste en algo distinto de la polarización entre establecidos y excluidos, que actualmente nos corroe, sino que se desprende de una lógica diferente. El punto de vista superador que nos proponemos defender aquí no es el de la inclusión versus exclusión al interior de una Venezuela premoderna, mercantilista, dependiente, rentista... e inviable, sino el de la transformación profunda de esa Venezuela estructuralmente obsoleta en otra realmente moderna, y con perspectivas de superar la modernidad misma a largo plazo, en donde haya espacio para todos. De donde se deriva que, para nosotros el enfoque transformador, como lo hemos venido sustentando desde que arrancamos este blog (véase, por ejemplo, el artículo "El enfoque transformador para armar nuestro rompecabezas latinoamericano"), es previo y privativo ante cualquier enfoque meramente "incluidor", ya sea del tipo conformador, basado en la adopción de modelos liberales de consolidación de la dependencia y maquillaje de la Venezuela agonizante, o ya del tipo anticonformador, inspirado en la idea de hacer tabla rasa con la sociedad existente y adoptar el modelo "socialista" cubano o sus variantes.

Y aquí va, sin más preámbulos, nuestra segunda tesis.

Segunda tesis: La aguda polarización política actual, el síntoma más visible de la enfermedad que padecemos, impide ver que la sociedad venezolana está también preñada con una criatura y tejidos sanos

En el ring social visible de la conflictiva Venezuela contemporánea se hallan dos contendores principales: por una parte, una alianza social de herederos de amos del valle, comerciantes especuladores, terratenientes improductivos, patronos desalmados, excontratistas y exfuncionarios corruptos, egresados universitarios socialmente insensibles, empleados y trabajadores sindicalizados burocratizados, profesores y maestros repetitivos, estudiantes caletreros, y, en general, estamentos de viejo cuño y sectores tradicionalmente privilegiados de variada índole, por décadas habituados a medrar de, y considerar como suya o potencialmente suya, la fácil renta petrolera, provistos de una cáfila de politiqueros que, a conciencia o con escasez de ella, han venido defendiendo sus intereses y permiténdoles captar los necesarios votos de incautos para ganar elecciones, versus, por otro lado, una población marginalizada que nunca pudo accesar al establecimiento de una sociedad cerrada y con escasas oportunidades de superación, crónicamente desempleada o subempleada, escasamente capacitada, resentida, ahita de penurias y necesidades insatisfechas, ancestralmente excluida y ahora representada y armada con su propio batallón de funcionarios públicos y militares, representantes y vociferantes tribunos prestos a quitar a los de ayer para ponerse ellos, que se siente con derechos a recuperar en poco plazo, sin mayores esfuerzos y de ser preciso por la fuerza o con una mínima legalidad, los bienes y servicios que le habrían sido negados por décadas o siglos.

Lejos de un proceso de edificación social sobre la base del desarrollo de fuerzas productivas, participativas o creativas reales, nos topamos con un torneo de fuerzas improductivas, conservadoras o arribistas, sin imaginación o plagadas de fantasías, y lideradas ambas por artistas de la manipulación. Estamentos privilegiados versus muchedum- bre empobreci- da, o estable- cidos versus excluidos, pareciera ser el título del combate central, ante el cual todos los demás reclamos y conflictos, incluyendo la lucha de clases entre verdaderos burgueses y verdaderos proletarios, rezada en los textos marxistas clásicos, quedan relegados a un segundo plano. La marcada conflictividad, irracionalidad e intolerancia que azota las discusiones políticas cotidianas, y que ya ha comenzado a hacerse sentir en este mismo blog, a medida que nos metemos con la problemática venezolana inmediata, tiene como telón de fondo una disputa ciega por el reparto de una casi misteriosa riqueza que emana del Estado y, para efectos prácticos, es tratada cual maná que cae del cielo.

En el fondo, los dos polos, aparentemente tan irreconciliables, son las dos caras de una misma Venezuela premoderna y fóbica ante la modernidad real, o sea, los síntomas disociados de una misma sociedad enferma, que sólo sobrevive gracias a la morfina o el oxígeno artificial que le brinda la renta petrolera, y de allí que la disputa a muerte por esa renta sea la obsesión característica de ambos polos. Sólo a manera de botón de muestra, queremos observar ante los lectores críticos que buena parte de los ataques más acerbos recibidos hasta la fecha, tanto en el plano cotidiano político como en este blog, proceden de exponentes de dichos polos, quienes, curiosamente, parecieran coincidir cuando de defenderse ante racionalidades intrusas se trata. (Fenómeno que, no sobra observar, nos ha resultado familiar a todo lo largo de nuestra modesta, pero no despreciable, participación en la escena política nacional: llegadas las cosas a las chiquitas, los representantes de los sectores de extrema derecha fácilmente se ponen de acuerdo con sus colegas epistemológicos de extrema izquierda para enfrentar, como lo hicieron con nuestra expulsión de la Universidad Central hace unos cuantos años, a quienes reconocen como outsiders...).

La situación nos recuerda las trifulcas y sus conatos que muchas veces hemos presenciado -y algunas contribuido a superar- en mostradores de aeropuertos, taquillas de entrada de teatros, colas de camionetas por puesto, supermercados con artículos escasos, accidentes con motorizados en la vía, daños en edificaciones, y afines, es decir, situaciones de crisis cuyas causas resultan incomprendidas. Allí tienen lugar enfrentamientos entre quienes, por distintas razones, se sienten o se creen -porque llegaron primero, tienen mejores palancas, gozan de un estatus social más elevado, etc.-, con más derechos que los otros a optar por las escasas plazas, oportunidades, reparos o bienes disponibles, y quienes, bien porque llegan tarde, porque se sienten desplazados o discriminados, o simplemente creen que con presión o forzando la barra tendrán más chance de obtener lo suyo, deciden batirse contra el poder de los primeros.

En tales circunstancias, la propensión a irse a las manos está siempre latente, y sólo la intervención de fracciones que coherentemente demuestran la legitimidad de sus derechos y/o de algún mediador, o de alguna autoridad, líder o representante del ente que distribuye el servicio o bien, estableciendo reglas o pautando soluciones razonables, suelen ser los mecanismos para apaciguar los ánimos caldeados; y viceversa, la apatía de los derechantes y/o la parcialización e indolencia de mediadores u organizadores actúan como disparadores de conductas irracionales, que no pocas veces han desembocado en rupturas, golpes, pedradas, plomazos y hasta mierdazos (pues todo esto lo hemos visto desde en ambientes estudiantiles, sindicales y profesionales, hasta circunspectos inmuebles y colectivos de clase media...).

Durante la pasada crisis política de 2002-2003, e incluso antes, desde septiembre de 2001, constituimos un pequeño movimiento, sacamos y divulgamos algunos documentos, y acudimos a los medios de comunicación para, en medio de las burlas y chiflidos de extremistas de ambas polaridades, que se cansaron de tildarnos de ingenuos cuando no de bolsas y tontos útiles, proponer la figura constitucional del Referendo Revocatorio como vía para dirimir el enfrentamiento que nos asfixiaba y que por un tris no nos condujo a una guerra civil. Debemos confesar que, otra vez, tuvimos poco éxito, y que de no ser por la intervención, en 2003-2004, del Centro Carter, con el propio Jimmy Carter al frente, de la OEA, con su Secretario General César Gaviria, quien se instaló en el país durante meses con su Comisión Mediadora, y, sobre todo, pese a su bajo perfil, de los buenos auspicios de Lula, como máximo líder latinoamericano, no se hubiese llegado a la superación del aparentemente insoluble conflicto político, basado en la aplicación, en agosto de 2004, del... ¡Referendo Revocatorio!.

(Y, otra vez, curiosamente, y a riesgo de traer a colación recuerdos que nos acrediten al estatus de chochos: alguna vez adquirimos tanta experiencia en el desmontaje de estos encontronazos irracionales que, más de una vez nos fueron a buscar a la Facultad de Ingeniería para que fuésemos a servir, en otras facultades, de mediadores en conflictos entre facciones armadas de, por ejemplo, la Juventud Revolucionaria Copeyana, de un bando, y de Bandera Roja, por otro. Aunque también debemos admitir que, años después, ya comenzamos a saborear fracasos al pretender aplicar los mismos métodos pacifistas en el medio sindical obrero, para evitar, por ejemplo, enfrentamientos entre las bandas armadas de Acción Democrática, acaudilladas por Lucas Pérez, de un bando, y fracciones de izquierda del MEP y otros, organizadas en movimientos como el Movimiento de Trabajadores del Transporte, MTT, en el otro. En otra ocasión, en el medio profesional, debimos resignarnos a presenciar el destrozo del Colegio de Ingenieros de Guayana, en un acto político promovido por la Causa R, a cargo de bandas armadas sindicales de Acción Democrática... En los ambientes sindical, campesino y barrial venezolano es cosa corriente, desde hace muchos años, y con tendencia al agravamiento en años recientes, que se desprecie el debate, y que las elecciones y procesos políticos, o de contrataciones o negociaciones colectivas, se aderecen con cayapas, palizas, cabillazos y hasta asesinatos. De acuerdo a datos del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos, PROVEA, que circulan en Internet, sólo en 2009 fueron asesinados, en Venezuela, 29 sindicalistas y trabajadores...).

Al país lo vemos como a la deriva, marchando ciega y lenta, pero seguramente, hacia su degradación en un callejón sin salida; abonando el terreno para probables enlutamientos y tragedias futuras, aunque con reservas que nunca será tarde para reivindicar. No se trata de que en la sociedad venezolana presente no existan muchísimos venezolanos responsables, serios y honorables, desde empresarios, profesionales, gerentes, artistas e intelectuales, hasta dirigentes de la comunidad, trabajadores diversos, artesanos, vecinos, amas de casa, madres abnegadas, estudiantes genuinos, etc., sino de que estos están como pasivos, opacados y apabullados por los chillones, extremistas y arbitrarios. Como ya lo señalamos, desde ambos polos en pugna se ha generalizado el empleo del término nini, para denotar los especie de pendejos residuales que todavía no se han dado cuenta de cómo es que se bate el cobre y a quienes hay que sacudir de su letargo cuanto antes mejor. Se asocia la condición nini a la pasividad o la indolencia, a la inconsciencia o la confusión, mientras que la belicosidad de los oposicionistas versus oficialistas, alias escuálidos versus chavistas, o "con el proceso" versus "con la unidad", se reivindica como normal.

Cierto es que no será nada fácil construir una fuerza social y política al margen de la polarización presente, y que ya han ocurrido y siguen teniendo lugar, protagonizadas por ambos bandos -a la colombiana...-, muchas manifestaciones ilegales y actos reñidos con la constitucionalidad, tales como el desconocimiento de representantes populares legítimamente electos (desde el propio Presidente hasta el Alcalde metropolitano), intentos de organizar procesos electorales revocatorios al margen del CNE, la revotación de la elegibilidad continua que ya había sido rechazada, la manipulación de las circunscripciones electorales y la Ley de las Comunas, entre los recientemente más odiosos, pero de allí no podemos derivar, como ha querido hacerlo cierto oposicionismo, y también cierto oficialismo, que estamos ante un "régimen de facto" o "una subversión de facto". Y muchísimo menos podemos arribar a esta conclusión si quienes peroran sobre ilegalidad constitucional son los mismos que hace todavía pocos años, y sin que se hayan dignado a admitir sus faltas, pisotearon los textos constitucionales y estuvieron, ambos bandos, en 1992 y 2002, en los umbrales de un magnicidio. Si cada vez que alguien comete un delito, e incluso si comete muchos, vamos a concluir que ha sido abolido el Código Penal y que estamos al margen de la ley, estamos fritos y atrapados sin salida. Los evidentemente ilegales actos del actual gobierno o de buena parte de la actual oposición tienen que constituir un incentivo adicional para restaurar la majestad perdida de la Constitución y de la Asamblea Nacional.

Y lo mismo vale para el tráfico mafioso de alimentos y la especulación rampante con la comida, para el despelote disfrazado de soberanía alimentaria que estamos atestiguando, o para la arremetida contra el Grupo Polar, que es de lo mejor, más moderno y competente con que contamos para avanzar hacia cualquier desarrollo alimentario sustentable. Estos hechos tienen que conformar un desafío a la eficiencia, a la productividad, a la buena producción, conservación y distribución de los productos alimenticios, y no un pretexto para confiscar bienes de empresas productoras genuinas, o para volver a intentar tumbar el gobierno, por incapaz que sea, pues todo ello podría sumirnos en un peor caos alimentario o de cualquier otra índole, cuando no una anarquía a lo Rwanda, ante la cual el desorden que tenemos se convertiría en un recuerdo de armonía.

En todas las esferas sociales tenemos evidencias del mismo síndrome polarizante que oculta e intenta minimizar la importancia de los tejidos sociales sanos. Especuladores versus confiscadores, en el ámbito económico, que no dejan ver a los productores genuinos, tanto empresarios, como gerentes, profesionales, técnicos y trabajadores en general; tan mal estamos aquí que los sindicatos, y no pocos patronos, suelen ser enemigos de los programas de capacitación y elevación de la productividad, y si hay algún trabajador deseoso de aprender su oficio y superarse rápidamente es despedido ante la amenaza de que quiera hacer carrera en la empresa (lo que implica aumentos de sueldo, prestaciones, etc.), o tratado de esquirol y vendido al patrón por sus colegas del sindicato... En el plano cultural, son incontables, por decir algo, los verdaderos artistas desahuciados y en situación de penuria económica, sea porque no gozan del favor oficial o porque compradores públicos o privados de sus obras no se las pagan, o los intelectuales que intentan hacer carrera sin adscribirse a las poderosas toldas enemistadas; y hasta la Santa Madre Iglesia se involucra en las diatribas políticas del día a día... En la esfera mediática, no pocos hablan de la desaparición del periodismo, pues la labor de informar con un mínimo de objetividad parece cosa del pasado, y sólo los palangristas vergonzantes o declarados parecieran tener sus trabajos asegurados. ¿Quién se acuerda ya de la época en que las noticias eran sinónimo de una mínima imparcialidad, y hasta era de rigor colocar en un recuadro o tipo aparte las opiniones del reportero o del entrevistador?... En cuanto al mundo educativo, que ya hemos dicho en otro lado que es más instructivo que cualquier otra cosa, los verdaderos maestros y estudiantes, los amantes del saber y el aprender, resultan opacados por los repetidores de textos y los afanosos de copiarse si es preciso y obtener sus títulos como sea... Hasta en la órbita de la ocupación del territorio: ¿Cuántos espacios hay en el país, y verdaderos empresarios dispuestos a valorizarlos, dispuestos para urbanizaciones y edificaciones racionalmente planificadas y con precios accesibles para la población trabajadora? ¿O es que acaso los inmuebles no pueden dividirse fácilmente entre los de precios exhorbitantes, no pocas veces inflados por el lavado de dinero de procedencia ilegal, y los informalmente construidos tanto en sus espacios como en sus materiales? ¿Quién dice que es falso que existen tanto especuladores de cuello blanco como invasores de cuello marrón especializados en construcciones en laderas de montañas, playas y quebradas inaptas para la construcción, incluso de acuerdo a ordenanzas vigentes?...

La polarización política actual, la más visible y evidente de todas nuestras asimetrías, no es sino la punta del iceberg de una mucho más profunda y vetusta polarización que recorre a lo largo y ancho toda nuestra estructura social. Y nuestra tesis segunda es la de que no es posible intentar superar tal polarización política si no se parte de tejidos sociales sanos, es decir, no afectados por los morbos generales que nos devoran.

En todos los casos, los rasgos distintivos, la piedra de toque para reconocer los rasgos de la Venezuela enferma en contraste con la sana son la actitud ante el trabajo y el conocimiento. Dondequiera que apreciemos valores y conductas de respeto al trabajo, por la adquisición de conocimientos, y al menos de tolerancia ante las opiniones ajenas, estamos ante las fibras sanas, mientras que allí donde reinen el rentismo, el facilismo, el inmediatismo, la improvisación, el amiguismo, el clientelismo, el fanatismo, el autoritarismo, el personalismo, el premodernismo, el elitismo, el marginalismo, y demás y demasiados ismos que nos acogotan, nos hallamos en presencia de la Venezuela enferma, no importa con que gorra o con que franela se nos presente.

Y, ¡ojo!, no se pierda de vista lo que dijimos arriba en cuanto a la racionalidad de esta distinción, o las lecturas de artículos que recomendamos en la entrada anterior: aquí estamos hablando de una estructura social, de valores, de comportamientos, de instituciones..., enfermos, no de individuos enfermos, y no es nuestra intención estigmatizar a, o negar la posibilidad de la superación de, nadie. Nuestras críticas, muchas veces nada suaves, a las políticas de Acción Democrática o COPEI, o a la actual oposición o al gobierno, no significan que creamos que todo lo que hagan la oposición o el gobierno está malo, y menos que sean moralmente malos los partidarios de uno y otro. Lo que deseamos resaltar es la existencia de prácticas y dinámicas viciosas en ambos polos, que no conducen a la superación sino al empeoramiento de nuestra ya agudísima crisis presente. Y es por esto que no quisimos abordar, desde el inicio de nuestro blog, la conflictiva problemática política vigente, sino que decidimos, y vamos a continuar haciéndolo, meterle una lupa potente a la problemática general de la transformación de capacidades en nuestros países, pues sólo así podemos apostar a una superación real de nuestros conflictos y contradicciones de hoy.

En la próxima entrega nos concentraremos en indicar algunos elementos que podrían servir de guía a la hora de impulsar un esfuerzo superador, basado en el deslinde de campos entre la Venezuela sana y la enferma, y apostarle fuerte a
la superación de nuestra grave crisis estructural.

viernes, 2 de julio de 2010

Tenemos el pesar de anunciar que Venezuela padece una enfermedad incurable

Este artículo es el primero de una serie en donde examinaremos intensivamente, por lo menos durante el actual mes de julio -y seguramente después, pero de manera más espaciada-, la conflictiva y delicada actual situación política y, en general, social, de Venezuela.

Nos sentimos ante el reto de alcanzar un razonable equilibrio entre la atención a las angustias por el acontecer cotidiano del país, según el tenor expresado por algunos lectores, y el examen más de fondo de las múltiples determinaciones de lo que nos pasa. Entre la mirada a la superficie de los fenómenos o síntomas políticos, al oleaje de acontecimientos y opiniones resaltados en las primeras planas y titulares de diarios y noticieros, y una auscultación o estudio de los diversos factores que condicionan, o interinfluyen sobre, los mismos fenómenos. La sensación que experimentamos no sólo es análoga a la que intuimos sienten muchos médicos ante las angustias de padres o pacientes que a menudo no quieren oir hablar de anatomía, fisiología, causas, exámenes, historias, contextos, nuevas consultas, etc., sino simplemente recuperar de una vez la salud perdida o amenazada, sino bastante más crítica que eso, pues los dolientes parecieran convencidos, primero, de que es un fulano, casi siempre el mismísimo Presidente de la República, el culpable, o conjurador, según sea el caso, de los males, y, segundo, que la receta curativa debe ser cuanto más mágica mejor, vale decir, que no les exija ningún esfuerzo, cambio de actitud o disciplina para curarse... La situación se nos asemeja a la de un galeno tratando a quien está convencido de que su problema es el mal de ojo y/o se cree una criatura índigo, por lo que sólo un gran brujo lo puede curar...

Francamente, no nos percibimos improvisando en absoluto, y aun tenemos la impresión de haber dado con una buena porción de las raíces de la compleja enfermedad venezolana, a cuya comprensión, y tratamiento -pues no hemos estado precisamente contemplándola a través de una vidriera-, hemos dedicado muchos de nuestros más lúcidos y mejores días. Pero, incluso si renunciamos a pretender expresar palabras finales sobre nada, y sólo aspiramos a la posibilidad de interpretar hechos más allá de sus apariencias, o a intentar incidir sobre peligrosísimas tendencias en curso, tenemos que admitir de entrada que no sólo nos vemos ante un desafío mayúsculo, lo cual nos estimula, sino también ante una formidable barrera comunicacional, que a ratos nos anonada.

(De paso, no sería nada malo si, al menos los lectores que no estén tan apurados, le dieran, previamente, en paralelo o como complemento, a esta lectura, una ojeada al panorama de artículos relacionados del blog y, especialmente, a la subserie de cinco artículos sobre la realidad venezolana, de julio del año pasado: "Hibridados e ilusionados (I, II, III, IV y V): ...", pues, en alguna medida, esta nueva serie supone al menos cierta familiaridad con esas ideas).

Y, sin ánimo de ahorrarnos la tarea de sustentar todo lo que afirmaremos, comenzaremos con un enunciado o síntesis, una especie de "sumario", armado en tres artículos y tesis centrales, de las que probablemente serán las principales conclusiones de nuestra reflexión en curso. Este es el primero de estos artículos introductorios, con la primera de tales tesis. A quienes esto ya les resulte intragable los invito a que nos veamos de nuevo, en el blog, por allá por septiembre, después de que pase esta subserie, pues es maldad que insistan en leerme si no soportan esta primera dosis de la prescripción que haré (y no vaya a ser que se empecinen en insultarme a mí y a mi madre más y más y más..., hasta que las cosas se nos puedan salir de control (y de repente se suelte algún bicho de los que también llevo por dentro)).

Primera tesis: A la venezolana la vemos como una sociedad estructuralmente obsoleta e incurablemente enferma, a la espera de una tragedia fatal muchas veces anunciada

Bajo el ropaje de una sociedad moderna y cuajada de aparatos de último modelo, en Venezuela se oculta una estructura social no lo suficientemente distinta del mantuanato latifundista/mercantilista que, pese a los ingentes y heroicos esfuerzos de los fundadores, emergió tras las cruentas luchas independentistas y siglos de dominación colonial.

Mientras que a las sociedades primitivas las podemos identificar por su modo de vida centrado en la imaginación, la planeza en las relaciones humanas y la adaptación armoniosa a la naturaleza; a la mayoría de las antiguas las vemos gravitando en torno a las tradiciones, las descendencias privilegiadas y el trabajo artesanal o de fundamentación empírica; a las medias, dentro de las que incluimos a las mantuanas, latifundistas o feudales, y a las mercantilistas, las concebimos como jerárquicamente estructuradas en base a leyes y dogmas revelados, a la racionalidad lógica y al trabajo técnico; mientras que a las verdaderamente modernas las entendemos organizadas en base a ciudadanos con derechos y deberes democráticos iguales, capacidad para elegir y controlar a sus gobernantes, soberanías realmente residentes en el pueblo organizado, ideologías centradas en la idea de la libertad y asidero en el conocimiento científico, economías reposantes en el trabajo y la innovación tecnológica, y enfoques sistémicos u optimizadores de las soluciones a los problemas.

Inclusive si hubiese errores gruesos en la anterior y ya burda caracterización, nos resulta obvio que Venezuela no calza las botas de una sociedad verdaderamente moderna, ni rellenando estas con papeles, si fuesen de talla mayor, o untándolas con vaselina, en el caso opuesto. Con su petróleo y las rentas anexas, Venezuela ha comprado, instalado, ostentado y despilfarrado numerosas fachadas, ropajes, envoltorios y guilindajos de tipo moderno, pero ella misma, como aquella que se vestía de seda..., sigue siendo una típica sociedad con un modo de vida medio, con no pocos arrestos antiguos. Y, a quien esto le parezca subido de tono, o de contenido, la invitamos a preguntarse, sólo como abreboca: ¿Cuándo y dónde ha visto al pueblo venezolano seleccionando en base a sus méritos a, y ejerciendo el control sobre, sus gobernantes (más allá del pase de factura en las siguientes elecciones, cuando todos los platos se han roto y todos los males quedan hechos)? ¿A cuántos venezolanos conoce que hayan escogido sus destinos con base en el conocimiento de sus mejores potencialidades y la escogencia consciente entre sus oportunidades, o sea, haciendo uso de su libertad? ¿Cuántas veces ha visto que una discusión o conflicto entre venezolanos concluya arribando a un nuevo planteamiento que englobe, al menos parcialmente, los postulados originales de las partes, sin lo cual es difícil imaginar que pueda funcionar un régimen realmente democrático? ¿Cuántas empresas, instituciones, profesionales, gerentes o individuos en general conoce, a quienes pueda considerar como innovadores tecnológicos y empeñados en estudiar científicamente los problemas para buscarles soluciones óptimas? ¿Cuántos verdaderos estudios de factibilidad ha visto, en donde se considere el retorno a largo plazo de inversiones en capital físico y humano? ¿A cuantos venezolanos conoce de quienes pueda asegurar, sin redondeos, que poseen un marcado afán de superación por sus propios méritos, una misión clara en la vida, una preocupación por mantenerse al día en su campo profesional, una vocación de servicio responsable ante la colectividad?... ¿No les da la impresión de que los entes criollos dentro del rango de las respuestas a estas preguntas son más bien la excepción que confirma la regla, mientras que cualquiera que haya vivido unos meses en una sociedad moderna -hablando el idioma de ellos, claro está- rápidamente aprecia que la situación se presenta a la inversa, o que la mayoría sí calza las mencionadas botas?

O, si todo esto les parece complicado, invitamos al lector residente en el territorio patrio a levantarse unos pocos minutos y hacer un minitour por su propia casa o por el ambiente en donde está leyendo este artículo, y reconocer los artefactos domésticos, utensilios, materiales, libros, discos, etc., verdaderamente Hechos en Venezuela..., pues nos resulta claro que lo que resaltará será la impronta de los No hechos en Venezuela y el carácter postizo de nuestro modo de vida. Bastará con que vayamos a la cocina y examinemos un simple rallo, de esos de rallar queso: si está oxidado, abollado y renegrido, probablemente fue hecho aquí, pero si está reluciente, compacto y sin oxidar es importado, pues en nuestra amada tierra, después de medio siglo de "desarrollo siderúrgico" y más de un siglo de explotaciones del mineral de hierro (casi tres si recordamos a los capuchinos catalanes aquellos...), no se produce todavía acero inoxidable y se cuentan con pocos dedos las empresas que saben darle el temple apropiado a los objetos metálicos. ¿Qué clase tan singular de sociedad moderna es ésta que todavía no ha aprendido a hacer un vulgar rallo de cocina?

Toda la vida venezolana contemporánea gira en torno a ilusiones bien de modernidad -erradamente llamada armonía en aquel valioso libro del IESA coordinado por Moisés Naím-, o bien de acceso, por vías milagrosas y mesiánicas, a la modernidad, ahora @ "Socialismo del Siglo XXI"; a pretensiones de dárselas de haber visto cosas en Disney World o Epcot Center y querer vivir como los amigos o parientes que viven en Miami, pero sin echarle ni un centésimo de bola a producir, crear y organizarse socialmente como en Miami, o, en el reverso de la moneda, a echarle la culpa a los pitiyanquis que van a Miami de que en el cerro se acumulen las basuras, se cobren peajes o se cometan varios crímenes todos los fines de semana... La vida, el discurso venezolano de cada día, transcurre en un mar de mentiras y fantasías, con el beneficio de que el inmediatismo permite que cada día se olviden las del anterior. Echones, despelotados, desconfiados, palabreros, incumplidos, pantalleros, informales, desarraigados..., vivimos bajo la premisa de que no hay que trabajar ni pensar mucho pues algún día nos tocará el premio gordo de la lotería, nuestra merecida cuota del reparto petrolero, como el fulanito aquel que era un pelador como yo y, después que lo nombraron Jefe de Compras de..., o de que consiguió el contrato con su amigo de..., o de que contactó al jíbaro aquel que distribuye el crack..., etc., se metió en la pomada.

No sabemos cuando, ni como ocurrirá, pero tenemos la certeza absoluta de que este modo artificial, falso, obsoleto y agonizante de vida tiene sus días contados y morirá trágicamente, cuando se agote su sustento no tan secreto: la renta petrolera. Vivimos en un caldo de ilusiones, mentiras y aspavientos porque nuestras necesidades, en mayor o medida, se satisfacen no gracias a nuestros esfuerzos y talentos, lo que rápidamente nos conduciría a un mejor sentido de las proporciones de la realidad, sino a las palancas, el amiguismo, el clientelismo, el mesianismo... que, en última instancia desembocan en lo mismo: el acceso a la riqueza no ganada. La tan vilipendiada, de boca afuera, "corrupción", no es sino uno de los mil mecanismos vigentes de acceso a la riqueza, sin escalas en la creatividad o el trabajo. Una sociedad así es claro que no puede sobrevivir indefinidamente, pues sería como una especie de inmenso móvil perpetuo que, con siglo y medio de termodinámica a cuestas, los científicos no han podido construir, incluso en las mínimas escalas de los experimentos de laboratorio.

Como quiera que nos gusta desconfiar de lo razonable y confiar en lo irrazonable, que el autor pudiese estar equivocado o exagerando, incluso concediéndole momentáneamente sentido a las sutilezas de la joyita que hace días escribió en un comentario anónimo del blog que al autor lo mata "la prepotencia", que es un "niñito de mamá [a quien] nadie le quita su juguete", que por tales razones está "solo", que es un "abuelo viviendo de recuerdos" que se ha quedado "viejo", y piropos afines, o, más incluso todavía, admitiendo que quien suscribe pudiese ser el bolsa o pendejo más consumado del planeta, a quien no habría ninguna razón para creerle ni papa, entonces, siempre caros lectores, los invito a no pararle a mis palabras, sino a pasearse, aunque sea brevemente, por algunas de los millones de páginas de Internet que tratan del tema de la "enfermedad holandesa", "síndrome holandés" o "mal holandés" (cada vez más también conocido por sus alias "enfermedad venezolana", etc.), y/o a los cientos de miles que se ubican bajo el rubro "Tragedia de los comunes" (o, mejor todavía, si le entran por "Tragedy of the Commons"...), pues allí se encontrarán con un exhaustivo tratado del drama de fondo de Venezuela.

Mientras que la "enfermedad holandesa" -llamada así por la experiencia de las distorsiones de la economía de Holanda tras los descubrimientos de petróleo, en el Mar del Norte, en los años sesenta-, y con cada vez más frecuencia llamada también "venezolana", se describe por el síndrome del deterioro de los rubros no sobrepreciados en los mercados internacionales, en relación a aquellos que sí lo están -como el petróleo-, y la "Tragedia de los comunes" cuenta el caso paradójico de una sumatoria de "éxitos", "logros", "liderazgos" e ilusiones diversas de individuos aislados, gracias al aprovechamiento de un recurso agotable, verbigracia, el petróleo, pero que tarde o temprano conducirá a un "inesperado" colapso o tragedia de los comunes, o del colectivo, cuando se agote el recurso del que dependían tales resultados, la conjunción de ambos síndromes constituye un retrato al carbón de la enfermedad venezolana y su bastante seguro desenlace. Dicha tragedia es, en síntesis, el guión, a las escalas favoritas de cada quien, de las "bullas" y los campamentos mineros, de la historia de España y su adicción a la plata y el oro de América, de los que se vuelven locos con premios de lotería, de Perez Jiménez y su boom de concesiones en los años cincuenta, de Carlos Andrés Pérez en los setenta, del Morocho Hernández y su fortuna ganada súbitamente en el boxeo, de la actual gestión de gobierno... y basta de redundancias.

Toda la falsedad que impregna hasta los tuétanos la política venezolana parte del hecho de que los actores, ahora llamados operadores, políticos, intentan convencer a los electores de que manteniendo constante toda la trama de vicios del país, pero con ellos sentados en el gran sillón de Miraflores, las cosas van a cambiar. Con dádivas, halagos, subsidios, becas, pensiones, regalos, ayudas, favores, limosnas..., bajo el principio, ahora hasta convertido en consigna política, de que el "amor con amor se paga", todos los gobiernos, sin excepción aunque fuese por meses, que este ahora apedreado bloguero ha conocido, han participado de este vicio estructural de la política criolla. Y, viceversa, todos los que han predicado lo contrario han salido con las tablas en la cabeza.

¿De nuevo como Santo Tomás? Está bien, aquí van, de memoria, pues si me pongo a jurungar fichas sí es verdad que esto va para rato, algunos botones de mi muestrario de vivencias directas. Mario Briceño Iragorri, en su Mensaje sin destino, nos dice que somos una nación "antihistórica" y que para reconstruirnos debemos empezar por reinterpretar nuestro pasado y librarnos de la manía de todos nuestros dirigentes de seguir usando las ideas y luchas de los fundadores de la patria para la obtención de beneficios políticos inmediatos (le pidió al gobierno, de Larrazábal, apoyo para crear una nueva universidad obrera y recibió, como respuesta irónica, una propuesta de nombramiento de director de una empresa publicitaria de modas); en su despedida, en un artículo en El Nacional, pocos días antes de su fallecimiento, en 1958, denunció que la mayoría de personalidades aparentemente responsables del país en el fondo no estaban sino pendientes de obtener poder, beneficios y prebendas personales, y oró por que los jóvenes pudiesen edificar la República a la que no habían sabido servir los viejos como él... Mariano Picón Salas dice, en algun lugar de su Comprensión de Venezuela, que no somos un verdadero país sino una geografía con alguna gente encima, que termina por execrar a sus intelectuales, y que tenemos el reto de construir, con las mejores cabezas pensantes de todas las disciplinas y frente al oscurantismo e ignorancia que arremete una y otra vez contra la inteligencia creadora, una nación verdadera; murió en 1965, más reconocido en el exterior que en su patria, y la izquierda guerrillerista tuvo los riñones de sabotear el principal homenaje en su honor que quiso rendirle la Universidad Central de Venezuela... Juan Pablo Pérez Alfonzo, el primero que estudio la estrecha relación entre la "enfermedad holandesa" y el caso venezolano, hablaba, en sus últimos años, en los setenta, de los desastres y la corrupción de la Venezuela actual, cual si los hubiese vivido, y, desesperado porque los líderes no querían escuchar sus gritos de alerta ante la enfermedad del derroche y el despilfarro que ya corroía al país, tituló su último libro, en un esfuerzo por llamar la atención, con la frase Hundiéndonos en el excremento del diablo; murió en 1979, aislado, difamado, tratado de "Loco de los Chorros" y de "Profeta del Desastre", pidió expresamente que, ya que no se le había prestado atención alguna, pues que tampoco se le hiciera reconocimiento post mórtem alguno... Alfredo Maneiro, el único político importante del país que le prestó atención a los sombríos pronósticos de Pérez Alfonzo -que le fueron presentados en Londres por el muchacho que fue el suscrito- y elaboró un Proyecto de Ley de Reducción de la Producción Petrolera, para impedir la inevitable corrupción que se nos venía encima, y que fue objeto, tanto él como el Proyecto, de burlas y comidillas por todo el establecimiento político criollo; murió, relativamente joven, en 1982, si no estrictamente solo, sí mientras dirigía un grupúsculo con escaso impacto real en el acontecer político nacional; el actual gobierno, campeón si no olímpico por lo menos bolivariano del derroche y la corrupción, pero quien ha engrosado sus filas con algunos cuadros venidos de las iniciativas de Alfredo, está empeñado en capitalizar su imagen, le ha dado su nombre a la Siderúrgica del Orinoco, y no pierde ocasión de asociar citas aisladas suyas a las ejecutorias del presente... Miguel Otero Silva, escritor, periodista, intelectual, en su legado literario nos dejó su desgarradora visión de la sociedad venezolana del siglo XX y sus antecedentes; en una de sus novelas, Cuando quiero llorar no lloro, lanza un grito angustioso sobre la falta de salidas superadoras de la juventud venezolana, en cualquiera de sus tres extracciones sociales principales: baja, media y alta, pues allí tres jóvenes de nombre Victorino, nacidos el mismo día de 1948, marchan inexorablemente, uno Pérez, como malandro, otro Perdomo, como guerrillero, y el otro Peralta, como patotero, hacia una muerte trágica un mismo día de fines de los sesenta; murió en 1985, leído, sí, pero escuchado nunca, al punto de que sus novelas se estudian cual piezas estéticas de museo y la oligarquía criolla con sus padrinos transnacionales le impidieron ejercer la dirección de la empresa periodística de su propiedad, El Nacional, que le legó su padre, por lo cual, con su legendario humor, llegó a decir que él era el único verdadero capitalista privado del país, puesto que el capital que había heredado le había sido privado por los ricos... Jóvito Villalba, político, tribuno, uno de los principales constructores de la poca democracia que hemos conocido, declaró a fines de 1987, antes del Caracazo, que nuestra democracia era ficticia y estaba asentada sobre un polvorín de miseria que en cualquier momento estallaría con una avalancha desde los cerros; nadie le prestó atención, murió en 1989, poco después de la puesta en escena de sus pronósticos, solo, con su partido venido a menos... Luis Beltrán Prieto Figueroa, convencido de que la construcción de un verdadero país pasaba por crear un sólido sistema educativo, le dedicó su vida a convertir en realidad su sueño de pasar "de una educación de élites a una [con calidad] de masas", y a la "canalización del instinto de lucha" de los jóvenes; logró, a contracorriente, algunos resultados hasta fines de los sesenta -que muchos creemos haber aprovechado-, pero a partir de 1968, cuando se le privó, por la soberbia y el entreguismo de Rómulo Betancourt, de ser Presidente de la República, en elecciones, muy probablemente fraudulentas (cuando en el Consejo Supremo Electoral se estrenó el "procesamiento" automatizado de datos, bajo el exclusivo control de AD y COPEI...), se inició el desmantelamiento de su obra educativa, hasta llegar al desolador panorama actual; fue aislado y ridiculizado, murió, bastante solo, con un MEP en decadencia, en 1993, y nunca se le hicieron los reconocimientos que merecía... José Ignacio Cabrujas, brillante escritor, articulista y dramaturgo, se cansó de criticar la grandilocuencia y falsedad de nuestros discursos, ideologías, mitos y textos legales, demostró que en nuestro teatro no podía haber héroes ni verdaderas tragedias, pues nos faltaba el más elemental sentido de nobleza o grandeza, sin el cual es imposible el heroísmo, comparó a Caldera, en su segundo gobierno, con un Windows vacío, y propuso que nuestra Constitución empezase por sincerarse y ser una especie de letrero detrás de la puerta trasera de hotel, con listados específicos de lo obligatorio y lo prohibido por los usuarios; murió, aunque leído, en 1995, mientras se empeñaba en sacar al teatro de su aislamiento y sin entregarnos su obra magna, alejado de todos los partidos, y -en lo personal, pues me consta- abatido y desilusionado... Arturo Uslar Pietri, intentó desentrañar las raíces ideológicas e históricas de la llamada "viveza criolla" y predicó por décadas que teníamos que aprovechar el período de las vacas gordas y los ingresos petroleros, para prepararnos para el inevitable período de las vacas flacas, pero, aparentando que se le oía, se hizo exactamente lo contrario de lo que predicaba; murió, en 2001, aislado, solo, declarando que nada había podido contra los "vivos" y que él había sido un "pendejo"...José Manuel Briceño Guerrero, en su discurso de aceptación del sillón en la Academia de la Historia, declaró que "no somos una patria" y algo así como que debería llenarnos de vergüenza mantener un culto a Bolívar que no se corresponde con lo que sentimos y llevamos en nuestros corazones; vive, aislado, tratado como jarrón chino, en Mérida, y el Gobierno está empeñado en usar extractos de su obra con fines proselitistas, pero hasta la fecha no hace sino corroborar la incongruencia sacrílega que él ha denunciado acerca de nuestras almas... Domingo Felipe Maza Zabala, gloria de las mentes nacionales, con una vida y obra entregada a comprender y reorientar nuestra economía, lleva años alertando sobre los peligros superlativos de la dependencia de la renta petrolera y la adicción importadora; vive, diagnostica, publica, alerta, suplica... nadie le para bolas y ya empieza a correr la conseja de que es un acomplejado y resentido, y ya es candidato a "traidor a la patria"... Francisco Rivero, filósofo clásico educado en las mejores academias del planeta, lleva años diciéndonos a los venezolanos que estamos profundamente extraviados en las entrañas de la modernidad, el materialismo, el hedonismo, el [añadimos nosotros, plebeyos] vivalapepismo, sin que nadie lo escuche con seriedad; en todas las universidades de las élites y en foros encumbrados lo han acosado, tildándolo de comunista o sus sinónimos, mientras que de los canales y emisoras estatales lo han echado, entre discretamente o a patadas, por el delito de sospechoso de lesa escualidez; y allí está también, aislado, incomprendido, preparándose para sumarse al antipanteón de los venezolanos repudiados por un país morbosamente intoxicado, que se humilla ante el poder y la riqueza fácil, pero se enardece y subleva ante los justos...

Y así podríamos pasar horas, yo escribiendo y con ganas de que ustedes sigan leyendo, y luego días, con apelación a mis fichas, y luego años, con base en consultas en mi biblioteca, y luego décadas, recurriendo a las bibliotecas y hemerotecas venezolanas públicas y privadas, y luego por los siglos de los siglos, en los sistemas de información del planeta, sólo para llegar a la mismísima conclusión de marras: la sociedad venezolana está enferma, y no sólo no le para a su enfermedad, sino que, como suele ocurrir con los adictos a cocaínas, cafés, cigarrillos, refrescos (con cafeína, por supuesto, con los que es posible hasta suicidarse, a lo Christina Onassis...), y drogas afines, arremete, si es preciso con violencia, contra quienes le critiquen sus caros vicios...

Y, como quiera que muchos compatriotas desconfían de los intelectuales y de todo lo que se les ocurra, aquí va otro rosario, esta vez no de ideas, sino de hechos, recientes, conocidos, sin mayores pretensiones estadísticas, que también le dan soporte a la tesis de la Venezuela más allá de lo gravemente enferma e indispuesta a reaccionar incluso ante los más crasos síntomas de su crisis. En febrero de 1983 se derrumbó, con el llamado Viernes Negro, para los incrédulos más conscientes, el mito de la bonanza petrolera eterna, y el bolívar con todo y economía se derrumbó estrepitosamente; muchos creímos, ingenuamente, que a partir de allí el país reaccionaría y se enderezarían las cosas, pero ¡qué va!, al poco nos dimos cuenta de que había ocurrido también un Viernes Blanco, para los vivos que fueron dateados y especularon obscenamente con las divisas, y encima, a los pocos meses, ya Lusinchi había inventado la fábrica de divisas fáciles de RECADI, para sus amigotes, y enseguida empezó a decir que aquí no pasaba nada y las botijas del país estaban llenas... En 1989 hubo dos "veintisietes de febrero" o "Caracazos", en el primero, durante los días 27 y 28 de febrero, y 1 de marzo, la población marginalizada, creyendo que se habían autorizado los saqueos, y alucinada por imágenes televisivas de guardias nacionales poniendo orden en el desvalijamiento de supermercados (sic), arremetió contra la inmensa mayoría de los comercios de las grandes ciudades y lanzó a la ruina a numerosos pequeños, medianos y no tan pequeños ni medianos comerciantes y productores, y ya se alistaba para iniciar, ante el vacío de poder, el saqueo de las quintas y apartamentos de las urbanizaciones de clase alta y media, que a su vez ya se organizaba para su autodefensa; en el segundo, durante los días 2, 3, 4 y 5 de marzo, se produjo una brutal e indiscriminada arremetida contra los barrios humildes, ahora acusados en bloque de saqueadores, con lo cual se sintieron objeto de una trampa o de haber mordido una carnada, que dejó todavía no se sabe si cientos o miles de muertos, en su mayoría inocentes; ambos Caracazos provocaron, a juicio de muchos y en particular tanto del gran Comandante en Jefe como de este quizás peorro servidor, la ruptura social entre establecidos y excluidos, pero, ¡vaya ironía!, la sociedad venezolana, con sus políticos, intelectuales e investigadores científicos, en lugar de abocarse a comprender lo que a cualquier mente sensata le revelaría un agudo problema social estructural, ha terminado por escindir los dos caracazos y escoger, según el talante de cada quien, el Caracazo de su preferencia. Para los establecidos, llamados "escuálidos" por el otro bando, sólo existió el primero, con sus hordas de saqueadores violentos y arruinadores; para los excluidos, llamados "tierrúos" y hasta "monos" por aquellos, sólo existió el segundo, con sus matanzas y fosas comunes, y bastante empeño le han puesto a declarar, claro que con apoyo oficial, al 27 de febrero como día de fiesta nacional o, como rezan muchas pintas en la ciudad, como el "5 de julio popular"; buena parte de la severa polarización y antagonismo a muerte de los bloques opositor y oficial del presente, hinca sus raíces en este quid pro quo... En 1992 ocurrieron dos golpes de Estado, uno en febrero, dirigido por el teniente coronel Hugo Chávez Frías, que intentó vengar a las víctimas del Caracazo II y fracasó, luego de no poder controlar la base aérea de Maracay -en donde, con mucho, se concentra el mayor poder de fuego de la fuerza militar nacional-, y otro en noviembre, que logró tomar la gobernación del Zulia pero falló al intentar tomar La Carlota y, otra vez, a Palo Negro, en Maracay, dirigido por Arias Cárdenas. Tan enferma y apocada estaba ya la joven democracia que, lejos de indignarse ante la ofensiva contra un gobierno que, mal que bien, había sido recientemente electo por una gran mayoría del pueblo, o por lo menos preguntarse seriamente por las causas de semejante crisis, el grueso del país, harto de adecos y copeyanos, decidió colocarse del lado de los golpistas, destituir al Presidente Pérez, nombrar como presidente interino a Ramón J. Velázquez, y elegir luego como nuevo presidente... a Caldera (aunque muchos creen que el verdadero ganador fue Andrés Velazquez...), nada menos que quintaesencia del copeyanismo y de la luego llamada "Cuarta República", y, se asegura -sin que haya sido desmentido- que padrino de bautizo del propio Chávez. (Estos dos son los golpes malos para los defensores del estatus...)... En 1998 hubo otro conato de golpe, a manos de Ruben Rojas Pérez, Comandante del Ejército y yerno de Caldera, quien, se asegura, y fue denunciado por Chávez en su momento, intentaba desconocer el triunfo electoral de éste y sólo fue frenado en el último instante, con intervención del expresidente Jimmy Carter, que rápidamente avaló los resultados de los comicios y amenazó con denunciar al mundo la treta del supuesto fraude; esta intentona de golpe nunca fue debidamente investigada ni aclarada, y ni el presidente Caldera ni el actual volvieron a abrir la boca al respecto... En diciembre de 1999 ocurrió el Deslave de Vargas, hecho aparentemente fortuito y natural, cual mero fenómeno hidrometeorológico, mas resulta que, en una estructura social sana y con una vulnerabilidad razonable, anclada en el aprendizaje derivado de fenómenos muy semejantes anteriores (y, sobre todo, el no tan lejano de la tormenta de febrero de 1951), las pérdidas hubiesen sido décimas o centésimas partes de las realmente ocurridas, estimadas por una Comisión del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en 15 a 50 mil víctimas, 273 mil personas afectadas (en ocho entidades federales), cerca de cien mil damnificados, 64 mil viviendas dañadas, más de 25 mil viviendas destruidas, 9 hospitales y más de 150 escuelas averiadas, y cerca de 2 mil millones de dólares en pérdidas materiales, principalmente en Vargas; la negligencia e irresponsabilidad, tanto, por un lado, de sectores acomodados que especularon con la venta de terrenos y las construcciones playeras en conos de deyección y áreas previamente inundadas por las crecidas de las quebradas, como, por otro, las invasiones de territorios y la construcción de viviendas informales levantadas en áreas de alto riesgo, ante la indiferencia de organismos oficiales, potenciaron el impacto de las amenazas naturales; pero esto, que ya linda por los lados del colmo, es todavía la parte menos patética del drama: lo que escapa a la lógica de cualquier sociedad mínimamente sana no es sólo que ya se estén volviendo a ocupar muchas de las mismas riberas peligrosas de quebradas, sino que ya existen allí asentamientos marginalizados con caciques que han exigido y siguen exigiendo... ¡el cobro, con la anuencia de la Guardia Nacional Bolivariana, de subidos peajes a quienes pretendan construir y mantener presas de seguridad para contener los sedimentos de futuros y anunciados desastres!... En mayo de 2000, todo sugiere que se tramaba otra asonada, al calor del despelote que se armaría con los resultados inciertos de un megaproceso electoral cuyos registros habían sido deliberadamente envenenados por la empresa Election Systems & Software, conocida como ES&S; tampoco este conato de golpe fue debidamente investigado... En 2002 tuvieron lugar otros dos golpes, esta vez los golpes malos para los partidarios del actual Presidente y los buenos, o meros "vacíos de poder", para sus opositores acérrimos, uno en abril, liderado por Gustavo Cisneros, Alfredo Peña y otros, y que logró llevar por varias horas a Pedro Carmona a la silla de Miraflores, antes de ser derrocado y restituido el Presidente legítimo por la conjunción de una vigorosa reacción popular y la firme respuesta de la base de Maracay, bajo la dirección de Raúl Isaías Baduel, y otro, el del paro petrolero, en diciembre, con Luis Giusti como cerebro más visible, después de que fueran perdonados e incluso ascendidos en sus cargos buena parte de los participantes petroleros en el primer golpe. Lejos de diagnosticarse las causas de estos por lo menos cuatro golpes y dos conatos, en el país se ha optado, según el innovador método de análisis de los Caracazos y más allá de una ola de retaliaciones indiscriminadas, por separarlos en dos golpes buenos, para unos, dos golpes malos, para otros -por supuesto que con signos invertidos según de quien se trate-, y dos conatos inexistentes con aparente consenso de todos (nunca hemos entendido el silencio de tirios y troyanos sobre estos casi golpes...), siempre con la curiosidad de que no se habla de los principales responsables y se estigmatiza e intenta castigar hasta lo último a buen número de inocentes... Luego vino el capítulo de los referendos revocatorios, uno organizado desde un poder paralelo, por Súmate, a fines de 2003 y comienzos de 2004, cuya primera pregunta decía apenas que si uno estaba de acuerdo con aceptar la legitimidad del Presidente de la República (sic), y otro por el CNE, en agosto de 2004, avalado por distintos organismos internacionales y, en particular, por el Centro Carter, que le dio el triunfo al presidente Chávez; esta vez, para de verdad variar el probado esquema de los caracazos y los golpes, en lugar de simplemente aceptar uno y negar el otro, lo que por supuesto se hizo, se introdujo la paradójica innovación de que el gobierno terminó por perseguir, meter en la lista negra de Tascón y despedir de los cargos públicos, no a los firmantes del referendo malo e ilegal organizado por Súmate, sino a los del... ¡bueno, legal y organizado por el CNE!... El mismo esquema se repite con los otros dos referendos constitucionales, en donde el gobierno desconoce, en términos prácticos, la validez del Referendo de la Reforma Constitucional, de diciembre de 2007, en donde el país le dijo no a un proyecto de socialismo precipitado y poco comprendido, pues está implementando, de hecho, tanto el supuesto socialismo como el poder de las comunas y la reorganización territorial a capricho del presidente; mientras que la oposición, esta vez con sentido, considera ilegal el Referendo Aprobatorio de la Enmienda Constitucional, de febrero de 2009, ganado por el gobierno a punta de la más obscena utilización de los recursos públicos, con el reparto de los enormes pollos brasileños como punta de lanza de la campaña electoral... También pareciera que tenemos una doble Constitución, para ambos bandos, una para esgrimirla cuando conviene, incluso con lágrimas de cocodrilo, y otra para violarla cuando y como salga del forro...

Con bastante menos indicadores intangibles y tangibles de crisis que los arriba citados, en cualquier país serio, con verdaderas ganas de sanarse y salir adelante, se habrían investigado a fondo las causas de tales fenómenos, todos y cada uno de los cuales nos han colocado en el mero borde de una guerra civil fratricida. Pero, en las antípodas de eso, en el nuestro se ha procedido a declarar, desde cada bando, que la culpa de todo la tiene sólo el otro, y ambos parecieran coincidir en que lo definitivamente más molesto son los insoportables ninís, los elementos no polarizados del conflicto, que ¡ojalá y pudieran hacerlos desaparecer del mapa, o por lo menos asegurarse de que los malditos no se irán al bando contrario!, para entonces quedarse ellos a cargo de todo y dedicarse, con carácter exclusivo y sin distracciones menores, a caerse a golpazos, caracazos, referendazos, constitucionazos, eslavazos, y, por ende, al escoñete total y absoluto de la patria...

En síntesis, si este no es un país esquizofrénico, gravemente enfermo y descompuesto, y que tiene el tupé de atacar y considerar como una especie de minusválidos mentales a quienes se niegan a plegarse a semejante y suicida polarización, por ambos bandos llamados despectivamente ninís, entonces somos nosotros los esquizofrénicos, enfermos y desvariantes, que merecemos que nos llamen fifís, pipís, titís o como les venga en gana a los obsesionados de ambos polos. Pero, si lo que venimos diciendo tiene sentido, entonces los fulanos ninís somos los cuerdos, las "mujeres del médico" de la partida -recuerden la novela Ensayo sobre la ceguera, de Saramago...-, quienes todavía conservamos, en medio de la "ceguera blanca colectiva", la capacidad para reconstruir el país, es decir, que somos, nada más y nada menos, que un embrión de criatura sana en el vientre de la Venezuela podrida e incurablemente enferma, con al menos un punto de partida para rescatar la visión perdida y con una más sana comprensión del desafío para resucitar la nueva patria después de que se termine de morir la agonizante, es decir, mejor que ninís, una especie de concóns, y a su impulso y despertar quiere contribuir este blog...

Seguiremos en la próxima entrega y con la segunda tesis: no se la pierdan quienes hayan logrado terminar de leer esta sin enloquecer de arrechera y por lo menos con alguna inquietud en la cabeza, pero, por favor, piérdansela los que sí...

viernes, 18 de junio de 2010

Sin Saramago, con una voz del silencio

José Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 1922 - Tías, Lanzarote, Islas Canarias, 2010)

Siempre optimistas, un poco más y a prueba de golpes de la fortuna, tenemos confianza en que aprenderemos a vivir sin José Saramago.

Su amada compañera, y excelente traductora al español, Pilar del Río, nos ha brindado una clave que ayudará en la tarea, pues días atrás declaró que ante su partida sólo deberían llorar quienes no tuvieron la dicha de conocerlo..., y resulta
que, incluso sin físicamente ir más allá de algunas sentadas en auditorios en los que él y ella estuvieron presentes, nos hemos autopos- tulado al privilegia- do gremio de los formal- mente autoriza- dos a no llorar. Durante cerca de década y media, en la recta final del esplendor de su labor creativa, nos acostumbra- mos a vivir pendientes de su voz, es decir, de sus tantas obras, entrevistas, declaraciones, gestos..., como solemos hacerlo con quienes ingresan -a falta de uno de los otros- a nuestro santuario, hasta llegar, si no a conocerlo de verdad verdad, con los calibres de su Pilar (a quien llamó "su casa", "hasta el último instante", "los días todos", "que no dejó que yo muriera", "como si dijera agua"...), al menos a frecuentarlo tanto que casi.

De tanto hurgar en sus palabras, en donde los recovecos y espacios en blanco no pocas veces resultan más elocuentes que los caracteres impresos, llegamos a alternar con él y su manojo de inolvidables ocurrencias y personajes, digamos de modo parecido a que si fuésemos vecinos, quizás vecinos de almas -expresión que probablemente a él le habría parecido cursilona-, o en todo caso algo por allí. De la mano de Saramago hemos accedido al mejor sucedáneo de una experiencia varias veces escuchada, pero sin que haya llegado el día de sentirla en piel propia: vivir en algún pueblo o suburbio de una ciudad escandinava, en donde se nos ha asegurado que habitan criaturas despojadas de ínfulas o títulos clasemedianos, y quienes, sin embargo, gozan del estatus de la más plena humanidad en su plural vecindario. O sea, ambientes sociales planos, cargados de respeto y hondamente organizados, convivencias no jerárquicas de personas de distintos niveles educativos, orígenes sociales, dedicaciones a oficios intelectuales o manuales, simpatizantes de distintos partidos políticos, con un alto y decisivo grado de participación femenina..., así como con
culturas y relaciones humanas, derechos y deberes, casas y mobiliarios igualados por más de un siglo de democracia bien aprovechada, y por la accesibilidad y calidad de los productos de empresas altamente productivas y con vocación social (aunque, la verdad sea dicha, también étnicamente homogéneos, o sea, más o menos vikingos casi todos...). A falta de tales vivencias, pero gracias, entre otros, a este José, hemos terminado por acercarnos a, y por poco convivir con, irrepetibles criaturas de los más diversos orígenes sociales, temples y épocas, a quienes reconocemos a la vez como pares de nuestra comunidad espiritual y como evidencias de que no podrá construirse una genuina humanidad hasta tanto no se escuche la voz de los tantas veces excluidos y desheredados. (De allí que, pese a no ser latinoamericanos ni él ni su temática, lo tengamos, como a Joan Manuel Serrat, Vincent Van Gogh, Jean Paul Sartre y otros, como un asimilado a los nuestros, de donde esta modestísima despedida en el blog).

Los personajes saramaguianos, cual su progenitor, son todos seres ingeniosos, ocurrentes y singulares, elementales y sin cartas escondidas, ajenos a toda ostentación, despojados de cualquier parafernalia moderna, dedicados a los oficios menos calificados, primarios hasta rabiar, transparentes en sus intenciones..., pero coherentes, direccionados, sanamente orgullosos de sí mismos, impertérritos, despreocupados por ser simpáticos o por imágenes mediáticas. Una vez que descubren sus roles, proyectos y vocaciones, absurdas e insignificantes para muchos, o cuando, al decir de su creador, deciden que tienen algo que decir o hacer, entonces, al estilo de lo que ha hecho la humanidad en su conjunto, que en sus principios debió ser el hazmerreir de todas las fieras, no hay quien los detenga.

Asomemos, apoyándonos no en los recursos de la web, tan poco apreciada por el propio y cerca de absolutamente autodidacta José Saramago, pese a los más de cinco millones de páginas a él dedicadas, sino en el secular recurso del manoseo de libros a la mano, sólo algunos ejemplos, tanto para beneficio de los legos en su obra como para situar en un contexto apropiado las dizque conclusiones de esta reseña póstuma.

En la primera de sus novelas conocidas (pues jamás hemos tenido noticia de un ejemplar de Tierra de pecado (Terra de pecado, 1947) o de Claraboya (Clarabóia, 1948), una agotada hace décadas y la otra nunca publicada), Manual de pintura y caligrafía (Manual de pintura e caligrafía, 1977), un pintor a domicilio, que se gana la vida haciendo retratos insulsos de personalidades citadinas de alcurnia, y apenas identificado como "H.", decide un día, tras hacerse una inocente pregunta: ¿quién es su modelo?, introducir pequeñas modificaciones creativas en el estilo del retrato de un gran señor, sólo para descubrir que la innovación provoca el absoluto rechazo del cliente, quien sin más decide echarlo de la casa, con el cuadro sin acabar, y entregarle el acordado cheque. Ante el trato ofensivo y con el amor propio herido, en el pintor se dispara una reacción de indignaciones en cadena, cosa de la que nunca se creyó capaz, que lo lleva a no aceptar el dinero, no ceder la pintura inconclusa, retirarse de la casa y del oficio, dedicarse a cualquier ocupación para sobrevivir, y, finalmente, descubrir el amor, el arte, el compromiso
... La novela nos muestra como bajo el caparazón del más mediocre de los seres, tanto que desprecia sus propias obras, en las que se reconoce, y se incomoda cuando en las salas de espera lo hacen esperar poco..., subyace nada menos que un creador genuino.

En su segunda novela ídem, Levantado del suelo (Levantado do chào, 1980), la más o quizás única realista de sus obras, nos traza la saga de tres generaciones de campesinos de apellido Maltiempo en la región del Alentejo,
al sur de Portugal, que, con su añoso e inconmovible régimen de latifundios en la mera segunda mitad del siglo XX, pasa a representar un universo de la injusticia legitimado por designios divinos. Sin estridencias, pero sin eufemismos, los Maltiempo y sus mujeres, en ese régimen social a la vez infernal y bendito, se empeñan en preservar sus capacidades para amar, confiar y esperanzarse en el futuro, que al final se digna guiñarles un ojo con la Revolución de los Claveles. Desde el punto de vista estilístico, a partir de aquí, inclusive, Saramago introduce su peculiar ortografía, segun la cual las mayúsculas se resisten a ser empleadas en los nombres propios y nada más se inclinan en favor de los inicios de oración o de expresiones de los personajes (sin distinguir entre diálogos orales y pensamientos internos), y que le ha hecho merecedor de no pocas peroratas y ataques de puristas lingüísticos de muchas latitudes, pero que a nosotros, los decididos a no llorar su partida, no sólo nos resulta divertida sino que se convierte en la más clara señal de que estamos transitando por los sin pares territorios de nuestro ídolo...

En otra más, Memorial del convento (Memorial do convento, 1982), la que él quiso lo acompañara en su incineración, le allanó el encuentro con Pilar, y que recomiendo como opera prima -o "prima ópera", tratándose de lectores- a quienes quieran empezar a saramaguear, resalta el increíble personaje de Blimunda, una ingenua campesina del Portugal medieval e inquisistorial, sujeta, como tantos, a privaciones de todo género y caprichos de sotanas, togas y capas, pero con una singularidad, derivada del accidente de haber abierto tempranamente los ojos en el vientre de su madre, que le permite nada menos que a ver directamente el interior de las personas...

Después están, entre un sinfín, y por limitarnos sólo a sus novelas, la inolvidable Lidia, en El año de la muerte de Ricardo Reis (O ano da morte de Ricardo Reis, 1984), camarera del hotel lisboeta en donde se aloja el eminente médico y poeta Ricardo Reis (reencarnación del mismo de Pessoa...), quien le enseña a éste que la vida es mucho más que arte y ciencia... Joana Carda, quien con una raya en el suelo provoca un pandemónium de acontecimientos y el desprendimiento de Europa de la propia península Ibérica, y se dispara, con un grupo de peculiares acompañantes, en donde ciertos enigmáticos perros ocupan roles destacados, a un viaje de reencuentro sólo con América del Sur a bordo de La balsa de piedra (A Jangada de Pedra, 1986)... Raimundo Silva (a partir de aquí todas las novelas están dedicadas a, y casi todas traducidas al español por, Pilar), el insignificante corrector de pruebas que provoca un cataclismo editorial al introducir voluntariamente un mínimo error en un texto histórico: Historia del cerco de Lisboa (Historia do Cerco de Lisboa, 1989), que termina por abrir al amor y forzar la renuncia de la circunspecta jefa de la empresa librera... La Magdalena y humana amante de un humano Jesús, en El Evangelio según Jesucristo (O Evangelho segundo Jesús Cristo, 1991), sólo recomendable para creyentes capaces de dudar o para dudantes capaces de creer, en donde se interroga sin tapujos el relato bíblico, y que le valió, indirectamente, la expulsión de Portugal y su exilio voluntario en Las Islas Canarias... La "mujer del médico", única vidente en un pueblo azotado por una inexplicable epidemia de "ceguera de luz blanca", en donde afloran, bajo su única mirada capaz de percibirlas plenamente, en el magistral Ensayo sobre la ceguera (Ensaio sobre a Cegueira, 1995), todas las miserias del alma humana contemporánea... El José de Todos los nombres (Todos os Nomes, 1997), pedestre escribiente en un enorme archivo público, a quien le da por investigar "secretos" de personajes diversos plasmados en sus registros oficiales, y de quien se vale Saramago para demostrar fehacientemente que "...cualquier cabeza es capaz de producir [...pensamientos metafísicos], aunque muchas veces no consiga encontrar las palabras". Marta, la humilde hija de un alfarero tradicional a quien la vorágine de innovaciones desatadas por la inauguración de un moderno centro comercial deja sin oficio y sin sustento, y quien se erige, ella, en La caverna (A Caverna, 2000), en abanderada de la dignidad familiar amenazada... En El hombre duplicado (O Homem Duplicado, 2002), bajo la apariencia de una comedia de enredos, que sin duda fue copiada hace poco en la reciente telenovela venezolana A corazón abierto..., se explora, so pretexto de la aparición de dos individuos absolutamente iguales en una ciudad moderna, cuya distinción sólo se logra, gracias al sexto -o talvez mayor- sentido femenino de una María Paz, la identidad humana. Otra vez desde la perspectiva de la "mujer del médico", ahora junto a un comisario de policia, en una alcaldía anónima, poblada de ciudadanos más anónimos todavía, y en una especie de segunda parte del Ensayo sobre la ceguera, el Ensayo sobre la lucidez (Ensaio sobre a Lucidez, 2004), se somete a discusión, a partir del inexplicable fenómeno de que dichos ciudadanos se niegan a votar, la racionalidad de la democracia moderna... En otra cruzada contra los nombres propios y en lo que pareciera ser un empeño por alcanzar un comunismo de nombres comunes, en Las intermitencias de la muerte (As intermitências da morte, 2005), se estudian las calamidades sociales alborotadas por una simple y nada anunciada huelga que decide ejecutar "la muerte", y se ofrece una honda reflexión sobre el significado de su opuesto aparente: la vida... Desde la atalaya de observación de Subhro, el humilde cornaca (raro oficio del domador, criador y cuidador de elefantes en la India) y su más humilde todavía paquidermo Salomón, quienes recorren, con El viaje del elefante (A Viagem do Elefante, 2008), la Europa medieval, para instrumentar un caprichoso regalo real, se examinan otra vez, recordándonos los días de Blimunda, los entretelones de la vida en una sociedad plagada de petulancias, ceremonias y obediencias, cuyas reminiscencias todavía nos acompañan... Y, por fin, en su -pero ¡ojalá y pronto Pilar nos regale sorpresas póstumas!...- última Caín (Caim, 2009), se ofrece un alegato en favor del tantas veces repudiado Caín y en contra del no menos veces exonerado de culpas Abel, induciéndonos, un poco al estilo del Evangelio, pero ahora con el Viejo Testamento, a una sana reflexión sobre el sempiterno asunto del bien y el mal, que no deja fuera ni al mismísimo Dios...

Al desenvolver el empaque del ateo, comunista, marxista, pesimista, casi antipático y autosuficiente, encontramos a un Saramago chorreante y ávido de ternura, amoroso hasta más no poder, socialmente sensible hasta los tuétanos, infatigablemente creativo y desprejuiciado, una especie de cristiano primitivo, antidogmático y antieclesiástico, que, del carro de su miríada de personajes, nos anuncia la necesidad, y casi la posibilidad tangible, de un mejor universo, aunque sea mientras terminan de volver a enseñorearse la nada, el caos y el silencio de donde pareciéramos venir -no se sabe por órdenes de quien, pero muy improbablemente del Dios del Vaticano-. (Y no vayan a creer que quien suscribe llegó a estos resultados a través de alguna comilitancia o vaso comunicante alguno, pues, por el contrario, siempre tuve la impresión de que Saramago desdeñaba la generación de críticos del capitalismo salvaje y el socialismo autocrático a la que pertenezco. Toda la empatía brotó,
pese a nutridas diferencias con sus textos políticos y más de un arresto chocho hallado en sus ensayos y declaraciones, de la fascinante lectura de su narrativa).

En fin, el rollo de este artículo empezó cuando, tras sentirme abatido por la partida de Saramago y ante la prohibición de llantos dictada por la sacerdotisa que involuntariamente nos dejó, quise hallar la esencia de los motivos que tendría para no darme por herido. Y fue así, con poca originalidad, pues fue el mismo escritor laureado quien nos enseñó el truco de visualizar en instantes fugaces el título de trabajos por escribir, que se nos subió a la cabeza la ocurrencia de decir que nos resignábamos a la pérdida de este creador pero nos declarábamos equipados con un escuadrón de personajes suyos no sólo candidatos a inmortales, -al menos en el sentido en que lo han sido El Quijote y Sancho, Fausto, Margarita y Mefistófeles, Hamlet, Claudio, Ofelia, los hermanos Karamazov, Beatriz, Madamme Bovary, Ana Karenina, etc., es decir, encarnaciones singulares de lo que en definitiva todos somos o queremos, o no creemos y odiaríamos, ser- sino también a voceros del silencio. Pues lejos de proceder de las esferas de la nobleza o de las élites de cualquier tipo y sus acompañantes, los hombres, mujeres y hasta perros, de papel y mucho más, legados por este que recién nos dejó, pese a construidos con los barros de la más plebeya y olvidada humanidad, concluyen elevados a secretas sabidurías, inaudibles elocuencias y bondades infinitas. O sea, que nos quedamos sin él pero con una voz de los silenciosos y, ¿por qué no?, del absoluto y mismo silencio (el cual, no sobra añadir, para Saramago es sinónimo de Dios o, más según él, de dios...).

martes, 15 de junio de 2010

¿Por qué una perspectiva sistémica, histórica y latinoamericana?

Tan insistentes se han vuelto ciertas críticas de algunos lectores del blog en torno a los enfoques utilizados y los temas tratados, que no me ha quedado más remedio que dedicarle algunas líneas a defender el sentido y alcances de lo que aquí se está haciendo. No sin antes anunciar, sobre todo para seguidores que parecieran tener relojes biológicos con un tictac diarreico y podrían desesperarse ante las supuestamente limitadas referencias al día a día de la política venezolana, que en el próximo mes de julio, y tal vez en al menos parte de agosto y septiembre, el blog se concentrará en examinar la situación, la coyuntura y hasta el momento político nacional, con abundantes consideraciones sobre las perspectivas de las próximas elecciones parlamentarias y en torno a los más diversos aspectos de las posiciones del actual gobierno y su máximo líder.

(Aunque la verdad sea dicha es que no tengo muchas esperanzas, y quizás ni ganas, ni estómago, ni paciencia... para complacer a quienes, desde bandos antagónicos, pretenden ver monocromática y linealmente, o sea en rayas o mitades blancas y mitad negras, dibujadas desde la óptica de cada quien, a un mundo al que no logro percibir sino resueltamente policromático y multidimensional. También debo añadir que, pese a que llevo ya mis millas voladas en materia de coexistencia con sectarismos de variados pelajes, jamás había atestiguado una polarización tan extrema como la que vive ahora el país: la mayoría de periódicos digitales han terminado, ante la cantidad de groserías e insultos expresados por los lectores, por suprimir los comentarios. Y, en lo que me toca, si bien no han sido muchos los sinsabores a este respecto, algo me dice que a medida en que el blog se involucre más en la hiperpolarizada escena política nacional, también subirán de tono los ataques y reclamos de lectores irritables, y ojalá que no haya que tomar decisiones ingratas como las de suprimir los anónimos, diferir y filtrar la salida de comentarios, o hasta restringir el acceso al blog... Mientras tanto, y pese a que pretendo seguir aproximadamente fiel a mi reciente disposición a no abordar aquí cuestiones lindantes con lo personal, debo admitir que ya no me alcanzan los dedos de ambas manos para contar los buenos amigos y amigas que se han alejado pues me acusan, unos, de chavista vergonzante, y, otros, de antichavista agazapado, sin que se puedan precisar cuáles son los pecados intelectuales o ideológicos que he cometido. Todo sugiere que la lealtad o la arrechera incondicional con el susodicho se ha convertido en la balanza evaluadora de las posiciones políticas, cuando no de las condiciones morales...).

Frente a la amenaza del cretinismo intelectual que cunde como epidemia aun en muchas de las mentes venezolanas más cultivadas, y nada más que con el ánimo de ser efectivo, ordenaré en siete puntos mis ideas acerca de por qué no sólo es importante sino indispensable una mirada amplia, a la vez latinoamericana, y al menos sistémica e histórica, a los problemas de nuestros países y a la búsqueda de soluciones pertinentes, en contraste con las miradas aislacionistas y determinísticas que tanto han dado en abundar en nuestros lares. También argumentaré acerca de por qué es importante, a condición de que no se vuelva un recurso estigmatizante o unas gríngolas limitadoras, la distinción entre izquierda y derecha en el análisis de los problemas políticos latinoamericanos.
  1. Necesidad de un enfoque sistémico. Tanto en el mundo científico como en el tecnológico hace ya rato que se han establecido la óptica y la práctica de considerar las relaciones con el entorno como esenciales para la comprensión de todo sistema. Al examinar, por ejemplo, la estructura de un edificio cualquiera, puedo escoger cualquier ámbito como objeto de análisis, a condición de que represente el resto del edificio y del mundo con sus debidas interacciones; no hacerlo así, y estudiar, digamos, un piso o habitación o columna aislados, como si el resto de la edificación no existiera, es una vía segura a conclusiones erróneas. Y lo mismo vale para una célula, un tejido o un órgano cualquiera de nuestro organismo, para un reactor químico, o para cualquier otro tipo de sistema físico, químico, biológico o social: la comprensión de sus interacciones con el resto del mundo, con sus circunstancias, entorno, condiciones de borde o como las queramos llamar, es decir, con lo que no es el sistema en sentido estricto, pero que lo renvuelve e interactúa con él, es esencial para arribar a cualquier clase válida de conclusiones. Sin embargo, en la política, la filosofía o en el mundo humanístico en general, todavía es frecuente que los análisis se efectúen de manera desligada de tal entorno, como si cada país, momento o individualidad fuese un compartimiento estanco. Y, en el caso venezolano, me temo que estamos patética y epistemológicamente rezagados incluso en relación a los estándares intelectuales latinoamericanos actuales: es claro, por ilustrar lo dicho de algún modo, que el calibre intelectual del debate efectuado en las recientes elecciones colombianas, con sus diversas referencias a los conflictos internos y sus estrechas conexiones con factores externos, está órdenes de magnitud más avanzado que la chillonería de muchachos malcriados que pulula en la prensa local tanto oficialista como oposicionista. Esto significa, en concreto, que situar a Venezuela en un contexto latinoamericano y mundial es absolutamente indispensable si queremos dar pie con balón en los afanes por anotar nuestros ansiados goles históricos, y es allí donde radica una primera justificación de los empeños del blog.
  2. Necesidad de un enfoque histórico. Todo lo dicho desde la perspectiva sistémica guarda hondas analogías con la perspectiva histórica: no se ha repetido lo suficiente que si no sabemos de donde venimos tampoco lograremos saber a dónde vamos y ni siquiera dónde estamos parados. La historia de América Latina está repleta de procesos que han impactado a la totalidad o al menos buena parte de nuestras naciones: sea en la gran escala de la conquista, la colonización, la independencia o la búsqueda de la democracia, o sea en la menor escala de los procesos recientes de sustitución de importaciones, endeudamiento externo, apelación a las soluciones privatizadoras o neoliberales, o de afán por conquistar una mayor autonomía en el control de nuestros recursos, nuestros devenires se entrelazan y condicionan mutuamente. Por tanto no logramos entender cómo puede considerarse, a manera de botón de muestra, el examen de una película como Al sur de la frontera, de Oliver Stone, como un desvarío escapista o una exquisitez purista.
  3. Imperativo de una perspectiva latinoamericana con miras a integrarnos como un sólido bloque geopolítico. Para bien o para mal, entre los medios de comunicación y transporte, los avances científicos y tecnológicos que afectan la satisfacción de necesidades en escala global -o mundial, si hay rollo con ese término casi patentado por las corporaciones transnacionales-, las imbricaciones de los sistemas financieros, económicos, políticos y culturales (pero desafortunadamente todavía no los educativos), y seguramente muchas otras variables, han terminado por hacer de los aislamientos nacionales conductas de un pasado cada vez más remoto. Norteamérica, Europa, el sudeste asiático, los países árabes, hasta las naciones de Oceanía, incluso con diferencias culturales, históricas, raciales, étnicas o lingüísticas mayores que las nuestras, cada vez más actúan en bloque e integrando capacidades económicas, territoriales, culturales, políticas, militares, etc. Si los latinoamericanos seguimos empeñados en nuestro aldeanismo consuetudinario, y nos escandalizamos de que por ejemplo, en un blog como éste se le preste atención al proceso político colombiano, de nuestra más que vecina hermana y cuidado si no morocha república, entonces nuestras oportunidades de construir un mejor futuro se restringirán drásticamente. Apostaría a que en un análisis mundial de pares de naciones más semejantes en el planeta, desde múltiples puntos de vista, Colombia y Venezuela quedarían en el decil, y de repente en el percentil, de las de mayores raíces, parámetros y perspectivas afines. Mientras Brasil está impulsando el estudio obligatorio del español en sus escuelas, Chile realiza intercambios económicos fructíferos con cada vez más regiones del mundo, y México está integrándose crecientemente a la OECD, nosotros seguimos empeñados en ver hasta a los procesos colombianos como exóticos. La comprensión de la realidad política latinoamericana, y sus tendencias conservadoras o de cambio, de derecha o de izquierda, empeñándonos en respetarnos unos a otros, es indispensable para situar la problemática política de cualquiera de nuestras naciones.
  4. Venezuela, en tanto que país exportador de petróleo, está particularmente expuesta a los avatares económicos y políticos del mundo contemporáneo. Aunque no tengo el cálculo a mano, intuyo que Venezuela es el país que más petróleo ha exportado al resto del mundo, al punto de que, de ser cierto lo afirmado en la reciente película Venezia, con la más que bella Rudy Rodríguez, fue nada menos que proveedora del 70% de los combustibles de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial, y teatro de operaciones de una sofisticada confrontación con las potencias del Eje, que en su afán de sabotear este suministro petrolero, infiltraron hasta los tuétanos al ejército venezolano, con enfrentamientos que dejaron casi dos centenas de muertos. Durante casi todo el siglo XX y al menos durante las dos o tres primeras décadas del XXI, la economía, la política y la cultura nacional han bailado al son de los precios y los ingresos petroleros, con el agravante de que los venezolanos, como bien lo demostró Fernando Coronil en su obra El Estado mágico, no nos hemos dado cuenta de eso y siempre hemos creído que la fuente de tales poderes especiales han sido los gobernantes, con Gómez, Pérez Jiménez, Carlos Andrés Pérez, y ahora Chávez, como sus principales ejecutantes, cuando resulta que ellos lo que han hecho es administrar, y a menudo acaparar y despilfarrar, los aparentemente misteriosos ingresos petroleros. Afirmo que el conflicto árabe-israelí en el Medio Oriente, y su efecto sobre los precios petroleros, ha tenido más impacto sobre la vida de los venezolanos que cualquier decisión económica o liderazgo político internos, y sospecho que más de las tres cuartas partes de los factores determinantes del poder del actual Presidente de la República devienen del simple manejo de la chequera del Estado con fines proselitistas. ¿Cómo podemos, entonces, subestimar la importancia de entender las dinámicas mundiales energéticas y del capitalismo en general?
  5. La diversidad latinoamericana, y particularmente la experiencia colombiana, es una fuente invalorable de aprendizaje para los venezolanos. Pese a que nuestra historia, lenguas, creaciones artísticas, creencias, músicas, bailes, cocinas, arquitecturas..., se hallan entre las relativamente más homogéneas de las grandes subregiones del planeta, también es cierto que poseemos una amplia diversidad de climas, latitudes, altitudes, suelos, floras, faunas, etnias, experiencias, etc., que hacen del subcontinente, y del área andino-caribeña-llanera, un extraordinario laboratorio viviente de experimentación para la concepción de todo género de proyectos innovadores. Lo que suele constituir una pesadilla de todos los investigadores científicos, el control de parámetros para examinar sólo los efectos de variables separadas, en Latinoamérica, y especialmente al norte de Suramérica, se nos brinda de manera casi espontánea. La experiencia colombiana, por citar un caso, nos muestra elocuentemente lo que muy probablemente habría ocurrido en la sociedad venezolana, y ocurrirá si no obramos en sentido contrario, de no mediar la riqueza petrolera y sus posibilidades amortiguadoras y de movilidad social. Con estamentos sociales elitescos y sectarios, empeñados en mantener excluida de las oportunidades de progreso a una inmensa mayoría social y en despreciar sus intentos de búsqueda de un mejor futuro, la emergencia de caudillos tipo Chávez resulta prácticamente inevitable. La clase campesina excluida que apoya la guerrilla, el sicariato y el narcotráfico colombiano tiene las mismas raíces sociales e históricas que la población marginalizada venezolana, que, en los suburbios urbanos, está apoyando al actual presidente y antes apoyó a Acción Democrática; sólo que, gracias al poder apagafuegos del Estado y sus repartos de los ingresos petroleros, que se traducen en comida, dádivas, becas, subsidios, falsos empleos, corruptelas de todos los tamaños..., en Venezuela no se han organizado guerrillas (pero sí redes delictivas crecientemente organizadas y con vínculos cada vez más orgánicos con el sindicalismo corrupto, el narcotráfico y el sicariato). Sin embargo, es claro que en febrero de 1989, durante el Caracazo; y luego en febrero y noviembre de 1992, con los golpes fallidos de Chávez; en diciembre de 1998, con el autogolpe que tramaba el yerno de caldera; en mayo de 2000, con el saboteo y el despelote que casi se armó con unas elecciones sin registros claros de electores; en abril de 2002, con el golpe de Cisneros y Carmona; en diciembre de 2002 y enero de 2003, con el paro petrolero; y en enero de 2004, con el intento fallido de la oposición por organizar un referendo revocatorio a través de un poder electoral paralelo, por limitarme a sólo unos ejemplos, hemos pisado los umbrales de un sangriento enfrentamiento civil que fácilmente podría evolucionar hacia un escenario a la colombiana, y que todavía pende sobre nosotros cual espada de Damocles. ¿Cómo subestimar, entonces, la emergencia de un enfoque relmente superador de la más que semisecular contienda bélica colombiana, como el ofrecido por Mockus y Fajardo, del que muchísimo tendríamos que aprender?
  6. Nuestros desafíos estructurales son los mismos, y es juntos como los latinoamericanos podremos enfrentarlos mejor. Pese a que tanto el gobierno como buena parte de los académicos de izquierda no cesan de proclamar que el capitalismo y la sociedad moderna son la raíz de nuestros males, lo cierto es que estructuralmente hablando nuestras sociedades latinoamericanas, si bien gravitan en la órbita del capitalismo mundial, no son ellas mismas plenamente capitalistas ni modernas, pues distan de hacer de la producción, la política y la creación cultural inteligentes, es decir, de base científica, tecnológica y genuinamente democrática, la columna vertebral de sus actividades sociales. Sin un análisis certero acerca de nuestras realidades estructurales y sin una respuesta clara a la problemática de lo que tradicionalmente se llamó el carácter de la revolución, no podremos llegar muy lejos, y este blog lo que ha querido es ser útil en ese sentido. La confrontación entre un supuesto socialismo del siglo XXI inspirado en la experiencia cubana, y cuyos fundamentos teóricos y materiales se desconocen, versus la restauración a ultranzas de un mercantilismo estatizante, centralista y corrupto, al estilo del siglo XVIII europeo, como el que tuvimos en las últimas décadas, no puede sino llevarnos a la pérdida de oportunidades históricas. Mientras en Venezuela nos cocinamos en la salsa de este debate obsoleto y caracterísico de la Guerra Fría, en Brasil, México, Chile, Uruguay, y cuando menos en el departamento colombiano de Antioquia (Medellín y sus alrededores) se exploran alternativas para nuestra modernización. ¿En qué cabeza cabe, entonces, que el análisis de estas transformaciones estructurales necesarias pueda ser accesorio o escapista?
  7. Nuestra coyuntura económica y política latinoamericana esencial es también la misma y son muchos los esfuerzos inmediatos que podemos sincronizar. A la actual coyuntura hemos llegado después del fracaso continental de la onda privatizadora y aperturista a ultranzas propugnada por el Fondo Monetario Internacional, los Chicago Boys y sus adeptos, de alguna manera devotos de la idea de que nada como el negocio de la guerra y la falta de regulaciones para aceitar las alianzas entre el Estado y las grandes corporaciones transnacionales, que ha terminado por conducir al propio capitalismo metropolitano a una crisis de severas proporciones. El hasta hace poco inverosímil ascenso de Obama, impulsado desde abajo y sin el concierto del estamento de las quinientas de Fortune, es un indicador de la magnitud de los reclamos sociales en el interior del llamado "Imperio". En un contexto de crisis del capitalismo salvaje proclamado por los Reagan, Bushes y compañía, que ha colocado al planeta en la ruta de una implosión climática y de estallidos sociales incontrolables, y en donde están emergiendo corrientes hacia un nuevo capitalismo al estilo nórdico europeo, con una mucho mayor conciencia social y mucho más alineadas con la posibilidad futura de edificar un verdadero y nada soviético ni cubano "socialismo", es claro que las oportunidades de optar por una ruta viable de evolución económica, política, educativa y cultural, compatible con la edificación de una sociedad más justa, se han multiplicado. Y de allí el empeño del blog por invitar a pensar en grande nuestros problemas, de cara a nuestros desafíos y con miras a actuar acertadamente y con un enfoque transformador desde las escalas pequeñas accesibles para cada quien, bien para conservar lo bueno logrado en el pasado, con enfoques sanos de derecha, bien para cambiar lo que merezca y pueda ser cambiado, con enfoques sanos de izquierda, o bien para adoptar posiciones complejas que combinen distintos puntos de vista y a riesgo de que los devotos de dogmas se incomoden. ¿O es que no se han dado cuenta ciertos lectores de que las etiquetas estrella de los artículos del blog, han sido, incluido éste, las de Desafío de América Latina, con treinta y un (31) artículos, y Enfoque transformador, con treinta y siete (37) artículos, en donde sistemáticamente se evita el lenguaje de clichés de derecha e izquierda al uso? ¿Acaso son estas las ramas a las que se refiere cierto lector en un comentario de días pasados?
En resumidas cuentas, la estrategia del blog, para bien o para mal, se ha parecido a la de tantísimos libros, textos o documentos dedicados al análisis de problemas sociales, en donde, después de una introducción, se presenta un marco conceptual o teórico para abordar, luego, el examen de los datos y problemas más concretos bajo el amparo de dicho marco, y arribar finalmente a las necesarias conclusiones y recomendaciones. La diferencia flagrante está en que el blog, deliberadamente, no ha escogido al mundo académico, con sus lectores cautivos, los estudiantes obligados a leer para aprobar los exámenes, como su auditorio favorito, sino el mundo de ciudadanos sensibles, con un mínimo de cultura y amplios de mente, quienes, con o sin razón, tienen pleno derecho a reclamar el tratamiento de asuntos que les afectan directamente. Sigo creyendo que, en apenas algunos meses, se verán las ventajas del enfoque abordado -o quizás resulte que este no es el medio de comunicación apropiado y habrá que buscar otro-: pero lo que no voy a hacer es decir algo distinto de lo que siento y creo que debo expresarle a los venezolanos y latinoamericanos ante nuestros ingentes desafíos.