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viernes, 22 de enero de 2010

Más sobre nuestras libertades, necesidades, etcétera.

Por lo visto la realidad no tiene intenciones de amoldarse jamás a nuestros deseos. En el esquema original, todo lo referente a estos aspectos teóricos sobre la libertad y la necesidad debía caber en un sólo artículo, donde el redactor haría gala de su capacidad de síntesis sin sacrificar la profundidad del tema ni banalizarlo. Me lo había imaginado como uno de los artículos estrella del blog: denso y fresco, elocuente y completo, necesariamente no corto pero ni tan largo, y acompañado con una de mis fotos favoritas, tomada por allá por 1970 en las arenas del río Capanaparo en Apure, cuando, tal vez en un alarde de independencia, me propuse conocer a todos los estados de Venezuela antes de cumplir veinte años y viajaba, despreocupado y pidiendo colas, con mi morral y mi equipo fotográfico, sin itinerarios ni rumbos fijos, a donde me llevaran las circunstancias. En fin, creí que me luciría abordando uno de los temas que más me han apasionado en mi seguramente rara carrera intelectual, y con una de las fotos que siempre he tenido colgadas en las paredes de mi casa, pues me evoca la belleza y el encanto de la vida y la libertad...

Pero nada que ver. Resulta que, de repente, mientras redactaba, en un estudio en donde tengo puestos, junto a los libros de la Cota 1: Filosofía, los retratos de algunos grandes filósofos, o de sus bustos más conocidos, tal y como lo hago -quizás como consuelo y en lugar de venerar santos- con las otras cotas, he aquí que siento como que Kant, con su casaquita, su peluca blanca y su carita de yo no fui, se me queda viendo como diciéndome ¡¿qué riñones tienes tú, al querer despacharme con tan pocas líneas y querer cortarme con ese vaso de cartón?!, y de pronto resulta que a Hegel, a Marx (quien vive en la urbanización bibliográfica vecina de la Cota 3), y hasta a Schopenhauer, quien no tenía velas en este entierro, y a otros más les pareció gracioso el comentario tácito de Kant, y echaron a reirse a carcajadas del pobre redactor y de su pretensión de volcar en pocos párrafos opiniones sobre temas que a ellos les consumió sus vidas expresar y sobre los que la propia Transformanueca tiene gavetas de fichas y notas escritas. Entonces me sentí entre la propia espada y la pared, imaginando detrás de la pantalla a mis lectores ávidos de conocer mucho sobre la filosofía de la libertad y con mínimo esfuerzo, y detrás de mí a esta cuerda de genios a punto de carcajada y curiosos por ver lo que diría sobre un tema tan exigente y en pocas líneas..., y fue allí donde colapsaron mis ilusiones acerca del artículo perfectamente equilibrado, ni tan denso ni tan extenso, pero ni superficial ni simplista, sino todo lo contrario...

Con mis ilusiones confesas, y el sabor del polvo de la derrota todavía en mis labios, me dispongo entonces a intentar decir en tres artículos lo que creí que cabría en uno, anticipando que ni aún así quedarán contentos ni los de adelante ni los de atrás de la pantalla, a quienes de antemano les imploro sus perdones para quien lo más seguro es que no sepa bien lo que hace...

A la problemática de la libertad de conciencia o de creencias, que con su aparente espiritualidad e inocencia está seguramente detrás de buena parte de las mayores masacres de la historia, la vemos girar en torno a la pregunta de si la sociedad puede permitir o no que la gente se deje guiar por sus impulsos internos, cuando es sabido que dentro de tales impulsos suelen acechar toda clase de malvados y perversos instintos, o si es preciso coartar, reprimir y castigar tales impulsos lujuriosos, iracundos, criminales, mentirosos, envidiosos, gulosos, perezosos y compañía, para beneficio y tranquilidad de todos. La mayoría de las grandes guerras se desenvuelven según el esquema de que la nación, o el grupo de poder nacional, A, que se autoconsidera la encarnación del bien, considera que la nación o el grupo social B representan una encarnación del mal y que, librados a su antojo, terminarán acabando con A, de donde se deriva que A tiene que acabar primero con B antes de que B acabe con A; con el añadido de que tal razonamiento, pero con las letras invertidas, es exactamente el que se hace B en relación a A. Sólo muy contadas veces en la historia, alguno de los bloques, o un tercero, ha logrado desmarcarse de tal lógica, tal y como ocurrió en la época de Jesús y los primeros cristianos, bajo el imperio romano, o como, sin ir tan lejos, aconteció en la India, bajo el liderazgo de Gandhi, a mediados del siglo pasado, o en Sudáfrica, con Mandela, hace poco, y se han superado conflictos que parecían sempiternos e insolubles.

Hasta donde la entendemos, la difícil de tragar fórmula jesusiana de amar hasta a nuestros enemigos significa, en nuestro lenguaje, que tenemos que asumir plenamente y sin ambages nuestra identidad amativa y que, una vez lograda esta asunción, que reclama la más honda confianza en, y entrega a, nuestros coterráneos, la problemática de la libertad de conciencia y de quiénes son los buenos y quiénes los malos tenderá, colectiva e históricamente, a resolverse sola. Por supuesto, esto plantea el siempre incómodo asunto de quién le pone el cascabel al gato, pues si nos ponemos zoquetes es capaz de que nuestros enemigos se dediquen tan campantes a hacer parrillas con nosotros, con lo cual queda admitido que no es fácil poner en práctica este principio. Pero resulta que ya de este tema hemos hablado: la clave para superar este dilema no es otra sino la aplicación sostenida e incansable, pero gradual, de nuestra regla dorada de la moral hasta que algun día se convierta en sentido común. El dilema no consiste en si tardaremos mucho o poco en edificar una sociedad amorosa y plenamente regida por esta regla dorada, sino en si tiene sentido construir algún otro tipo de sociedad que merezca el calificativo de humana. Si es absurda, inviable y contradictoria en sus términos la idea de una humanidad cultora del desamor, el egoísmo y el odio entonces cuanto antes y cuanto más colectivamente empecemos, o continuemos, a enderezar el entuerto en que nos hemos metido pues tanto mejor.

Como cabría esperar, ante esta problématica de la libertad de conciencia o de creencias, se han definido grandes escuelas de pensamiento análogas a, y solapadas con, las que citamos para el caso político. Está la de quienes, entre pitos y flautas, como Platón, Aristóteles, Agustín, Tomás de Aquino, Hobbes y afines, postulan que el ser humano es como un niño malcriado que requiere ser tutelado y castigado periódicamente, o eternamente si se empeña más de la cuenta, por su propensión al pecado, por lo cual su consigna implícita es algo así como Obediencia, igualdad y fraternidad; mientras que, frente a ellos, se alzan los defensores modernos de la libertad, más o menos por el estilo de los que ya nombramos en el artículo anterior, del que éste quiso ser parte y no pudo, que plantean la búsqueda de equilibrios mediante la primacía de la razón sobre las pasiones, con su consabido, y también imposible de alcanzar, grito de Libertad, igualdad y fraternidad, o con el marxistamente archirrepetido Salto del reino de la necesidad al reino de la libertad.

Frente a todos ellos, y con otros como los que también ya hemos mentado, planteamos que cualquier solución al interior de una civilización desencontrada con su identidad esencial es pura pérdida y que, en definitiva, sólo restituyéndole al amor, a la fraternidad, la primacía que le corresponde, podremos volver a dar pie con bola, por lo cual -¡orden en la sala y un poco más de respeto a los retratados de marras, pues no es hora de reírse...!-, desde nuestra infinitesismal insignificancia, abogamos por un sueño de Fraternidad, capacidad y libertad, bajo el entendido de que bajo tal precepto alcanzaremos tanto la libertad individual y socialmente necesaria como la igualdad humanamente posible, no por decreto sino como resultado inevitable. La situación, a nivel de toda la sociedad, se nos parece a lo que hemos vivido en las familias conocidas o de las que hemos sido parte: cuando hay amor suficiente entre los adultos miembros los problemas relacionados con el ejercicio de la libertad de los niños biencriados tienden a resolverse solos y no hay necesidad de estarlos castigando ni consintiendo; pero, por supuesto, cuando escasea el amor en la pareja nuclear y en la familia toda, entonces la formación de los niños se vuelve un hay que castigarlos por que están muy malcriados, están malcriados porque se les consiente, y se les consiente por que se les castiga mucho, y así sucesivamente, si se potencia la escala, cual civilización cualquiera...

Las cosas no están muy bien encaminadas en cuanto a extensión se refiere, pero aquí ha surgido una interesante esperanza de brevedad, derivada del hecho de que, aparentemente, la lógica de los razonamientos y argumentos en las discusiones sobre los distintos tipos de libertad tiende a parecerse a lo que ya hemos expuesto. De allí que empezaremos, aprovechando de paso la oportunidad de que los retratos y obras de científicos sociales, científicos naturales, profesionales y técnicos, literatos, personajes históricos y afines no están en este estudio..., a sacarle el jugo a aquello de que a buen entendedor -sobre todo si el explicador no es de los mejores- pocas palabras.

En cuanto a las libertades y la coerción en el plano económico, una de las arenas favoritas de la modernidad, la discusión suele plantearse en términos de si debe permitirse que cada quien sea libre de producir lo que quiera y cuanto quiera y pueda y cada quien comprar y consumir lo que le provoque, sin más restricción que las que establezca el ciego Mercado, o si, ante las imperfecciones del alma y la sociedad humanas, es necesario que intervenga papá Estado para poner orden en la borrachera. Por supuesto que aquí los liberales, con Adam Smith y su La riqueza de las naciones con la batuta, más Ricardo, J. S. Mills, y por si fuera poco con el refuerzo contemporáneo de los monetaristas a lo Freeman y compañía, son partidarios de la libertad, mientras que Marx, con su Capital y periféricos, Lenin y su El Estado y la revolución y parientes, y, por encima de todos, el camarada Iósiv Vissariónovich Dzugashvili, menos mal que alias Stalin (cuyo retrato no está en la biblioteca, aunque pensándolo bien, quizás valdría la pena ponerlo en negativo y boca abajo), con su teoría y práctica de El socialismo en un solo país y su enjambre de catecismos soviéticos, son los partidarios de apuntalar a la necesidad con el Estado hasta tanto la niña libertad pueda desenvolverse por si sola cuando llegue la época de las calendas griegas...

Nos alegraríamos mucho si algunas lectoras empezaran a sentir que redundamos y estamos fastidiosos, puesto que ya se imaginan lo que vamos a decir, pero, no vaya a ser cosa de que el olfato nos engañe, más vale que digamos que nos parece todos estos honorables caballeros están más pelados que rodilla de chivo al empeñarse por tomar partido no sólo entre los polos de un dilema falso, sino al interior de una problemática falsa y de una civilización extraviada. (¡Perro! ¡Qué atrevimiento! ¡Cómo se nota que el supuesto bloguero no está en el área de la Cota 3: Ciencias Sociales, y, por supuesto 33: Economía, con sus correspondientes retratos del admirado Marx y demás miembros del seudosantuario, para que le halen las orejas!). O sea, que la discusión acerca de si Mamá Mercado debe consentir a los niños y dejarles que actúen como les dé su gana o si Papá Estado debe mantenerlos reprimidos para mantener y regular el orden y que no se les ocurran malas acciones, sólo tiene sentido en el seno de una sociedad enferma y desamorada. En una sociedad sana, e inclusive en una empeñada en serlo, como repetimos, nos luce el caso de las sociedades escandinavas, canadiense y hermanas, no sólo los conflictos entre Mercado y Estado tienden a resolverse por sí solos, permitiendo la atención a las necesidades de todos y equilibrando las libertades individuales con las colectivas, sino que, gracias a la capacitación y a la aplicación creciente de la regla dorada de la moral, los ciudadanos, es decir, el Capacitado, el Moralizado, el Amado, el Fraternizado, el Compañerado y etcétera, tienden a resolver buena parte de los problemas económicos sin intervención ni del Mercado ni del Estado.

Verbigracia: cada vez que he visitado alguno de esos países, e inclusive ciertos rincones humanizados de otros, como es el caso de ciertas áreas de Boston y alrededores, en los Estados Unidos, me quedo atónito de ver la escala de la distribución, a cargo de organizaciones privadas, e incluso de las familias e individualidades, desde los garages de sus casas, de toda clase de ropas, zapatos, electrodomésticos, muebles, adornos y muchos afines de segunda mano, así como repartos y ventas no comerciales de comidas y comedores asistenciales organizados privadamente, e incluso de prestación de servicios, que incluyen el caso de gerentes y profesionales exitosísimos saliendo apurados de sus oficinas para no llegar tarde a sus citas de apoyo a las tareas escolares de los niños de un barrio pobre, con criterios que no tienen que ver ni con el Mercado, con el equilibrio de precios entre oferta y demanda, ni con regulación alguna del Estado. Pareciera entonces que basta con que comience a respirarse suficiente amor en la atmósfera social para que a la gente se le empiecen a ocurrir cada vez más ideas, estrafalarias tanto para liberales como para sovietosos, tales como la de donar sus ropas o accesorios domésticos usados a quienes los necesitan y no pueden comprarlos nuevos. En incontables ocasiones he sabido de casos de compatriotas latinoamericanos que se jactan de haber conseguido hasta el mobiliario completo de sus casas en tales países, sin intervención alguna del Estado y sin pagar un céntimo o pagando algo que poco o nada tiene que ver con mercados ni ocho cuartos...

Llegadas las cosas aquí, y con ganas de curarme en salud, plantearé entonces como ejercicio para la casa de lectores avanzados, y ¡ah mundo si algunos se atrevieran a presentar su tarea bajo el formato de comentarios a Transformanueca, para beneplácito de ésta y sus visitantes!, los casos de la libertad de expresión versus la necesidad de censura; de la libertad de movimientos, desplazamientos, fijación de residencias y acceso a bienes territoriales versus la necesidad de preservar la propiedad de quienes han construido bienhechurías con su trabajo o han recibido el legado de sus antepasados, o de preservar los recursos ambientales; de la libertad de aprender y validar cada quien por sí mismo sus conocimientos versus la necesidad de establecer dogmas, verdades (no importa si es Transformanueca quien crea sabérselas todas) o tabúes sociales que queden fuera de discusión, para asegurar cierto orden social; de la libertad de emprender proyectos innovadores para obtener nuevos bienes y servicios versus la necesidad de alargar la vida útil de los logros anteriores para preservar los recursos sociales y darle más chance a los rezagados en poder adquisitivo; de... (también queda como ejercicio la búsqueda de más esferas de aparente conflicto entre necesidades y libertades).

No obstante, y cuando las cosas, gracias a la brillante (?) ocurrencia anterior, parecieran estar mejorando en cuanto a extensión probable del artículo, hay dos aspectos que, por más complicados y menos familiares para el grueso de mis poco académicos lectores, deseo tocar aunque sea brevemente: uno es el de la dialéctica de la libertad y la necesidad en la historia, y otro el de las relaciones entre libertad y necesidad en la naturaleza (¡Gulp!: estos temas vuelven a quedar en los correderos de la propia Cota 1: Filosofía, con, cual moros en la costa, mirones indiscretos a mis espaldas...) / (Esto es el colmo: ¡qué brío tiene esta Transformanueca: acusar de "mirones indiscretos" de sus pistoladas filosóficas nada menos que a Aristóteles, Platón, Kant, Hegel y demás figuras filosóficas venerables, cuyos retratos, encima, fueron puestos en su sitial de honor por el mismísimo falta é respeto y piazo é bloguero ése, a quien, a pesar de que nadie le lee su blog, parece que se le están subiendo los humos a la cabeza! ¡¿Cómo sería si el blog tuviera lectores en serio?!...)

En cuanto al ámbito histórico, la problemática de la libertad versus la necesidad se podría plantear así: ¿Dispone realmente el hombre de libertad suficiente como para proponerse la edificación de un mundo hecho según sus designios y aspiraciones o debe plegarse a los mandatos o necesarias previsiones de alguna criatura sobrenatural o de leyes extranaturales, léase Dios, Progreso Inevitable o Leyes de la Dialéctica? Planteadas las cosas de esta manera, resulta que...¡Epa! ¿Qué ruido es ese allá afuera? Pareciera la risa del Che, por allá por la Cota 92: Biografías, como burlándose de mis pretensiones de hablar de la historia en pocas líneas... ¡Cónchole, Che! Si ni siquiera te he nombrado esta vez y me sales con esa...

...Las cosas por aquí están empeorando en picada, ahora no sólo es la risa del Che, sino que se ha sumado toda la cuerdita de filósofos de la Cota 1, en pleno y detrás de mí, y es más, estoy oyendo más lejos las carcajadas de la Cota 882: Literatura Rusa, cuando ni siquiera los he nombrado, aunque la verdad es que hace poco me metí con Tolstói, pero creo que era más bien para estar de acuerdo con él..., bueno, y dije algo de los cristianos primitivos, consentidos de Dostoyevski, pero como que no me entendió y se ha dado por aludido... y, ¿qué está pasando aquí?, pues juraría que acabo de oír a Mozart sumándose a la guachafita contra Transformanueca, cuando ni siquiera he hablado nada de música...

La verdad es que no entiendo nada de lo que está pasando. ¿O será que lo que quieren decirme con sus risas todos estos miembros de mi cuasisantuario es que me estoy tomando demasiado a pecho esto de aclarar tantas cosas filosóficas con tanta ignorancia y en tan poco espacio? O, tal vez, hubiese sido mejor no haber asignado para la casa, sin saber si nadie se lo va a tomar en serio, la tarea de discutir la libertad de conocimiento frente a la necesidad de afianzar verdades para saber a qué atenernos, pues así habría podido asegurar, sin rodeos, que también aquí la clave está en sentirnos henchidos de amor, para lo cual el disfrute del arte y de lo bello mucho nos puede ayudar, y resteados a aplicar la regla dorada de la moral. Si obrásemos de este modo, todos los dogmatismos palidecerían, y los conflictos entre la libertad de crear y verificar la verdad de las cosas por nosotros mismos versus la necesidad de creer en verdades, o pretensiones de verdades, no importa de donde vengan, así sea de Transformanueca -de quien nos reservamos el derecho a reirnos, solos o acompañados, cada vez que la notemos pretensiosa o dándoselas de sabelotodo-, para saber a qué atenernos e impedir la parálisis a que nos condenaría una duda perpetua o indefinidamente metódica, muy probablemente apuntarían a mostrar, por sí mismos, sus propias soluciones. O, mejor que por sí mismos, al menos con la misma espontaneidad con que en un hogar bien amorado se superan todos los aparentes conflictos entre libertad y coerción, que constituyen un capítulo de aquellos entre libertad y necesidad, o como, cotidianamente, quienes no padecemos de hambre en sentido estricto resolvemos una y otra vez el conflicto entre la libertad de ingerir lo que nos provoque y la necesidad de saciar nuestras ganas de comer arreglándonos con lo que haya en la nevera, la despensa o el restorán de la esquina.

Y como se ha hecho tarde, y largo el artículo, otra vez, mejor lo dejamos hasta aquí, aprovechamos para oír a Mozart y hojear a Dostoyevski, y de paso preguntarles por qué se metieron en esto, y el próximo martes continuamos donde lo dejamos hoy... Definitivamente, no es ni tan malo, como a veces nos parece, que la realidad y la vida se salgan siempre con la suya, pues, si lo sabemos aceptar, es decir, si no nos da miedo seguir pensando y apostamos a que, con entrega, confianza y amor a la humanidad, siempre encontraremos, con o sin Estado y con o sin Mercado, algún equilibrio entre nuestras libertades y necesidades, incluyendo, por supuesto, a la libertad de pensar. No es ni tan inconveniente que ninguna de éstas, libertad o necesidad, pueda jamás reemplazar a la otra, o, mejor dicho, por lo menos hasta que dentro de 20.000 millones de años, como se dice, regresemos a la nada, el caos, la muerte y la necesidad absoluta, de donde al parecer venimos, pues este estira y encoge nos permite, si estamos claros con nuestra identidad amativa, apreciar más el valor de la libertad, comprendiendo que nunca podremos considerarla como un derecho adquirido sino que tenemos que conquistarla incesantemente ante la omnipresente necesidad. Pero inclusive, ¡quién sabe!, a lo mejor vuelve a emerger otro universo y se abre otro ciclo de relaciones entre libertad y necesidad, quien quita que aprendiendo, con o sin participaciones divinas, algunas lecciones de esta fascinante experiencia de la vida, en donde nada ni nadie podrá quitarnos lo bailado...

martes, 10 de noviembre de 2009

Cambiando en Transformanueca y sobre nuestras identidades aceptativas

Tras mucho frecuentar sus señales, reflexionar, y consultar con la almohada acerca de los resultados y la falta de resultados de la encuesta, he concluido que, hasta nuevo aviso, ha sido desproporcionada mi aspiración de dirigirme a un conglomerado de lectores altamente heterogéneo, a la vez que alejado del mundo académico, con un estilo intermedio, entre lo conceptual y lo divulgativo, que pareciera haber dejado insatisfechos a demasiados. Como si hubiese querido ofrecer un vehículo, a la vez de paseo y de carga, una especie de camioneta pickup doble cabina, que ha resultado embarazoso para los conductores ordinarios y quizás poco práctico para quienes esperan transportar mayores pesos. Pero, como quiera que mi empeño por establecer, a través de Transformanueca, una comunicación sobre las cuestiones de fondo de la transformación de Latinoamérica con lectores comunes y corrientes se mantiene, la respuesta que he hallado al dilema, y que espero resulte algo más que simplemente salomónica o ecléctica, ha sido la que expondré a continuación y pondré en ejecución, salvo que en los próximos días surjan mejores ideas en contrario, desde ahora y hasta el artículo # 100 del blog, cuando se hará una nueva evaluación de la experiencia ganada.

La solución consiste en que, a partir de este mismo artículo, habrá una distinción significativa entre las entradas de los martes, que serán elaboradas con la mente puesta en lectores relativamente familiarizados con las ideas del autor y/o acostumbrados a digerir materiales más conceptuales, y las de los viernes, que serán redactadas con la mira apuntando hacia lectores más legos en menesteres teóricos. Mientras que los artículos de los martes serán más abstractos, generales, analíticos o sistémicos, como más científicos o dialécticos o, por lo menos, formales, sin llegar a rigores inoportunos, los de los viernes serán más concretos, aplicados, particulares, descriptivos, con más ejemplos sobre nuestras realidades latinoamericana y venezolana, y más informales, aunque sin intenciones de servir de mero entretenimiento. Para los primeros comenzaré a hacer un uso más directo, aunque obviamente no a fondo, de mis materiales de investigación, que hasta ahora había mantenido engavetados con la ilusión de aligerar la densidad teórica de los artículos, mientras que para los segundos apelaré más a mis trabajos y capacidades de tipo literario, que también habia dejado en relativa reserva para no diluir excesivamente los conceptos relevantes. Los unos tenderán a ser, relativamente, más extensos, con magnitudes semejantes a las que han conocido hasta ahora, y los otros procurarán ser más cortos y ligeros.

No obstante, quiero hacer dos aclaratorias: una, que no tengo intenciones de desdoblarme ni de participar en truculencia alguna, pues en el fondo lo que haré no es muy distinto a lo que por décadas he hecho para mí, donde nunca he delimitado fronteras rígidas entre el trabajo y el ocio o entre el rigor y la creatividad, jamás he trabajado en nada que considere que no desafía mis capacidades y, para bien o para mal y sin ánimo de juzgar las prácticas de los demás, no sé en carne propia lo que significa ser un empleado, marcar una tarjeta en un trabajo, o, si se lo quiere ver apenas un poquito exageradamente, no tengo muy claro lo que significa el concepto de vacaciones; y, otra, que de ninguna manera se tratará de dos blogs en paralelo sino de un trabajo al alimón, es decir, abordando los temas con enfoques distintos pero con los mismos propósitos comunes que hemos venido explicando en todo lo que precede. Los artículos de los martes andarán en la onda de lo que en mi jerga personal se llaman los escritos con tinta negra o más científicos, mientras que los de los viernes se asemejarán más a los de tinta azul o más artísticos, o, por si a alguna esto le resulta elocuente, unos serán más Yang, y los otros más Yin. Y, ¿por qué no decirlo?, la aspiración confesa es que los lectores vivan la experiencia, que desde ha mucho he disfrutado, de aproximarse a la realidad desde múltiples perspectivas, para lo cual no sólo constantemente los invitaré a todos a leer los dos tipos de artículos, sino que con frecuencia ambos versarán sobre temas semejantes o complementarios, e inclusive podrán dialogar entre sí.

A partir de aquí, comienza la implantación del cambio planeado, que irá acompañado, en este y los próximos días, con otras modificaciones menores y de formato, como la que ya pueden apreciar en la barra del título, tendientes a hacer más ágil y amigable el blog. El que sigue es ya el primero de los artículos del tipo de los martes, que da inicio a la nueva serie sobre nuestras identidades.
Si nuestras capacidades son los componentes, tanto de nuestras sociedades como de las organizaciones y de nosotros mismos, con que interactuamos con el entorno, y aquellos susceptibles de ser transformados o desarrollados con esfuerzos de cambio y aprendizaje, nuestras identidades son como nuestras maneras o razones de ser, y por tanto menos o muy poco dadas a experimentar modificaciones. Son, si se quiere, como "capacidades permanentes" que, para efectos prácticos, hemos de aceptar como inmutables, aunque, como veremos, dado su carácter contradictorio, sí las podemos descubrir o internalizar en mayor o menor grado, y, sobre todo, discernir tanto de sus afines anversos como de sus reversos o dimensiones negativas. Si las capacidades tienen mucho que ver con nuestros conocimientos, destrezas y actitudes, las identidades se relacionan sobre todo con nuestras emociones; si unas están vinculadas a nuestras funciones conscientes, a la generación de neurotransmisores y a las actividades nerviosas y coordinadas por el cerebro, estas otras están ligadas a nuestros estados de ánimo, la generación de hormonas, las actividades endocrinas y coordinadas por la glándula hipófisis. Claro está que, como siempre ocurre en nuestro organismo y en todo lo real y viviente, las diferencias nunca son mecánicas ni tajantes, pues todo allí es sinérgico, e inclusive se da el caso de sustancias químicas, como la norepinefrina o las endorfinas, que pueden actuar tanto en el rol de hormonas como en el de neurotransmisores; pero las diferencias existen y, a condición de que no perdamos de vista la noción de conjunto, es preferible distinguirlas. Las identidades, en rigor, no se aprenden ni se desaprenden, no se recuerdan ni se olvidan, sólo se refuerzan o inhiben, se asumen, se equilibran o, como desde ha mucho se dice en lingüística y está de moda decir en la web, se desambiguan.

Desde esta perspectiva, la idea tan en boga de modificar nuestra "inteligencia emocional", amén de negocio para aventureros intelectuales, es una contradicción en los términos, un quid pro quo, pues en el fondo significa cambiar nuestra identidad, compatibilizar lo incompatible, hacer de la materia un vacío o crear un cristal amorfo. Nuestras identidades, nuestra emocionalidad característica, son el resultado de una deriva natural y biológica de miles de millones de años. Nuestro género humano, al margen de que alguien lo haya querido o decidido así, es lo que es luego de una inmensa cadena de decisiones biológicas o naturales que no nos es dado cambiar. Esto no significa que estemos condenados a ser víctimas de nuestros arrebatos emocionales, que no podamos moderar, expresar o compartir nuestras emociones con nuestros semejantes, o que no podamos aprender, y esto es muy distinto de desarrollar nuestra "inteligencia emocional", a equilibrar nuestra vida inteligente con nuestra vida emocional.

Nuestra glándula hipófisis o pituitaria, cuyas intervenciones fácilmente delata nuestro régimen circulatorio, y de allí la tradicional asociación entre asuntos emocionales y asuntos del corazón, responde también a, y puede interactuar con, nuestro mundo consciente y nuestro cerebro. Un gran número de especies animales, al menos, poseen aparatos nerviosos o ganglionales que, al estilo del funcionamiento tipo sístole/diástole de los sistemas nerviosos autónomos o no gobernables conscientemente, llamados simpático y parasimpático, son también activados por el sistema endocrino y tal glándula esencial. Básicamente, los estados de alerta o estrés son gobernados por el sistema simpático, con su aceleración de los latidos del corazón, mientras que los estados de relajación o tranquilidad son regulados por el sistema parasimpático, y su respectiva inhibición de la actividad cardíaca. La idea de educar o desarrollar la inteligencia de estos mecanismos activadores del corazón, el estómago, los bronquios, el páncreas, las pupilas, las glándulas salivares, los intestinos o los genitales, por definición autónomos, nos luce francamente disparatada, lo cual no significa que no puedan ser indirectamente influidos por la mente, como cuando aprendemos a relajarnos o a dormirnos. Si una persona sufre de claustrofobia es posible, a través de terapias apropiadas y con suficiente tiempo, atenuar o incluso hacer desaparecer su miedo al encerramiento, pero carece de sentido discutir con ella si tiene o no razón al experimentar miedo a estar encerrada, pretender demostrarle que está siendo poco inteligente al asustarse o plantearle que está equivocada en su conducta. Más todavía, la emoción del miedo a estar encerrado es tan universal que bien puede considerarse normal en todos los seres vivos; sólo que, en determinadas circunstancias, por cierto no privativas de los humanos, se convierte en fobia.

Después de una prolongada y seguramente riesgosa evolución, en donde fueron sacrificados múltiples atributos valiosos para efectos de agresividad y competencia, tales como garras, colmillos y piel gruesa y resistente; el andar cuadrúpedo que posibilita una mayor velocidad tanto para atacar como para huir, y una mayor protección tanto de los órganos genitales como de las mamas de las hembras, en relación a otros mamíferos; la fuerza y poder de músculos como el deltoides, bíceps, tríceps y masetero, decisivos para golpear y agredir o para una mordida más fuerte; el nacimiento en condiciones aptas para la autodefensa y la autoalimentación, o al menos con una crianza breve para minimizar la dependencia y la vulnerabilidad; la relativa fusión entre los conductos de aire y de alimentos, que mejora nuestras posibilidades de emisión de sonidos pero aumenta el riesgo de perecer ahogados al morder o tragar, y muchos otros aspectos, nos resulta claro que nuestro género ha venido apuntando y aproximándose gradualmente hacia la priorización, como bien lo han demostrado Richard Leakey y otros, del amor, el respeto mutuo, la convivencia, la comunicación y la cooperación.

Todos los cambios mencionados, y muchos otros que se ponen de relieve al estudiar comparativamente nuestra anatomía, no parecen tener sino un sólo norte o direccionamiento: el de maximizar nuestras posibilidades amatorias, tiernas y cooperativas, en donde nos cuesta tragar la píldora darwinista, que postula que el factor determinante ha sido la "selección natural", pero sin por ello adoptar la tesis de una selección divina. Nuestra emocionalidad es expresión de esta deriva biológica que hemos propiciado y seguimos propiciando, y, como la de cualquier otro ser vivo, le da un sentido a nuestra existencia. La idea de un ser humano dedicado al odio y la agresión es al menos tan absurda como la de un un elefante volátil, un tigre piadoso o un aguila acrofóbica. Existimos para lo que estamos hechos, con una corporalidad y una emocionalidad, es decir con una identidad característica, y no depende de nosotros escoger entre ser humanos o de otro género.

Todos los seres vivientes, y con un poco más de dedicación podríamos intentar argumentar que también los no vivientes, poseen una identidad fundamental, en buena medida derivada de una dotación corporal y un espectro emocional que los define. Si, con Robert Plutchik, recientemente fallecido, quien escribió las ideas más claras que hemos podido conocer en materia de emociones, y de las que hemos partido para desarrollar nuestras tesis sobre las identidades humanas, aceptamos la existencia de ocho emociones básicas, agrupables en las cuatro parejas, libremente definidas y sin pretensiones de rigor ni de adopción literal de sus tesis, de aceptación/rechazo, alegría/tristeza, anticipación/desconcierto, y coraje/miedo, entonces llegamos, bajo el entendido de que cada identidad supone, y en alguna medida contiene, a su antidentidad o polo negativo (a la usanza de como cada tipo de materia o partícula supone la existencia de su antimateria o antipartícula correspondiente), a la idea de las cuatro identidades elementales, a las que llamaremos identidades aceptativas, alegrativas, anticipativas y corajetivas.

Cada una de estas identidades elementales, y sus correspondientes asideros emocionales, tiene su propio conjunto de hormonas activadoras, cuyos efectos han comenzado a comprenderse crecientemente. La identidad aceptativa, a guisa ilustrativa, tiene en la oxitocina, segregada por la propia hipófisis, su caballito de batalla: a mayores dosis más sociables o melosos se tornan sus huéspedes, y viceversa. En el caso de los mamíferos, y antes que nada de los primates, hay decenas de experimentos, que a cada rato aparecen en los canales científicos, que sugieren que la duración y la intensidad de las tempranas interacciones con los padres, sobre todo con las madres, y recontrasobretodo con la piel más suave de sus mamas, es decisiva para estimular prontamente y para el resto de sus vidas la capacidad de segregación de oxitocina de las criaturas. Y, por supuesto, ¿adivinan ustedes cuál es el mamífero primate cuyas hembras arrasan en todas las olimpíadas biológicas en la categoría de mamas suaves y tiernas?

Estas identidades básicas o primarias, se conjugarían, si las imaginamos apropiadamente distribuidas en una especie de flor o disposición radial, como gustaba de hacerlo ese autor (por supuesto, una visita a Internet permite familiarizarse con su obra y sus esquemas), para dar lugar, las dos primeras, a las identidades afectivas; las dos segundas, a las esperanzativas, y las dos últimas, a las audaciativas, a todas las cuales las consideramos como las identidades secundarias, pero a las que no vemos, como el mencionado autor, como simples mezclas o intersticios de las primeras, sino como identidades distintas de orden superior, a las que bien podemos suponer también como peldaños de una pirámide evolutiva. A estas tres últimas, a su vez, como en un tercer peldaño de tal pirámide, o como capas superiores de una suerte de cebolla de identidades, las vemos integrar las identidades confianzativas y entregativas, respectivamente. Y, por último, en la cúspide de la pirámide o en la capa envolvente de tal cebolla, como emergentes de la fusión de estas dos últimas, o en el nivel más externo, avanzado y definitorio de lo humano, vemos a las identidades amativas, con el amor como la suprema emoción o el norte de todas las emociones que podemos experimentar, y su opuesto, el desamor, como el ámbito más mezquino y ruin de nuestra existencia.

Los estados de relajación y/o sueño, con actividades nerviosas o al menos sensitivas reducidas a un mínimo, también presentes en todos los organismos, podrían representarse en dicho espectro o rosa de los vientos de sus identidades, como zonas neutras o de muy baja actividad emocional. También existen sobradas evidencias, de acuerdo a la llamada ley de Yerkes-Dodson, en torno a la existencia de correlaciones estrechas y singulares entre estados emocionales y rangos de capacidades que, tanto cualitativa como cuantitativamente, podemos ejercer y pueden ejercer otros organismos. Y está ampliamente documentada la existencia de ciclos circadianos, regulados por hormonas como la melatonina, relacionados con las alternancias entre el día y la noche, en gran número de especies vivientes, y donde es obvio que hasta las plantas responden a, y funcionan según, modalidades completamente distintas, dadas las condiciones de presencia o ausencia de la luz solar.

Es bajo la restricción de todo este cuerpo de identidades, y con la transformación o desarrollo de nuestras capacidades, como nos colocamos en condiciones de satisfacer nuestras distintas necesidades y conquistar las libertades que anhelamos.

Si bien no resulta difícil identificar la existencia de al menos trazas de las identidades primarias en prácticamente todos los seres vivos, a medida que avanzamos en la escala o taxonomía de identidades que hemos presentado nos encontramos cada vez más con dimensiones de lo exclusivamente humano, ajenas a la identidad de cualquier otro ser vivo conocido. Estamos persuadidos, y todavía no perdemos la esperanza de concretarlo, si no durante nuestra estadía en este planeta, al menos en la de alguien que valorará nuestras intuiciones, de que sería posible elaborar una especie de espectro identificador o rosa de los vientos de la identidad- con indicaciones acerca de cuánto tiempo de su existencia, en promedio, pasa cada especie viviente en cada estado emocional- que le sería tan distintiva como su propia corporalidad. Un protozoario elemental, dotado de flagelos y/o seudópodos, pongamos por caso, es indudable que debe experimentar algo muy parecido a la identidad aceptativa, con su correspondiente polo rechazativo, pues constantemente debe escoger entre si coexistir con otros de su especie o de especies distintas, rechazarlos o atacarlos; debe llegar a sentir algo muy análogo a la identidad alegrativa, puesto que sin ninguna gratificación o placer dejaría de reproducirse asexual o sexualmente; necesita poseer alguna identidad anticipativa, para no precipitarse a cobrar sus presas, aguardar el momento oportuno para atacar, etc., o, en sentido contrario, debe poder experimentar algo parecido a la sorpresa, para disponerse a escapar de algo o alguna otra criatura; y también debe estar dotado de algo muy parecido a la identidad corajativa, o su reverso miedativo, para atreverse a enfrentar, pongamos el caso, a otro protozoario mayor, o sentir que su existencia está amenazada ante un ataque inminente de éste.

En cambio, no logramos imaginarnos siquiera que este protozoario, pueda llegar a sentir algo como afecto por otro protozoario o como esperanza por una vida mejor, o a decidir con audacia un ataque calculado que promete algún resultado extraordinario; pero sí nos parece evidente que, digamos los perros, los gatos o las aves, o muchos otros animales que conviven con nosotros, pueden experimentar algo demasiado parecido al afecto o al agradecimiento, tener esperanzas de que regresaremos con ellos si nos ausentamos o si ellos se alejan por alguna razón, o actuar con audacia en contra de, digamos, alguien que nos ataque. En el caso de las aves, a las que hemos observado con mayor insistencia, nos consta que muchas establecen relaciones claramente afectivas, que van mucho más allá de los períodos de celo o de crianza de sus polluelos, y en unas cuantas hemos detectado interacciones resueltamente eróticas, con apasionados y prolongados besos y amapuches previos a la cópula que, en cuanto se descubran en el Vaticano o en la gringolandia WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) es capaz que den lugar a comisiones de censura y prohibición de actos avícolas obscenos. En un plano más avanzado, se conocen experiencias circunstanciales de animales, tales como los perros y otros mamíferos, aptos para sentir que se les explica que una ausencia temporal de sus amos no va a ser permanente ni implica un abandono, lo cual contiene un atisbo de confianza, o llegar a un nivel de entrega hasta de su propia vida por defender la de sus seres queridos. Pero de allí, de esas estadías momentáneas en estados emocionales avanzados, a la experimentación y búsqueda permanente del amor, como emoción superlativa, hay un trecho enorme.

Lo que ha ocurrido con nuestra civilizaciones, sin embargo, en los últimos milenios, bajo los efectos de las ventajas bélicas que brindan las armas más poderosas de algunos, y como ya lo hemos discutido anteriormente en el blog, es una suerte de salto atrás, como si nos hubiésemos asustado y llegado a sentir vértigo por nuestras decisiones anteriores, y quisiésemos devolvernos en nuestra deriva, atentando contra la llamada ley de Dollo, que postula la irreversibilidad de la evolución. Es decir, que pareciéramos obcecados en reemplazar con las armas los colmillos y garras que decidimos no tener, o recuperar, pero no autótrofamente sino a costa de los demás, la seguridad a ultranzas en la existencia de que parecieran gozar los vegetales. No es en absoluto casual que, como lo examinaremos más adelante, las religiones conocidas, o como mínimo aquellas que, como el cristianismo, el islamismo, el hinduísmo, el taoísmo/confucianismo, o el budismo, con creyentes en el orden de centenares de millones de personas, postulen expresa e inequívocamente al amor como la aspiración humana terrenal de mayor envergadura. Y tampoco nos parece casual que tales religiones hayan surgido en el contexto, no importa si también contentivas de ingredientes justificadores, de civilizaciones que sucumbieron ante la tentación de la competencia y la agresión sacando partido de sus ventajas bélicas.

Afortunadamente, el extravío acumulado y los daños hechos en este largo período, en relación a nuestros horizontes de existencia individual, pero a la vez corto en conexión con nuestros tiempos naturales, biológicos o antropológicos, distan de haber sido internalizados. Ni siquiera en las versiones más competitivas y agresivas de las sociedades modernas han logrado hacer mella en la emocionalidad humana esencial: ni la publicidad, ni los discursos politicos, ni las creaciones culturales pueden asumir la violencia como credo, y se ven forzadas a presentar las posturas violentas como una respuesta defensiva. Hasta Hitler, fuerte candidato a ser el más belicista y agresivo de todos los dirigentes políticos modernos, se vio obligado a encubrir su violentismo bajo el disfraz de una respuesta defensiva ante los abusos de judios, comunistas, gitanos, no-cristianos y afines en contra de una raza aria a quien, pobrecita, se le privaba de alcanzar su destino manifiesto y su espacio vital.

El gran problema con las identidades aceptativas humanas, y particularmente el que más nos ha afectado a los latinoamericanos y africanos ha sido que, por razones muy asociada a los cambios climáticos de hace unos diez doce mil años, sobre todo una camada de Homo sapiens, la que cruzó a pie el actual estrecho de Behring, y otra, la que quedó al sur del Sahara africano, se quedaron aisladas de sus congéneres que desarrollaron las armas de hierro, principalmente en Europa. Cuando, luego, se reestableció el contacto perdido, las desigualdades en el grado de desarrollo de sus capacidades hicieron posible que los conquistadores se libraran de su identidad aceptativa y se dejaran arrastrar por sus antidentidades rechazativas, monstruosamente amalgamadas con sus identidades corajativas, para dar lugar a la que seguramente ha sido la acción de exterminio de seres humanos más brutal de todos los tiempos, incluida la difícil de emular matanza llamada Segunda Guerra Mundial. Pero incluso así, tal arrastre no fue unánime, pues, como en algún lado ya lo vimos, hubo quienes, como el padre La Casas, claramente detectaron y denunciaron el genocidio que, amparado por la iglesia católica de la época, se cometió contra nuestros pobladores indígenas y los pueblos africanos, y , en cualquier caso, no cabe duda de que el europeo actual, en promedio y desde el punto de vista emocional, siente una especie de vergüenza profunda ante el comportamiento de sus ancestros de hace unos siglos.

Entre las expectativas esperanzadoras que bien vale la pena cultivar en el presente, en relación a esta problemática, está la de que, a consecuencia de los avances crecientes en el conocimiento del genoma humano, y de la ruptura aparentemente irreversible que está experimentando Europa, y quizás mañana también los Estados Unidos, con su oprobioso pasado colonizador, se logren detectar los genes responsables de la agresividad genocida, se establezcan los mecanismos correctivos para que nunca más vuelva a ocurrir los crímenes serialmente masivos que tuvieron lugar entre 1500 y 1700, y se acuerden decisiones indemnizatorias como las que ya se han comenzado a adoptar en el continente oceánico. Sólo así podrá curarse Occidente de los dos mil años de esquizofrenia implícitos en la creencia, por un lado, en tres Dioses del amor y casi una cuarta -madre de un Dios, esposa del otro y fertilizada por el tercero-, o sea, de asunción de, y fe en, las identidades de confianza en la humanidad, entrega desinteresada a la vida espiritual, afecto por los semejantes, esperanza por la paz, audacia de atreverse a restaurar el orden humano subvertido, aceptación de los demás, alegría de vivir, sabiduría de la anticipación y coraje para enfrentar las injusticias; y, por otro lado, sus prácticas, de hecho regidas por Lucifer, el dios del odio, es decir de la desconfianza, el abandono, el desafecto, el desconsuelo, la evasión, el rechazo al otro, la tristeza, la zozobra y el miedo. O, lo que es lo mismo, un mundo que se solaza en proclamar el trabajo y la creatividad, la moderación, el respeto, la templanza, la paz, la ternura y la humildad, pero que se postra ante la pereza, la avaricia, la envidia, la gula, la ira, la lujuria y, sobre todo, la soberbia.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Como quien aprende de alguna minucia

Y llegó el día de interpretar los datos de nuestra encuesta Opinando sobre Transformanueca, con su versión detallada Mejorando a Transformanueca, en la ruta de tomar decisiones sobre el futuro de nuestro más allá de lo modesto blog.

Empiezo por rogarle a los lectores cuyas principales pilas cognitivas sean del tipo lingüístico, musical, corporal, plástico, ambiental, interpersonal o intrapersonal, pero no del tipo analítico o lógico-matemático, que, por favor, no se aterren por la cantidad de cifras que van a ver en este artículo, pues no se trata de ningún cambio en nuestra política de mantener tan alejados del blog como sea posible a toda suerte de números, ecuaciones, fórmulas, esquemas, cuadros, gráficos, tablas, diagramas, modelos, citas, referencias, símbolos abstractos y afines, que ya nuestros asesores informales nos han advertido podrían provocar un éxodo en nuestros contados visitantes, sino simplemente del intento de aprender todo lo que podamos de la minúscula información que nos trajo la encuesta. En el límite, en el caso de alergias numéricas, les pido que se salten los números y vayan directo a las conclusiones, en azul y cursivas, al inicio o, en la mayoría de casos, al final de los párrafos; o, más allá de los límites, en caso de fobias antinuméricas, entonces les ruego, con todo cariño, que se salten este artículo infeliz y nos veamos en el del próximo martes, cuando espero comenzar a aplicar las lecciones aprendidas aquí. Estas mismas sugerencias podrían ser también aplicables al caso de los lectores apurados o tiempicortos, puesto que hemos de advertir que, por su naturaleza analítica, este artículo será más extenso que los ya no precisamente escuetos artículos habituales.

La primera, y tal vez más importante, información que nos ha brindado la encuesta, que solamente llenaron diez lectores en su versión corta y cinco en su versión larga, es que, por razones que no terminamos de discernir para el momento de redactar estas líneas, a pocas horas de conocer los resultados de nuestra consulta, la mayoría de nuestros visitantes sienten como una especie de rechazo o temor a expresarse, en relación a los artículos del blog, sea con comentarios, encuestas o cualquier tipo de expresión escrita. Llegamos a esta conclusión después del razonamiento que sigue. Hasta la fecha, el número máximo u optimista de personas distintas que estimamos en algún momento han visitado el blog es 290, que deducimos del número de visitas que ha tenido el perfil del prospecto de bloguero, después de hacer clic en donde dice Ver todo mi perfil, en la columna de Perfil, en la primera plana (aquí mismito, a la derecha, con fondo verde) del blog, al lado de los artículos (como este, con fondo crema); pues partimos del supuesto de que, salvo que se trate de policías, investigadores, o admiradoras secretas, es improbable que haya lectores o lectoras interesados en volver una y otra vez a revisar los mismos datos adicionales del perfil -no muchos, por cierto- que se ofrecen en dicha página, y en cambio muy probable que tales visitas se hayan hecho en una sola oportunidad (podría ocurrir que algunas lectoras curiosas, por ejemplo, hayan visitado dicha página varias veces, pero para efectos prácticos, podemos suponer que el número de revisitas es igual al número de novisitas, o sea, al número de quienes nunca se metieron a tal página (como pueden ver, aquí está la dimensión ingenieril de la personalidad del cuasibloguero en acción...)). En el extremo opuesto, tenemos que, de acuerdo al Contador de visitas (el del bloque azulito, debajo del bloque verdoso del perfil, encima de donde dice Amigos), que se instaló el 17/05/2009 a las 12:00 am (o sea, a las 00:00 de ese día) el blog ha recibido, hasta el instante de escribir este artículo, 2168 visitas, que, si dividimos entre los aproximadamente 170 días transcurridos, nos da un promedio de alrededor de 13 visitas/día, de las cuales podemos deducir, holgadamente, unas tres que hacen entre el protobloguero (sea para retoques o en su ansiedad por ver si hay comentarios...) o -supongamos- alguien que se equivoca o se retira del computador antes de leer nada, para un promedio neto de 10 visitas/día, y, como, otra vez en promedio, un artículo dura 3,5 días publicado antes de que salga el siguiente, eso nos da un promedio mínimo de 35 lectores, bajo el supuesto de que cada lector lea un solo artículo por visita. O, más realistamente, algo apuntando hacia unos 70 lectores, en caso de que el lector promedio haga una visita semanal y lea juntos los dos artículos de la semana (unas cuantas lectoras nos han dicho que esa es su práctica, y la cifra pareciera distar de ser descabellada, siempre en promedio, pues, inclusive, un par de lectores nos han contado la experiencia de que su estilo consiste en esperar hasta disponer de un domingo o día festivo completo para ellos, y entonces leerse 20 ó 30 artículos de un solo pencazo). De todo lo cual se deduce que, puesto que tenemos sólo 10 respuestas a la encuesta corta, y 5 respuestas a la larga (que podemos suponer como un subconjunto de quienes llenaron la corta, y por tanto la usaremos sólo para profundizar en el análisis de los resultados de esta), entonces resulta que, en relación al estimado mínimo o pesimista, sólo uno de aproximadamente cada tres lectores llenó la encuesta (un 33%); en relación al estimado realista, sólo alrededor de uno de cada siete lectores lo hizo (un 14%); y en relación al estimado máximo, ultraoptimista o delirante, sólo uno de cada veintinueve (algún 3%, más o menos), la completó.

Como refuerzo del análisis cuantitativo anterior, podemos señalar que ciertos datos cualitativos abonan en el mismo sentido. Conocemos el caso de unas cuantas lectoras, altamente asiduas del blog, y entre ellas parientes y amigas, que no hubo manera de que se decidieran a llenar la encuesta. Un lector frecuente nos dijo que no la llenaba porque había concluido que estaba dirigida no a lectores comunes como él, y ni siquiera a seguidores, sino a fanáticos de, o expertos en, el blog (quizás fue un error de los diseñadores ofrecer en primer lugar la encuesta detallada en lugar de la corta, pues la primera, efectivamente, resultó ser relativamente exigente). Mientras que otro lector, temeroso de que un día Bin Laden pueda volar los servidores de Blogger, y quien nos comunicó que sistemáticamente copia los textos de los artículos, los pega en WORD, los espacía a su manera y los pasa a Arial, y luego los imprime y encarpeta por si acaso, a pocas horas del cierre de la encuesta nos confesó que no había tenido tiempo de llenarla... Sabemos de otra lectora que mimosamente suele imprimir los artículos a color, y luego los encuaderna, que tampoco la llenó. Otras lectoras nos dijeron que no se consideraban preparadas para opinar sobre el blog, y preferían seguir aprendiendo de él. Nos consta que algunos de los y las comentaristas estrella del blog tampoco la llenaron...

Y, bueno, tal vez sea justo añadir, sin alcahuetería ni adulación ninguna, un argumento de peso pesado en defensa de los lectores silenciosos, a quienes existe la posibilidad de que el pretendido bloguero, sin que pueda descartarse que con algún complejo de cenicienta intelectual o no importa si sin proponérselo, los esté ofendiendo. Es el siguiente: no sé cuantos lectores se habrán dado ya cuenta, pero lo cierto es que, entre pitos y flautas, lo que han estado leyendo desde hace varios meses no son -como tanto se estila- las versiones light de las ideas previamente expuestas en algún libro por algún pensador gringo o europeo, ni los aprendizajes o apuntes de clases de algún postgrado en el exterior - ¡ah mundo! Harvard, MIT, Yale o las Ivy Leagues, o la Sorbonne o Cambridge u Oxford y compañia-, ni los resultados del análisis de uno, diez, cien o mil trabajos previos, ni las reflexiones de un día, una semana, un mes, un año o una década. No, queridas amigas, lo que han estado leyendo, aunque dé pena propia decirlo, es uno de los resultados de un esfuerzo de investigación que, aunque inédito él, lleva más de cuarenta años desde su inicio formal y más de treinta desde su informal, que le ha chupado buena parte de la vida al calvopeludo ese y ahora pichón de bloguero. En donde ha invertido no pocas decenas de miles de horas hombre de escritorios, mesas de reuniones, calles, barrios, parques, bibliotecas, foros, asambleas, laboratorios, talleres, hoteles, aviones, autobuses, carros, empresas, barcos, trenes, partidos políticos, movimientos sociales diversos, pistas de trote, camas, pocetas, duchas, ... para parir esas ideas; ha estudiado, fichado y resumido decenas de miles de artículos, libros y documentos diversos en seis idiomas; ha escrito miles de cuartillas y decenas de miles de fichas de reflexión, y mejor dejarlo hasta aquí pues esto está desprendiendo ya un insoportable tufo a lo Mi delirio sobre el Avilazo, que perfúmate con aquel... Y todo esto a dónde va es a que, si se hace un esfuerzo por colocarse en el otro lado de la web, entonces resulta que lo que se le está pidiendo a los lectores, con la encuesta y los comentarios, es como que opinen sobre un desayuno innovador de la escuela Cordon Bleu o, en todo caso, sobre la punta de un iceberg de ideas que apenas están comenzando a digerir, lo cual podría ser demasiado too much... No es en absoluto casual, para abundar aún más, que, si se examina el perfil de los comentaristas más frecuentes del blog, fácilmente se descubre -es decir, fácilmente se descubre desde el lado del susodicho- un rasgo común: han sido sus amigos y amigas, hijo, esposas, secretarias, mejornolodigo, compañeros de infancia, juventud, militancia y/o trabajo, y afines, desde hace, en promedio, veinte años o más. No es que carezcan de mérito o de audacia, pero sencillamente no puede ocultarse que se hayan en posición de ventaja sobre quienes se están desayunando con estas líneas de pensamiento...

En cuanto a la relevancia de los temas tratados, o sea, la Pregunta 1 de la encuesta, de los diez encuestados, seis opinaron que los temas han sido apropiadamente relevantes y cuatro que relevantes, de lo cual derivamos, en principio, que, hasta nuevo aviso o nuevas encuestas, pareciera que no tenemos cambios mayores que hacer por aquí. En la encuesta detallada, los cinco respondientes opinaron unánimemente que los artículos sobre América Latina, #10 a 22, y sobre Venezuela, #23 a 27, han sido apropiadamente relevantes o relevantes a secas, con tres de cinco respuestas señalando que estos últimos fueron apropiadamente relevantes. En los artículos sobre nuestras capacidades estructurales, #28-34, uno de los cinco los señaló como apropiadamente relevantes, tres como relevantes y uno se abstuvo de opinar. En los artículos introductorios, #1-9, dos los vieron como apropiadamente relevantes, uno como relevantes y dos se abstuvieron de opinar. Sobre nuestras capacidades procesales, #35-46, y sobre nuestras capacidades sustanciales, #47-49 y 51-56, en ambos casos, un encuestado dijo que le parecían apropiadamente relevantes, dos que relevantes y dos se abstuvieron de opinar. Ni en las diez encuestas largas ni en las cinco cortas hubo alguna respuesta que sugiriera irrelevancia de los temas tratados en el blog, pero parece claro que los temas más concretos o aplicados disfrutan de mayor interés de los lectores que los temas preliminares o conceptuales. Esto era de esperar, pero el blogueroide este aspira a que, a partir de cierto grado de desarrollo del blog, esos temas más conceptuales puedan servir como una especie de glosario detallado de un conjunto de términos que se emplearán a menudo en el futuro, por lo cual justifica su inclusión.

En cuanto a la extensión de los artículos, la Pregunta 2, cuatro de los diez respondientes opinaron que la extensión de los artículos ha sido la necesaria, cuatro que ha sido aceptable y dos que han sido exageradamente extensos. En la visión detallada, cuatro de los cinco llenantes opinaron que los artículos preliminares sobre América Latina, #10-22, tuvieron la extensión necesaria, y uno que fueron innecesariamente extensos; en los artículos preliminares sobre Venezuela, #23-27, tres señalaron que la extensión fue la necesaria, uno que fue aceptable y uno que fue innecesaria; en los introductorios, #1-9, tres plantearon que la extensión fue la necesaria, uno que innecesaria y otro se abstuvo de opinar; en los referidos a nuestras capacidades estructurales, #28-34, tres que con la extensión necesaria, uno dijo que fueron innecesariamente extensos y el otro se abstuvo; en los referidos a las capacidades procesales, #35-46, dos indicaron que la extensión fue la necesaria, uno que fueron innecesariamente extensos, y dos se abstuvieron de opinar; y en cuanto a los referidos a las capacidades sustanciales, #47-49 y 51-56, uno dijo que la extensión fue la necesaria, otro que fue aceptable, otro que fue innecesaria, y dos se abstuvieron de opinar. Interpretamos aquí un leve jaloncito de orejas ante el cual seguiremos empeñados en responder, pero observando que hay un conflicto que no sabemos todavía resolver: dada la experiencia de escritor acumulada por el redactor de los artículos, escribiendo sobre todo para sí mismo o para lectores individuales específicos, resulta que para él la menor extensión tiende a demandar un mayor grado de abstracción y/o de soporte cuantitativo, y viceversa, mientras que siente que aquí lo que se le está reclamando suavemente, y quizás no con la misma delicadeza si opinara una fracción mayor de sus lectores, es que escriba simultáneamente más corto y más concreto, para lo cual le falta preparación o experiencia adicional, por lo cual lo que le queda, por ahora, es rogar un poco de paciencia mientras aprende a complacerlos sin desvirtuar lo que quiere expresar.

En relación al nivel de abstracción o teórico de los artículos, la Pregunta 3, cinco encuestados de los diez manifestaron que tal nivel fue el apropiado, cuatro que fue aceptable y uno que fueron demasiado abstractos o teóricos. En la versión detallada, cuatro de los cinco encuestados opinaron que el nivel teórico de los artículos preliminares sobre América Latina, #10-22, o sobre Venezuela, #23-27, fue el apropiado, mientras que uno, en cada caso, indicó que fue aceptable. En los artículos introductorios, #1-9, tres apuntaron un nivel teórico apropiado, uno dijo que fue aceptable y otro se abstuvo. En los de nuestras capacidades estructurales, #28-34, uno dijo que el nivel fue el apropiado, tres que aceptable y el otro se abstuvo. Y en los referidos a nuestras capacidades procesales, #35-46, y a nuestras capacidades sustanciales, #47-49 y 51-56, en ambos casos uno indicó que el nivel fue el apropiado, dos que fue aceptable, y dos se abstuvieron. En síntesis, en la versión corta o resumida, sólo un encuestado opinó que los artículos han sido demasiado teóricos, mientras que en la larga o detallada, nadie dijo que los artículos fuesen demasiado o innecesariamente teóricos. Derivamos de todo esto que, pese a que no pareciera haber mayores reproches con el nivel teórico de los artículos, nuevamente son los artículos más aplicados o concretos los portadores del mejor balance conceptual según el juicio expreso de los lectores; y presumimos, además, que, puesto que la última mitad de los artículos del blog ha estado dedicada precisamente a temas más abstractos, esta podría ser, además, una causa del relativo alejamiento, o en todo caso del silencio, de la mayoría de lectores, quienes prefieren inhibirse antes que ponerse a opinar sobre temas que les resultan cuesta arriba. En alguna medida esto no es extraño, pues se deriva de la pretensión, tal vez alocada, de la dirección del blog, de pretender interesar por cuestiones teóricas o de fondo a un público no académico sino de gente común y corriente. Seguiremos echándole coco a este difícil asunto.

Respecto al contenido didáctico o instructivo de los artículos, la Pregunta 4, cinco de los diez encuestados manifestaron que les han parecido ricamente instructivos y cinco que aceptablemente instructivos. En la versión detallada, en cuanto a los artículos preliminares sobre Venezuela, #23-27, los cinco encuestados expresaron unánimemente que les parecieron ricamente instructivos o didácticos. Seguidamente, en los artículos preliminares sobre América Latina, #10-22, cuatro los vieron ricamente didácticos y uno aceptablemente. Los artículos introductorios, #1-9, fueron vistos por dos lectores conocedores del blog como ricamente instructivos, por otros dos como aceptablemente instructivos, y con una abstención. Aquellos referidos a nuestras capacidades estructurales, #28-34, fueron vistos por tres lectores dedicados como ricamente instructivos, por uno como aceptablemente didácticos, con un silencio. Los ligados a nuestras capacidades procesales, #35-46, fueron vistos por dos encuestados detallados como ricamente instructivos, por uno como aceptablemente instructivos, y dos prefirieron callarse. Y los de nuestras capacidades sustanciales, #47-49 y 51-56, fueron vistos por dos lectores avezados como ricamente instructivos, por uno como escasamente instructivos, y con dos pases agachados. (No sobra recordar aquí que, expresamente, se le pidió a los llenantes de la encuesta detallada que, preferiblemente, en caso de que no tuviesen clara su opinión, dejasen en blanco las respuestas). De lo dicho inferimos que, a grandes rasgos y hasta nuevo aviso, nuestros lectores parecieran apreciar el esfuerzo didáctico que conlleva el blog en general, aunque preferirían, permaneciendo otros elementos constantes, una mayor dedicación a los temas más concretamente latinoamericanos y venezolanos, en donde tienen más oportunidad de aprender cosas de su interés. Esto es perfectamente comprensible, dada la nacionalidad y extracción no académica del grueso de lectores que intuimos tiene hoy el blog, y, nuevamente, confiamos en que, poco a poco, los iremos convenciendo de que valió la pena atravesar por estas series más conceptuales para poder, más adelante, calar más hondo en los asuntos latinoamericanos y venezolanos. Apostamos a que llegará un momento en que los artículos más teóricos, que ocuparán buena parte de los espacios del blog en su primer año, quedarán justificados como el marco conceptual de lo que vendrá después. Y, cuando, como confiamos, todas estas ideas puedan ser vaciadas con mayor rigor y elegancia, en una obra impresa, entonces los lectores tendrán la opción, como suele ocurrir con muchos trabajos de investigación y profesionales, o en los ensayos extensos, de saltarse los capítulos más generales o teóricos, o recurrir a ellos solo en caso de necesidad.

Sobre el contenido político de los artículos, la Pregunta 5, seis de los encuestados en Opinando sobre Transformanueca expresaron que les parecieron con el nivel político apropiado, tres los vieron como lo suficientemente políticos, y uno se abstuvo de opinar. Por su parte, en Mejorando a Transformanueca, nuevamente, los artículos preliminares sobre Venezuela, #23-27, resultaron ser lo más granado del blog, con tres opiniones destacando que tuvieron el nivel político apropiado, una apuntando a que fueron lo suficientemente y un mutis. En el caso de la serie preliminar sobre América Latina, #10-22, un encuestado pensó que el nivel político fue el apropiado, dos que fue suficiente y dos se abstuvieron de opinar. En los artículos introductorios, #1-9, así como en los referidos a las capacidades estructurales, #28-34, en ambos casos, uno señaló que el nivel político fue apropiado, dos que suficiente y dos prefirieron callar. Y en los referentes a nuestras capacidades procesales, #35-46, y las capacidades sustanciales, #47-49 y 51-56, sólo hubo, en ambos casos, dos opiniones de que fueron suficientemente políticos, con tres abstenciones. Ni en la encuesta corta ni en la detallada se detectaron síntomas de rechazos al nivel político que hasta ahora ha tenido el blog, aunque parece claro que, gruesamente hablando, los lectores, como en los casos anteriores, preferirían ver al blog menos dedicado a filosofar o teorizar y más a analizar políticamente nuestras realidades concretas, de su más directo interés y con las que están más familiarizados. Se confirma así, aquí, lo que pareciera ser una ley comunicacional universal, a saber, que los lectores adultos de cualquier clase de medios siempre tienden a brindarle más atención a aquello de lo que más saben.

El estilo de redacción de los artículos, Pregunta 6, fue evaluado como ameno o agradable por cuatro de diez lectores encuestados, por tres como satisfactoriamente ameno o agradable, y por tres como rebuscado. Sin embargo, los consultados según la encuesta detallada fueron bastante menos críticos: en los casos de los artículos preliminares sobre América Latina, #10-22, y sobre Venezuela, #23-27, las vedettes del blog, cuatro de cinco plantearon que les resultó satisfactoriamente ameno o agradable el estilo, y uno que le resultó agradable. En los artículos introductorios, #1-9, cuatro de cinco consideraron el estilo satisfactoriamente ameno y uno se abstuvo, mientras que en los referidos a nuestras capacidades estructurales, #28-34, dos expresaron que les pareció satisfactoriamente ameno, dos que ameno o agradable a secas, y uno dejó de opinar. Y, en cuanto a los que parecieran ser los patitos feos del blog, los artículos sobre nuestras capacidades procesales, #35-46, y sobre nuestras capacidades sustanciales, #47-49 y 51-56, se obtuvieron, en cada caso, dos opiniones sobre su amenidad satisfactoria, una sobre su amenidad sin calificativos, y dos mutis. Ninguno de los encuestados detallados planteó que el estilo fuese rebuscado o muy rebuscado. Aquí sentimos, por parte de los lectores menos acuciosos del blog, aunque levemente amortiguado por los más atrevidos y quizás seguidores, un tirón de orejas que no llega a doloroso pero que tampoco es precisamente acariciante, que nos reclama un estilo más llano, accesible y semejante al que encuentran en la prensa y las revistas que frecuentan.

Este es, quizás, el problema más serio en el que tendrán que trabajar desde la junta de accionistas y la dirección del blog, hasta la coordinación, la jefatura de prensa, la redacción, el jefe y los operarios del taller de publicaciones, así como la distribución y promoción, es decir, el servidor de marras y su filial asistente, todos resueltamente ad honórem, hasta corregirlo o si no tirar la toalla. En algún lugar de este medio informal de comunicación probablemente se ha dicho algo parecido a que -¡vamos a rebajarlo de rango!- el aspirante a candidato de bloguero este tiene, por una parte, una nada despreciable experiencia como escritor para sí mismo, no por que tenga esa vocación, sino porque, aparentemente, la vida o no sé quien no le ha dejado otra opción: en ese estilo personaloide, fuertemente influido quizás por gigantes de la redacción compleja como Jean Paul Sartre, José Saramago o James Joyce, pero complicado y sin justificación a fin de cuentas, se ha malacostumbrado a usar un vocabulario relativamente amplio, diverso y sofisticado, que no vacila en crear términos, a la alemana, cada vez que no los encuentra en el diccionario, y en donde, por mostrar sólo botones, emplea como seis tipos diferentes de comillas, tres tipos de puntos suspensivos, tres de subrayados, llaves, corchetes y paréntesis anidados, tintas de distintos colores, papeles y fichas a granel, y pare usted de contar.

Opuestamente, el mismo tipo tiene también una experiencia, medible en los miles de páginas, en materia de escribir informes extensos de investigación, diseño o consultoría para un lector o muy pocos lectores en particular, a los que llama su cliente o usuario nuclear, en donde calibra su léxico y estilo en función de las necesidades de estos, por regla general un dirigente, empresario, gerente o grupo de gerentes y profesionales, privados o más comúnmente públicos, relativamente cultos y competentes, ante quienes escribe muy apoyado en tablas, gráficos y diagramas diversos; o, también, ante seres queridos y bien definidos a quienes les escribe cartas, esquelas, dedicatorias, poemas, álbumes, cuentos, monerías y afines, muy frecuentemente con acompañamiento fotográfico. Pero, en definitiva, y pese a su también considerable experiencia como lector, tiene poca experiencia escribiendo para un público heterogéneo y no especialista sobre temas cuya profundidad inherente se las trae. Por los momentos, mientras nos empeñamos en sacar adelante el proyecto del blog, no vemos otra salida que solicitar indulgencia a los lectores, y paciencia mientras se avanza en la curva de aprendizaje de un más accesible estilo de redacción, que seguramente deberá comenzar por un formato menos complejo de oraciones. (Podría ocurrir también que no logre resolverse este crucial asunto, y que haya que optar, bien por dirigir el blog sólo a un puñados de interesadísimos, o bien por esperar a escribir unos libros que tal vez acojan la posteridad o los insaciables pipotes de basura nacionales).

En lo relativo a la sintaxis y ortografía de los artículos, Pregunta 7, los lectores que accedieron a ofrecernos su opinión no parecieran tener mayores reparos a la manera como ha funcionado esto hasta el presente. Seis de los diez de la encuesta corta manifestaron que les parecían apropiadas y cuatro que aceptables. Todas las respuestas de la encuesta larga coincidieron en señalar que serían apropiadas, con alguna que otra abstención, por lo que no pareciera haber nada fuera de control por este lado.

En cuanto al vocabulario utilizado en los artículos, Pregunta 8, el patrón de respuestas de la encuesta base o corta es semejante, aunque ligeramente menos crítico, al de la Pregunta 6 sobre el estilo de redacción, es decir: cuatro de diez opiniones consideraron justificado el vocabulario, cuatro lo vieron aceptable y dos lo evaluaron como inaccesible. También, análogamente, las respuestas a la encuesta larga fueron más benévolas, pues la casi totalidad de la respuestas se fueron por la opción de justificar el vocabulario, con alguna que otra respuesta indicando su aceptabilidad, y pocas abstenciones al uso. Lo dicho ya para el caso de la Pregunta 6 sería aplicable aquí, con los matices correspondientes y las dificultades para un inmediato mejoramiento ad hoc.

La pertinencia de las fotografías, Pregunta 9, fue considerada apropiada por siete de los diez encuestados cortos, aceptable por dos y sin opinión por uno. Curiosamente, aquí los encuestados largos fueron levemente más críticos, repartiéndose las opiniones entre lo apropiado y lo aceptablemente pertinente, con las consabidas abstenciones esporádicas. No pareciera, entonces, que este rubro amerite correcciones mayores.

Y, por último, en cuanto a la calidad de las fotografías, la Pregunta 10, los resultados de la encuesta corta revelan una sorprendente y absoluta unanimidad de diez respuestas sobre diez en torno a considerarlas buenas. Los resultados de la encuesta larga revelan un consenso parecido, de cinco sobre cinco en la mayoría de las series, aunque con ligeras omisiones ya se podrán imaginar en relación a quiénes... Esto, aparte de que pareciera justificar una nota de congratulación para el departamento de fotografías del blog, también ha generado un tumulto en la reunión de su Junta Directiva, puesto que hay miembros que plantean si no sería preferible sincerar las cosas y convertir al blog en uno meramente fotográfico, para el verdadero y completo beneplácito de los lectores, mientras que otros postulan que eso sería una especie de traición a Transformanueca; otros más plantean que las fotografías podrían ser la clave para hacer que sobreviva el blog mientras llega la época de las vacas más concretas y menos teóricas, y todavía otros más proponen un blog paralelo exclusivamente fotográfico. Mientras esperamos el humo blanco correspondiente, no nos queda sino aceptar que si hay alguna esfera que no debiera sufrir modificaciones en el porvenir cercano, pareciera ser esta de la calidad de las fotografías (aunque se le advierte cortesmente a los fotógrafos del blog que bajo ninguna circunstancia deben dormirse en los laureles o echárselas al hombro...).

Para irnos a descansar -y menos mal que le llenaron nada más que diez formularios a la tal Transformanueca, pues ¿se imaginan ustedes cómo habría sido la alharaca y la extensión del artículo si hubiesen sido 8764 encuestas...?-, lo que nos queda es recapitular con una reflexión final. Indudablemente, esto de escribir para lectores heterogéneos con diferencias drásticas en sus niveles de familiaridad con las ideas de uno, historias diferentes, experticias diversas, ideologías variadas, inteligencias múltiples, expectativas disímiles, criticidades dispares, y miles de dicotomías más para escoger, es definitivamente un desafío superlativo, sobre todo para quienes tenemos desde hace décadas la cabeza gastada de pensar y las manos callosas de escribir, pero no, hasta ahora, para los lectores del gran y anhelado mundo real de un subcontinente con siglos de dependencias, poses y molicies de toda laya a cuestas. Al responder a tal desafío, se sufre y se goza hasta revolcarse uno de lo que quiera, pero, por los momentos, no se vislumbran otras opciones o, como se dice ahora en Venezuela: "eso es lo que hay". Las soluciones fáciles son las quijotescas, creerse un iluminado del Olimpo y echarle la culpa a los demás por su incomprensión, o las sanchescas, conseguirse lectores como sea, hallar una isla Barataria de quienes lo lean a uno sin importar en nombre de qué. Lo difícil es seguir adelante, hasta que alguien se canse o se retire del juego: los lectores o el suscrito.

Mientras tanto, mientras se mantengan los ánimos y a través de los desconciertos, le doy mis más entrañables gracias a mi hijo Edgar Fernando, por su apoyo mucho más que técnico, a todos los lectores que llenaron las encuestas para apoyarnos, y a todos los que, al leer este artículo, ahora o quién sabe cuándo, sientan que les hubiese gustado llenarla o que se perdieron de algo si no valioso, al menos interesante o, como mínimo, humano. La microgesta que intentará sortear escollos entre el idealismo quijotesco y el realismo sanchesco, aprendiendo hasta de las minucias de una encuesta de diez respuestas, con humildad pero con dignidad, y contribuir a transformar las capacidades de nuestra Latinoamérica y ayudarla a salir del marasmo, que a veces pareciera gustarle, continuará en su empeño.

martes, 28 de abril de 2009

Acerca de este blog o cuaderno de bitácora (II)

Nuestro Diccionario de la lengua española, aunque en su más reciente edición (la 22a) no menciona el término blog, sí trae una interesante definición de cuaderno de bitácora como un término marino que significa "Libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación". Esto me ha parecido apropiadísimo como guía o Leitmotiv de lo que me propongo: reseñar mis reflexiones de larga y permanente data acerca del rumbo, es decir, el norte o haciadónde de los esfuerzos teóricos y prácticos adelantados en el empeño por ayudar a construir una América Latina, y particularmente una Venezuela, de la que, por decir algo, podamos sentirnos espontáneamente orgullosos sin necesidad de dar justificaciones o sentirnos obsesivos; en torno a la velocidad de los avances, retrocesos, logros y frustraciones alcanzados con tales esfuerzos, a lo largo de una variada gama de vivencias; sobre las maniobras o experiencias singulares acometidas en el mismo empeño; y también acerca de los accidentes sufridos u obstáculos enfrentados en esta singular navegación.

Puesto que buena parte de los esfuerzos de cambio adelantados en nuestro subcontinente parecieran inspirarse en la definición inversa, es decir, que subrayan por encima de todo la naturaleza de los enemigos o accidentes del cambio en América Latina, luego insisten en las maniobras tácticas para enfrentar a tales enemigos, luego, con mucho menor énfasis, en el avance de los procesos impulsados, hasta terminar desentendiéndose o no ocupándose con propiedad del rumbo o norte a seguir, al que se supone obvio o se bautiza con alguna gran palabra, da la impresión de que en tal coro no debería sobrar una voz empeñada en discutir antes que nada el rumbo de nuestras transformaciones.

La filosofía o principio inspirador del cuaderno será la que ya he querido resaltar con su título, que probablemente también será algún día el de un ojalá no tan extenso y no póstumo libro en el que he trabajado por tantos años de mi vida: Transformando nuestras capacidades, con lo cual quiero decir que he llegado a la conclusión de que el gran reto de los latinoamericanos para satisfacer las necesidades que soportamos, realizar las libertades que merecemos y asumir u obedecer las fraternidades que nos son inherentes como humanos, está en concentrarnos en la transformación de nuestras capacidades, abriendo un cauce para la convergencia superadora de las múltiples ideologías, talentos, destrezas, culturas, fuerzas sociales y recursos con que cuenta nuestra América, hoy atenazada entre el seguidismo y la subordinación a grandes fuerzas transnacionales versus el negativismo de quienes pretenden empezar la construcción de nuestras naciones desde cero.

No está claro, sin embargo, para el momento de escribir estas primeras líneas del cuaderno, como responder a las expectativas de quienes tanto me han aupado a difundir estas ideas, pidiéndome además que lo haga de manera breve y sencilla, o de lectores potenciales que querrán tener respuestas a las infinitas preguntas que pueden bullir en una mente despierta ante anuncios como los que anteceden, de nada menos que hacer aportes para la construcción de nuestra América Latina.

Sólo les pido un poco de paciencia, a sabiendas de que ello no es fácil, y una dosis de indulgencia o de beneficio de la duda, pues quizás sea exagerada o injustificadamente ambicioso lo que me propongo. Es probable que sobre la marcha y con la experiencia por ganar eche mano de otras herramientas, como publicaciones impresas, sitios adicionales o canales de comunicación en la red, o afines.

Pero mientras tanto, ya no soporto, y tampoco otros, no empezar el viaje o dejar de garabatear en este singular e impresionantemente accesible cuaderno de bitácora, en donde con palabras, sonidos, imágenes, diagramas y qué se yo intentaré comunicarme con mis quién sabe cuantos destinatarios. Seguiremos en contacto. En cualquier caso nunca olviden que los quiero mucho.