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viernes, 7 de mayo de 2010

Elecciones colombianas (y III): La propuesta del Partido Verde

Tanto nos han gustado la amplitud y riqueza de ideas y el tino político de la propuesta de gobierno de Mockus/Fajardo y el Partido Verde colombiano, y tan convencidos estamos, más allá de diferencias que podamos tener con sus objetivos y estrategias a muy largo plazo, de que toda América Latina, y especialmente Venezuela, pueden aprender mucho de esta esperanzadora experiencia, que nos ha parecido procedente ofrecer a nuestros lectores el texto completo del documento La propuesta del Partido Verde: La unión hace la fuerza: Juntos por la legalidad democrática, que no tiene pérdida alguna. (Sólo le hemos añadido, al final de cada punto, algunos comentarios de Transformanueca, que distinguiremos en cursivas. No está de más recalcar que se trata simplemente de un programa de gobierno para cuatro años, y no de los principios filosóficos o del plan estratégico de un partido político a largo plazo).

La Propuesta del Partido Verde:
La Unión Hace la Fuerza: Juntos por la Legalidad Democrática
  1. EDUCACIÓN Y CAMBIO CULTURAL: EL MOTOR DE LA TRANSFORMACIÓN DE COLOMBIA La educación y el cambio cultural constituyen el eje central de nuestra propuesta. Serán el punto de partida para contrarrestar la violencia, la ilegalidad, la desesperanza, la pobreza y la informalidad, mediante oportunidades sociales y económicas legítimas. Más claro no canta un gallo: y por si fuese poco valioso este primer y principal punto, resulta que está avalado por el calibre de la formación, la trayectoria y los resultados previos obtenidos por los líderes, Mockus y Fajardo, más su equipo de Garzón, Peñalosa y otros, que el partido está postulando para dirigir la nación. Nos ha impresionado gratamente ver como se le asigna a la educación y la cultura un rol predominante para la erradicación de los males seculares de Colombia, y como se entiende a la informalidad económica y social como un problema y no como una oportunidad para la captura cautiva de votos.
  2. GOBIERNO EJEMPLAR: LEGALIDAD, JUSTICIA Y TRANSPARENCIA EN LA POLÍTICA Y EL EJERCICIO DE LO PÚBLICO Queremos seguir transformando la forma de hacer política en Colombia. Proponemos una política basada en la confianza entre las personas y en las instituciones, donde la transparencia, la participación, la inclusión, el intercambio de argumentos, el control social y la gestión pública admirable sean los pilares de una auténtica democracia. Impulsaremos un frente común contra la corrupción. El Estado que buscamos es un Estado respetuoso de la Constitución y de la ley, en el que el manejo de los recursos públicos sea eficiente, transparente y justo. Haremos de nuestro ejercicio político un ejemplo para los servidores públicos y los ciudadanos. Nuevamente aquí, con un enfoque indudablemente sistémico, a años luz de la Seguridad democrática de Uribe, Santos y compañía, se establecen las bases para la creación de un nuevo tejido de relaciones sociales, sin el cual cualquier política militar, humanitaria, de negociación, de canje de prisioneros, etc., carece de piso sólido. Todo lo aquí afirmado está también consistentemente respaldado por la trayectoria pública de los candidatos.
  3. SEGURIDAD Y JUSTICIA AL SERVICIO DEL CIUDADANO: LEGALIDAD DEMOCRÁTICA La protección de la vida es el propósito fundamental de nuestra política de seguridad, que tendrá un enfoque integral, preventivo, participativo y corresponsable entre la sociedad y el Estado. La justicia por mano propia será institucionalmente perseguida y socialmente rechazada. Se tendrán como guías la Constitución y las leyes, en especial el respeto por los derechos humanos. Dos colombianos cualesquiera se reconocerán unidos por el deber de acogerse a la misma Constitución. Reforzaremos la presencia del Estado en todo el territorio nacional, no sólo con la Fuerza Pública, sino con un sistema de justicia que cuente con fiscales y jueces idóneos e insobornables, reconocidos y respaldados por la comunidad, con el propósito de crear un ambiente de seguridad y bienestar que permita generar desarrollo y abrir puertas a las oportunidades legítimas. Promoveremos el empoderamiento de los ciudadanos para tramitar y resolver sus conflictos por mecanismos legales. Sin un sistema imparcial de justicia y seguridad al servicio del ciudadano, la democracia se convierte en una entelequia. ¿De qué me sirve el derecho constitucional al trabajo, si cuando disiento del gobierno, tal y como ha ocurrido en los gobiernos colombianos del pasado, así como en la cuarta y la quinta república venezolanas, se me margina en una lista negra y no puedo conseguir empleo? ¿Qué significa el derecho a la vida si cuando a las FARC o a los paramilitares les sale del forro mandan a matar a quien sea? ¿Qué significa en Colombia la libertad si a Ingrid Betancourt, pacifista y ecologista que andaba en busca de una salida pacífica al conflicto armado colombiano, la secuestraron cuando iba en busca de diálogo con las FARC y la mantuvieron en condiciones infrahumanas de vida por más de seis años?
  4. LA SOCIEDAD QUE QUEREMOS: CON CALIDAD DE VIDA, SIN HAMBRE Y SALUDABLE Todos y todas, sobre todo los niños y niñas, debemos gozar de niveles básicos de salud, vivienda, seguridad alimentaria y nutricional, cobertura en agua potable y saneamiento básico. De acuerdo con nuestro principio de construir sobre lo construido, nos aseguraremos de que la presencia del Estado en todos los municipios de nuestro país se traduzca en mejoras en la calidad de vida de todos. Pondremos en marcha el Programa Colombia sin Hambre para ayudar a los sectores más pobres y vulnerables a superar los factores estructurales de la pobreza. Una vez definidos los alcances más generales de la Propuesta, se aborda la esencial cuestión de la satisfacción de las necesidades básicas, y particularmente de la seguridad o libertad alimentaria, sin las cuales cualquier proyecto transformador se convierte en mera habladuría. Acertadamente, se hace del ataque al flagelo del hambre un puntal del cambio social, y se le reconoce su dimensión estructural en el sustrato que soporta todo el pandemónium de pobreza, violencia y desesperanza que por al menos un siglo ha azotado a Colombia.
  5. CALIDAD DE VIDA PARA LAS MUJERES E IGUALDAD DE GÉNERO: DESARROLLO PARA EL PAÍS Las mujeres constituyen más de la mitad de la población de nuestro país y son base fundamental de la democracia y el desarrollo. Colombia necesita adquirir un compromiso real, efectivo y equitativo con las mujeres mediante políticas públicas capaces de vencer los obstáculos al pleno ejercicio de sus derechos, y que les permitan incidir directamente en la agenda del país. Fortaleceremos la inclusión, respetaremos la diversidad y reconoceremos el papel protagónico que tienen las mujeres, a través de acciones orientadas a asegurarles una vida digna, su desarrollo integral, su seguridad y protección, y su participación social y política. Dichas acciones de cambio cultural se concretarán en el acceso a servicios y oportunidades y en estrategias de educación, información y comunicación. Para garantizar la voluntad y legitimidad de la política de igualdad, nos comprometemos a crear el Ministerio para las Mujeres y la Igualdad de Géneros, como instancia de primer nivel que gestione y garantice una agenda pública incluyente y sostenible social y económicamente, con amplia participación de los movimientos sociales de mujeres y de la sociedad en su conjunto. Sin la revalorización de la mujer y de lo femenino, las sociedades de clases, que en definitiva son sociedades machistas, se refuerzan y perpetúan. Sólo con la igualdad y el respeto entre los géneros podremos avanzar hacia una verdadera y profunda transformación civilizatoria. El simple nombre que se propone para este Ministerio sugiere que el Partido Verde realmente entiende de qué está hablando.
  6. JÓVENES CIUDADANOS: UNA OPORTUNIDAD PARA COLOMBIA
    El reconocimiento y la inclusión de las y los jóvenes como sujetos centrales de la democracia será clave para el desarrollo sostenible del país. Gestionaremos políticas públicas intergeneracionales, de género, con enfoque de derechos y de población para lograr reducir las múltiples inequidades que afectan a la juventud. Nuestras herramientas principales serán el acceso a una educación pertinente y de calidad, a la cultura, la promoción de hábitos de vida saludables y el acceso al empleo legal y formal. Generaremos condiciones y oportunidades en las que puedan tomar decisiones libres y responsables en torno a su permanencia en el sistema educativo, al cuidado de su salud, a su vida sexual y la formación de una familia, y a las diversas formas de participación política en el país. De nuevo, con la valorización del rol de la juventud en países jóvenes como los nuestros, y con la reiteración del papel de la educación, la cultura y el trabajo en la búsqueda de alternativas al mundo del tráfico de drogas y el sicariato, nos luce que se está poniendo el dedo en la llaga de los problemas colombianos, expresión concentrada de los latinoamericanos.
  7. NIÑAS Y NIÑOS NUESTRA PRIORIDAD: COLOMBIA UNA NUEVA GENERACIÓN La mejor estrategia para lograr la equidad en Colombia es mejorar la atención, cuidado y condiciones de vida de los niños y niñas. Impulsaremos la educación sexual y reproductiva para promover la concepción de niños y niñas deseados y prevenir el abandono infantil. Impulsaremos programas gratuitos de cuidado integral formal con personal altamente calificado para las poblaciones más vulnerables, así como programas de apoyo y asistencia a los padres en buenas prácticas de crianza salud y nutrición. Desarrollaremos políticas diferenciales e intergeneracionales para la niñez e incrementaremos significativamente los recursos para asegurar su acceso a la salud, nutrición, la educación y el registro civil. Facilitaremos espacios físicos para el libre desarrollo físico, intelectual y emocional de los niños y niñas, particularmente en la primera infancia. La inversión en los niños de 0 a 5 años será prioritaria. Fortaleceremos los contextos familiares, educativos y comunitarios como entornos protectores de la infancia y protectores de la ciudadanía y trabajaremos por el mejoramiento de los ingresos familiares. Buscaremos que el maltrato, la violencia sexual, la explotación laboral, la vinculación a la guerra, y cualquier otro acto que afecte su dignidad, integridad y libertad sea castigado cultural, moral y legalmente, La felicidad de los niños y las niñas es la base de una sociedad exitosa. Otra vez se apunta aquí a la erradicación real del morbo de la violencia: la paternidad irresponsable, tan alcahueteada por tantos politicastros que temen perder los votos de quienes la practican, y sus consecuencias inevitables, el debilitamiento de la estructura familiar, la violencia familiar, y, por último, la desintegración de la familia, constituyen un caldo de cultivo ideal para la proliferación de los comportamientos sociales violentos. Mientras la sociedad se niegue a distinguir el goce sexual de la procreación será inevitable que demasiados niños y niñas vengan al mundo en condiciones no deseadas y de funestas consecuencias.
  8. POR UNA ECONOMÍA INNOVADORA Y PRODUCTIVA CON OPORTUNIDADES PARA TODOS La generación de oportunidades es un requisito indispensable para avanzar hacia una sociedad justa y próspera. Una política económica ordenada, eficiente y equilibrada hará factible nuestra apuesta por la educación, la tecnología, la ciencia, la innovación, el emprendimiento y la cultura como motores del desarrollo del país. Con instituciones sólidas y bien articuladas y respeto a la estabilidad jurídica, impulsaremos la transformación del sistema productivo y una dinámica inserción de nuestra economía en el ámbito internacional. Reduciremos la informalidad para asegurarnos de integrar al mayor número de personas a una fuerza laboral próspera, productiva y competitiva. De nuevo claridad y más claridad en torno a la importancia de la capacitación para la producción, la productividad y la innovación, en oposición a la ilusión de un Superestado y un Superlíder que se hacen cargo de los pobres y los mantienen.
  9. POLÍTICA INDUSTRIAL Y AGRÍCOLA INNOVADORA, GENERADORA DE RIQUEZA Y EMPLEO DE CALIDAD Recuperaremos la política productiva para el sector servicios, la industria, el comercio y el turismo. Fortaleceremos el mercado interno, protegeremos industrias nacientes, y potenciaremos una institucionalidad adecuada para el reto de la inserción en la economía regional y global. Orientaremos los recursos y las políticas públicas para promover la innovación e impulsar los sectores prioritarios, para asegurar un desarrollo sustentable y favorecer la generación de empleo. Más sobre la importancia de la transformación económica como soporte de una sociedad más justa, y sobre la agregación de valor, con claras prioridades sectoriales, a los recursos nacionales. Sin un mercado interno sólido no puede haber, hasta dentro de quizás algunos siglos, ninguna clase de desarrollo sostenible o sustentable ni inserción que valga la pena en una economía global a la que inevitablemente tenemos que conectarnos.
  10. COMPETENCIAS Y GENERACIÓN DE OPORTUNIDADES: POR UN EMPLEO DIGNO Y PRODUCTIVO Para generar empleo y para generar la calidad del empleo existente es condición crecer de manera sostenida a un ritmo de más del 4% anual. Para asegurar un empleo formal y productivo se requiere un gran esfuerzo público y privado en educación y convertir el talento y el conocimiento en alternativas de vida y generación de ingresos. Se requieren políticas públicas que promuevan y apoyen procesos de formalización laboral y empresarial y fortalezcan las acciones en educación, ciencia y tecnología, emprendimiento e innovación. De nuevo, pero sin redundar, el énfasis en la dignificación del empleo y el talento creativo, o, como lo diría Transformanueca, en la transformación de capacidades.
  11. LA FUERZA DE LAS REGIONES: PROTAGONISTAS DEL DESARROLLO
    Nuestra política de desarrollo regional buscará la inclusión y la equidad regional. Consolidará a las regiones como entes gestores de su propio desarrollo, sobre la base del fortalecimiento de la descentralización, la integración, la corresponsabilidad de la nación y las entidades territoriales, y la inversión pública y privada en programas productivos generadores de empleo y riqueza regional. Privilegiará a los ejes de educación, ciencia y tecnología y productividad para disminuir las inequidades regionales. El plan nacional de desarrollo especificará la estrategias para el desarrollo sustentable. Cada una de las regiones de Colombia, a través de la elaboración de agendas de desarrollo territorial: regionales-departamentales-municipales será autónoma en definir sus prioridades y estrategias de desarrollo y la nación privilegiará acuerdos para guiar su intervención. Mientra que la centralización es esencial para todos los absolutismos, autoritarismos y mercantilismos, la descentralización progresiva es esencial para la edificación de cualquier sociedad moderna.
  12. MEDIO AMBIENTE SALUDABLE Y SOSTENIBLE: CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD, ENERGÍAS ALTERNATIVAS Y CONSUMO RESPONSABLE Defenderemos, preservaremos y conservaremos la fuente de vida, los recursos naturales y la biodiversidad. Promoveremos el desarrollo y el uso de energías limpias, nuevas y alternativas; impulsaremos la creación de una cultura ambiental, de consumo racional y responsable. Haremos frente a los principales riesgos ambientales de origen natural o humano. Pondremos en marcha planes nacionales de manejo de residuos sólidos, de educación para el consumo responsable de agua, energía y combustibles y adoptaremos una política de manejo pedagógico de los riesgos y la emergencia ambientales. Daremos coherencia y eficacia a la acción estatal sobre los usos del suelo urbano y rural para que sean ambientalmente sostenibles. Sin el cuidado y la protección del ambiente, y sin el desarrollo de una conciencia sobre el valor de los recursos ambientales, estamos cavando nuestra propia sepultura civilizatoria.
  13. DIGNIFICACIÓN DE LA VIDA EN EL CAMPO: DESARROLLO RURAL MODERNO, PRODUCTIVO, INCLUYENTE Y SOSTENIBLE El progreso y el desarrollo de la vida rural son condición necesaria para el desarrollo armónico de la nación. De la mano de los municipios y departamentos desarrollaremos programas de desconcentración y mejora en el uso sostenible de la tierra. Priorizaremos el incremento de la capacidad institucional en la titulación de la tierra. Concentraremos los recursos públicos para el campo en la financiación de bienes y servicios públicos esenciales. Impulsaremos el desarrollo rural mediante el fortalecimiento y la diversificación de sus vocaciones productivas, sobre la base de organizaciones solidarias y PYMES y mejoraremos la conectividad física y tecnológica. Tendremos como objetivo el desarrollo más amplio y profundo del territorio y de los habitantes del campo. Sin la dignificación de la vida en el campo no es posible la dignificación de la vida en general, y es inevitable una mescolanza de estilos de vida, con cinturones de miseria rural alrededor de las ciudades, en donde todos salimos perjudicados.
  14. CIUDADES HUMANAS: ESPACIOS PÚBLICOS Y SERVICIOS PARA LA GENTE Buscaremos que nuestras ciudades sean sostenibles, compactas, con programas de calidad de agua y aire, servicios públicos de alta calidad y eficiencia. Promoveremos el aumento de espacios públicos e infraestructura para la educación, la cultura, la salud y la convivencia. Emprenderemos una acción estatal coherente y eficaz sobre los usos del suelo urbano y tendremos una política dinámica para la intervención en las tierras urbanas para la vivienda. Con criterios de responsabilidad y sostenibilidad fiscal, promoveremos sistemas de transporte público eficientes. Lo más bello para los más humildes. En la inseguridad y la falta de espacios realmente públicos no prosperan sino el estrés, el egoísmo y la violencia. ¡Qué belleza la que encierra esta frase de "lo más bello para los más humildes"!
  15. RELACIONES INTERNACIONALES BASADAS EN EL RESPETO, LA RECIPROCIDAD, LA INTERDEPENDENCIA Y LA CONVENIENCIA NACIONAL La relaciones internacionales tendrán como base el respeto a la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos, la pluralidad, la diversidad y el reconocimiento y cumplimiento de los principios, tratados y acuerdos multilaterales aceptados por Colombia. Nuestra relación política con los países será de Estado y no de gobierno o de personas. Fortaleceremos la instancias multilaterales como escenarios democráticos para la resolución de diferencia entre países y promoveremos la diversificación de la interdependencia de las relaciones con todos los países del mundo, más allá de los acuerdos de los asuntos comerciales. Para un programa de gobierno de cuatro años esto es más que suficiente. En cambio, rendirse a los pies de Imperios, o pretender derrocarlos, o hacer de la adulación, o el enfrentamiento, a superpotencias el Leitmotiv de una gestión gubernamental o de la vida de pueblos pobres y plagados de necesidades insatisfechas, es un pasaporte seguro al mantenimiento del insoportable statu quo en nombre de proyectos imposibles.

martes, 4 de mayo de 2010

Elecciones colombianas (II): ¿Una luz al final del tunel?












La fórmula Antanas Mockus / Sergio Fajardo es la única que, claro que a nuestro parecer, da en el clavo disparador de la posibilidad de una verdadera superación de la secular espiral viciosa entre la violencia y los parches políticos en Colombia. Mientras que las opciones de Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos y Rafael Pardo auguran la exacta continuación de más de lo ya visto, y las de Noemí Sanín y Gustavo Petro, pese a su carga de buenas intenciones y antecedentes, revelan limitaciones e incomprensiones que nos lucen se traducirán en más tropiezos y estancamientos, las novedosas y creativas propuestas de este par han terminado por casi conjurar, al decir de la consigna utilizada por Fajardo en Medellín, nuestros miedos y trocarlos en esperanzas.

Si las posturas de los tres primeros candidatos mencionados no salen del esquema de echarle la culpa a la guerrilla e intentan, truculentamente, absolver al gobierno, los terratenientes, los narcotraficantes de cuello blanco y los paramilitares, y las dos segundas enfatizan la vía de las negociaciones y concesiones mutuas, que seguramente conducirían a un tortuoso e incierto proceso de paz, Mockus y Fajardo han centrado, sistémicamente, su atención en la problemática educativa, cultural y productiva que subyace a todo el drama colombiano, como versión potenciada y extrema del drama latinoamericano. Mientras prevalezca la cultura del "Todo vale" y ninguna actividad económica pueda competir ni de lejos con los atractivos de enriquecimiento inmediato del tráfico de cocaína, el secuestro o el sicariato no habra paz perdurable en Colombia, y esto es lo que, como nadie y con base en singulares experiencias, ellos han entendido y le están explicando elocuente y eficazmente a los colombianos de todas las corrientes, con una receptividad que les ha permitido, cual batacazo y sin las maquinarias y los recursos de los otros, remontar desde un 30% de desventaja a fines de marzo, respecto de su principal rival Santos, hasta un margen de ventaja de más de 12%, para el momento de escribir estas notas.

Antanas Mockus (Bogotá, 1952), de ascendencia lituana y nombre completo inverosímil, es un intelectual, profesor, filósofo, matemático, político y contestatario colombiano, que viene de ser Rector General de la Universidad Nacional y dos veces Alcalde de Bogotá (cargo usualmente considerado en Colombia como de importancia sólo por debajo de la Presidencia de la República). En su brillante carrera académica en el Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá, en Matemáticas y Filosofía en la Universidad de Dijon, Francia, en una maestría en filosofía en la Universidad Nacional de Colombia, y con doctorados Honoris Causa de las Universidades de la Sorbona (París XIII) y Nacional de Colombia, terminó por especializarse en la comprensión profunda de la problemática del ejercicio democrático en la sociedad moderna. Su tesis magisterial se tituló: Representar y disponer: un estudio de la noción de representatividad orientado hacia el examen de su papel en la comprensión previa del ser como disponibilidad. Si bien no hemos logrado conocer, hasta hoy, su contenido, podemos intuirlo como altamente relevante y valioso a partir de las tesis políticas derivadas, y seguramente fundadas en tal monografía, que aquí estamos comentando. Como culminación de esta trayectoria académica desempeñó, entre 1990 y 1993 los cargos de Vicerrector Académico, primero, y luego Rector General de la Universidad Nacional de Colombia, en donde adelantó importantes reformas académicas y políticas de bienestar estudiantil y docente, a la par que se hizo de un perfil de personaje poco convencional al acudir a su despacho en bicicleta o protestar, en un auditorio en donde un grupo de exaltados le impedía tomar la palabra, bajándose los pantalones y mostrandoles desafiantemente su fundillo.

Con el prestigio y la notoriedad así ganados, en 1994 inicia su carrera política lanzándose como candidato a la Alcaldía de Bogotá, con una singular campaña escasa en publicidad pero sobrada en ideas y contenidos, en donde le explicó a, y resultó comprendido por, los electores la doctrina de funcionamiento alternativo de la ciudad en base a la que denominó "Cultura ciudadana". Rodeándose de académicos en lugar de políticos convencionales, logró sanear las finanzas distritales con una pulcra ejecución presupuestaria, profundizó la reforma del sistema de transporte urbano, con su correspondiente alto impacto en la calidad de la vida urbana bogotana, atreviéndose incluso a impulsar el por muchos temido aumento en el precio de la gasolina, alcanzó una reducción significativa de las muertes violentas restringiendo el uso de pirotécnicos y el consumo de alcohol (con su famosa Hora zanahoria), y demostró sus dotes de pedagogo público al impulsar una exitosa campaña de ahorro voluntario de agua. En 1997 renunció a su cargo de Alcalde y lo dejó en manos de su equipo de académicos, para lanzarse como candidato a la Presidencia, pero luego optó, ante la falta de recursos, por ir, con Noemí Sanín, representante de los estamentos políticos tradicionales, al cargo de Vicepresidente. Durante todo este período no cesó de apelar a los recursos contestatarios, ahora en desuso, pero bien conocidos por la generación del 68 en aquellos sesenta y setenta: en una confrontación con el candidato liberal Horacio Serpa, para evidenciar su hipocresía, le arrojó agua en la cara. En 2000, incluso tras pedir perdón al electorado bogotano por haber renunciado a su cargo de Alcalde, recupera su imagen de político distinto al estamento tradicional, repite su sustancioso estilo de campaña y logra derrotar a la ex-ministra María Emma Mejías, regresando a la alcaldía. Esta vez se concentra en continuar dearrollando y ampliando el efectivo sistema Transmilenio, sistema superficial de transporte urbano rápido masivo construido e impulsado durante la gestión anterior de Enrique Peñalosa.

Desde que culminó su segunda gestión de alcalde, se ha dedicado, pese al ambiente de polarización creado por el uribismo, a construir una fuerza política a partir de lo que llama una minoría "extraña pero valiosa". Apenas en septiembre pasado se afilió, junto con los también exitosos ex-alcaldes Luis Eduardo "Lucho" Garzón y Enrique Peñalosa, al Partido Verde, con quienes compitió y a quienes venció limpiamente en primarias, en marzo pasado, por la opción a la candidatura presidencial. El Partido Verde es una adaptación colombiana de la corriente del Partido Verde Europeo que, como ésta, no resulta fácil de definir en los términos convencionales de izquierda versus derecha. Mientras que para muchos se trata de una opción de centro, en virtud de que no se proclama abiertamente en favor del socialismo ni de las clases desposeídas, y de que sus propios fundadores la han definido así, para ofrecerse como alternativa a la viciosa polarización entre una derecha pro-estatus y una izquierda siempre demasiado coqueta con la guerrilla, para nosotros es una opción claramente de nueva izquierda, mucho más radical que la socialdemocracia o el socialismo democrático convencional, con raíces, como veremos en un próximo artículo, en la ideología libertaria y crítica del Mayo francés y sus afines. El partido es también descendiente del llamado Partido Verde Oxígeno creado en 1998 por Ingrid Betancourt, y cuyo ascenso, también impregnado de un espíritu contestatario en ruptura con el tradicionalismo político colombiano, se vio truncado tanto por el conocido y prolongado secuestro de su fundadora como por la marea polarizadora desatada por el uribismo.

Sergio Fajardo Valderrama (Medellín, 1956), quien acompaña a Antanas Mockus con carácter de candidato a la Vicepresidencia colombiana, es el increíblemente exitoso ex-alcalde de Medellín, en el período 2004-2007, que tiene en su haber la que probablemente sea la más efectiva gestión gubernamental local de todos los tiempos de la hermana república y cuidado si también en el ámbito latinoamericano contemporáneo. Sergio logró, en su breve tránsito por Medellín, nada más y nada menos que convertir la ciudad más violenta del mundo, con un índice de homicidios de 350 por cada cien mil habitantes, más del cuádruple del ya record olímpico mundial colombiano, en una ciudad latinoamericana normalmente violenta con un índice por debajo de 30 crímenes sobre la misma base. Licenciado y con una maestría en Matemáticas de la Universidad de los Andes, Bogotá, y un doctorado en la Universidad de Wisconsin, EUA, realizó inicialmente una carrera académica en la Universidad de los Andes, fue miembro del Consejo Nacional de Ciencias Basicas y, desempeñó, entre otros cargos, el de Director del Centro de Ciencia y Tecnología en Antioquia. También ha acumulado una interesante experiencia periodística en periódicos como El Colombiano y El Espectador, y ha actuado a través de la televisión antioqueña y la cadena Caracol Radio. Pero, por encima de todo, este caballero, inclusive con un cabildo opositor, fue quien concibió y puso en práctica su programa "Medellín: del miedo a la esperanza", que, con una inversión de más del 40% de su presupuesto en educación e intervenciones intensivas en las comunidades antioqueñas más pobres, cambió la vida de la por poco y Sodoma ciudad de Medellín.

Si Transfor- manueca alguna vez ha tenido dudas acerca del poder transfor- mador de la educación y de la capaci- tación para la ciudadanía, el ejercicio ético y el trabajo productivo, la experiencia de Sergio Fajardo, que venimos reseñando desde los primeros meses del blog, se las ha disipado. Buscando términos de comparación con las experiencias venezolanas, lo único parecido que hemos hallado ha sido el movimiento de las sinfónicas infantiles y juveniles impulsado por el Maestro Abreu, con la diferencia de que en el caso de la experiencia paisa el énfasis ha estado en la capacitación para el emprendimiento, la producción, la productividad y la pacificación. Mediante una andanada de originales iniciativas, siempre centradas en esfuerzos educativos: "Medellín, la más educada", "Compromiso de toda la ciudadanía", "Medellín transparente", "Concurso de capital semilla", "Semilleros de emprendimiento", "Medellín, mi empresa", "¿Por qué Medellín?", "Cultura ciudadana para la convivencia pacífica", "Espacio público: un bien público", y atreviéndose a negociar desde una posición ética y no pragmática con todas las partes involucradas en el conflicto armado, Sergio y sus seguidores impactaron irreversiblemente la cultura y el modo de vida de los medellinenses.

La conjunción de estos dos enfoque solapados y complementarios, educativo y ético, por un lado, y otra vez educativo, y productivo, por otro, ha dado lugar a una propuesta de gobierno que ha logrado, en apenas poco más de un mes, inspirar la confianza de los electores, hacerse con el primer lugar de simpatías previas a los comicios del 30 de este mes, y abrigar extraordinarias opciones de triunfo en la segunda vuelta. Por primera vez en demasiado tiempo, vemos surgir en Colombia una opción que apunta a extirpar desde sus raíces más hondas la aparentemente incurable enfermedad colombiana.

Enfermedad que, bajo apariencias de normalidad e incluso de lozanía, ha ocultado el extravío, desamor, escisión, dolor, fractura, abandono, irrespeto, adicción, corrupción, injusticia, atropello, crímen, impunidad, saqueo, elitismo, exclusión, venganza, ilegitimidad, ilegalidad... que en la nación más que fraternal y casi melliza de la venezolana, lleva ya mucho más de un siglo, y quizás hasta cinco veces eso, con no pocos contagios allende la frontera. La soledad colombiana, recontada en cien años por el Gabo, viene a ser sólo una resultante, un compendio, que crudamente epitoma el drama de toda América Latina, donde pareciera que, en despecho por no poder alcanzar el paraíso para sí, sus conquistadores y élites hubiesen querido edificar el mismo infierno para todos. La anterior Nueva Granada es una radiografía sangrante del fracaso de quienes se han creído superiores, por construir una sociedad mitad humana, para sí, y mitad inhumana para el resto de los supuestamente inferiores.

Sin embargo, este grotesco orden latinoamericano, está viviendo, como nunca antes, un continental sacudimiento transformador, que esta vez no trata de movimientos armados a lo quítate tú para ponerme yo, sino de un impulso por erradicar verdadera y simultáneamente tanto la pobreza como su reverso, es decir, toda la gama de tentaciones e ilusiones para huir de ella a como dé lugar. Y se nos ocurre que en Colombia, en donde más bajo han caído las perversiones de crear una sociedad clasista extrema en América Latina, podría estar emergiendo la más esperanzadora promesa. De más está decir que ahora nuestro nuevo miedo, el de que las fuerzas del singular statu quo colombiano, que no excluye a las FARC, puedan abortar este hermoso sueño, está palpitante, sobre todo si añadimos que, si llegasen a asesinar a nuestros héroes, podríamos asistir a una edición corregida y ampliada de la tragedia de Gaitán...

viernes, 30 de abril de 2010

Elecciones colombianas (I): ¿Una luz al final del tunel?

No sería ni mala idea, queridos lectores, si no están muy apurados, que le echaran una miradita (nada más que con hacer clic en el hipertexto siguiente, y luego, con la flechita aquella arriba y a la izquierda de la pantalla, se regresan acá) al artículo sobre Colombia de julio pasado, pues así podrían calar más hondo en las ideas sobre la actual situación política colombiana y su panorama electoral, que a continuación se expondrán. Y no sobra repetir que, deseablemente y a fin de minimizar riesgos de embolias, infartos y afines, todo lo relacionado con la política de la hermana república debe leerse por lo menos dos horas después de cualquier comida pesada y al menos una hora antes de lanzarse al agua o ir a la cama con cualquier propósito, pues de lo contrario se corren riesgos de que las impresiones fuertes, la tristeza o el estrés nos jueguen una mala pasada.

La llamada enfermedad colombiana es como una especie de extraña leucemia social en donde se conjugan una aparente salud externa, expresada en tendencias al crecimiento económico y al aumento de las exportaciones, equilibrios macroeconómicos, elegancia diplomática y en el vestir, pensar, hablar o escribir, con algo semejante a un cáncer en la sangre, traducido en el desprecio a la vida y las leyes, la práctica vergonzante de la violencia y el irrespeto contra los adversarios políticos, el abandono a su suerte de la población pobre, la corrupción desatada y alianzas con narcotraficantes, paramilitares y sicarios, y, en síntesis, el culto secreto al inmediatismo, el facilismo y el llamado todo vale (primo hermano del reciente y también lamentablemente popular estilo venezolano del como sea).

Al lado, o debajo, de sus obvios logros económicos, educativos y artísticos, Colombia posee el índice de criminalidad más alto del mundo, en el orden de 78 homicidios anuales por cada 100 000 habitantes, de los cuales menos de 1% es atribuible al conflicto bélico interno, y el resto a la impunidad, la falta de mecanismos de justicia, la pobreza, la ilusión de enriquecimientos de un día para otro, falta de Estado y ciertas nefastas subculturas altamente vinculadas a adicciones viciosas y debilidades en la estructura familiar, que dramática, y a la vez deliciosamente, nos han explicado García Márquez y Laura Restrepo. En el estudio para la determinación de un Índice de Paz Global, elaborado por el Institute for Economics and Peace y por el Centre for Peace and Conflict Studies de la Universidad de Sidney (Australia), con datos procesados por la revista The Economist, que toma en cuenta veinticuatro indicadores de la violencia imperante en los países y los clasifica según su pacifismo relativo, Colombia ocupó, en 2009, el lugar 130 dentro de un total de 144 países, sólo superada por países en guerra abierta como el Líbano, Zimbaue, Pakistán, Chad, Israel, Somalia, Afganistán e Irak. Los únicos otros dos países latinoamericanos que ocupan un lugar en la lista roja del 20% de países más violentos del mundo son Haití (Puesto 116) y nuestra Venezuela (Puesto 120). No disponemos de datos, pero nos tememos que los graves liderazgos colombianos señalados se quedarían pálidos si se pudiese establecer un índice mundial de criminalidad política de jueces, parlamentarios, gobernadores, alcaldes, concejales y, en general, candidatos a, u ocupantes de, cargos públicos, a quienes los paramilitares, las guerrillas, los narcotraficantes, los tratantes de blancas o muchos rivales políticos en el gobierno o en la oposición han solido ver, por largas décadas, como sus fáciles blancos de ataque.

Con breves altibajos, la culta, educada, elegante, simpática y aparentemente circunspecta y correcta, pero también plagada de mosquitas muertas, Colombia lleva ya en el orden de ciento setenta años -desde poco después de que execrara al Libertador Bolívar de su suelo- de guerras intestinas, delitos graves y asesinatos a diestra y siniestra. El crimen, la venganza, la retaliación, el atropello, el secuestro, las desapariciones son un perverso lugar común que acecha la vida cotidiana colombiana, en donde cuesta creer como hasta profesionales egresados de refinadas universidades locales o de prestigio mundial de pronto aparecen involucrados en las más sórdidas acciones. Y no es posible ocultar que, al menos desde 1903, desde que intervinieran en la política interna colombiana para provocar la separación de Panamá, los gobiernos de extrema derecha de los Estados Unidos han estado involucrados como apuntaladores de la por poco idiosincrática violencia neogranadina.

Tal y como suele ocurrir dondequiera que la violencia sistemática hinca sus raíces, cada una de las partes beligerantes se dota de una singular gríngola que le permite hacerse la vista gorda ante las vigas de la violencia propia y ver con lupa hasta las pajillas en el ojo de la violencia ajena. En Colombia los conservadores le echan la culpa a los liberales, el gobierno a la guerrilla, los narcotraficantes a las fuerzas oficiales, los terratenientes a los campesinos, los nacionalistas a los progringos, con su largo etcétera y sus viceversas, constituyendo así un paraíso de aplicación de la taliónica ley del ojo por ojo y diente por diente. Si escogemos al azar a demasiados hermanos colombianos, y hablamos con ellos acerca de la violencia -y por este camino pareciera que queremos maltransitar los venezolanos- lo casi seguro es que la culpa siempre la tengan otros: aquellos que, casualmente, no piensan como él.

No obstante, y en medio del dolor que nos estremece al hacer estos recuentos, hay algo que, paradójicamente, nos reconforta, y es que pese a sus demostradas capacidades para el cinismo, la hipocresía, el engaño y la violencia, todavía los seres humanos, y dentro de ellos nuestros compatriotas al sur del Meta y al oeste de Perijá, por aquello que hemos discutido antes, acerca de nuestra identidad amorosa, que subyace incólume bajo aun bajo nuestra costra de desmanes, no hemos llegado al punto en que podamos decir orondos que "nos sale hacer coñodemadradas y qué". Por esta razón, creemos, todavía creemos, que todo humano violento sigue viéndose forzado a presentar su violencia como respuesta a la de otro, como si él en el fondo fuese inocente y el agredido, y no le quedara más remedio que actuar en defensa propia. De allí que el criterio para distinguir a los violentos de los realmente pacíficos no puedan ser sus palabras sino sus actos, y, más que sus actos, sus esfuerzos tangibles para desescalar y zafarse de las espirales de violencia, para extirpar desde sus raíces los móviles de este morbo que conspira contra nuestra deriva antropológica.

Con esta especie de marco previo, entramos a considerar el panorama electoral colombiano ante las elecciones presidenciales del 30 de mayo, con una segunda vuelta tentativa, entre quienes ocupen los dos primeros lugares, prevista para el 20 de junio. Para que esto no se extienda más de la cuenta, iremos al grano y examinaremos, de menor a mayor simpatía según nuestro criterio, sin pretensiones de experticia alguna y abiertos a que se nos aclaren malentendidos u omisiones, las propuestas de los seis principales candidatos y sus partidos ante el meollo del problema colombiano, que no puede ser otro sino el de qué hacer ante la arraigadísima y secularísima violencia establecida. Para nosotros, en Colombia, será una buena opción la que más aguda y certeramente comprenda y proponga superar el problema de la violencia que literalmente desangra su estructura social, o, lo que es igual, será propio de malos candidatos o parejas de candidatos (a Presidente y Vicepresidente) todo lo que directa o indirectamente apunte a perpetuar el desmadrado statu quo.

Germán Vargas Lleras (Bogotá, 1962) es expresión de la quintaesencia del establecimiento político colombiano. Senador electo en cuatro oportunidades, ex-Presidente del Senado, Presidente del Partido Cambio Radical, abogado con estudios de posgrado en Administración Pública, descendiente de presidentes y miembro de una de las familias colombianas liberales de más extenso pedigree político, los Lleras, se ha especializado en atacar todo lo que huela a negociación con la guerrilla y en denunciar cualquier política de distensión. Se considera más uribista que el propio Uribe y se jacta tanto de haber sobrevivido casi ileso a varios atentados como de combinar las más puras fórmulas neoliberales con las más agresivas y conservadoras tácticas para la derrota en el plano estrictamente militar de la guerrilla. Está siendo acusado de nexos con los grupos paramilitares, quienes parecieran haber hecho de esta corriente una conexión favorita con el uribismo, y recientemente, después de ser un baluarte de la creación del Partido de la U, en donde se asegura que contribuyó a la elaboración de sus políticas centrales, se ha alejado de este partido en pos de una línea aún más dura e intransigente. En términos del espectro político mundial, o, por ejemplo, del espectro del parlamento europeo, representaría algo así como una corriente ultraconservadora y enemiga de las negociaciones, pero condimentada con una buena dosis de astucia criolla; en la política venezolana su posición equivaldría, quizás, a las posturas de la tradicional derecha dura de COPEI -aquellos llamados araguatos- o a posiciones a lo Oswaldo Álvarez Paz de hoy. No nos cabe duda que de triunfar este caballero aumentarían su caudal los ríos de sangre que ya aniegan a nuestros vecinos y hermanos colombianos. Afortunadamente, todas las encuestas de abril le otorgan 4% ó menos de opción de triunfo para las elecciones de fines de mayo.

Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) es también miembro de una de las familias políticas bien de Colombia, la familia Santos, con antecesores presidentes y periodistas notables, y casi siempre dueños del prestigioso diario El Tiempo. Político, periodista y economista, sólidamente formado en economía, con posgrados en desarrollo económico y administración pública, en las universidades estadounidenses de Kansas y Harvard, y en la prestigiosa London School of Economics, ha desempeñado cargos diversos en el sector privado, sobre todo en la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia y como subdirector del diario familiar El Tiempo, así como cargos ministeriales diversos en los gobiernos de César Gaviria y Andrés Pastrana, y, recientemente, en el cargo de Ministro de Defensa de Álvaro Uribe. En esta última gestión, la de más alto perfil, se le atribuyen éxitos -y vergüenzas- como el de la Operación Jaque, para la espectacular liberación de Ingrid Betancourt, con uso de símbolos de la Cruz Roja, y la Operación Fénix, con la que, en territorio ecuatoriano, se causó la muerte de 22 guerrilleros, incluyendo al líder de las FARC Raúl Reyes. De raigambre tradicional liberal, ha sido reconocido como uno de los principales artífices y organizadores del Partido de la U, en donde se concentraron todas las fuerzas, tanto liberales como conservadoras y sus respectivas exmilitancias, del uribismo, bajo la política de la seguridad democrática. Recientemente, un ex-jefe paramilitar, Salvatore Mancuso, en el marco de los procesos de confesión vinculados a la Ley de Justicia y Paz, hace poco declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia colombiana, por promover la impunidad, declaró que Santos le había propuesto a Carlos Castaño, jefe del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y responsable de la masacre de cientos de campesinos inocentes y numerosos líderes políticos y sociales, una alianza para derrocar al entonces presidente Ernesto Samper, lo que ha sido corroborado por dirigentes del ELN en el proceso de negociaciones de paz con el gobierno de Uribe que se adelantan en territorio cubano. Adicionalmente, Santos ha sido demandadado por el gobierno ecuatoriano por ufanarse de invadir su territorio, se haya bajo procesos de investigación por espionaje telefónico, y ha sido denunciado por realizar declaraciones provocadoras contra el gobierno de Venezuela, que mucho han contribuido, amén de las responsabilidades de este lado, a deteriorar las relaciones con este país. Santos resultó ser el candidato recomendado por Uribe después de que la corte declarara inviable el referendo para su nueva reelección. Ideológicamente, al Partido Social de la Unidad Nacional, popularmente conocido como Partido de la U, lo encontramos afín al conservadurismo liberal duro, un poco al estilo, en el espectro del parlamento europeo, de los partidos populares (como el de Aznar/Rajoy español), pero sin los ingredientes cristianos de estos y con una mucho mayor beligerancia, inquina y revanchismo contra la izquierda de cualquier pelaje; en el espectro de la política venezolana, esta corriente tal vez vendría a parecerse a una especie de COPEI renovado, a lo Primero Justicia. Chévere sería decir que Santos no tiene chance de triunfar en los próximos comicios presidenciales, pero tal cosa no es posible: hasta el mes de marzo, hasta que se logró el acuerdo Mockus/Fajardo de que hablaremos luego, lideraba las encuestas, y todavía conserva, a fines de abril, un 27% de las preferencias. Se sabe también que ha contratado, de última hora, a un asesor en campañas extra-sucias, J. J. Rendón, para que lo ayude a darle un knock-out sorpresivo a Mockus. Tantas reservas despierta Santos, y su compañero de fórmula Angelino Garzón -quien al parecer es todavía de mayor cuidado- que Luis Carlos Restrepo, nada menos que ex-presidente del Partido de la U y ex-Comisionado de Paz de Uribe, ha dicho que no votaría por Santos ni loco y ha hecho un llamado a la "objeción de conciencia" de los electores para que no se le acompañe. En las próximas siete semanas tendremos noticias de las andanzas de este empolvado caballero, a quien todo sindica como fiel exponente de aquello que Bolívar llamaba el "azote" del "talento sin probidad". (¡Ojo!: de aquí no se deduce ningún parangón con Julio Borges, etc.).

Rafael Pardo (Bogotá, 1953) es un político, economista, profesor e investigador universitario, egresado de la Universidad de los Andes, con estudios de posgrado en Planeación Urbana en Holanda, y en Relaciones Internacionales en Harvard. Fue director del Plan Nacional de Rehabilitación de Virgilio Barco (liberal), en donde impulsó proyectos sociales para favorecer a los campesinos más golpeados por la violencia, y a quienes estimuló a participar en la determinación de prioridades de inversión, y luego fue un exitoso negociador de paz, con logros como los de pacificación de grupos guerrilleros como el M-19, EPL y Movimiento Armado Quintín Lamé, con la desmovilización y reinserción civil de más de 5 000 ex-combatientes. Sin embargo, durante la gestión de Barco tuvo también lugar el sangriento extermino de la Unión Patriótica, en donde, además de candidatos presidenciales como Jaime Pardo y Bernardo Jaramillo, y de senadores como Manuel Cepeda, miles de militantes pacificados de las FARC y otros grupos fueron asesinados por narcotraficantes aliados con paramilitares, sin que tuviese lugar una clara intervención gubernamental, o de Pardo, para detener la masacre. Luego, con César Gaviria, fue, primero, Consejero de Seguridad Nacional, y, luego, en 1990, el primer civil en ocupar el cargo de Ministro de Defensa Nacional desde 1953. Desde esta gestión, sin embargo, y quizás con cierto pragmatismo muy autóctono, ha venido inclinándose por soluciones que privilegian las relaciones con grupos paramilitares, a veces desde el partido Cambio Radical, y se le acusa de haber creado el llamado Bloque de Búsqueda, que actuó con Carlos Castaño en contra del Cartel de Medellín y de las guerrillas, pero también de miles de campesinos indefensos. Apoyó a Uribe en los primeros años de su gestión y fue uno de los autores intelectuales de las primeras versiones de la ya comentada "Ley de Justicia y Paz", pero luego regresó al liberalismo a hacerle oposición al actual gobierno, quien lo ha acusado, a su vez, de promover turbias relaciones con las FARC. El Partido Liberal Colombiano es una especie de socialdemocracia liberal, o sea, una tendencia originalmente de centro-izquierda pero que con el desgaste y las adicciones al poder se ha ido tornando de centro-derecha, en la onda de los liberales del parlamento europeo, pero con mayor pragmatismo y viveza criolla, o sea, algo al estilo de la Acción Democrática de los días de Alfaro Ucero, altamente propensa a alianzas con demócrata-cristianos y conservadores y bastante desentendida, en los hechos, de veleidades de justicia social o afines. Si tuviese chance de ganar la presidencia, cosa difícil pues las encuestas de abril no le dan más de un 5% de intención de voto, no lo vemos liderando nada que no haya sido ya visto y/o fracasado en la hermana nación: desmontajes engañosos y cómplicidad con el paramilitarismo, negociaciones y canjes cargados de triquiñuelas y al por menor, distensiones circunstanciales y vueltas a los enfrentamientos de siempre, falta de ataque ético, cultural y educativo a las raíces de la violencia, etc.

Noemí Sanín (Medellín, 1949) es una exquisita y elegante dama colombiana, también adscrita a lo más granado de las familias paisas e hija del notable académico Jaime Sanín Echeverry. Abogada, egresada de la Pontificia Universidad Javeriana, y política, militante por muchos años del Partido Conservador, en 1998 se decidió a formar su propio partido, "Sí Colombia" para respaldar su candidatura presidencial. Fue Ministra de Comunicaciones de Belisario Betancourt (conservador), y de Relaciones Exteriores de César Gaviria (liberal), y ha sido embajadora -dictándonos clases gratuitas de refinamiento y buenos modales diplomáticos, aún antes de sus pasantías europeas- en Venezuela, y luego, con Uribe (ex-liberal), en España y el Reino Unido. También se desempeñó en el sector privado, como exitosa vicepresidenta de una entidad de ahorro y préstamo. Sus críticas a Uribe, cuando era candidata a la Presidencia en 2002, por sus vínculos con los paramilitares, no fueron obstáculo para que este la nombrara embajadora ante la España de Aznar o el Reino Unido de Brown. Salvo de acusaciones veniales, como la de haber ordenado, en la época de Belisario Betancourt, la transmisión de un partido de fútbol durante la bochornosa Toma del Palacio de Justicia en 1985, a manos del M-19 y con la posterior retoma por el ejército colombiano, con saldo de 55 muertos, entre ellos 11 magistrados, y 11 desaparecidos, o de haberse pasado a la torera de un partido a otro, no es mucho lo que se puede criticar de la sin par Noemí; pero tampoco mucho lo que se puede decir en torno a su enfoque sobre como resolver el problema de la violencia colombiana, salvo que se ha comprometido, de triunfar, a demostrarle "afecto, gratitud, respeto y lealtad" al presidente Álvaro Uribe. Su partido, el legendario Partido Conservador Colombiano, es algo así como un partido conservador europeo, pero con mañas criollas, o una especie de COPEI tradicional venezolano, siempre presto a entrar en guanábanas con su carnal socialdemócrata Acción Democrática, pero también siempre genuflexo a la hora de defender los intereses propios frente a las botas imperiales. Dadas sus dotes diplomáticas, de seguro ahora potenciadas al calor de tanto roce con tories legítimos, y puesto que las encuestas de abril le reservan, sin excepción y con tendencia a menos de un 10% de las preferencias, un tercer puesto en los comicios del 30, preferimos no imaginárnosla ni quererla de presidenta sino como embajadora ante cualquier país de su talla.

Gustavo Petro (Ciénaga de Oro, Córdoba, Colombia, 1960) es un típico luchador y militante de la izquierda latinoamericana que, tras criticar desde joven las injusticias sociales, participó por años en la actividad guerrillera contra el imperialismo, para terminar convencido de que ése es precisamente el terreno en donde el Imperio quiere que lo desafíen, para distraer a los mejores cuadros críticos de sus labores de activación social, convertirlos en soldados malos o mediocres, y, de paso, probar su parafernalia de armas en guerras proxy, a objeto de aceitarlas y desarrollarlas para guerras mayores. Gustavo estuvo a punto de ser expulsado del Colegio La Salle de Zipaquirá pues tuvo el brío de fundar, en los años setenta, un Centro Cultural García Márquez, para promover la discusión de su obra entre los jóvenes estudiantes de secundaria, con el pretexto de que este autor también había sido alumno del mismo colegio, pero sin saber que los curas tenían al Gabo en la lista negra de comunistas (lista que, por supuesto, desapareció cuando, en 1982, a los suecos se les ocurrió galardonarlo con el balsámico Nobel...). Salido del colegio, pero sin aprobar la adolescencia, Gustavo se enroló en las filas del movimiento guerrillero M-19, brazo armado de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, de los herederos de Rojas Pinilla, quienes decidieron ir al combate ante el cerco contra los candidatos no conservadores ni liberales y ajenos al Frente Nacional (versión colombiana de nuestro Pacto de Punto Fijo, o viceversa, y ambos de estricta inspiración criobélica), lo cual le costó un par de años de prisión y torturas. Tras cumplir su calvario, se reincorporó al M-19, pero en lugar de dejarse cegar por el odio a sus captores, se creció y lideró, al final del gobierno de Belisario Betancourt, el proceso de pacificación del grupo, cosa nada fácil en un ambiente en donde pronto comenzaría el exterminio informal de los pacificados, pero que sentó pautas para iniciativas de su género en toda América Latina. Con la vuelta a la "calma", aprovechó para coleccionar su álbum de estudios de tercer y cuarto nivel: Economista de la Universidad Externado, una de las más prestigiosas universidades privadas del país, con sede en Bogotá, y posgrados en la Escuela de Administración Pública, la Universidad de Lovaina (Bélgica), la Universidad Javeriana y la Universidad de Salamanca (España). Además de docente e investigador en las universidades Central y Externado, fundó el partido Alianza Democrática M-19, que, luego de un gran respaldo popular y pese al asesinato de su candidato a la Presidencia de la República, Carlos Pizarro, arribó a la Cámara de Representantes en 1991, en donde contribuyeron a redactar la nueva Constitución colombiana. En 1994 la Alianza promueve y logra el triunfo de la candidatura de Antanas Mockus como Alcalde de Bogotá, pero Gustavo, ante severas amenazas de muerte, debe abandonar el país y pasa a residir en Bélgica y ocupar allí un cargo de agregado cultural en la Embajada. En 1998 regresa y de nuevo gana, junto a Antonio Navarro Wolff, de perfil y andanzas políticas y académicas (ingeniero sanitario, guerrillero, con posgrados, docente, etc.) semejantes a las suyas (pero con menos suerte ante los atentados: una pierna perdida y un nervio de la lengua seccionado), una curul en el Congreso. En 2002 repite su conquista el cargo de parlamentario, y esta vez resultó electo, por sus colegas diputados y por la prensa nacional, y gracias a sus denuncias sobre la corrupción y a la calidad de sus intervenciones políticas, como el mejor congresista del país. Por esa misma época fue promotor de la candidatura de Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá, cuya gestión ha sido emblemática, y promovió las alianzas y fusiones que terminaron engendrando el actual Polo Democrático Alternativo. Desde 2006 se ha desempeñado como senador por el Polo Democrático Alternativo, heredero de la antigua Alianza Democrática, cargo al que esta vez accedió con la segunda mayor votación del país. Se ha especializado en denunciar la hipocresía y el pisapasitismo de la clase política tradicional y sus vínculos con el paramilitarismo, así como por su liderazgo en la oposición al gobierno de Álvaro Uribe; pero también, por sus posturas críticas, que lo han llevado a disentir de las políticas más complacientes del presidente del partido, Carlos Gaviria Díaz, ante la política y la falta de política de las FARC, lo cual ha hecho que proliferen sus adversarios y enemigos, tanto a la izquierda como a la derecha. En las elecciones primarias de su partido, y con el apoyo decidido de las bases, logró derrotar a la maquinaria que respaldaba nada menos que al presidente de la tolda. Gustavo Petro es expresión de una corriente política representativa de la más noble izquierda latinoamericana, quizás en la onda, pero en este caso en versión mejorada y curtida por la vida, de la corriente de la Izquierda Unitaria -o ex-comunista- en el parlamento europeo, o con un perfil a lo PPT venezolano, pero más crecido y experimentado (dicho sea de paso, y reforzando la analogía con el PPT, recientemente el Polo Democrático Alternativo, y sobre todo su corriente de base liderada por Gustavo, se ha distanciado del estilo autoritario, estatista, centralista y procubano que cobra cada día más fuerza en el gobierno de Chávez). Pese a que él, Gustavo Petro, nos inspira confianza, no ocurre lo mismo con su partido el Polo, demasiado acartonado y apegado todavía a los catecismos políticos del siglo XIX, y que recientemente ha sido abandonado por líderes como Lucho Garzón, quien hace poco se incorporó al Partido Verde. Aunque no somos precisamente pragmáticos en política, y menos en materia electoral, el hecho de que esta opción goce de menos de un 5% de las preferencias de los electores, a escasas semanas de los comicios por el Palacio de Nariño, y por supuesto tomando en cuenta el perfil programático mucho más rico y contemporáneo de la opción siguiente, nos ha facilitado nuestra escogencia, pues en cambio vemos a Gustavo como un seguro apoyador de Antanas en la probable segunda vuelta, y algo nos hace oler su futuro acercamiento estrecho a la fórmula Antanas/Fajardo, de repente siguiendo la huella de Garzón.

Aprovechando la doble oportunidad de que esto ya está más largo que un día sin pan, y de que estamos insoportablemente atrasados en nuestra esperadísima publicación del blog, lo dejaremos hasta aquí, por unas horas, para luego abordar la presentación de la fórmula Mockus/Fajardo que, como todos sospecharán es nuestra favorita y la que le da sentido a la segunda parte del título de esta entrega.

viernes, 19 de junio de 2009

Segmentados y desarraigados: el caso de los pueblos latinoamericanos francófonos

Tan poco familiares nos suelen ser estos pueblos francófonos (martiniqueño, guadalupeño, francoguayanés y afines), que procede una breve justificación sobre su inclusión en esta serie de artículos sobre la naturaleza y orígenes de los pueblos latinoamericanos. Cuando, en los inicios de este proyecto de blog, nos preguntamos: ¿cuáles son los pueblos latinoaméricanos?, nos inclinamos por responder de una manera poco académica y más bien pragmática, y optamos por tres criterios: 1) que, situados en América, hablasen una lengua y compartiesen una cultura latina, 2) que hubiesen padecido un largo proceso de colonización por algún imperio europeo latino, bajo algún esquema de sobreexplotación de la población nativa y/o esclava, y 3) que hubiesen vivido la experiencia de luchar, en el último siglo o con algún grado de vigencia, por, al menos, algún grado de autonomía o liberación de tal yugo imperial y/o de cualquier forma de neocolonización posterior, por lo general por parte de las políticas expansionistas inglesas o estadounidenses. Esto nos condujo a una cobertura intermedia de la noción de América Latina, no tan restringida, como para excluir a los pueblos francófonos o de lenguas no ibéricas, pero tampoco tan amplia como para incluir a poblaciones como la quebequense o luisianesa de habla francesa, o las tejana o californiana de habla hispana, con otras identidades y problemáticas culturales. En cambio, quedaron claramente incluidos Puerto Rico y Belice, puesto que el grueso de sus poblaciones son mestizas y hablan español, y también los departamentos franceses de ultramar: Martinica, Guadalupe, Guayana Francesa, San Martín, San Bartolomé y, en los límites del criterio escogido, San Pedro y Miguelón.

Bajo el esquema adoptado, sin embargo, quedó pendiente un asunto no contemplado en los criterios seleccionados y no completamente resuelto para el momento de redacción de este artículo, y es que en el caso de estos departamentos no hay una tradición de identificación con América Latina y sí con las culturas, aunque no con las lenguas, africanas, en relación a las cuales se autoperciben como segmentados o arrancados. Esto hace que sus afanes culturales de superación del desarraigo se superpongan también, y tal vez con mayor peso, con la problemática de los pueblos caribeños de habla inglesa u holandesa, como el jamaiquino, el trinitario o el curazoleño, tradicionalmente considerados no latinoamericanos y en donde se ha planteado con fuerza el tema de la negritud. Optamos, por los momentos, por mantener nuestra decisión inicial, pero con el entendido de que la problemática de construcciónde una identidad latinoamericana no tiene por qué excluir, sino que más bien presupone, la búsqueda de otras identidades, como la africana, indoamericana, italiana, judia o asiática, que se plantea en casos singulares, y con el añadido de que, en relación al primer caso, en donde bien se sabe que la humanidad toda tuvo su origen en el continente negro, es obvio que, de uno u otro modo, todos tenemos raíces culturales afrodescendientes.

Los mencionados departamentos franceses de ultramar, que legal y políticamente son parte de Francia y, por tanto, de la Unión Europea, con el euro como moneda, etcétera, están configurados por varias pequeñas islas y un territorio continental suramericano, que en total suman un territorio insular de unos 3000 km2 más otros 87000 km2 continentales, y una población total, mayormente negra o mulata, de alrededor de un millón de habitantes. La historia colonial, sobre todo de los tres primeros, y mayores, departamentos, guarda semejanza con la de los pueblos antillanos puertorriqueño, haitiano y cubano, ya comentada en los artículos anteriores, pero con la importante particularidad de que luego de alrededor de dos siglos de esclavitud vinculada, por regla general, a las plantaciones de caña de azúcar, estos pueblos, no sin enfrentarse, incluso con sacrificios heroicos, a la dominación imperialista francesa, han optado luego, con un esquema afín al puertorriqueño, por la vía de convertirse en departamentos de Francia. Da la impresión de que sus líderes, con el poeta e intelectual Aimé Césaire a la cabeza, confrontados ante la disyuntiva de optar por la vía de un enfrentamiento sangriento y de dudosas perspectivas, a lo haitiano, prefirieron una vía más larga y paciente hacia la autonomía, que ha contemplado su conversión en departamentos franceses de ultramar, y por tanto el logro de la ciudadanía francesa y de un grado no desdeñable de bienestar para sus pobladores, a la espera de condiciones más maduras para la conquista de la plena independencia. Esta experiencia nos parece harto interesante porque pone de relieve como con una perspectiva menos principista y no violenta, y más centrada en la atención a los problemas y la transformación de capacidades del pueblo, también es posible avanzar en una dirección superadora con un menor costo humano y político.

Por supuesto que estas decisiones no han contado con el apoyo de la izquierda ortodoxa, que, sobre todo en los días de la Guerra Fría y a propósito de su disidencia pública de la tolda comunista, en más de una oportunidad ha intentado acusar de traidor a Césaire, creador principal del movimiento por la negritud y cuya defensa de la cultura negra nadie tiene derecho a cuestionar, oponiendo su política a la de su alumno y también martiniqueño Frantz Fanon, este sí apologista a ultranzas de la vía del enfrentamiento armado y a muerte contra todo imperialismo o fracción interna partidaria de la colonización; o, en otros momentos, ante la imposibilidad moral de tal cuestionamiento, intentando asimilar la inmensa fuerza expresiva de la poesía cesaireana a un apoyo velado a la estrategia de la violencia fanoniana.

Puesto que expertos cubanos en literatura negra han insistido en esta última tesis, nos pareció apropiado, para facilitar que los lectores se formen su propia opinión, cerrar con un trozo de uno de los más conocidos poemas cesaireanos, su Cuaderno de un retorno al país natal, a objeto de que se discierna si hay aquí algún rastro de complacencia con el "Imperio" o de apoyo a la vía de la lucha a muerte antiimperialista.

"...Escuchad al mundo blanco
horriblemente cansado de su esfuerzo inmenso
sus articulaciones rebeldes crujir bajo las estrellas duras
su rigidez de acero azul traspasando la carne mística
escuchad sus victorias proditorias pregonar sus derrotas
escuchad en las coartadas grandiosas sus míseros tropiezos.
Piedad para nuestros vencedores omniscientes e ingenuos.
Eia para los que no inventaron nada
los que jamás exploraron
jamás domeñaron.
Eia por la alegría.
Eia por el amor.
Eia por el dolor reencarnado en lo peor de las lágrimas.

He aquí, al fin de este amanecer, mi plegaria viril.
No escucho las risas ni los gritos, fijos los ojos en esta
ciudad que profetizo bella,
dadme el valor del mártir
dadme la fe salvaje del hechicero
dad a mis manos poder para modelar
dad a mi alma el temple de la espada,
no me oculto. Haced de mi cabeza una cabeza de proa
y de mí, corazón mío, no hagáis ni un padre ni un hermano
ni un hijo si no el padre, el hermano, el hijo,
no un marido, hacedme el amante de este pueblo único.

Hacedme rebelde a toda vanidad, pero dócil a su genio
como el puño extremo del brazo.
Hacedme comisario de su sangre
hacedme depositario de sus resentimientos
haced de mí un hombre de determinación
haced de mí un hombre de iniciación
haced de mí un hombre de recogimiento
pero haced también de mí un sembrador
haced de mí un ejecutor de estas altas obras
ha llegado el tiempo de ceñirse la cintura como un valiente.

Mas preservadme, mi corazón, de todo odio,
no hagáis de mi este hombre de odio para quien sólo
abrigo odio
pues para acantonarse en esta única raza
conocéis sin embargo mi amor católico
sabéis que no es el odio a otras razas
lo que me hace ser el labrador de esta única raza
lo que quiero
es por el hambre universal
es por la sed universal
declaradla libre al fin
dad de su cerrada intimidad
la suculencia de sus frutos..."

viernes, 5 de junio de 2009

Implantados y desmembrados: las culturas centroamericanas

Cuando, en los alrededores del año 1300, los aztecas invadieron el mundo mesoamericano y establecieron su cuartel general en Tenochtitlan, donde hoy está Ciudad de México, acentuaron los mecanismos de dominación por la fuerza de los distintos pueblos de origen olmeca, tolteca, maya y otros que habitaban, compartiendo el náhuatl como lengua franca, la región. Sin embargo, al concentrar su poder en el altiplano, al centro-norte de México, debieron aflojar el control sobre las áreas selváticas en torno a la Península de Yucatán y la actual Guatemala, y sobre las altiplanicies restantes del istmo centroamericano. Cuando tuvo lugar la nueva invasión española, estas áreas más cálidas al sur, con una población que suele estimarse en el orden de sólo unos dos millones de personas, gozaban de una autonomía relativa y, por razones no del todo claras, no fueron diezmadas, a pesar de las intenciones de ciertos conquistadores, con la misma crudeza de los territorios centrales aztecas.
La civilización maya, que había tenido su esplendor hacia los años 600 al 800, fue una de las pocas civilizaciones originarias del mundo -es decir, que fue edificada a partir de tribus primitivas y no surgió por transculturación de ninguna otra configuración civilizada anterior-, y tuvo su epicentro precisamente en las tierras bajas tropicales de las naciones y la península mencionadas. Con un acentuado sentido de grandeza a largo plazo, que sugiere conciencia del reto civilizatorio que afrontaban, los mayas se lanzaron a crear numerosas explanadas en la selva y construir allí imperecederas obras arquitectónicas, acompañadas de un arte escultórico monolítico concebido como quien quiere vencer la efimeridad de tantos fenómenos tropicales. Con avanzados sistemas de riego, una escritura de estilo alfabético o de signos independientes -de la cual, para nuestra pena, decidieron no revelar sus códigos interpretativos-, una arquitectura empeñada en alcanzar la verticalidad -que alcanzó, no pocas veces, el porte de edificios contemporáneos de treinta pisos o más-, avanzados conocimientos aritméticos "casi algebraicos", un calendario de precisión con nada que envidiar a los occidentales de muchos siglos después, una avanzada cosmogonía como la sugerida por la postrera transcripción del Popol Vuh, y muchos otros aportes, los mayas parecieron apuntar hacia un liderazgo regional a punta de cultura más que de fuerza. Acerca del porqué de la súbita desaceleración de este empuje cultural -que no fue decadencia ni desaparición, puesto que los mayas llegaron primero a la región mesoamericana y siempre han estado allí-, se han tejido distintas hipótesis, con la de Toynbee, del agotamiento en la búsqueda de respuestas a los desafíos de la selva tropical, como una de las más difundidas. En lo personal, y mientras se ponen de acuerdo los expertos, me gusta imaginar que decidieron detener y dispersar sus creaciones para dejarle a la humanidad futura un mensaje en clave acerca del sentido de la vida civilizada, que todavía no hemos logrado, ni sus descendientes quieren, descifrar.

El proceso de implantación inicial en estas áreas periféricas, o sea, de reemplazo de las cúpulas aristocráticas dirigentes por sus equivalentes hispánicos, fue seguido de un proceso de hibridación entre los varones invasores y las hembras locales, análogo a los que ya hemos descrito para los pueblos mexicano, peruano y boliviano, con un mayor parecido con este último, en el caso guatemalteco, donde residía un pueblo más cohesionado cultural y geográficamente, y con el primero (puesto que el núcleo imperial azteca resultó el más desastrado), en los casos restantes hondureño, salvadoreño y nicaragüense, de mayor dispersión poblacional. Cuando los conquistadores organizaron a México como el Virreinato de Nueva España, establecieron las provincias correspondientes a las actuales naciones centroamericanas, excepto Panamá que era parte del Virreinato de Nueva Granada. No obstante, cuando México logró su independencia, estas provincias, en buena medida manipuladas por concesionarios y contrabandistas ingleses, decidieron formar las "Provincias Unidas de Centroamérica", sólo para ser objeto posterior de nuevos desmembramientos o segmentaciones. Estas fueron provocados, en buen grado, por intervenciones de agentes y empresas inescrupulosas inglesas y estadounidenses, y, ya en el siglo XX, en ambiente de Doctrina Monroe con su Corolario Roosevelt, por la intervención directa o encubierta de empresas y del Estado norteamericanos.

Con el tiempo, todos estos procesos condujeron a una Guatemala contemporánea de unos doce millones de habitantes, con más de la mitad de pobladores amerindios descendientes de mayas, por un lado, más algo como un 40% de mestizaje, por otro; y a las naciones de El Salvador, Honduras y Nicaragua, con poblaciones alrededor de la mitad de esa cifra, cada una, y con los más altos niveles de mestizaje de Latinoamérica, en el orden de un 80% ó más. Belice es un enclave que permanece absurdamente bajo control inglés, pero al que aquí consideraremos como parte de América Latina, puesto que, de sus escasos 300000 habitantes, más de la mitad son mestizos descendientes de varones hispánicos y la casi totalidad restante son de origen indígena, afroamericano o descendientes mulatos (garifunas) de estos. Como una especie de residuo de este proceso de segmentación desproporcionada, al que hemos llamado desmembramiento, está el caso de Costa Rica que, separada siempre del mundo de habla náhuatl por algo como un collar montañoso-volcánico o densamente selvático en torno a la garganta geográfica del paralelo 11º, aprovechó la oportunidad para convertirse en un bolsón étnico y cultural, de inspiración uruguaya, con cerca de cuatro millones de habitantes, más de un 80% de criollos caucásicos, genética mayormente hispánica y cultura fuertemente conservadora y europeizada. Panamá, por otro lado, fue parte de Colombia y de Suramérica hasta comienzos del siglo XX cuando, en una práctica de garrotazos, fue arrancada a Colombia para facilitar la construcción y el control estratégico del Canal por parte de los Estados Unidos; con sus cerca de tres millones de habitantes, mescolanza de blancos de diversos orígenes, inclusive estadounidenses, mestizos variopintos, mulatos, amerindios, negros, zambos y asiáticos, es probablemente la nación étnica y culturalmente más heterogénea de toda Latinoamérica.

Las debilidades económicas, políticas y culturales de las naciones centroamericanas, combinadas con su privilegiada condición geográfica bioceánica, así como con su neta inclusión dentro de la órbita de influencia geopolítica estadounidense, han facilitado su utilización, junto a las naciones caribeñas, como coto de prácticas de dominación de corte imperialista. La aplicación del "Corolario Roosevelt" de la Doctrina Monroe, según el cual los EUA se reservan el derecho de intervenir militarmente en cualquier región americana en donde vean amenazados sus intereses; la tesis de la intervención militar preventiva donde quiera que corran peligro vidas estadounidenses, y el apoyo a movimientos separatistas allí donde favorezcan el control norteamericano de recursos estratégicos, fueron estrenadas a comienzos de siglo, después de la intervención en Cuba de fines del siglo XIX, en Nicaragua, Honduras y Panamá.

Así fue derrocado, previa su conversión mediática en un "déspota medieval", el presidente nicaragüense José Santos Zelaya, seguramente uno de los líderes más competentes y progresistas que jamás haya tenido la región centroamericana, por empeñarse en promover la educación, la electrificación, la construcción de carreteras y redes ferroviarias, la agricultura para la exportación, la unidad centroamericana, la construcción del canal -originalmente proyectada para Nicaragua- y, su peor delito, defender el interés nacional ante los abusos de empresas estadounidenses. También el presidente hondureño Miguel Dávila fue derrocado poco después por querer cobrar impuestos a la todopoderosa firma bananera United Fruit, y negarse a aceptar el control de las aduanas y el Tesoro por parte la firma J.P. Morgan, que hubiesen convertido a Honduras en un protectorado a la puertorriqueña. Y así fue montado, en un santiamén, un movimiento separatista en Panamá que, bajo protección armada de los EUA, declaró la independencia de este departamento colombiano antes de que se procediese a la construcción del estratégico canal.

Otras dos experiencias centroamericanas, de carácter contrapuesto, merecen mención particular en este contexto. Una, la del heroico Augusto César Sandino, quien en 1925 inició su lucha contra el intervencionismo norteamericano con sólo 29 guerrilleros y, en nombre de la ancestralidad indígena y con el masivo apoyo campesino contra los "gringos", logró la evacuación, a mediados de los treinta, de un ejército invasor de 12000 hombres, pero luego, carente de un proyecto de transformación social, perdió las perspectivas, primero, y fue después asesinado por uno de sus lugartenientes, Anastasio Somoza, fundador de una de las más crueles y atrasadas dinastías jamás conocidas en el subcontinente.

La otra, el derrocamiento en Guatemala, ya en plena Guerra Fría, durante los años cincuenta, de Jacobo Árbenz, culto dirigente demócrata de izquierda, con formación tanto militar como científica, que se empeñó en lograr la independencia económica, impulsar una reforma agraria para sentar las bases de un desarrollo capitalista, y elevar la calidad de vida de la gran masa del pueblo guatemalteco. Apenas se propuso la expropiación de las tierras no cultivadas de la United Fruit, ofreciendo pagarles el valor de sus declaraciones de impuestos, se convirtió en blanco de una estructurada estrategia de derrocamiento orquestada por el propio Secretario de Estado John Foster Dulles, principal asesor legal, por décadas, de dicha transnacional bananera, y su hermano Allen, Director de la CIA, también asesor y dueño de una parte sustancial de las acciones de la misma. Dicha estrategia comenzó por decretar mediáticamente su imagen de agente del comunismo soviético, sin que jamás se encontraran más pruebas que el minuto de silencio que pidió observar a la Asamblea Nacional por la muerte de Stalin como líder de la Guerra Mundial antifascista; siguió con una operación desestabilizadora interna y el equipamiento de un ejército invasor de opositores y mercenarios reclutados en el exilio; continuó con una invasión desde Honduras y Nicaragua, ambas bajo dictaduras amigas de los EUA, respaldada con bombardeos a la ciudad de Guatemala perpetrados con pilotos contratados de este mismo país; fue más allá con un ultimátum al ejército para apoyar el golpe contra Árbenz y recuperar la estabilidad pretendidamente amenazada por la presencia de éste, y remató con su deposición, su expulsión del país y la prohibición de mencionar hasta su nombre durante las décadas siguientes. Árbenz murió sólo y en el exilio, y su ejemplo no termina de ser reivindicado, pero, en 1995, sus restos fueron llevados a Guatemala e inhumados en medio de manifestaciones espontáneas del diferido dolor popular, con el más nutrido funeral que jamás se haya conocido en el país.

Las frustradas experiencias centroamericanas de reforma pacífica, sumadas al aliciente de la Revolución Cubana, que demostró supuestamente el éxito de la vía revolucionaria armada antiimperialista, alentaron desde los años sesenta, al igual que en buena parte del resto de América Latina, la emergencia de guerrillas en toda la región. Mientras que los proyectos nacionales de Zelaya, Dávila y Árbenz fueron echados al olvido, la gesta antiyanqui de Sandino y del Che, heredera del mito de David contra Goliat, se convirtió por décadas en la guía oficial inspiradora del cambio de izquierda en y más allá de Centroamérica. La llamada "teoría de la dependencia", según la cual no es viable un capitalismo autónomo o progresista en América Latina, sino sólo una revolución anticapitalista, antiimperialista y socialista vino a reforzar la evaluación apresurada de las ingratas experiencias centroamericanas.

El problema con estos enfoques voluntaristas y belicistas es que, para empezar, se pierden preciosas oportunidades de alcanzar logros factibles y se posterga la imperiosa tarea de transformar las capacidades productivas, participativas y creativas de nuestros pueblos hasta la mañana roja, que nunca termina de llegar, del advenimiento socialista; y, por si esto fuese poco, se escoge un terreno de lucha en donde nuestros hombres, armados con los gloriosos fusiles, llevan todas las de perder -y terminan siendo pichones para prácticas de tiro- contra un ejército estadounidense ante el que, por las malas, es probable que nadie pueda, ni siquiera el resto junto del planeta, salvo, tal vez, para provocar la inmolación de todos. El supuesto caso exitoso cubano no puede seguir siendo interpretado como la victoria de ninguna vía armada antiimperialista, puesto que nunca ha sido tal cosa, sino, a posteriori y antes que nada, el subproducto remanente de una negociación ruso-estadounidense en un contexto de Guerra Fría, en donde, a cambio del retiro de los misiles del suelo cubano y de la renuncia rusa a la exportación del modelo de lucha armada en América Latina, se aceptó la sobrevivencia del régimen de Fidel Castro.

El mecanismo de la violencia, tanto en la escala de la lucha entre naciones como de comunidades, grupos e individuos, pareciera seguir, en un buen número de casos, una lógica análoga: a) A se siente más fuerte que B y se cree con derecho a quitarle a B algo que B tiene y a él le gusta o cree necesitar más; b) A provoca u hostiga a B y lo amenaza con quitarle ese algo de cualquier manera; c) B se siente atropellado o acorralado y reacciona violentamente contra A para que no le quiten ese algo suyo; y d) A contrarreacciona y aplasta a B quitándole lo que desde el comienzo quería, pero justificándose por que B lo agredió también a él. Tal mecanismo, favorito de los guapos de barrio y de entes matones de toda laya, es responsable del ensangrentamiento, todos los días, de cientos de calles latinoamericanas, en donde tantos jóvenes y trabajadores pobres perecen al batirse por pares de zapatos, celulares o pequeños fajos de billetes, y también subyace bajo el enfrentamiento entre naciones de distinta fortaleza. Particularmente, pareciera ser válido en el caso histórico de máximo desnivel o gradiente de fuerzas entre naciones en América, que no puede ser otro que el de los enfrentamientos entre el supergigante del Norte y los pequeños de Centroamérica, en donde, a la larga, éstos han perdido todos los combates.

Afortunadamente, en épocas recientes, en donde sobre todo el pueblo brasileño, el relativamente más fuerte y mejor armado de todos nosotros, y donde originalmente se propuso la citada "teoría de la dependencia", está de regreso, después de una tenaz e infructuosa exploración, de cualquier vía que huela a camino armado antiimperialista, y demostrando, con hechos, que es por la vía del ejercicicio de la política, del fortalecimiento de la democracia, de la negociación de conflictos, de la capacitación para la resolución de problemas, como podremos avanzar. Si bien es cierto que, en circunstancias extremas, a los débiles pacíficos no nos queda otra opción que la de sucumbir ante los fuertes violentos, también debería serlo que deberíamos hacer lo imposible por dificultarles la tarea y alterar el paso c) de la cadena, que es el único que depende de nosotros. Si conocemos nuestras necesidades y nos preparamos para argumentar, dialogar y negociar, aunque el otro se resista, en defensa de nuestros legítimos derechos, tendremos mucho más chance de sobrevivir y prosperar. O sea, si, con todo el respeto y cariño hacia Sandino y el Che, terminamos de empeñarnos en transitar el camino, cuesta arriba pero viable, de los Zelaya, Dávila y Árbenz...

¡Quién sabe si esto fue lo que quisieron decirnos aquellos cultos hombres de maíz, los mayas, con su extraña decisión de no batirse contra los violentos aztecas o españoles!