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martes, 5 de octubre de 2010

El nuevo parlamento y las tendencias políticas venezolanas


La desventaja de las representa- ciones gráficas usuales de las estructuras parlamenta- rias es que solo logran representar una variable cuantitativa, la cantidad de votos o de diputados obtenida por cada partido, sin lograr representar adecuadamente la ideología o tendencia política subyacente a cada fuerza, que a lo sumo queda como una variable nominal o cualitativa. Tal limitación es la que intentamos superar con nuestro diagrama, que imita un círculo trigonométrico o un velocímetro invertido de vehículo (0º ó Km/h a la derecha y 180º ó 180 Km/h a la izquierda), para dar cabida a las dos variables cuantitativas esenciales, magnitud y orientación, de las fuerzas políticas. La magnitud es representada por el tamaño o longitud de los vectores o flechas que representan a cada fuerza política, la orientación por el radio de giro o ángulo, medido de derecha (0º ó 0 Km/h) a izquierda (180º ó 180 Km/h).

De acuerdo a este diagrama, y agrupando ciertas tendencias para evitar demasiados detalles, en nuestro parlamento se desenvuelven, de mayor a menor fuerza relativa, cuatro tendencias políticas fundamentales: una socialista ortodoxa, digamos de inspiración comunista; una socialdemócrata liberal, o quizás, mejor, demócrata-liberal; una demócratacristiana, o demócrata centrista; y una socialdemócrata socialista, con una subtendencia a la que podríamos llamar, según cierta práctica internacional, pero tal vez a riesgo de crear confusiones, socialista democrática. Seguidamente las exploraremos, con algunas de sus principales variantes internas.

La primera, más organizada y relativamente coherente de dichas fuerzas, la socialista ortodoxa, con un 48% de los votos lista parlamentarios y un 59% de los diputados (98 de 165), está representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, con 97 diputados (incluyendo a los dos diputados indígenas postulados por CONIVE), y el Partido Comunista de Venezuela, PCV, con un diputado. Internacionalmente, esta tendencia suele ser llamada la tendencia comunista o marxista-leninista, en atención a que la mayoría de sus partidos integrantes se denominan comunistas y provienen, directamente o por su inspiración ideológica, de la escuela de la Tercera Internacional o Internacional Comunista, fundada por Lenin e instrumentada prácticamente por Stalin. En nuestra metáfora del diagrama, esta tendencia pretende viajar a una velocidad promedio de unos 135 Km/h por las vías defectuosamente pavimentadas del mundo subdesarrollado, con lo cual tiende a estrellarse contra todo tipo de obstáculos y caer en todos los baches imaginables. De una u otra manera, hace de la lucha de clases, de la dictadura del proletariado, y del partido único, regido éste por el centralismo democrático, la guía práctica de sus iniciativas.

Para esta corriente ideológica y política, la democracia a secas es una entelequia y sólo reconoce las democracias apellidadas, es decir, la democracia burguesa o la democracia proletaria, o, a lo sumo, la democracia popular, a las cuales considera como sinónimo de las dictaduras homónimas (la democracia burguesa es en definitiva una dictadura de la burguesía, etc.). Como quiera que se considera dueña de la verdad sobre el sentido de la historia, en donde tarde o temprano el proletariado derrotará y engullirá a la burguesía para engendrar dialécticamente la sociedad sin clases, esta tendencia trata de avanzar tan rápido como pueda hacia la abolición de la propiedad privada y la estatización de los medios de producción, inclusive haciendo caso omiso del precepto marxiano de que no es posible estatizar o socializar los medios de producción precapitalistas o escasamente capitalistas, o saltarse la revolución burguesa. Epistemológicamente anclada en las racionalidades analíticas o de causa/efecto características del siglo XIX, este enfoque se comporta alérgicamente ante todo lo que huela a enfoque de sistemas, e insiste una y otra vez en guiarse por las antinomias burguesía/proletariado, empresarios/trabajadores, ricos/pobres, mercado/Estado, revolución/reforma, etc., y termina siendo proclive a desconocer cualquier legalidad que restrinja la autoridad de su habitual máximo líder, a subestimar el debate y la elaboración teórica (pues para qué perder tiempo en discutir si en definitiva ya Él sabe para donde van la Historia y la Lucha de Clases...). Con todo ello apunta, en síntesis, a funcionar con el criterio de que, al final de cuentas, el fin justifica los medios.

Mientras que en buen número de países, más que nada del llamado Tercer Mundo, esta corriente tuvo su cuna en las filas de la Tercera Internacional, Internacional Comunista o Kominterm, con su posterior variante, el Kominform, para luego hacer una larga pasantía en la Guerra Fría, y sufrir la posterior dispersión a raíz de la caída del Muro de Berlín, en Venezuela, el PSUV, lejos de ser una corriente ideológicamente homogénea, es el resultado de la aglomeración aluvional en torno al liderazgo de Hugo Chávez, en el contexto del estrepitoso derrumbe del pacto puntofijista de AD y COPEI ocurrido después del llamado Caracazo, en 1989. Esta corriente heterogénea, que antes de constituirse como tal impulsó importantes avances sociales, plasmados, sobre todo, en la Constitución Bolivariana, desde el holgado triunfo electoral del Presidente, en 2006, se constituyó en partido e inició su acelerada radicalización hacia la extrema izquierda ortodoxa. Ella comprende, cuando menos, la corriente militar nacionalista que interpretó el hondo resentimiento popular emanado de la masacre del Caracazo, y apoyó las intentonas de 1992; buena parte de la izquierda ortodoxa marxista-leninista de los años sesenta, quizás con un rol destacado del antiguo Partido de la Revolución venezolana, o PRV, y también de la Liga Socialista/Organización de Revolucionarios, OR, del Partido Comunista de Venezuela, PCV, y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR; numerosos desertores de Acción Democrática y de COPEI, algunos legítimamente decepcionados y otros que rápidamente descubrieron los nuevos juegos del poder; y corrientes juveniles y marginalizadas sin experiencia política previa, que se han identificado con la causa de la distribución de ingresos a los pobres y/o su lucha contra la oligarquía.

Sin importarle un pito que la Unión Soviética y su modelo de socialismo hayan salido derrotados en la Guerra Fría, o que los partidos comunistas chino, vietnamita, ruso, bieloruso o cubano estén actualmente embarcados en debates y ejecutorias prácticas acerca de cómo estimular la iniciativa y la propiedad privada, y como dar marcha atrás en los procesos de estatización y autocratismo, nuestro PSUV, en nombre del socialismo del siglo XXI, pareciera empeñado, con las ilusiones que permite el rentismo petrolero, en reeditar los errores y olvidar los aciertos de los socialismos del siglo XIX y del XX. Sin desconocer el impacto determinante que los abusos de la oposición han ejercido en pro de la polarización política reinante, nos resulta claro que esta tardía y ambigua obsesión comunistoide por apurar la marcha de una película histórica cuyo final se supone conocido ha sido también un elemento decisivo de la crispación y estrés político que innecesariamente padecemos.

La tendencia socialdemócrata liberal, o, preferiblemente, demócrata liberal, agrupa a Acción Democrática, AD, con cerca de un 8% de los votos lista a las parlamentarias y poco más de un 8% de los diputados (14 de 165, pero que ascienden a 15, es decir a un 9%, cuando se le suma un diputado de Alianza Bravo Pueblo, partido muy afín); a Un Nuevo Tiempo, UNT, en buena medida surgido en 2000 de desprendimientos de AD y del Movimiento al Socialismo, con un 9% de los votos y cerca de un 10% de los diputados (17 de 165, pero que llegan a 21, o sea, a casi un 13%, cuando se le suman los dos diputados de Voluntad Popular, partido afín, y dos independientes simpatizantes), y a los mencionados entre paréntesis Alianza Bravo Pueblo y Voluntad Popular. En su conjunto, esta corriente es la más fuerte dentro de la Mesa de la Unidad Democrática, con 17% de los votos lista parlamentarios y cerca de un 22% de los diputados (36 de 165).

Sus raíces ideológicas históricas pueden hallarse en la socialdemocracia europea de izquierda de fines del siglo XIX, y por tanto en el marxismo de la Segunda Internacional, y/o en la tendencia nacionalista latinoamericana ideologizada por el peruano Raúl Haya de la Torre o por el mexicano Lázaro Cárdenas, con su aventajado discípulo venezolano Rómulo Betancourt. No obstante, esta corriente, que también aquí, como en Perú (APRA) o México (PRI), comenzó, en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, con una postura crítica y defensora de los intereses y recursos nacionales, ha venido desplazándose progresivamente hacia el liberalismo, sobre todo a punta de pactos y acuerdos, a partir de los años cincuenta y, sobre todo, en los ochenta, con los grupos de poder estadounidenses. Especialmente durante la época del conservatismo reaganiano y la derrota del socialismo a la soviética, esta corriente aprovechó para romper acríticamente con cualquier vestigio de planteamiento socialista, de izquierda o marxista, a los que satanizó junto a los conservadores que se creyeron los triunfadores finales de la historia, y se lanzó a hacer del mercado, las privatizaciones, la gravitación monetaria en torno al dólar y las inversiones transnacionales la panacea para los problemas del subdesarrollo.

Desde nuestra perspectiva, el momento en el cual Acción Democrática deja de ser un partido de centro-izquierda para convertirse en uno de centro-derecha es aquel en donde, luego de la brutal represión de los saqueos populares durante el Caracazo, en 1989, no fue capaz siquiera de abrir una averiguación seria sobre los desmanes cometidos y optó por pretender, a rajatabla, implementar las recetas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional. Este proceso, análogo al vivido por el PRI mexicano, a raíz de la elección de Salinas de Gortari en 1984, terminó por consolidarse cuando, en 1998, y ante el temor por el posible triunfo de Chávez, AD decidió dejar sólo a su propio candidato y apoyar, en el último minuto, la candidatura de Salas Romer. Desde entonces, que sepamos, en AD no ha tenido lugar ni un solo debate acerca de cómo recuperar la brújula de izquierda extraviada.

Aunque Acción Democrática se mantiene como partido afiliado a la Internacional Socialista, especie de reedición, constituida en 1951, de la Segunda Internacional o Internacional Socialdemócrata, la mayor organización mundial de partidos políticos, dotada con un poderoso brazo financiero, la Fundación Friedrich Ebert, organización de la que también es miembro el Movimiento al Socialismo, MAS, y en la que también ha solicitado inscripción Por una Democracia Social, PODEMOS, no nos parece acertado considerar a estos tres partidos dentro de una misma corriente política. Mientras que AD, como sus congéneres el PRI mexicano y el APRA (ahora Partido Aprista Peruano, PAP), ha experimentado un claro viraje, tanto en lo ideológico como, sobre todo, en lo práctico, hacia el liberalismo o centro-derecha, por lo cual preferimos denominar a esta corriente demócrata liberal, no nos parece que ese sea el caso del MAS, La Causa R y PODEMOS, a quienes preferimos caracterizar como una corriente de centro-izquierda. En nuestro diagrama metafórico, esta corriente demócrata-liberal pretendería viajar por nuestras carreteras a una velocidad de, digamos, unos 80 Km/h, la cual resulta, a nuestro juicio, insuficiente, por las demasiadas concesiones que hace al capital especulativo transnacional y dadas las angustias de nuestras masas empobrecidas por avanzar y satisfacer cuanto antes su cúmulo de necesidades insatisfechas.

La corriente democratacristiana cobijaría a Primero Justicia, PJ, con un 9% de los votos parlamentarios, pero menos de un 4% de los diputados (sólo 6 de 165, debido a que esta corriente contribuyó a elegir a varios representantes de UNT, COPEI, Podemos, Alianza Bravo Pueblo y a una independiente); a COPEI, con un 5% de los votos y poco más de un 4% de los diputados (7 de 165, pero 8, o sea casi un 5%, si se le suma una diputada independiente que les simpatiza); al Proyecto Venezuela, con un 3% de los votos y poco menos de un 2% de los diputados (3 de 165); y a Convergencia, con menos de un 1% de los votos y de los diputados (1 de 165). De una u otra manera, Primero Justicia, el Proyecto Venezuela y Convergencia han surgido como desprendimientos de COPEI y sus crisis de liderazgo, y estos cuatro partidos conforman la segunda fuerza política dentro de la MUD, con un 17% de la votación parlamentaria pero sólo un 11% de sus diputados (18 de 165).

Aunque de orígenes fuertemente conservadores, que incluyen no pocas simpatías juveniles de los patriarcas de esta corriente, como Konrad Adenauer, en Alemania, su discípulo venezolano, el Dr. Rafael Caldera, o José María Aznar, en España, con el nacionalsocialismo alemán, el fascismo italiano y el franquismo español, en la práctica esta corriente se ha venido desplazando gradualmente hacia la izquierda, hasta convertirse, en general, en Europa y en Venezuela, en una especie de ala derecha del liberalismo, o sea, en una fuerza de centro-derecha, e inclusive, en algunos casos, como el chileno o el brasileño, bajo la influencia de la llamada Teología de la Liberación, en una corriente de tipo socialdemócrata avanzado o socialista democrática. Los partidos de esta corriente, surgida a fines del siglo XIX, a raíz de la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, que se planteó rivalizar con la socialdemocracia de la Segunda Internacional en la defensa de los derechos de los trabajadores, pero en contra del socialismo, se agrupan actualmente en la Internacional Demócrata Cristiana o Demócrata Centrista, y suelen recibir generosas donaciones de la Fundación Konrad Adenauer alemana.

Esta Internacional, sin embargo, es extremadamente heterogénea políticamente, pues incluye desde partidos resueltamente derechistas, como la Unión Demócrata Cristiana, UDC, alemana, o el Partido Popular, PP, español, hasta partidos significativamente liberales, como COPEI, y ahora Primero Justicia, en Venezuela, y partidos claramente liberales, como el Partido de la Acción Nacional, PAN, de México, e incluso partidos demócrata-cristianos de izquierda, como el chileno. En promedio, a esta corriente le hemos asignado un giro o "velocidad" de 60° ó 60 Km/h en nuestro diagrama metafórico, más "lenta" o de derecha que la corriente demócrata-liberal, pero también más rápida, es decir, menos de derecha que, por ejemplo, el conservadurismo en donde colocaríamos al Partido Republicano estadounidense, al que, si tuviésemos que hacerlo, le asignaríamos un giro o "velocidad" de 45° ó 45 Km/h en el contexto mundial o de los Estados Unidos (y, por supuesto, a la actual tendencia del Partido del Té, le asignaríamos algo así como 30° ó 30 Km/h, o sea, en los linderos con el fascismo o ultra-derecha).

La corriente socialdemócrata socialista, o demócrata socialista, integrada por Podemos, con cerca de un 2 % de votos y poco más de un 2% de diputados en la Asamblea Nacional (4 de 165); la Causa R, con menos de un 1% de votos y cerca de 2% de diputados (3 de 165); y el MAS, con menos de un 0,5% de votos y un solo diputado en la Asamblea, constituye la cuarta fuerza en el nuevo parlamento venezolano, con cerca de un 4% de los votos lista o por partidos y casi un 5% de los diputados. Desafortunadamente, a fuerza de ausencia de debates conceptuales, y de pactos y compromisos por lo general circunstanciales u oportunistas, esta corriente, que en principio se adscribe a una vía paciente y despojada de pruritos mesiánicos y autoritarios en la ruta hacia un socialismo, se ha inclinado históricamente hacia el centro, hasta tornarse en una centro-izquierda mucho más cercana al centro que a la izquierda.

Las tres fuerzas políticas anteriormente mencionadas en buena medida descienden del tronco común del Partido Comunista de Venezuela: el MAS, fundado en 1971, vino de allí; la Causa R actual es en buena medida el ala conservadora del residuo que quedó de la misma división, o sea, el de quienes se salieron en 1971 del PCV pero no se incorporaron al MAS, y luego en 1998 se inclinaron por apoyar a Irene Sáez, lamentablemente respaldada por COPEI; y Podemos es el producto de una división del MAS, propiciada originalmente por el propio Chávez, en 2003, pero luego también el producto de la ruptura con éste, en 2007, en virtud de su radicalización hacia la izquierda ortodoxa a partir de diciembre de 2006.

Aunque hay quienes tienden a pensar en la inevitabilidad de una evolución de esta corriente en pos de los pasos de Acción Democrática, no es ése nuestro caso, pues más bien creemos que su avance hacia el liberalismo todavía puede y debe ser detenido, a través de un debate ideológico y teórico que comience por analizar a fondo, dentro del marco de lo pautado en laConstitución Bolivariana de 1999, la problemática de la transformación del actual modelo mercantilista, dependiente, rentista y cada día más corrupto, autocrático y obsoleto del país, en un nuevo modelo centrado en el desarrollo del capital humano, en la independencia nacional, en la producción sustentable, en el saneamiento de la democracia y, en síntesis, en una modernización que posibilite la edificación futura de algo superior a cualquier capitalismo. Es indudable que esta corriente, sobre todo si lograse superar su propensión al oportunismo (la proclamación del socialismo de palabra y su negación en los hechos) y se decidiese a afrontar una superación seria de sus limitaciones, tendría un tremendo potencial de crecimiento y liderazgo transformador, pues podría llegar a constituir una alternativa ante el falso dilema polarizante planteado entre una izquierda ortodoxa, dogmática y chapada a la antigua, a quien no se le ocurre nada más que postular el modelo cubano de socialismo como "Mar de la Felicidad", y una derecha, entre neoliberal y conservadora, de escasas fibras patrióticas, que en el fondo y como respuesta al modelo cubano, no hace sino plantear por mampuesto o vergonzantemente el modelo puertorriqueño, o de entrega al capital transnacional y estadounidense, como "Mar de la Libertad".

Y quisimos dejar para el final la consideración del caso del partido Patria Para Todos, con un 3,5% de los votos y un 1% de diputados, al que preferimos caracterizar como una subtendencia socialista democrática. Aunque, obviamente, se trata de una corriente afín a la anterior, en este caso la vemos con una mucha menor propensión a hacer del liberalismo, es decir, la exaltación del egoísmo como herramienta del cambio social, con la coartada de que una "mano invisible" terminará por cuidar de los excluidos y hacer valer la identidad amorosa innata en los seres humanos, una panacea. Apreciamos que el partido Patria Para Todos, PPT, se ha esforzado, aunque con insuficientes debates, por buscar alternativas ante la polarización reinante y minimizar sus compromisos y concesiones, tanto por la izquierda, con el PSUV, sobre todo cuando, a partir de diciembre de 2006, quisieron chantajearlo con la amenaza de una trituración que lo haría desaparecer del mapa político si no se anexaba al PSUV, como por la derecha, resistiéndose a una disolución acrítica al interior de las fuerzas agrupadas en la Mesa de Unidad Democrática, MUD.

Esta tendencia, a nuestro juicio y en Venezuela heredera de la Causa R original, que en aquellos años setenta ayudamos a construir bajo el liderazgo de Alfredo Maneiro, posee un doble origen: por un lado, fue una disidencia del partido comunista, derivada de la crisis del socialismo soviético, a su vez puesta en evidencia por la invasión a Checoeslovaquia, y, por otro, fue expresión del movimiento mundial de la juventud desatado alrededor del año 1968, cuyos principales exponentes fueron el mayo francés y, entre nosotros los latinoamericanos, el Tlatelolco mexicano; la Causa R fue el resultado del encuentro entre líderes maduros desencantados y críticos ante el socialismo soviético, y los líderes jóvenes que, a menudo sin militancias previas, veníamos de los movimientos universitarios críticos e inspirados en ideas libertarias, marcusianas y sartreanas. Esta tendencia, en nuestro diagrama, sería la abanderada de la que, siempre a nuestro juicio, es la velocidad óptima para la mayor parte de nuestras carreteras subdesarrolladas, o sea, los 100 Km/h o apenas un poquito más, buena para avanzar rápido pero con un riesgo mucho menor de choques inoportunos.

Por todo lo anterior, saludamos con beneplácito la posibilidad de un acercamiento, necesariamente asociado a un debate franco y abierto, y ojalá que fraternal y despojado de odios mellizales, entre el PPT, por un lado, y Podemos, la Causa R y el MAS, por el otro, que debería ir acompañado de una apertura hacia el promisorio espacio de los vilipendiados ninís o venezolanos críticos e independientes que no se calan la absurda polarización actual. Y esto no tendría por qué hacerle el juego, como suelen asegurar ciertos pragmáticos de izquierda, al "oficialismo", sea en los debates parlamentarios o sea a propósito de las elecciones de 2012. Nos luce todo lo contrario, pues creemos que, al menos aquí tiene validez la afirmación del Lenin aquel (pues no todo lo dicho por él tiene por qué ser errado...) de que precisamente para unificarse y aliarse es necesario aclarar el rumbo propio y deslindar campos de manera firme y resuelta. A la búsqueda de una identidad de esta corriente, a la izquierda del centro, del liberalismo y del conservadurismo, pero a la derecha del socialismo impuesto por arriba, voluntarista, mesiánico y dictatorialoide, lejos de verla como un obstáculo para salir del berenjenal en que estamos sumidos, la vemos como un requisito sine qua non.

Nota: en las próximas horas se añadirá el diagrama al que se hace mención al inicio de esta entrada, que estará basado en diagramas del tipo utilizado en artículos como el "Izquierda y derecha en el espectro político general contemporáneo".

viernes, 1 de octubre de 2010

Desventuras de un bloguero y el sistema político venezolano puesto al desnudo por las elecciones parlamentarias

Desventuras de un bloguero

Hace cosa de poco menos de dos años, ciertos seres queridos, liderados por mi hijo y sabedores de mis hábitos y manías con las letras, me convencieron de que iniciara este blog. Los argumentos fueron de calibres surtidos: que hasta cuándo iba a seguir escribiendo para que nadie me leyera, que con las nuevas tecnologías cibernéticas el mundo estaba al alcance de mi mano sin costo alguno, que un blog me iba a permitir interactuar en tiempo real con los lectores, que estos -según el sabio Saramago...- me ayudarían a orientar mis futuros escritos, que tanto el país como América Latina estaban ávidos de nuevas voces e ideas, que esta experiencia me permitiría avanzar con paso firme hacia la ansiada publicación de mis libros, y otras lucideces por el estilo. Lo último que hizo el abanderado aquel, para abatir mis reservas postreras, fue crear un blog para mí y demostrarme cuán sencillo era, y ya prácticamente tuve que optar entre sentirme como un lagarto literario antediluviano o arrancar el susodicho.

Decidí que, para hacer las cosas en serio, como digo que suelen gustarme, publicaría en cualquier caso dos artículos semanales durante un año, y me tomaría otro año para tomar, conjuntamente con mis lectores, decisiones definitivas acerca del futuro de este proyecto. Cumplido el año, y en los alrededores del artículo número cien, organizamos una consulta, formal con los lectores e informal con los amigos, acerca de la orientación de Transformanueca, y, pese a cierto amargor dejado por las limitadas respuestas a una encuesta exhaustiva, concluimos que lo que pasaba era que en un ambiente a menudo obsesionado con la política y con cierta imagen pública del propio bloguero, los lectores esperaban una mayor atención a esta importante -pero nunca única- dimensión de nuestra realidad. Y opté por interrumpir la serie de artículos sobre las necesidades de América Latina, para dar cabida a una serie sobre la política en general y la política de algunos países latinoamericanos, empezando por la colombiana, en particular.

Para mi sorpresa, no sólo brillaron por su ausencia los comentarios de apoyo a la nueva y más política orientación, sino que unos cuantos lectores redoblaron sus protestas ante la supuesta evidencia de mis intenciones evasivas para con la política venezolana, al punto de casi acusarme de aquello que alguna vez los viejos militantes comunistas gustaban de llamar diletantismo (aplicando al campo político el vocablo originalmente concebido para el mundo artístico), es decir, de falta de seriedad, militancia o consistencia en el abordaje de los asuntos políticos. El único artículo que claramente se salvó del asedio a silenciazos limpios fue uno sobre la entonces recien estrenada película Al sur de la frontera, de Oliver Stone, sobre nuevas tendencias en América Latina, que desató una polémica acerca del supuesto chavismo, tanto del laureado cineasta como del desconocido bloguero.

Haciendo virtud de la necesidad, y quizás en un arrebato de humildad (supongo) y lealtad a mis lectores, decidí publicar dieciocho artículos extensos sobre la realidad social, la economía, la cultura y la política venezolanas, seguidos de siete más sobre las realidades, aún más concretas y específicas del estado Lara, ante los cuales, para mi sorpresa al cuadrado, los críticos de mi sospechoso escapismo y cuasidiletantismo no dijeron ni esta tecla es mía. Al borde ya del desconcierto, decidí iniciar una nueva subserie de evaluación de los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado septiembre, empezando por un artículo descriptivo, el anterior a éste, de los resultados de estos comicios, al que supuse -ese sí- blindado ante eventuales ataques de silencio, con cuyos comentarios afinaría los restantes. El resultado, para mi colmo y dolor, fue que hasta el sol de hoy [esta entrada, con fecha atrasada, fue escrita a comienzos de abril de 2011], resultó nula la retroalimentación esperada...

Y fue entonces cuando, por supuesto sin alterar mi instinto de escribir, aunque por otros canales, me vi sumido en una de Hamlet acerca de si ser o no ser un bloguero, con toda la brillante argumentación de marras en el platillo a favor, pero con una sensación de incomunicación, fracaso y hasta ridículo en el contrario: ¿qué sentido tiene, por ejemplo, escribir para lectores a quienes sólo les interesa alimentar su odio o apego visceral ante el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, que en definitiva sólo quieren saber lo que ya saben, y que por política entienden la comidilla cotidiana de la que quizás sea la prensa más polarizada y vacua de todo el continente? ¿Para quiénes estoy escribiendo? ¿Qué tengo en común con mis lectores aparentes? ¿No será qué estoy conectado a un público más parecido al televidente que al de verdaderos lectores, a quien jamás podré entender ni complacer? ¿Para qué sirve, en el fondo o al menos en mi caso, la fulana interactividad de los nuevos medios de comunicación? O, peor todavía, ¿no será que demasiados lectores de blogs en definitiva sólo aspiran a disponer de un pasatiempo perverso o una especie de catarsis para desahogarse en burlas e insultos a quien se les teleatraviese? ¿No será por eso que la mayoría de publicaciones electrónicas tienden a suprimir los comentarios anónimos y hasta los comentarios a secas?

Y en esas andaba, hasta animoso de seguir al pie de la letra el consejo de tantos expertos neomediáticos de no andar dando explicaciones sobre asuntos extrapúblicos, cuando comencé a experimentar una desazón de signo contrario, a saber, que retornaba a vivir, como antes, pendiente de escribir y fotografiar para un público imaginario o quizás y a lo sumo póstumo, o que me convertía en una especie de bloguero fantasma, que supongo debe ser peor que uno descomentado. Todo con la cabeza, y la sección de entradas sin publicar, atiborrándose de artículos, y la fecha de los dos años del blog viniéndose encima. Así que, de repente, contrariando una vez más a mis consejeros, me puse a escribir esto, no sé si como el alacrán aquel que picó al sapo que lo transportaba en el río...

El resultado es que estoy de regreso y comenzaré a divulgar, con o sin comentarios y por los momentos con fechas atrasadas hasta que decida otra cosa, quizás con las infaltables interrupciones temáticas, y más o menos en ese orden, los artículos restantes sobre el proceso electoral venezolano; también la parte final de la subserie sobre el estado Lara, que quedó inconclusa; algunas pequeñas series sobre las políticas brasileña, argentina, chilena y mexicana, y un breve remate sobre la colombiana; la culminación de la importante serie sobre las necesidades y libertades en América Latina; otra serie más sobre los sistemas de vida en el subcontinente, y luego, para rematar -¿celebrar?- los doscientos artículos y/o dos años del blog, una serie larga sobre el citado bicentenario. Para acelerar la salida de los artículos en abril, es probable que algunos vean su primera luz como bocetos o sin estar acabados, y quizás con fotofrafía pendiente, con miras a rematarlos luego.

Aquí van los artículos adeudados, sobre todo a mis lectores más asiduos y de buena voluntad, que también sé que los tengo, y quienes no tienen que pagar por los platos rotos de aquéllos...

El sistema político venezolano puesto al desnudo
por las elecciones parlamentarias


No es precisamente una buena noticia, pero lo cierto es que en todo el planeta la pretendida soberanía democrática de los ciudadanos tiende a estar cada vez sitiada y acosada por maquinarias, roscas, caudillos o mafias económicas, políticas o delictivas, transnacionales, nacionales, sectoriales o locales, que imponen cuanto se les antoja, con escasos escrúpulos, y obran cada vez más sin control externo alguno. Pese a que en la letra de numerosas constituciones y teorías de la democracia, los parlamentos o asambleas son los llamados a establecer las leyes que regirán el funcionamiento de las naciones, y que por tanto normarán las acciones de los restantes poderes públicos, formales o informales, lo cierto es que, por doquiera, estos entes legislativos se limitan, en los mejores casos, a legitimar o discutir políticas gestadas en gabinetes ejecutivos o en cogollos partidistas, cuando no en la cabeza de autócratas que parecieran encarnaciones absolutistas. Los parlamentos, para desgracia de los demócratas de todas partes y pese a honrosos esfuerzos como los adelantados en el de la Unión Europea, o, de vez en cuando en el estadounidense, tienden a ser escenarios, a veces burlescos, para la divulgación de las políticas de los ejecutivos y partidos a través de los medios de comunicación.

Y esto, que ya es particularmente válido en nuestra Latinoamérica, ha alcanzado cotas escandalosas en Venezuela. Poco a poco, a lo largo de décadas de fortalecimiento presidencialista, y sobre todo con la enmienda dizque constitucional de febrero de 2009, que terminó por sancionar la elegibilidad indefinida que había sido rechazada en diciembre de 2007 -y que por disposición constitucional no podía volver a someterse a referendo en el mismo período-, y la "Ley Orgánica de Procesos Electorales", publicada en la Gaceta Oficial del 12 de agosto de 2009, el sistema político venezolano se ha transformado, en los hechos, en algo muy distinto de lo establecido en la Constitución vigente.

A despecho del Artículo 6 de ésta, que postula que "El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y de las entidades políticas que la componen es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables", y de su Artículo 63, que establece que "... La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional", el sistema se ha inclinado gravemente hacia el soporte de un estilo autocrático, delegativo, impuesto, centralizado, continuista, irresponsable, monolítico y de mandatos muy difícilmente revocables, que en la práctica partidiza el sufragio y elimina la proporcionalidad de la representación popular. Escasa duda nos queda de que el régimen político venezolano tiende a situarse entre los más presidencialistas y ventajistas, y menos sujetos a control popular real o de otros poderes públicos, en todo el globo.

Las veintitantas funciones de la Asamblea Nacional, de acuerdo a la Constitución, que pueden ser reducidas a cuatro funciones básicas: legislar en materias de alcance nacional, ejercer controles sobre el ejecutivo, potenciar la participación ciudadana y servir de escenario de debates de interés nacional, han venido menoscabándose en los hechos y también en los derechos con la mencionada "Ley Orgánica", hasta convertir en letra muerta los dictados constitucionales, al punto de que sólo se mantiene relativamente vigente la última de tales funciones básicas. El enfoque que ha predominado acentúa todas las limitaciones de un modelo político unicameral y mayoritario, que tiende a ser el favorito de regímenes altamente centralizados o no federales. Este conjuga las desventajas de una sola cámara, la falta de representación real de las distintas regiones geográficas, con las del esquema de elección mayoritario, a saber, la falta de representación proporcional de las minorías de cualquier índole y la sobrerrepresentación de las mayorías.

Este modelo, cuyo máximo exponente mundial quizás sea el archicentralizado modelo chino, en América Latina sólo lo comparten actualmente Cuba, Ecuador y Guatemala. Los únicos otros Estados unicamerales: Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y Perú, enfatizan de uno u otro modo la representatividad de las minorías, por lo general a través de listas cerradas de partidos y con variantes del llamado método d'Hondt (el de cocientes sucesivos que se usa, por ejemplo, en la mayoría de las elecciones sindicales y estudiantiles).

Gracias al esquema recientemente adoptado, las fuerzas políticas en desacuerdo con el gobierno, que obtuvieron la mayoría absoluta de votos en favor de sus listas respectivas en el conjunto de las entidades federales, y que triunfaron al elegir 27 diputados (26 la Mesa de Unidad Democrática y 1 el PPT) de un total de 52 elegidos por tales listas proporcionales, resultaron sin embargo derrotadas en las elecciones nominales o no proporcionalmente representativas, en donde sólo alcanzaron a elegir a 39 de 110 diputados, frente a 71 electos por el gobierno. Al sumarle, con criterios análogos, los dos diputados dizque electos por los indígenas, frente a sólo uno electo en propuestas afectas a la MUD, el gobierno terminó alzándose con 98 diputados, apenas uno menos que lo requerido para hacer mayorías de un 60%, frente a sólo 67 diputados del conjunto de las fuerzas opositoras. O sea que el ya venido a menos poder legislativo, gracias a una singular ingeniería electoral, que agrupó o disgregó las circunscripciones electorales para la elección de diputados nominales en favor neto del gobierno, quedó, abstracción hecha de posibles fraudes asociados a la falta de testigos opositores en mesas remotas y pese a la voluntad expresada en las máquinas y urnas, todavía más menguado y con una casi aplastante mayoría oficial.

Entre los casos más graves de sobrerrepresentación de las fuerzas oficiales, como producto de la tecnología electoral aplicada bajo el manto de la citada "Ley Orgánica de Procesos Electorales", están los siguientes: en Apure, con el 60% de los votos válidos, el gobierno se quedó con el 80% de los diputados electos (4 de 5); en Barinas, con el 56% de los votos, se hizo con el 83% de los diputados (5 de 6); en Bolívar, con el 50% de los votos, se puso en el 75% de los diputados (6 de 8); en Carabobo, con sólo 43% de votos obtuvo el 60% de diputados (6 de 10); en Delta Amacuro, con 72% de votos se alzó con el 100% de diputados (4 de 4); en el Distrito Capital, con 48% de votos logró el 70% de diputados (7 de 10); en Falcón, 52% de votos le permitieron lograr el 67% de diputados (4 de 6); en Guárico, con 58% de votos se quedó con 80% de diputados (4 de 5); en Lara, con sólo 41% de los votos, se dotó del 67% de los diputados (6 de 9); en Mérida el 49% de los votos permitió alcanzar el 67% de las curules en juego (4 de 6); en Monagas el 59% de votos se convirtió en un 83% de diputados (5 de 6); en Trujillo el 63% de votos se volvió un 80% de diputados (4 de 5); en Vargas con 55% de votos se obtuvo un 75% de diputados (3 de 4); y en Yaracuy 55% de votos fueron convertidos en un 80% de diputados (4 de 5). Adicionalmente, en Aragua, con el 50% de los votos, se alzó con el 62,5% de los diputados (5 de 8); en Cojedes, con 64% de los votos alcanzó el 75% de diputados (3 de 4); y en Miranda el 41% de votos se tradujo en 50% de diputados (6 de 12).

Del hecho de que el electorado progubernamental haya quedado subrepresentado en entidades como Amazonas (42% de votos y 33% de diputados, ó 1 de 3), Anzoátegui (45% de votos y 12,5% de diputados, ó 1 de 8), Nueva Esparta (41% de votos y 25% de diputados, ó 1 de 4), Táchira (42% de votos y 29% de diputados, ó 2 de 7), y Zulia (44% de votos y 20% de diputados, ó 3 de 15) no se deduce, como quiso hacerlo creer el Presidente, que las reglas electorales fueran imparciales, sino que en ciertos casos no evitaron que saliera el tiro por la culata, con el consiguiente castigo para los votantes del PSUV, o validando el viejo aserto de que, a veces, hasta al mejor cazador se le va la liebre. Lo que cuenta, para nuestros efectos, es la resultante de todo el proceso, que otorgó al PSUV, con un 48% de los votos válidos de los electores a nivel de las entidades federales, un 60% (98) de los 165 diputados a la Asamblea Nacional.

En cualquier caso, nos luce que la polarización política, y el correspon- diente acapara- miento de la escena política por partidos e instituciones cada vez más alejados del control y el voto popular y cada día más manipulados desde arriba, está actuando como un corrosivo de nuestra frágil democracia. De no alterarse esta tendencia, las consecuencias podrían ser nefastas, pues las diferencias políticas que no puedan dirimirse por los votos tenderán a tratarse por otros mecanismos, y podríamos vernos, en 2012-2013, para nuestra vergüenza como herederos del legado bolivariano, envueltos en marasmos como el que vivimos diez años atrás.

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Qué pasó en Venezuela el 26/09/2010?

Curiosos resultados electorales estos, los de las elecciones parlamentarias: en principio, portadores de señales esperanzadoras; luego, celebrados por tantos y desde las posturas más disímiles; y, en el fondo, también cargados de motivos para las más hondas preocupaciones sobre el destino de la democracia en Venezuela y de todos los venezolanos.

Es indudable que como nación salimos del 26/09/2010 con la posibilidad de dotarnos de un nueva Asamblea Nacional más representativa de nuestra diversidad política real, y por tanto con un instrumento político como mínimo más cercano a lo idóneo para dirimir nuestras diferencias de una manera democrática, es decir, más humana, respetuosa y civilizada. Si, desde cualquier ángulo que la observemos, la sociedad venezolana está integrada por sectores cultural o ideológica, económica y políticamente diferentes, y con demasiada frecuencia divergentes, mal puede ocurrir que un parlamento nacional monocorde y sumiso ante el ejecutivo la represente. El solo hecho de que las llamadas fuerzas de la oposición, aun sin ignorar los errores pasados de muchos de sus dirigentes, adquieran una participación en la Asamblea Nacional, es un avance en el camino de la posibilidad de construir una nación integrada que nos cobije a todos los venezolanos, y viceversa, cualquier exclusión de cualquier sector con vocación pacífica es una amenaza para la ya muy débil institucionalidad que poseemos.

La democracia, opuestamente a cualquier forma de autocracia, si bien es un logro cultural relativamente reciente y moderno, sin duda asociado a la conquista de grados crecientes de educación, capacitación, participación y tolerancia, es también un modelo más cónsono con la naturaleza o identidad humana, tanto a nivel de organismos individuales como de los organismos colectivos que han prevalecido a través de nuestra deriva evolutiva. Por una parte, sin la democracia, sin la posibilidad de superar conflictos y diferencias en un clima de respeto e igualdad ciudadana, no sería posible conciliar la libertad de unos con la de los otros, y sólo habría lugar para la coerción y la dominación, al estilo de la mayoría de los regímenes sociales antiguos y medievales. Por otra, la democracia, en cierto sentido, al menos, es un intento por emular la manera como en el organismo humano individual y pluricelular, y particularmente en su cerebro, se toman la inmensa mayoría de las decisiones: tomando en cuenta las necesidades o requerimientos de múltiples instancias orgánicas, perspectivas, experiencias anteriores, datos del entorno, etc., hasta alcanzar soluciones de equilibrio y relativamente satisfactorias para todas las partes. Y, por otra más, la democracia es también un intento por restaurar, bajo las circunstancias necesariamente multiculturales y socialmente heterogéneas de la vida contemporánea, los niveles de participación e inclusión que cada vez más se entienden como característicos de la vida en las comunidades primitivas y sin clases sociales en donde ha transcurrido, con mucho, la mayor proporción de la existencia humana.

Es indudable, entonces, que tanto desde el punto de vista, digamos, coyuntural, como desde un plano más general y conceptual, la mayor representatividad de nuestro parlamento, el más importante de los órganos de poder de las sociedades modernas, puesto que establece las pautas de funcionamiento de los otros poderes, hecha posible con los resultados de los pasados comicios, debe ser entendida como un paso positivo hacia la superación de las numerosas divisiones, fracturas, exclusiones e impotencias que azotan la sociedad venezolana. Incluso si admitimos que la Asamblea Nacional que teníamos careció de la más elemental representatividad debido a cierta contumacia opositora que le apostó fuerte a tumbar un gobierno legítimamente electo, no por ello deberíamos dejar de alegrarnos, sobre todo en un país donde en materia de repudio a las violaciones constitucionales son pocos los que pueden lanzar primeras piedras, cuando ocurre una también legítima rectificación de tales conductas. Nadie puede pretender arrogarse el monopolio del derecho a rectificar sus errores pasados, y mucho menos a celebrarlos y condenar perpetuamente los ajenos.

No obstante estas inequívocamente buenas noticias, llama por lo menos la atención la manera como las fuerzas políticas dominantes de la contienda, en primer lugar, el Partido Socialista Unificado de Venezuela, PSUV, y, después, la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, mejor conocidos como gobierno y oposición, se declararon resueltamente triunfadoras.

El gobierno, con sus 98 parlamenta- rios de un total de 165, que le aseguran una mayoría simple, contra sólo 65 de la oposición y 2 del PPT, se autodeclaró triunfador absoluto de los comicios. Es claro que con esta cantidad de curules alcanzadas, que asegurarían el control de muchas votaciones parlamentarias y en buena medida la continuidad de las políticas oficiales en boga, el gobierno tiene motivos para celebrar los resultados, pero no para restarle importancia a hechos inocultables. Entre estos cabe resaltar: 1) que insistentemente numerosos voceros del gobierno, y entre ellos el propio Presidente de la República, insistieron en que sólo entenderían por victoria el logro de la mayoría calificada de 110 votos, la que permite la aprobación de leyes orgánicas y la designación de altos funcionarios de los poderes estatales, o, como mínimo, la mayoría de 99 votos ó del 60%, que permite las leyes habilitantes; 2) que la cantidad de curules alcanzadas puso al desnudo una grotesca maniobra de ingeniería electoral que potenció la representación de los estados menos poblados y las circunscripciones políticas afectas al gobierno, a la vez que minimizó la representación de los estados más populosos y dejó sin representación a numerosas circunscripciones y sectores políticos desafectos al régimen, al extremo de revelar serias incongruencias entre estas prácticas electorales y el principio de representación proporcional, con base en el 1,1 % de la población total del país, establecido en el artículo 186 de la Constitución; y 3) que es completamente descabellado y desconsiderado que se pretenda insistir, después de que sólo votaron por los candidatos oficiales 5.399.390 votantes válidos, de un total de 11.027.878, para una participación proporcional del 48,96%, en calificar de fascistas, escuálidos y de ultraderecha a una mayoría de votantes que, en sano ejercicio de sus derechos constitucionales, disintieron de las propuestas oficiales.

Por su lado, la oposición se declaró, como si se hubiese tratado de un plesbicito, un referendo o una masiva encuesta preelectoral, y no de una elección parlamentaria, en estado de triunfalismo y euforia, pues alcanzó, claro que sumando sus votos a los del PPT, un total de 5.628.488 votos válidos en relación al mismo total, para una participación proporcional de 51,04%. De nuevo, es evidente que se trata de unos resultados que revelan una marcada recuperación opositora en relación a comicios anteriores para la designación de cargos públicos, y que, como ya se dijo, representan un notable avance en el camino hacia un sano ejercicio político democrático en Venezuela. No obstante, esto no debería conducir a soslayar: 1) la importancia de una participación mayoritaria del gobierno y el PSUV en el nuevo parlamento, sobre todo en circunstancias en las que se sembró la ilusión, en amplias masas de electores, de que se estaba en vías de conquistar la mayoría parlamentaria en nombre de una mayoría de electores (lo cual llevó a muchos votantes opositores a creer que se había hecho trampa en los cómputos electorales); 2) la gravedad de una situación atentatoria contra el principio de representatividad proporcional de los electores, que no sólo se expresó en la ya mencionada sobrerrepresentación del partido oficial sino que, inclusive al interior de los propios votos de la MUD, condujo a una representación desproporcionada, en relación a porcentajes y mediciones diversas de las preferencias de los electores, de, por ejemplo, los diputados de Acción Democrática, quien se alzó con 22 de los 65 diputados opositores, o sea, una tercera parte de estos, cuando en ninguna parte hay antecedentes de esta supuesta recuperación de la imagen o la fuerza política real de este partido; y 3) que por razones análogas a las ya señaladas anteriormente, aunque en el sentido inverso, no pareciera haber lugar para triunfalismo alguno en circunstancias en las que, para cualquier efecto práctico, la mitad de los electores venezolanos siguen abrazando las convocatorias del gobierno y el PSUV, incluso tratándose de la elección de diputados y no del máximo líder del ejecutivo nacional, lo cual lleva a pensar que, aun viendo a las elecciones parlamentarias del 26/09/10 como una macroencuesta para las elecciones de 2012, es todavía mucha la tela que habría que cortar antes de formular cualquier pronóstico para el futuro, y máxime si se pretende actuar, como mucho le gustaría al actual presidente, en plan de restauración del régimen bipartidista del pasado o de alguna versión maquillada del mismo.

Pero lo dicho no contiene todavía el meollo de las preocupaciones que queremos compartir con nuestros lectores, pues hay, como se dice a veces por aquí, procesiones más funestas que van por dentro: 1) tanto las campañas para las elecciones parlamentarias, como los mecanismos de selección de los candidatos a diputados, o las evaluaciones posteriores de los desempeños electorales alcanzados, pecan gravemente de los vicios de oportunismo, inmediatismo, superficialismo, sectarismo, fundamentalismo, y de seguro unos cuantos más, que hemos señalado al examinar las características de la política venezolana, al interior de una sociedad estancada y decadente que se resiste perniciosamente no sólo al cambio sino incluso al examen descarnado de sí misma; la vacuidad de los contenidos de la política visible venezolana es tan notoria que ya contrasta inclusive con los estándares de la mayoría de los demás países latinoamericanos, para lo cual no hay sino que pasearse por los debates recientes de las elecciones brasileñas, colombianas o chilenas de este mismo año; 2) en el contexto del estilo político infantil que pareciéramos estar empeñados en inventar los venezolanos, la tendencia es a que el gobierno, lejos de complacerse con la rectificación y el retorno al cauce democrático de muchos de sus opositores, está haciendo todo lo posible por insinuar y aun demostrar que con o sin participación opositora en las elecciones, con o sin mayoría del voto popular, y con o sin legitimidad constitucional, "Chávez no se va" y seguirá adelante con sus planes de un socialismo a rajatabla, personalista, autocrático y sin diálogo o debate alguno, o sea, llevando leña a la candela de quienes nunca han estado convencidos de que algo se arreglará con la vía electoral o de la acción política propiamente dicha, con consecuencias impredecibles; 3) la oposición, pese a las valiosas pero excepcionales declaraciones circunstanciales de algunos de sus voceros, continúa sin decidirse a hacer una autocrítica seria de sus arrebatadas posiciones de 2002 y 2003, insiste en no formular un proyecto claro del país que propone, sigue dando demasiados motivos para creer que en el fondo su proyecto no es otro sino el de la restauración de un puntofijismo maquillado, y, a la hora de los hechos, pareciera seguir empeñada en demostrar que la vía electoral es apenas, y a lo sumo, un Plan A dentro de su estrategia, nunca clausurada, de sacar a Chávez del poder "como sea"; 4) el limitado, aunque potencialmente decisivo, residuo político que queda después de restar los adeptos al gobierno y a la oposición, es decir, el PPT, Henri Falcón y los numerosos grupos y corrientes críticas que se mueven en las vecindades o incluso al interior del PSUV y la MUD y sus partidos, del cual nos ocuparemos detenidamente en una entrega venidera, sigue como aletargado y perplejo ante la polarización reinante, y tampoco ha sido capaz de articular una postura, un análisis, un programa o un estilo de participación política alternativo y distinto; y 5), en cualquier caso, resulta escandaloso constatar como en un país con exclusiones vergonzosas de su población pobre, con un falso sistema educativo que ni capacita productivamente ni contribuye a la formación ética y ciudadana, con una cuenta regresiva energética mundial que anuncia el inevitable colapso de nuestro rentismo petrolero y su orgía de importaciones, con un cúmulo de necesidades alimentarias, de vivienda, sanitarias, ambientales, de transporte, de comunicaciones, de seguridades de todo tipo, etc., insatisfechas en mayoritarios sectores de la población, cuajado de amenazas severas a la continuidad de sus hilos constitucionales, y dejémoslo por ahora hasta aquí, la política se desenvuelve con una casi total ausencia de atención a los problemas reales o de debates estratégicos, y con un estilo político y electoral que en mucho recuerda los de las elecciones de los reyes momo o las reinas de carnaval.

Continuaremos, aunque probablemente con una nueva fórmula secuencial que nos ahorre la mutua incomodidad de artículos aparentemente desfasados en el tiempo, en la próxima entrega.

martes, 31 de agosto de 2010

La política venezolana (y VI): Las elecciones parlamentarias un poco más en detalle

En correspondencia con lo anterior, empeñados en ser equilibrados y razonables, y a riesgo de pasar por aguafiestas, apreciamos que las alternativas concretas de voto, incluso si expresamos, para empezar, nuestra mayor simpatía relativa por las opciones del PPT, en general, apoyadas por Henry Falcón, en Lara, y Liborio Guarulla, en Amazonas, para la Asamblea Nacional, no nos permiten entusiasmarnos ni augurar cambios sustantivos parlamentarios para lo inmediato.

Tenemos, en primer lugar, la opción del PSUV, cuyos candidatos a diputados, si bien en su mayoría fueron electos por la base, en un proceso interno en donde se estima que participaron más de dos millones de militantes, no parecieran tener algo que ver con los cuadros dirigentes de movimientos o de corrientes ideológicas y políticas que imaginamos en un genuino partido de vanguardia que pretenda avanzar hacia un socialismo, sino con procesos basados en la popularidad aparente por cualquier motivo. Como candidatos vemos a jovencitas y jovencitos simpáticos pero despolitizados, a lo Andreína Tarazón, los unos, no importa si catequizados a la carrera con la ortodoxia socialista al uso; a personalidades conocidas en los medios, como el periodista Earle Herrera, en Anzoátegui, el cantante Cristóbal Jiménez, en Apure, o la gerente comunicacional Blanca Eckout, en Portuguesa, un poco al estilo del Alfredo Peña de aquella vez, otros; a una buena cuota de dirigentes conocidos salidos del ámbito ejecutivo y con escasa vocación de tribunos, tales como Héctor Navarro, Diosdado Cabello, María León, Érika Farías, Francisco Arias Cárdenas, Luis Reyes Reyes, Tania Díaz, Yelitza Santaella y afines, todos en listas y designados a dedo por el presidente, probablemente con ganas de hacerlos actuar como carnadas para atraer votos, pero con intenciones de regresarlos a sus labores gerenciales y dejar a sus suplentes encargarse de las tediosas discusiones parlamentarias; luego están otros pocos ex-ministros o cuadros, en puestos nominales o lista, a quienes sí nos imaginamos en labores de representación de masas y de debates ideológicos, tales como Aristóbulo Izturiz, Luis Acuña y Aurora Morales; y, por último, a parlamentarios experimentados, pero no precisamente lúcidos en lo ideológico, también en puestos lista, tales como Cilia Flores, Iris Varela o Francisco Ameliach.

Adicionalmente, también constatamos que, en un supuesto momento crucial para la revolución, como éste, no hemos tenido noticia de verdaderos debates o liderazgos internos importantes en las elecciones internas del PSUV, de documentos para la discusión estratégica de la construcción socialista elaborados por individualidades o grupos, o de trabajos de masas en pos de la conquista de reivindicaciones concretas a corto, mediano o largo plazo que se expresen en consignas y movilizaciones y se traduzcan en elementos programáticos. Tenemos además la sospecha de que cuanto más salidores hayan sido los puestos nominales o de lista, menor la participación de las bases en su elección y mayor el peso de las prosternaciones demostradas al Jefe Máximo de la Revolución, y viceversa, cuanto menos salidoras y simbólicas las candidaturas, mayor la participación de las masas en base a popularidades de cualquier índole en los distintos ámbitos locales.

En un contexto donde se supone que estos parlamentarios van a trabajar nada menos que en la elaboración de la futura legislación socialista, no pareciera que la formación ideológica y política haya sido, en líneas generales, un criterio importante para la selección de los candidatos. Conocemos en cambio a amigos en este partido, como María Zambrano, Giulio Santosuosso, Arturo Pérez Mujica, Luis José Alfaro, y afines, con formación suficiente como para servir de maestros de socialismo a buena parte de los actuales candidatos a diputados, pero que no fueron considerados en las listas o nóminas ni por aproximación. Una excepción a todas estas reglas la vemos en nuestro apreciado Aristóbulo Iztúriz, en quien sí vemos madera de líder de masas y tribuno socialista, y por quien todavía votaríamos si estuviésemos en el Circuito 1 del Distrito Capital, aunque fuese como premio a su valentía de negarse a acceder virtualmente y mediante el dedo de Chávez al cargo que perdió en las máquinas frente a Ledezma, o en apoyo contra su rival Pablo Medina, nuestro amigo de larga data "Alonso @ El Vernáculo", a quien pareciera que le hubiesen metido un raro chip en la cabeza, pues no lo reconocemos en el Movimiento 2D y etcétera.

Sea como sea, lo cierto es que hace tiempo que no tenemos la experiencia de oir hablar con propiedad del capitalismo o del socialismo a cuadros políticos del PSUV, y que no pareciera haber relación entre la naturaleza de las responsabilidades del futuro parlamento, con o sin mayoría calificada, y los criterios de selección de los candidatos a diputados. ¿Qué criterio, entonces, como no sea la mera lealtad a toda prueba a Chávez, se empleó en el PSUV para escoger a los representantes del pueblo al máximo poder deliberante de la nación, que supuestamente se encargarán nada menos que de crear el marco legal del socialismo?

En relación a la Mesa de la Unidad, ya hemos dicho que nos parece de primordial importancia que se incorporen sus diputados al parlamento, para que este sea más realista y representativo de los venezolanos. Por más que le damos vuelta y tratamos de entenderlo conceptualmente, no logramos entender del todo la lógica del presidente Chávez cuando llama a demoler, triturar y siquitrillar a la oposición, metiéndolos a todos en un mismo saco, provocándolos y acusándolos indiscriminadamente, en buena jerga cubana, de fascistas, traidores a la patria y -el original- escuálidos (preferible, es cierto, al gusanos cubano, pero...), cuando resulta que, puntos más puntos menos, representan a alrededor de la mitad de los venezolanos. Se me ocurren tres cosas: o el Presidente se está preparando para un inevitable enfrentamiento violento con ellos, para una guerra civil de una mitad de los venezolanos contra la otra, por lo cual trata de precipitar un encontronazo, antes de que se organicen más, lo cual sería extremadamente grave; o intenta desesperarlos y frustrarlos, con ánimo de que se vayan del país y quizás monten un bunker golpista en Miami, para librar un poco más en concreto la guerra contra el Imperio, nuevamente al estilo cubano; o sencillamente, mi mejor hipótesis, porque en el fondo no está pensando en ningún socialismo en serio sino en mantenerse en el poder per sécula seculórum, para lo cual cierto lenguaje provocador sirve para alentar las fobias de su electorado marginalizado y asegurar dividendos en votos, a la vez que para mantener a la defensiva e inducir a errores a sus adversarios.

Pero lo que no nos cabe en la mente es que se esté pensando en construir de verdad un socialismo mientras se mantiene simplemente arrecha y dentro de las fronteras nacionales a la mitad menos pobre de la población, lo cual terminaría por volvernos locos a la mayoría de cualquier bando, hasta que fatalmente hubiese un desenlace violento, muy probablemente con intervención de como mínimo los cascos azules de la ONU para mantener cierto orden, al menos en los campos petroleros... Afortunadamente, ya los opositores han aprendido lecciones del pasado, y parecieran estar cada vez menos dispuestos a pisar conchas de mango. (Por cierto, no está demás recordar, o no sé si lo dije ya en otro lado, que esta ha sido la posición, ya desde los días del referendo revocatorio y en las parlamentarias de 2005, de Julio Borges, Capriles Radonski, Carlos Ocariz y otros líderes de Primero Justicia).

Pero, salvo lo anterior y excepto casos puntuales de líderes como Andrés Velázquez y Pastora Medina, por sus demostradas, y conocidas de cerca, vocaciones y gestiones progresistas en Bolívar; Antonio Ecarri en el Circuito 2 de Caracas, por su empeño en la cuestión educativa; o Julio Borges -quien no es santo de nuestra devoción, pero a quien le reconocemos su esfuerzo y el de su equipo por realizar una gestión distinta y sensible a las necesidades de las mayorías pobres en Miranda- en el Circuito 4 de este estado, no es por esta Mesa, o por lo menos hasta tanto defina más claramente qué es lo que propone para Venezuela, y ajuste más claramente sus cuentas con sus veleidades de 2002-2003, por quien se inclinan las preferencias de Transformanueca.

Y, finalmente, está la gente del PPT, hacia quienes volví a sentir respeto y cercanía sobre todo después de que, en 2007, se le plantaron a Chávez y su fanfarronada de emplazarlos a meterse casi por la fuerza en el PSUV. Desde entonces les he ofrecido mi solidaridad, he conversado detenidamente con José Albornoz, Rafael Uzcátegui, José Luis Pirela y los demás compañeros de la Dirección, ante la cual, además, he hecho varias exposiciones sobre mi visión del país; los acompañé en el pleno nacional de Carabobo, a comienzos de este año, en donde me permitieron hacer una intervención; he sostenido largas conversaciones con la gente de la Escuela de Cuadros Alfredo Maneiro, y en particular con Nelson Pérez, su director, explorando la posibilidad de montar un programa avanzado de formación de cuadros; he tenido intercambios recientes con Henry Falcón y otros compañeros de Lara, así como contactos diversos con compañeros de otros estados.

Más particularmente, a Henry Falcón, Vladimir Villegas, José Albornoz, Rafael Uzcátegui, José Luis Pirela y otros les propuse la estrategia de concentrar los mejores recursos en una iniciativa desde abajo en Lara, estado en donde, quizás, pero a juicio de muchos, subsistan muchas de las mejores fibras de una cultura venezolana del trabajo no rentista y basada en la creatividad y el emprendimiento, y en donde se conjugan condiciones hartamente favorables para impulsar una experiencia de transformación económica, cultural, educativa y política centrada en la adquisición de capacidades. Estado además al que bien conozco, por ser mi tierra chica y en donde viví buena parte de mi infancia y adolescencia, y en donde conservo valiosas amistades. Sin embargo, y pese a cierta acogida inicial, nada de esto pudo concretarse y al final de cuentas se impuso una vez más el electoralismo y la fijación en las andanzas de Chávez.

Pese a su devoción por las ideas de Alfredo Maneiro y por razones que no termino de entender, no terminan de decidirse a impulsar un proyecto coherente y desde abajo, al estilo de lo que hicimos en La Causa R en los setenta, en donde podría serles de suma ayuda. Y el problema está en que son muchas ya las veces que me he quedado con los crespos hechos a la espera de que me brinden la oportunidad de apoyarlos, incluso con exposiciones listas, como la de un proyecto para Lara, que le preparé hace poco a Henry Falcón, quien me aseguró varias veces que vendría a mi oficina. A propósito de estas elecciones, los únicos que tomaron la iniciativa de invitarme, y a quienes les dicté un Taller intensivo sobre la actual coyuntura política, fueron José Luis Pirela y los demás candidatos a diputados y compañeros del Zulia, a quienes les agradezco el gesto y entiendo que quedaron muy satisfechos con la experiencia. También a Margarita López-Maya, mi amiga de hace años, le agradezco la oportunidad que me brindó de asistir a algunos foros y reuniones.

Y no digo estas cosas con remordimiento alguno, pues a fin de cuentas siempre hallaré otras cosas interesantes que hacer, sino para que le quede más claro a los lectores del blog que la disposición de Transformanueca es a intervenir en toda iniciativa coherente con sus propósitos, así como a abstenerse de participar en aquello a lo que no le vea sentido.

Para concluir, las sugerencias de Transformanueca ante estas elecciones parlamentarias, para los lectores venezolanos (¡Ejem!, no olviden que esta es una publicación que circula a escala global, o sea, en todo el globo terráqueo...), pueden resumirse así:
  1. Antes que nada, la invitación a los lectores es a que voten tan a conciencia, con el conocimiento tan específico de los candidatos y con el menor entubamiento del voto como puedan. Si el candidato nominal que más les inspira confianza es del PSUV, y el de lista es de la Mesa, pues voten por uno y por el otro, pues en algún momento crítico del futuro ese candidato podría jugar un papel decisivo en el parlamento, mientras que el otro, el del Kino electoral a quien no conocen, podría cometer la peor de las pifias. Y bueno sería que pudiesen votar a conciencia por quienes crean que pueden contribuir más a encontrar una salida a esta crisis que padecemos, sin fundamentalismos y sin odios, sino críticamente y con afán constructivo.
  2. Si no conocen a nadie en el circuito que les inspire suficiente confianza, y/o hay dos o más que se la merecen en igual medida, entonces, si hay la posibilidad de que contribuyan con su voto al triunfo del candidato que no sea del PSUV, entonces Transformanueca les sugiere que voten por ese, pues con ello podrían contribuir a una menor posibilidad de que el gobierno imponga su proyecto de socialismo autoritario a punta de aplanadoras con la mayoría calificada.
  3. Y si no conocen a nadie que les inspire confianza, y/o hay dos o más que se las inspiren por igual, y hay una clara mayoría, según las encuestas, elecciones anteriores, etc., del PSUV o de la Mesa, con lo cual el voto de ustedes no sería decisivo, entonces la sugerencia es a que voten por el candidato del PPT, abajo y ala izquierda, para contribuir, aunque sea simbólicamente, a la vital despolarización.
Por lo que a mí se refiere, he tenido la gran suerte de poder aplicar los tres criterios simultáneamente en mi único voto nominal, pues en mi Circuito 3 del Distrito Capital tengo nada menos que a Margarita López-Maya, a quien conozco y me inspira toda la confianza del mundo, y a quien considero con uno de los perfiles más idóneos para desempeñarse en el parlamento que todos necesitamos; quien tiene algún chance de resultar electa, dada la baja votación prevista para el PSUV en este circuito (parroquias El Recreo y afines), y quien, además, ha sido postulada como independiente por el PPT. Mi voto lista se lo daré a Andrea Tavares, militante abnegada del PPT y merecedora de mi confianza, pues la conozco. Mi voto al Parlatino será para el PPT, pues la lista la encabezan Gustavo Hernández y Wilmer Iglesias, de la Direccion Nacional del PPT, a quienes conozco, mientras que la elección del competente Roy Chaderton, por el PSUV, está prácticamente asegurada a nivel nacional, y Ana Elisa Osorio, a quien también conozco y goza de mi confianza, está de cuarta en la lista del PSUV, con bastante chance de resultar electa. Como no conozco ni sé nada de los candidatos indígenas, pero sé que el gobierno apoya al grupo CONIVE, que va a quedar con casi toda seguridad, y la oposición a los grupos Tawala y Parlinve, entonces votaré simbólicamente por el candidato del grupo Guaicaipuro, que al parecer tiene intereses por lo menos seriamente indígenas (este "voto indígena al Parlamento Latinoamericano" va a ser todo un rollo para muchos, pues poco se ha explicado y menos se sabe sobre esto).

Pronto haremos contacto a propósito de la evaluación de los resultados electorales. (Si alguien conoce alguna oración que ayude a elevar la conciencia del pueblo a la hora de elegir soberanamente a sus representantes, estoy dispuesto a considerar su aprendizaje...).

viernes, 27 de agosto de 2010

La política venezolana ( V): Las elecciones parlamentarias en general

Las elecciones del próximo 26 de septiembre serán un hito importante en el proceso de reacomodo de la estructura del poder político en el país, por varios años distorsionada en demasía dada la lamentable decisión de la oposición de no acudir a los comicios de 2005. En cualquier caso, la emergencia de un parlamento al menos más representativo de la real correlación de fuerzas imperante debería contribuir algo a ponerle coto tanto a los abusos autocráticos y el ejercicio personalista del poder oficial, a que muchos se han ido acostumbrando, como a las permanentes tentaciones antidemocráticas a que ha estado sometida, según el estilo de cierta vieja izquierda, una oposición que ha pasado demasiado tiempo extraña al ejercicio de los poderes públicos nacionales.

La confrontación, el debate de ideas y la búsqueda de acuerdos, a pesar de las inevitables diferencias, de los representantes del pueblo en el poder legislativo no es un elemento más de la democracia sino un componente crítico de su esencia, y, aunque a los venezolanos, tras siglos de ejecutivismo autoritario y caudillesco, y ya varias décadas de presidencialismo basado en el voto universal, nos cueste creerlo, el parlamento es el asiento del principal de los poderes públicos, pues es allí donde los representantes establecen las leyes y pautas generales que deberían regir a todos los demás poderes. La relación entre la Asamblea de diputados y el Presidente es análoga a la de una asamblea de accionistas y el ejecutivo jefe de una empresa, es decir, que este sólo podría tomar decisiones dentro del marco de directrices establecido por aquella. Más aun, y aunque nos parezca una broma, según la letra de nuestra carta magna, repetimos, según la letra, "los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, no sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal" (Art. 201).

Pese a que lo normal sería que las elecciones parlamentarias acarreasen un importante debate acerca de los destinos del país y las leyes necesarias para encauzarlo, así como en torno a las problemáticas estadales y locales, a cuya solución se deben los representantes de los electores, la realidad dista de ser así. En la nueva coyuntura nacional, todas la elecciones terminan convirtiéndose en plebiscitos a favor o en contra del Gran Mandatario, quien arrastra con su imagen portaviónica a gobernadores, diputados, alcaldes o concejales. Buena parte de la propaganda, por citar otro botón de muestra, es elaborada para el nivel nacional, y no pocas veces centrada en la imagen del Presidente, y, cuando contiene escasas alusiones a las realidades locales, más allá de alguno que otro nombre de los candidatos, sólo contiene consignas deducibles de aquellas pocas estandarizadas en el plano nacional. Puesto que el poder legislativo se ha convertido en, y muy probablemente va a seguir siendo, un apéndice del ejecutivo, no son los nombres de los diputados sino su filiación con el poder del Presidente lo que a final de cuentas va a contar.

Lo más importante en juego, en consecuencia, en estas parlamentarias, será la nueva composición del hemiciclo, debido a que, de no alcanzar el gobierno la mayoría calificada de 110 diputados, los dos tercios o 67% de la Asamblea, no podrá aprobar a su antojo las leyes orgánicas, ni designar a dedo los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia o los demás altos representantes de los demás poderes públicos, ni crear o disolver a capricho las comisiones permanentes de la Asamblea, ni interpelar a puertas cerradas a los altos funcionarios de gobierno.

Para conservar esta mayoría calificada se ha estimado, por distintas fuentes, que el gobierno sólo necesita, gracias a los ingeniosos bocetos geométricos del CNE, un 52,6% de los votos totales, que es exactamente la tendencia central predicha por GIS XXI, la encuestadora de Jesse Chacón, lo más parecido a una encuestadora del sector oficial y la que más completamente ha divulgado sus predicciones, con un margen de error de más o menos 2%, para obtener un 67% de los diputados. De los cuatro escenarios previstos por esta encuestadora, que parte del supuesto de que, con base a las tendencias de las elecciones anteriores, el gobierno ya tiene asegurada la mayoría simple, con 97 diputados cautivos, 73 nominales y 24 listas, mientras que la oposición, sobre la base de las mismas tendencias, tendría asegurados 39 diputados, 19 nominales y 20 listas, el gobierno tendría asegurada la ansiada mayoría calificada en tres de ellos, a saber, con votaciones de 54,6%, 53,6% y 52,6%, con sólo un cuarto escenario desfavorable de 51,6% ó menos a favor del gobierno, en el que obtendría sólo 96 diputados, frente a 69 de la oposición.

Tal análisis se basa en la existencia de una especie de tierra todavía de nadie, de 29 diputados, 21 nominales y 8 listas, pertenecientes, los nominales, a 17 circuitos dudosos en los que el Sí de la pasada enmienda constitucional obtuvo menos de un 10% de ventaja sobre el No, y, los listas, a ocho estados en donde o bien se eligen tres diputados y el Sí del gobierno ganó con menos de un 5% de ventaja, cual es el caso de Carabobo y el Distrito Capital, por lo que no queda claro quien se queda con el tercer diputado, que por ejemplo podría ir a manos de la disidencia pepetista, o bien se eligen dos diputados, en estados en donde el PSUV ya ha duplicado la votación de la oposición, pero en donde podría no lograrlo esta vez, cual es el caso de Amazonas, Cojedes, Delta Amacuro, Portuguesa, Sucre y Trujillo.

Tomando como punto de partida los anteriores datos que, al parecer coinciden en buena medida con los de otras dos encuestadoras de prestigio, el IVAD, de Félix Seijas, que predice un 53% para el PSUV, ligeramente por encima de los datos de GIS XXI, y Datanálisis, que anticipa un 52% para este mismo partido, ligeramente por debajo, parece claro que el final de la lucha por la mayoría calificada del PSUV va a ser de fotografía. Sin embargo, y pese a que no es esta nuestra preocupación principal sino la posibilidad de que, sea cual sea el resultado, se inicie de una vez un proceso de articulación de una política estratégica impulsadas por fuerzas no polarizantes y articulada a los intereses de movimientos de masas reales, no sólo deseamos sino que intuimos que dichos resultados van a estar más en la onda de la predicción de Datanálisis que en la de GIS XXI o el IVAD, o sea, por debajo de la votación requerida para la mayoría calificada que el gobierno requeriría para insistir con sus imposiciones autocráticas y socialistoides.

Nuestras razones son las siguientes: Primera: nos resulta optimista el análisis de Jesse Chacón, que parte del supuesto de que el fiel de la balanza electoral tendrá un comportamiento semejante al referendo de la Enmienda de febrero de 2009 y no al de la Reforma de diciembre de 2007 ó a las elecciones de Gobernador de 2008, ignorando que el gobierno ha sido objeto de un desgaste mucho mayor, que su mensaje despierta cada vez menos ilusiones y es cada día más contrastado con su falta de logros, que la recesión económica se ha sentido mucho más que a comienzos del año pasado, cuando se quiso crear la ilusión de que "aquí no ha pasado nada", y que no ha podido disponer de los mismos recursos para comprar votos como en aquella oportunidad (en particular, una de sus armas electorales favoritas de entonces, los enormes pollos brasileños, en esta ocasión fueron repartidos mucho menos profusamente). Segunda: en esta ocasión podría ser más difícil para Chávez y su maquinaria demoledora lograr el mismo tipo de adhesión que en 2009, cuando estaba en juego, para masas humildes que lo ven como su único benefactor, su permanencia en el poder; las necesidades insatisfechas locales, pese a todo el esfuerzo que se ha hecho por relegarlas a un segundo plano, podrían tener un mayor peso esta vez. Tercera: en esta oportunidad por lo menos Henry Falcón, Gobernador de Lara, Liborio Guarulla, de Amazonas, y el PPT en general, con alguna fuerza propia en estados como Guárico, en lugar de sumar votos a la causa del PSUV van a restarlos, por lo cual el impacto de estas restas será doble, puesto que sus votos se sumarán a una disidencia no dispuesta a secundar acríticamente al PSUV. Cuarta: existe ahora un cansancio mucho mayor, incluso en la militancia pesuvista, con el personalismo de Chávez, que podría llevar a muchos a no votar rojo simplemente para apuntar a una Asamblea menos sumisa y darle más chance a otras opciones de candidatos para 2012. Y quinta: el modelo cubano, ayer idealizada vitrina del socialismo de Chávez, ahora está siendo sometido a escrutinios mucho más cercanos y críticos, aún por sus fundadores, por lo que se ha ido desvaneciendo buena parte de su encanto.

No obstante lo anterior, hay un factor en favor de la votación del PSUV, que podría incluso llegar a contrarrestar los anteriores y abonar en favor de la predicción de Jesse, cual es la mucho mayor solidez de la maquinaria pesuvista a la hora de captar y asegurar los votos, en comparación con la maquinaria de la oposición o de la disidencia pepetista, por supuesto que a consecuencia de la mucho mayor disposición de recursos y el ventajismo que supone emplear los recursos del Estado como si fuesen los de un partido político (lo que históricamente ha constituido un verdadero cáncer en la política venezolana, en donde todos sabemos que Sucre Figarella, de AD, o Curiel, eran los grandes contratantes/contratistas, según el turno, y simultáneamente los tesoreros de sus partidos...

No queremos, sin embargo de lo dicho, dejar la impresión de que tenemos elevadas expectativas acerca de un cambio sustancial en nuestra situación política después de septiembre. En parte porque sabemos, de acuerdo a sus conductas precedentes, que el ejecutivo presidido por el presidente Chávez intentará minimizar el poder del parlamento, en caso de que los resultados, relativamente adversos, le reporten una mayoría menos que calificada, así como de maximizarlo, en función de sus propósitos, en caso de que sí la obtenga; y porque, en cualquier caso debemos estar preparados para una táctica que hará lo inverosímil para dar continuidad al paradójico estilo de las habilitantes, y opacar y aislar el rol de los tribunos opositores o disidentes. Por otro lado, porque ya el presidente ha establecido la práctica de decidir primero y discutir después, que mucho va a costar que la modifique, sobre todo si, como lo sugieren todas las encuestas, es casi seguro que obtenga al menos una mayoría simple de diputados, lo cual geométricamente es factible aun si obtiene sólo alrededor del 48% de los votos. Además, porque tanto la oposición como la disidencia pepetista se presentarán a la Asamblea demasiado ayunos de ideas y proyectos, como si, obsesionados por el rechazo a Chávez o de Chávez, sólo hubiesen tenido el tiempo de la campaña electoral para armar un programa de cambios lejano de ser coherente, y asomar apenas algunos títulos de las leyes que impulsarían, en cualquier caso sin una visión estratégica que oriente su participación. Y, por último, pero lo más grave de todo, porque todas las fuerzas participantes, a excepción hecha de alguno que otro dirigente sindical o ex-estudiantil, las más de las veces en puestos poco salidores, se presentan en la liza sólo en representación de sí mismos, de capos diversos de la política, de partidos que funcionan como cascarones vacíos, de medios de comunicación y empresarios que los han financiado, mas no en representación de fuerzas sociales, regionales o políticas organizadas y con programas coherentes, lo cual hace presentir que, con un poco de suerte, quizás apenas se logre que el canal de televisión de la asamblea se torne menos aburrido (pero nada que ver, por ejemplo, con lo que hemos admirado en Brasil, en donde uno de los roles primordiales del canal parlamentario consiste en servir de foro para el intercambio y discusión entre los diputados y las fuerzas sociales organizadas a quienes representan). De chiste que fue en sus comienzos, la frase de que nuestra democracia participativa consiste en que a uno le participan lo que ya decidieron a su antojo los poderes públicos se ha ido convirtiendo en amarga realidad...

En la próxima y última entrega de esta subserie sobre la política venezolana, aportaremos algunos detalles adicionales sobre nuestra postura ante las elecciones del 26 de septiembre.