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martes, 20 de abril de 2010

Transformanueca en revisión (y III): ¿Mea culpa político?

La verdad sea dicha es que hasta ahora nadie le ha manifestado al blog su falta de énfasis en aspectos educativos, científicos, tecnológicos o culturales, y que, a propósito, cuando lo iniciamos hace un año, dijimos que esos temas, y no lo político, en su sentido estricto o partidista, tendrían una atención prioritaria. También hemos expresado, en varias oportunidades, que no tenemos nada en contra de la política, entendida en un sentido amplio, pero que preferiríamos exponer un marco general de nuestras ideas antes de proceder a plantear vías -necesariamente políticas- de solución a los problemas sociales examinados. Y hace ya mucho tiempo que tomamos conciencia de que cada vez que abordamos cualquier asunto de interés colectivo, inmediatamente aparecen distintas perspectivas e intereses en conflicto que obligan a la adopción de un enfoque político, es decir mediador entre las distintas racionalidades involucradas y las prácticas factibles de solución correspondientes.

Si no existiese la divergencia, la pluralidad de ideas e intereses, que dependen de infinitos factores, tampoco haría falta la política, pero como siempre existe ésa, entonces, quizás afortunadamente, los humanos hemos inventado esta manera de articular las ideas y las acciones colectivas que nos permite -no siempre, por supuesto- superar los conflictos sin recurrir a, o al menos minimizando, la violencia. Las criaturas, animales o vegetales, conocidas restantes, que desconocen, en esencia, la política, parecieran estar siempre prestas ya a la pasividad absoluta o ya al enfrentamiento desbordado, y no es casual que carezcan de instituciones y, sobre todo, de procesos evolutivos de sus instituciones: toda institución social es el producto de cierto consenso político en torno a la manera de resolver algún problema o conjunto de ellos, responder preguntas, adquirir conocimientos, divulgar ideas u ocupar territorios, y todo movimiento es el resultado de algún disenso en relación a la manera institucionalizada de pensar o hacer las cosas. En buena dosis, la política trata de esta dinámica o tensión entre instituciones que expresan consensos y movimientos que expresan disensos, o, lo que viene a ser equivalente, entre el orden establecido y el cambio -al cual, a este último, cuando es fundamental, lo llamamos transformación.

Hasta allí, no habría ningún problema en abordar regular o permanentemente temas políticos en el blog, y en cierta medida ya lo hemos hecho así. La dificultad se presenta cuando, como en la situación venezolana actual, la "política" se torna un campo de intolerancias, diálogos de sordos, zancadillas, mentiras, poses, negocios, adulaciones, fariseísmos, insultos, calumnias y posturas parecidas, que impide, precisamente, la superación de conflictos y el libre juego de las ideas y, sobre todo, la búsqueda de soluciones reales a los problemas sociales; o sea, cuando la "política" impide el ejercicio de la política. Cuando apenas aludir a Chávez se convierte en una manera de deslindar campos irreconciliables entre quienes están incondicionalmente con él -¡Con hambre y sin empleo / con Chávez me resteo!, era una de las consignas populares hasta hace poco, reemplazada ahora por las no menos elocuentes de ¡Chávez no se va! (sin especificar hasta cuando debería quedarse, lo que no es superfluo, dado el antecedente de su ídolo y mentor Fidel Castro...) o ¡Chávez es el pueblo!-, y quienes lo consideran la raíz misma de todos nuestros males -¡Se vaaa / se vaaa / se va, se va, se vaaa...!, ha sido una de las consignas favoritas de la oposición, ahora sustituida por eufemismos que encubren el ¡Hay que salir de Chávez como sea!, de amplia circulación en conversaciones privadas. Así las cosas, lo que hemos intentado hasta ahora, con dudosos resultados, es invitar a nuestros ciberlectores a pensar en la problemática de la transformación de nuestros países, en la cual estábamos ya enfrascados y comprometidos mucho de la aparición en escena del mentado, tratando de evadir tan nefasta y asfixiante polarización.

Pero, puesto que todo tiene sus límites en esta viña del señor, tal parece que se nos hubiese pasado la mano con este aparente apoliticismo, al punto de que hay quienes -y sobre todo aquellos que nos han visto intervenir en otras lides y con quienes nunca hemos interrumpido nuestras conversaciones sobre el acontecer político nacional- nos están reclamando una atención mayor a los candentes asuntos inmediatos venezolanos. Esto nos ha provocado hondas reflexiones, y de allí que hayamos decidido incorporar esta subserie aniversaria de Transformanueca, y especialmente este artículo*, para aclararnos acerca de lo que que ha significado y significa la política para nosotros, y sobre si tiene sentido intervenir, desde ahora mismo y más directamente, en los debates del momento político presente.

Claro está que nunca podríamos entender por política la defensa o ataque sistemático de ningún fulano, pues, incluso cuando hemos estado más entregados a esta crucial esfera de la vida, nuestras energías se han volcado al impulso de movimientos sociales, al diagnóstico de necesidades concretas y a la propuesta de programas de transformación de instituciones, haciendo siempre de la construcción de una organización política de vanguardia un medio y nunca un fin. Los movimientos sociales son como el hábitat para el desenvolvimiento de las organizaciones políticas críticas, sin los cuales éstas invariablemente degeneran en aparatos sectarios que más daño que bien le hacen a los procesos de superación negociada a los problemas y situaciones sociales conflictivas, que constituyen la razón de ser de la política. Cuando estuvimos en la universidad, por ejemplo, y lideramos, primero, el movimiento que se conoció como Liga de Estudiantes / Hacia la toma del porvenir, y luego, además, dirigimos el grupo político y el periódico Prag, llegamos a proponer planes concretos de transformación de la universidad en función de objetivos nacionales, que incluyeron hasta planes de estudio alternativos para la formación de profesionales, con énfasis en la formación para el diseño de sistemas y en la realización de proyectos de interés para el país, que priorizaban la atención a la problemática alimentaria, el desarrollo agrícola, el desarrollo de una industria de bienes de capital, la sustentabilidad energética, la búsqueda de salidas al angustioso problema nacional de la vivienda, y afines. Y bastante recordamos como esa manera de entender la política prácticamente irritaba a los políticos al uso, al punto de que en algún momento coincidieron las aparentemente irreconciliables fuerzas de derecha y de izquierda para fraguar, con las autoridades impuestas por el primer gobierno de Caldera, nuestra expulsión de la universidad.

En nuestros años de construcción de La Causa R, que muchos han querido silenciar por vía de reescribir esta pequeña historia (un día alguno nos increpó públicamente que dónde estábamos cuando ocurrió la fundación formal de esta organización en la Primera Asamblea Nacional -efectuada en Los Caracas, en 1973- o cuando aparecieron los primeros números de la revista, y nos vimos forzados a responderle que apenas en la organización, en la realización de las exposiciones centrales o en la redacción de aquel evento o de estas publicaciones), también entendimos la política, a la que entonces contraponíamos a la politiquería, como una mediación entre lo ideológico y lo movimiental desde abajo. La construcción de un movimiento popular desde abajo, es decir, desde su activación en torno a problemas concretos, junto al debate ideológico permanente y al deslinde de campos respecto de todo foquismo, vanguardismo, golpismo o acción directa y al margen del desarrollo real de los movimientos de masas, fueron los rasgos que nos diferenciaron tanto del enfoque del MAS, por un lado, como de la izquierda abierta o encubiertamente guerrerista. Bajo este enfoque se impulsó un movimiento estudiantil universitario que se mantuvo durante toda la década de los setenta, en donde se formaron cientos de cuadros y se sensibilizaron socialmente miles de estudiantes, y que fue predecesor del posterior movimiento de los años ochenta (Plancha 80) de donde han emergido muchos de los cuadros jóvenes del actual gobierno (Jorge Rodríguez, Jacqueline Farías, Alejandro Hitcher, Julio Montes y otros); un movimiento sindical, construido en torno a Matancero, de donde emergió Andrés Velázquez, Tello Benítez, Ramón Machuca y otros dirigentes del actual movimiento obrero; un movimiento profesional y magisterial de donde han salido, o se foguearon, muchos de los principales cuadros políticos no militares del actual gobierno (Alí Rodríguez, Aristóbulo Istúriz, Francisco Sesto (Farruco), María Zambrano y otros). Claro que el MAS, con su enfoque promotor del enfoque providencial de un socialismo que resolvería todos los problemas a partir de una gloriosa mañana roja futura, y la izquierda guerrillera, con su perpetua batalla violenta contra el imperialismo, hicieron mucha más bulla y hasta se burlaron de nuestra aparente estrechez de miras. Pero, si apartamos por un momento otras diferencias que después tuvimos con La Causa R original, o, luego, con la actual Causa R, con Patria Para Todos o con el propio presidente Chávez -quien en repetidas ocasiones ha reconocido su deuda formativa con Alfredo Maneiro y la primera Causa R-, nos resulta claro que aquel esfuerzo, ampliamente concebido y desde abajo, ha tenido un impacto de largo plazo mucho mayor que los espumosas o ruidosas intervenciones del MAS, el MIR, Bandera Roja, la Liga Socialista o el Partido de la Revolución Venezolana (PRV), por citar sólo algunos.

En el ambiente profesional ingenieril contribui- mos, sobre todo con el Movi- miento Profe- sional Sucre (MPS) y desde el Colegio de Ingenieros de Guayana, al desarrollo de programas en pro de la independencia tecnológica nacional. Intervinimos para organizar, dictar y/o coordinar numerosos foros y seminarios sobre la problemática de la dependencia tecnológica y el desarrollo de capacidades tecnológicas propias en las empresas básicas, e incluso promovimos la conformación de una especie de congreso tecnológico regional, con algunos resultados importantes en materia reivindicativa (y también llevando no pocos palos, como ha sido nuestra costumbre en este país aferrado a una estructura social de factura medieval y con un miedo cerval ante los cambios). Entre los más caros de estos resultados, como ya asomamos hace días, estuvo forzar la suspensión del contrato de construcción de la presa de Guri por el consorcio Brasvén, quien, obsesionado por las pingües ganancias del megaproyecto, quiso justificar como gajes del oficio las numerosas muertes de trabajadores que vivían hacinados en barracas inhumanas y en medio de condiciones de trabajo que violaban cualquier estándar de seguridad industrial. Este Movimiento Sucre, como lo llamábamos, con cientos de profesionales participantes, fue luego decisivo a la hora de brindar soporte profesional, en los años noventa, a las dos gestiones de Andrés Velázquez en la Gobernación de Bolívar, y también a las alcaldías de Clemente Scotto. Numerosos cuadros profesionales, e inclusive varios ministros y unos cuantos personeros del actual gobierno, como Ana Elisa Ossorio, Jorge Giordani y Francisco Sesto (Farruco), fueron activos participantes del Movimiento Sucre de Guayana.

Con la revista Ahora, con la que quisimos, junto a Carlos Blanco, Gerver Torres, Trino Márquez y otros compañe- ros, a quienes apreciamos pero de quienes nos distanciamos desde que fueron seducidos por la fiebre neoliberal de mediados y fines de los ochenta, y también con Rigoberto Lanz y otros compañeros de la entonces Tendencia Marxista, actualmente agrupados en torno a la Misión Ciencia y la columna A tres manos de El Nacional (en la que declinamos participar cuando detectamos su tinte académico), el enfoque siguió siendo el mismo: impulsar la actividad política con pivote en la activación de movimientos sociales reales y en el debate ideológico amplio y nunca en la esfera mediática o legislativo/burocrática, que se han convertido en la arena principal de la acción política venezolana.

Ya fuera del ámbito partidista o movimiental organizado, en todos los proyectos impulsados desde el Centro de Transformación Sociotecnológica (FORMA), que jamás han carecido de un alcance político, en el sentido amplio en que entendemos esta actividad, hemos procurado contribuir a la satisfacción de necesidades y la solución de problemas sociales. Nuestras contribuciones al diseño de una carrera tecnológica para los profesionales de INTEVEP; la realización y diseño, conjuntamente con la Universidad Tecnológica del Centro, UNITEC, de un diagnóstico y una base de datos sobre el potencial de las instituciones de educación superior venezolanas para brindar apoyo científico y tecnológico a la industria petrolera nacional; el diseño de un programa de formación y desarrollo de personal (SIDEP) para la totalidad de los trabajadores de la industria siderúrgica venezolana, con siete niveles de carrera y veintidós especialidades; el programa DECATEC, auspiciado por CONICIT, para el desarrollo de capacidades tecnológicas en cerca de cien pequeñas y medianas empresas metalmecánicas de Guayana; o, más recientemente, el diseño de un programa nacional de formación y desarrollo para el personal llamado a conducir las investigaciones, pronósticos y alertas meteorológicos, climatológicos e hidrológicos de importancia estratégica para el país, se cuentan entre los proyectos con claro contenido político que hemos ejecutado.

Lo que, en síntesis, hemos querido destacar o al menos discutir, aún a riesgo de que jóvenes lectores no entiendan el porqué de tantas historias anteriores al auge de la web y de los celulares -con los que para ellos pareciera iniciarse el mundo- es que si bien es cierto que en algunos períodos de nuestra existencia -que no tenemos culpa de que ya no sea tan corta- hemos soslayado la atención a la política, digamos, partidista, no por ello, e incluso ha sido así en Transformanueca, si lo saben observar, hemos pretendido abdicar de nuestros compromisos con los procesos de transformación social y, particularmente, económica, política y cultural de nuestro país. Y de allí las interrogantes que le hemos puesto al mea culpa que nos sirvió de título, en esta fase de crisálida o capullo a la que ha ingresado el blog y de la que pronto, esperamos, emergerá como imago o mariposa adulta dispuesta a emprender nuevos vuelos y, ¿por qué no?, también nuevas e inevitables metamorfosis.

*Posdata: repetimos que una lectora nos observó, en comunicación personal, acertadamente, que el aniversario de Transformanueca no se cumple con este artículo, el 104, correspondiente a la semana 52 del primer año, sino el día 24 de abril, cuando salió a la web el primer artículo del blog, o, en su defecto, el martes o viernes más cercano a esa fecha, como corresponderá a la edición del próximo viernes 23 de abril, cuando tendremos la entrega aniversaria propiamente dicha. Quedamos más que convencidos... y agradecidos.

viernes, 16 de abril de 2010

Transformanueca en revisión (II): ¿Mea culpa tecnológico?



No sería muy exagerado afirmar que los primeros veinte años (1950-1970) de mi vida los pasé esencialmente dedicado a adquirir conocimientos científicos y cierta cultura para contribuir, como ciudadano e ingeniero químico, al desarrollo de mi país y, especialmente, a un desarrollo petroquímico que permitiera incrementar la productividad agrícola -vía fertilizantes- y con ello atender las necesidades alimentarias de la población. Tenía ya prácticamente terminada la carrera académica, y montado un laboratorio personal de química, con algunos cientos de equipos y miles de reactivos, cuando descubrí que los planes, tanto del gobierno como de la industria petrolera, eran muy distintos: adquirir plantas llave en mano ("El Tablazo marca el paso..."), instalarlas a los trancazos para hacer propaganda con la inauguración de las obras, y hacer negocios con las contrataciones, uno, y obtener ganancias fáciles con la exportación de petróleo crudo, la otra. Desbordado de indignación -o quien sabe si incapaz de entender los juegos del país, demasiado alejados de los míos-, pero quedándome para siempre con las pasiones básicas entonces activadas: la ciencia, la literatura, el arte, la fotografía, los viajes, la amistad, el amor, la naturaleza (todas las cuales han ido dejando su secuela de expresiones o huellas tangibles e intangibles diversas, aunque muchas de ellas, como los diarios personales o el laboratorio de química, que la DISIP se empeñó en declarar herramienta terrorista -y cuyas pequeñas historias creo haber comentado antes-, se extraviaron el camino...), decidí dedicarme a la política para ayudar a corregir semejante orden de cosas.

Los segundos veinte años (1970-1990), o sea, la segunda cuarta parte probable
(pues uno nunca sabe...) de mi vida, los dediqué principalmente a actividades sociales y políticas. Dirigí un movimiento universitario (la Liga de Estudiantes / Hacia la Toma del Porvenir); contribuí decisivamente, como mano derecha de Alfredo Maneiro, a la construcción de un partido político (La Causa R); luego, con Jorge Giordani, Edgar Paredes Pisani, Luis Alvaray, Christian Burgazzi y otros, de un movimiento profesional (el Movimiento Profesional Antonio José de Sucre, MPS, a nivel de ingenieros y afines); y, más tarde, junto a Carlos Blanco, Rigoberto Lanz, Alí Rodríguez y otros, intenté, sin éxito, pues pronto me sentí solo en el empeño, fundar otro partido político. También trabajé en, o dirigí, varias publicaciones, que acompañaron esos esfuerzos: La Causa R, Prag, el Boletín del MPS, la revista Ahora... También aprendí a ganarme la vida con el oficio de analista de información documental, al que escogí por que me permitía estudiar y seguir aprendiendo sobre la problemática de la educación, la ciencia y la tecnología, e hice los abstracts (resúmenes analíticos) de un par de decenas de miles de artículos de revistas y libros. De esos años me quedó, aparte de la experiencia de levantar una familia y un par de hijos, de las huellas de aquellas actividades a las que llamé pasiones básicas -con sus respectivos archivos, bibliotecas, ficheros y afines-, y también de las cicatrices de un generoso y surtido racimo de expulsiones, un cuerpo de ideas propias y no académicas, volcadas en manuscritos personales y/o divulgadas en talleres, foros,seminarios y publicaciones menores, aunque nunca seriamente publicadas, acerca de la naturaleza del desarrollo de las capacidades productivas y educativas, y una visión de las dinámicas de los movimientos sociales y políticos. Claro que, en el plano propiamente político, indirecta o parcialmente contribuí a algunos logros: la organización de la Causa R, de donde emergió luego el partido Patria Para Todos, ciertos logros del MPS en el Colegio de Ingenieros de Guayana (con la paralización de la despiadada construcción de la represa de Guri, por el consorcio Brasvén, en donde murieron decenas de tabajadores en condiciones harto inseguras, como el logro más importante) y su apoyo crucial a las gestiones de Andrés Velázquez en Bolívar, y hasta la emergencia de Chávez y el chavismo (pues las relaciones con el sector militar se iniciaron por aquella época, y el propio presidente ha reconocido a Alfredo Maneiro como uno de sus principales mentores...) tienen mucho que ver con esos esfuerzos. Pero, no obstante, entre mediados y fines de los ochenta, sentí que el mundo de la política venezolana tendía a convertirse, cargado de intereses que lo bastardean (en la acepción negativa de este vocablo), en un fin en sí mismo, desvinculado de la atención a las necesidades de la gente, y dejó de interesarme como actividad primordial. Decidí entonces, junto con Maricarmen Padrón, con quien también me casé en segundas nupcias, fundar un pequeño centro de investigación sin fines de lucro y sin subsidio alguno público o privado (pero sí hepático para quienes hemos estado en él...) al que decidimos llamar Centro de Transformación Sociotecnológica (FORMA), dedicado a impulsar un desarrollo de capacidades tecnológicas con ética e inspiración social (de allí lo de Transformación Sociotecnológica), al que todavía, aunque sin ella, dirijo.

La que posiblemente se convierta en la tercera cuarta parte de mi existencia (1990-2010) ha transcurrido entre la dedicación a un conjunto de más de cien proyectos, que apuntaron al desarrollo de capacidades tecnológicas y de formación de personal técnico y tecnológico, entre ellos algunos dedicados a impulsar la formación de ingenieros de procesos petroquímicos en INTEVEP, de personal siderúrgico y metalúrgico en las empresas básicas de Guayana, en el sector eléctrico, en la industria metalmecánica, en el ámbito ambiental de la meteorología, la climatología y la hidrología; la continuación de las investigaciones sobre la transformación de nuestras sociedades, junto al seguimento acucioso del acontecer político latinoamericano, y el empeño, fallido hasta ahora, por comprarle a la vida aunque fuese un par de años para publicar y dar a conocer los resultados de tantos estudios y experiencias; y, muy recientemente, con la dedicación a Transformanueca. Sin embargo, la inflación rampante y producto de la desconfianza de los actores económicos en el futuro, la extendida incomprensión de la importancia del conocimiento en las sociedades modernas, las discontinuidades en los proyectos públicos,
el inmediatismo mercantilista de las empresas, y, quizás sobre todo, la corrupción desatada en el país, con un tráfico de comisiones (sin las cuales a menudo es imposible hasta cobrar los proyectos ejecutados para el sector público) que asfixia casi todos los esfuerzos de atención real a los problemas, han conspirado exitosamente para que, otra vez, los resultados sólo puedan verse de manera magra e indirecta: algunos miles de profesionales, técnicos y empresarios que han asistido a los cursos de FORMA, diseños de sistemas diversos, contribución a los planes estrategicoides (pues con la extrema incertidumbre reinante nada puede ser realmente estratégico en Venezuela) de numerosas pequeñas y medianas empresas e instituciones, y, de nuevo, bibliotecas, archivos, y miles de páginas, fichas y documentos diversos escritos (así como de fotografías, etc.), a la espera de una oportunidad para ser divulgados (o esperando su turno para ir a parar a quien sabe qué basurero, derrumbe sísmico o incendio...). Transformanueca ha venido a ser una especie de espita o válvula de escape de estas ideas acumuladas, pero he aquí que, apenas en su primer año, ya comienza a padecer del síndrome de la incomprensión y abandono externo al que pareciera condenado cualquier intento serio de transformación del país, o, como mínimo, cualquiera de los emprendidos por quien suscribe.

Para efectos prácticos, Venezuela se comporta como un área rural en la que ha aparecido una mina de petróleo, o como un colegio en el que se tumban piñatas todos los días: ni los productores quieren trabajar, puro pensando en las preciadas pepitas, menas o dólares de la mina, ni los muchachos quieren estudiar o aprender puro pensando en las golosinas de las piñatas. Quienes proponen algo distinto al reparto de unas u otras poco a poco terminan siendo vistos como raros, acomplejados o enfermos, y no pocas veces como los enemigos a aplastar. Todo ocurre como si el país padeciese una incurable adicción a las palancas, movidas, rebusques, bullas y chanchullos que genera la renta petrolera, ante la cual sucumben todos los esfuerzos de prédica o de acción que apunten en sentido contrario.

Cuando me senté a escribir el artículo estaba pensando en Transformanueca y su futuro, pero en algún momento -¿será que hay algún virus autobiográfico que me ataca en torno a los aniversarios...?- empecé a hablar no del blog sino del supuesto bloguero y su futuro, y a veces confieso que no logro distinguir bien donde termino yo y donde empiezan mis empeños por difundir y aplicar ideas... Espero que estas reflexiones no contribuyan, o a lo mejor sí va a ser así, a cocer más la que quizás sea ya una colección de ladrillos... (Como ven, las reflexiones y cosas por aquí no han estado precisamente color de rosa, pero por lo visto no hay más remedio cuando cumple años el blog y el tal bloguero está casi presto a iniciar su probable última cuarta parte de residencia en este compungido planeta...).

martes, 6 de abril de 2010

¿Por qué y para quiénes estos cien artículos?

Varios enfoques concursaron, durante días, para inspirar este artículo centenario de Transformanueca. El primero, que parecía obvio, de corte casi celebrativo, en la onda del artículo cincuenta, fue prontamente descartado ante la situación angustiosa que vive Venezuela, cuya economía está desmoronándose y con una inflación rampante, en donde la inseguridad nos está disparando a marcas olímpicas de criminalidad, y cuyo clima político pre-electoral amenaza convertirse en un nuevo festival de intolerancia e inmadurez política: la oposición sin ajustar cuentas con su estrategias de salir del gobierno como sea, el gobierno cada día más sectario y exclusivamente actuante en función de su propia perpetuación, y Dios quiera que no ocurra un retorno a las andanzas del año 2002... El segundo, digamos que evaluativo o reflexivo, invitando a los lectores a opinar sobre la experiencia y el futuro del blog, quizás con apoyo en una encuesta, resultó igualmente rechazado tras constatar que por estos ciberlares, y pese a que el flujo de visitas no ha bajado -pues se mantiene en cerca de once o doce diarias-, hace un mes (ocho artículos seguidos) que no se recibe ni un comentario* aunque sea para decir este teclado es mío, lo cual lució como una respuesta de los alrededor de setenta u ochenta asiduos del blog, quienes parecieran haber dicho anticipadamente que están ocupados en otros menesteres... El tercero, pongámoslo como defensivo, consistiría en una argumentación o justificación de lo hecho hasta ahora en el blog, de repente acompañado de un nuevo llamado a los lectores a tener paciencia, etc., pero por razones no del todo racionales la redacción experimentó una especie de fastidio previo ante esta opción y la descartó sin más... Otro más habría sido una especie de enfoque evasivo, como si aquí no estuviese pasando nada, pero esto en seguida se reveló tanto indigno del estilo que queremos para Transformanueca como prácticamente irrespetuoso para los pocos pero honorables lectores...

Y fue así que nos quedamos con este enfoque, al que podríamos llamar afirmativo/autocrítico, que consiste, en dos platos, en reconocer de antemano que algún error de relieve debe haberse cometido aquí, para provocar semejante éxodo de lectores dispuestos a formular comentarios y quebrando la tradición de aproximadamente un promedio de un comentario externo por artículo, pero, por otro lado, afirmando sin ambages que, incluso admitiendo la posibilidad de algún desliz reciente, las convicciones esenciales del blog se mantienen, así como su disposición a continuar. Tal es la idea que sustentaremos a continuación.

Todo sugiere que, por alguna razón, la subserie sobre la cuestión alimentaria, una perla en la corona de preocupaciones del metido dizque a bloguero este, no logró tocar fibras profundas de los lectores. Sea porque se pasó de extensa o de científica, porque se alejó demasiado de las inquietudes principales de los lectores -hasta ahora, en su mayoría, profesionales de clase media-, o por razones que faltan por descubrir, lo cierto es que un mes entero sin comentarios de ninguna índole se pasó de maraca en materia de silencios cibernéticos admisibles. Esto tiene que obligar a reflexionar a Transformanueca, cosa que haremos a partir de ahora -¡ojalá que con apoyo de algunos lectores!- y, sobre todo, desde aquí hasta el artículo 104, con el que se cumplirá un año (cincuenta y dos semanas de dos artículos cada una).

Por otra parte, y al margen de la contingencia del mes de marzo, la ocasión parece particularmente propicia para responder a la pregunta escogida como título. Comencemos con su primera parte: ¿Por qué estos cien artículos?
  • En primer lugar y sobre todo porque estamos convencidos de que en el planeta, y especialmente en América Latina, algo hay que hacer frente una suerte de epidemia de pereza mental, ante la cual la gripe porcina, alias AH1N1, luce como un estornudo esporádico. Mientras que, en relación a cualquier tema que escojamos, en estos ya no tan albores del siglo XXI se tienen cien veces más conocimientos que en la primera mitad del siglo XIX, la gente, incluso mucha gente instruida e informada, pareciera empecinada en pensar bien con las cabezas de los liberales decimonónicos, que se imaginaban que todos los problemas de la humanidad se resolverían en pocas décadas con el auxilio de la ciencia, la tecnología y los mercados competitivos, o bien con las de los socialistas utópicos, que creían que con buena voluntad e intenciones de sus líderes, y una buena sazón de enfrentamientos, experimentos y denuncias contra los desafueros capitalistas, los pobres y proletarios del mundo pronto lograrían enderezar la mayoría de entuertos civilizatorios. Poco ha importado que los científicos, pese a saber muchísimo más que sus colegas de anteayer -quienes creyeron saberlo casi todo-, sean invariablemente más humildes y más escépticos en torno a las posibilidades de la ciencia; que el capitalismo bicentenario sólo pueda exhibir magros resultados, beneficiosos para menos de una sexta parte de la población mundial; que la idea del socialismo en países atrasados e impulsado a punta de voluntarismos y denuncias haya resultado en absolutos y numerosos fracasos más allá de lo estrepitoso; o que hoy se conozcan, razonablemente soportadas, explicaciones convincentes acerca de los orígenes y evolución del universo, la materia, el tiempo, el espacio, la vida, el ser humano o la civilización occidental, con las que ni soñaron aquellos pensadores de marras. Para efectos prácticos, todo eso es tratado cual conchas de ajos, y ¡que viva la ceguera! pareciera ser la consigna imperante ante las nuevas luces. Transformanueca, especialmente con estos primeros cien artículos, se ha propuesto aportar aunque sean algunas pistas para la conformación de ciertos elementos en la construcción de algún grano de arena en pro de la superación de semejante neoscurantismo y su maniqueísmo derivado.
  • En segundo lugar y más concretamente, porque pensamos que América Latina, necesita de una orientación que le permita, sin renunciar a sus críticas civilizatorias o a sus sueños de largo plazo, moverse en el corto y mediano plazo en el contexto de una realidad en donde tendrá inexorablemente que aprender a sacar provecho de la educación, la ciencia, la tecnología y la democracia modernas. Después del derrumbe de la ilusión de que podría hacer un salto histórico altilargo desde el latifundismo y mercantilismo al socialismo, sin hacer escala en el capitalismo, América Latina requiere imperiosamente de una comprensión profunda del sentido y carácter de sus transformaciones, y Transformanueca aspira a ser útil en el proceso de elaboración de tal orientación concreta -o, como mínimo, de algunas de sus premisas-, que facilite la edificación de nuevos modos de vida, nuevas capacidades sociales y nuevas maneras de satisfacer nuestras imperiosas necesidades y conquistar nuestras merecidas libertades. Estos cien artículos pretenden haber sido un aporte inicial en este sentido.
  • En tercer lugar, porque hay que empeñarse en superar una concepción reinante en muchos países, y particularmente en Venezuela, con su fuerte adicción rentista y estatista, que hace de la política, y particularmente de la escena política mediática, el non plus ultra de la transformación social. Se pretende que los políticos, frecuentemente intolerantes, sectarios y alérgicos al debate y a la disidencia, las más de las veces sin una mínima claridad intelectual, sin organizaciones sólidas y construidas desde abajo, y no pocas veces sin experiencia en el impulso de luchas desde el seno de movimientos sociales, se conviertan, de golpe y porrazo, en mandamases de todos los poderes y fuerzas públicas, manejadores de todas las chequeras de mayores dígitos, ideólogos de la educación, la ciencia y la cultura, dueños de todos los territorios y recursos importantes, voceros en todos los medios masivos de comunicación y tomadores de todas las decisiones de relieve. Estos políticos no tienen tiempo para discusiones, ni para analizar problemas, ni para reflexiones, ni para escuchar a nadie y menos si se trata de críticas: se las saben todas, todo el tiempo y mientras por más tiempo mejor, y punto. Esta enfermedad, que en Venezuela lleva ya cuando menos un siglo de arraigo, hace que los ciudadanos corrientes conviertan sus derechos políticos en meras cualidades de aguante y recepción de dádivas, o, a lo sumo, en permisos para hacer bulto en mítines o sumar votos en elecciones, sin capacidad de control alguno sobre sus gobernantes o sobre las orientaciones sea del gobierno o de la oposición. Transformanueca quiere nadar contra esta nefasta corriente, y estos cien artículos esperan haber ayudado y seguir ayudando para ampliar esa concepción, a la vez mezquina por un lado y omniabarcante por otro, de la política.
  • Y, por último, mas sin menoscabar su importancia, porque es necesario revigorizar las ideas de la generación mundial de Mayo '68, que gritó que si una revolución no es capaz de cambiar la vida hasta sus cimientos no merece llamarse tal. Todo acontece como si, en medio del simplismo mental, de los vacíos programáticos y de las carencias políticas señaladas, en nuestros países latinoamericanos se pretendiera retrotraer los términos del cambio social a los parámetros de la Guerra Fría, en donde la toma del poder político en favor o en contra de megaenemigos planetarios agotaba los alcances de la revolución, y cualquier planteamiento o iniciativa distintos eran inmediatamente catalogados como cobardes escapismos que, en última instancia, le hacían el juego al enemigo. En nombre de la libertad y la democracia, por el lado capitalista, versus en nombre de los oprimidos y proletarios, por el lado dizque socialista, se quisieron justificar desde abusos y arbitrariedades hasta cacerías de brujas y purgas, cuando no de crasas matanzas y genocidios. Transformanueca apuesta a reivindicar la libertad de pensamiento y disensión en el quid de toda propuesta transformadora, y estos primeros artículos quieren servir de botón de muestra.
Y en cuanto a la segunda parte de la pregunta titular: ¿a quiénes están dirigidos estos primeros cien artículos?, respondemos: a seres socialmente sensibles, amplios de mente y dispuestos a pensar en maneras de traducir en cambios y hechos concretos tal sensibilidad y amplitud; a latinoamericanos conscientes de la imperiosidad de los cambios en nuestra subregión, que no conduzcan a pesadillas del pasado o a reediciones ilimitadas de las mismas situaciones problemáticas, y dispuestos a tomarse un tiempo para conceptualizar, diseñar y planificar el sentido, no importa si para actualizarlo una y otra vez, de tales cambios, así como a no latinoamericanos interesados seriamente en nuestros asuntos. No es un blog para acólitos, incondicionales de caudillos, fundamentalistas, catequistas, poseedores de verdades eternas, caletreros o sabelotodos.

Con estas afirmaciones iniciales, y también durante, sobre todo, los próximos cuatro artículos, hasta cumplir el primer año de actividades del blog,
cuando volveremos sobre estas cuestiones, damos por iniciada nuestra reflexión centenario/aniversaria, e invitamos encarecidamente a nuestros lectores a ayudarnos a ver más claro el porvenir inmediato de Transformanueca. Y no sobra recordar que para expresar comentarios en el blog, que no pocas amigas y amigos me hacen por teléfono, mensajes de texto, correos electrónicos o en encuentros personales, basta con: a) hacer clic en el fondo de los artículos, en donde dice "comentarios", b) luego, debajo de donde dice "Publicar un comentario en la entrada", abrir la ventanilla que dice "Comentar como:", y hacer clic en la opción "Nombre/URL", c) en el nuevo cuadro de diálogo "Editar perfil", escribir el nombre en el espacio "Nombre", y, si se quiere (aunque no es indispensable) que aparezca la foto que tengan asociada a una dirección Internet, escribir cuidadosamente tal dirección en donde dice URL (sin olvidar el http://), o, si no, dejar este espacio en blanco, y hacer clic en el botón "Continuar", d) escribir el comentario, no importa que sea breve o sencillo, pues lo apreciaremos más que cualquier silencio, en la ventana debajo de "Publicar un comentario en la entrada", y e) hacer clic en el botón "Publicar un comentario" (si aparece un mensaje que dice que no se pudo publicar el comentario por equis razón, darle de nuevo al mismo botón "Publicar un comentario", hasta que diga que ya ha sido publicado el comentario. ¿Complicado?, bueno, no es tan sencillo como desearíamos, pero tampoco nada del otro mundo o que no valga la pena aprender. Seguimos con ganas de seguir en contacto.

*Nota: justo cuando estábamos cerrando este artículo llegó un comentario bien crítico, al que nos referiremos prontamente, pero decidimos no modificar el texto de esta entrega.

martes, 13 de octubre de 2009

Como quien celebra algo importante

Comienzo a descubrir que si cierta diferencia esencial y alguna justificación existen relacionadas con producir un blog versus comunicarse a través de un medio convencional, ellas tienen mucho que ver con la libertad de expresión que se conquista cuando se tiene el poder suficiente para decidir sobre el medio mismo, sus estilos, temas, contenidos, mensajes, y hasta audiencias (puesto que el acceso a sus páginas es también una decisión del llamado bloguero, quien en cualquier momento puede optar por restringirlo; y, por supuesto, los lectores también deciden soberanamente lo que les interesa o no). Si el cielo existe, entonces, creo que lo más probable es que disponga, en el plano mediático, de una red de comunicaciones que debería ser una especie de hiperweb de infinitas posibilidades, ante la cual la de nosotros los terrícolas sería un vulgar remedo embrionario; o, lo menos imaginable y en el extremo opuesto, si todavía no la tienen, sus especialistas ya deben estar tomando nota de lo que aquí estamos haciendo para ver como lo superan más que con creces. Pero lo que no entra en mi biodegradable cabeza es que tengan allá algo como un periódico El celestial, dirigido según los antojos y sujeto a los intereses de algún San Magnate, o una red de medios estatales encadenados, por ejemplo La omnipresente, no importa si bajo la batuta del Creador en Persona (y/o en Espíritu).

A quienes todavía les extrañen estos disonantes prolegómenos que a veces aparecen por estos ciberlares, les diré que esto ocurre cuando necesito afinar la mente con una especie de la -como habrán visto que hacen las orquestas al inicio de los conciertos- para entonces inspirarme mejor en lo que sigue. En el caso de hoy, lo que he querido es despejar el terreno para sentirme, a propósito de la ocasión de la salida del artículo cincuentenario de Transformando nuestras capacidades, alias Transformanueca, libre de extenderme un poco más y ponerme en onda ligeramente autobiográfica, sin sentirme reo de algún narcisismo o de abusar de la buena voluntad de mis lectores. ¿Se entiende?

Conscientes estamos, o por lo menos nuestro instinto de las proporciones así nos lo sugiere, de que no podemos venir aquí a hablar de evaluar "Nuestra experiencia como blogueros", ni como "Productores o creadores de medios de comunicación alternativos", y mucho menos de "Hacer un alto en el camino andado" o cosas por el estilo, pues esto sería como que Colón, después de salir de Palos de Moguer en la madrugada del 3/8/1492, se pusiera, al amanecer del día siguiente, a hacer una "Evaluación del viaje hacia las Islas Canarias". No obstante, en el espíritu de los diareros, y seguramente en el de los cuaderneros de bitácora de antaño -que quizás eso sí le calce a quien suscribe-, tan dados a hacer comentarios sobre la marcha hasta de los asuntos más nimios (en su acepción usual de insignificantes), y en un contexto social al que percibimos cargado de inconstancias, aspavientos y alharacas al por mayor, nos dio la impresión de que convendría dedicar este artículo a una breve revisión de lo hecho hasta la fecha, en el blog, principalmente, pero oteando un poco el panorama de la "carrera" de su "autor".

Para empezar, y creo que esto es lo más importante que tengo que decir, me siento reforzado en mi decisión de avanzar en la divulgación de algunas de mis ideas y de asumir los riesgos inherentes a intervenir aunque sea en esta palestrita pública. Sé que a muchos, y sobre todo a duchos escritores, esto les podrá parecer risible, pero no a mí, que he acumulado, con o sin justificación, no pocos traumas a la hora de desenvolverme en las arenas no privadas, como intentaré fundamentarlo, o como mínimo ventilarlo, en las líneas que siguen.

Mostraré tres botones. En 1962, en medio del año y de la crisis existencial holgadamente más terribles que he tenido en mi vida (concédanme, por favor, que no les explique ahora por qué), y después de una aprobación informal razonable de las materias de la vida llamadas Literatura Infantil y Literatura Juvenil, decidí empezar a cursar Literatura Adulta e iniciar -sin haber oído hablar de ella, pero cual Ana Frank cualquiera- un diario personal, que se convirtió en una suerte de amigo secreto, cuando no de álter ego, que harto me ayudó a conocerme y guiarme. No logré por aquellos días, cuando vivía en Carora, desde los cinco años, sospechar siquiera que el tal diario, aquellos casi inocentes cuadernos de un niño y luego de un adolescente, fuesen a convertirse, nueve años después, junto a mi laboratorio de química, del que hablé hace unos días, en punto menos que preciado botín para los cuerpos de seguridad, nacionales y/o directamente acompañados por la CIA. Tanto dieron, hurgaron y allanaron hasta que los incautaron o hicieron desaparecer, salvándose sólo los dos últimos cuadernos (uno de los cuales aparece retratado en el artículo #1 de este blog), que cargaba conmigo en una de las enconchadas que debí echarme y mientras ellos revolvían mi casa.

Por si no fuera suficiente mi dolor, el de la pérdida de buena parte, al menos, de aquel ser tan querido, cuando intenté compartir con otros y ver si se podía hacer alguna gestión pública para recuperar mis más que atesorados cuadernos, me encontré con que la izquierda establecida -tan poco dada a sentimentalismos, salvo que políticamente convenga-, y dentro de ella algunos de quienes andan ahora en roles gubernamentales, lejos de condolerse o compadecerse ante mi aflicción, rápidamente se dio a aprovechar la oportunidad para demostrar que un hábito como el de llevar diarios desde la niñez y sin haber empuñado jamás un fusil como el Che, no podía sino ser la prueba definitiva de mi condición pequeño burguesa. De allí parecía colegirse, uno, que lo hecho por la DISIP no era ni tan censurable ni contrario a los derechos humanos, pues no dejaba de ser una merecida lección gratuita que me enseñaba que la política no era para gente como yo, y, dos, que esta evidencia prácticamente me ilegitimaba, según ellos, para ser un líder estudiantil o político genuinamente de izquierda, por lo cual no pocos se alegraron cuando la derecha me expulsó luego de la universidad, como ya lo expliqué, un par de veces. Sobra decir que nunca más, sino quizás hasta ahora, cuando le agradezco al director de este -un poco más y digno, y vaya usted a saber si en ruta hacia lo prestigioso- medio, llamado Transformanueca, la gentileza de cederme sus espacios, volví a hablar del tema de mis diarios personales. Y tengo que añadir que aún hoy tiemblo al hacer públicas estas confesiones, pues no descarto que, como no lo sabe la mayoría pero sí quienes hemos estado en el oficio de lo público crítico, a partir de ahora puedan ocurrir inexplicables robos o allanamientos en mi residencia, con pérdida de quien sabe qué papeles, pero... ¡qué le va usted a hacer, señora!

El segundo botón del muestrario -no sé si a los verdaderos autores les ocurrirá, pero a mí, cuando me pongo aunque sea suavemente autobiográfico o psicoanalítico, se me agolpan en la mente mis tiempos tempranos- ocurrió también por allá por 1965, cuando, en medio de los experimentos de química y a manera de separatas de mis diarios, comencé a escribir cuentos para mi disfrute personal y sin pensar en nadie más. Un buen día, cansado de leerlos yo sólo, decidí mostrárselos a un queridísimo mentor y padrino, entendido en literatura, quien, con la mejor fe, decidió tomar la iniciativa de hacerlos leer por ciertos críticos literarios y por un conocido y también cercano historiador (sus nombres no vienen al caso), y entre todos ellos optaron por publicar en ciertos periódicos, incluyendo el Diario de Carora, alguno de los cuentos y/o sus respectivas reseñas literarias, en donde se me señaló, con inusitada exageración, prácticamente como una novel promesa de las letras venezolanas que, sin embargo, tenía que emanciparse de las influencias de Urbaneja Achelpohl y otros escritores (a quienes, en su mayoría, jamás había leído...) Tan inmerecidas me parecieron las críticas y avergonzado me sentí, como una especie de arribista o impostor de la literatura, que, hasta el sol de hoy, cuando con mi blog he comenzado a dar a conocer algunas de mis andanzas de escritor clandestino, opté por engavetar mis escritos hasta que contasen con mi estricto y previo visto bueno (claro que sin contar con que estos le pudiesen interesar luego a la policía política venezolana, como ocurrió años más tarde, cuando, a más de los diarios, perdí materiales irrecuperables). Nunca antes había querido narrar esto, entre otras cosas por cariño a quienes sé que con la mejor fe me quisieron apoyar -y de hecho mucho me apoyaron, aunque no en la esfera literaria-, y a quienes ruego me perdonen si luzco como un malagradecido, pero, como en algún artículo ya dije, siento que llegó la hora de abandonar mi mudez consuetudinaria...

El tercer botón, y a quien estas cosas sentimentaloides le aburran le sugiero que se salte este párrafo y el siguiente, pues no habrá elementos nuevos, sino sólo otra faceta de mis peripecias autorales, data de 1981. Entre 1975 y 1984, lapso en el me que casé por primera vez y tuve mis dos únicos hijos, estuve muy activo en política viajando por todo el país e intentando construir una nueva fuerza organizativa, debí trabajar para hacer aportes a mi hogar, y a la vez me lancé con denuedo a una labor de investigación sobre la transformación de nuestras capacidades productivas y afines (de la que datan muchas de las ideas esenciales que ustedes están leyendo ahora en este blog). Con tales compromisos, debí inventar una fórmula para estudiar lo que me interesaba, obtener ingresos y maximizar mi dedicación a la actividad social transformadora, cual fue la de convertirme en un especialista en análisis y recuperación de información documental. Fue así como, en esos mismos años, elaboré los resúmenes o abstracts de alrededor de veinte mil documentos, entre artículos de revistas y libros en varios idiomas, sobre ciencia, tecnología, productividad, educación y desarrollo económico, y diseñé varios sistemas de recuperación de información documental, incluyendo aquél para mi propia investigación, y llegué hasta escribir un libro para normalizar el lenguaje sobre recuperación de información documental sobre educación superior en el país, titulado Microtesauro de la educación superior en Venezuela. Éste todavía es el estándar usado en el Centro de Información en Educación Superior (CENIDES), de la Oficina de Planificación del Sector Universitario, convertida ahora en Ministerio de Educación Superior.

El problema consistió, sin embargo, en que, en el seno del país candidato a paladín de la democracia latinoamericana, durante esos años este servidor no podía obtener empleo con su nombre, y usaba -cual personaje woodyallenesco de El testaferro, en pleno maccarthismo- seudónimos, entre ellos una variante (Santelis) de mi segundo apellido, o interpuestas personas. El curiosamente polifacético personaje, acusado por la derecha de temible extremista de izquierda, sospechoso hasta de explosivista y pertrechado con su tenebroso laboratorio químico, y, por la extrema izquierda, de pequeño burgués de derecha consumado, hasta con diarios infantiles y demás yerbas, una suerte de injerto de Bin Laden con Forrest Gump, sencillamente no podía aparecer como autor del mencionado libro, pese a que lo había escrito desde la A hasta la Z, con nula participación de cualquier otro profesional. La decisión inicial de la OPSU fue publicar la obra como una publicación institucional, sin autoría individual alguna; pero, cuando la internacional UNESCO, con quien también trabajaba, allí sí con mi nombre, en su sistema internacional de información sobre educación superior, en el entonces Centro Regional de Educación Superior para América Latina y el Caribe (CRESALC), amagó con contratarme para la elaboración de una obra semejante, la OPSU entonces decidió, generosamente, publicarla, con el despliegue originalmente previsto, los bombos y platillos de toda su plana mayor como autores institucionales principales, y una nota posterior que decía que, en el "equipo responsable de la elaboración de esta obra" había trabajado, como colaborador menor, un tal Edgar Yajure Santelis...

Tengo más relatos de cortes parecidos, de aquellas y de otras épocas, tanto intermedias como posteriores o contemporáneas, o sea para escoger, pero con lo dicho espero haber dado una idea de que mi vocación de escritor clandestino no ha sido 100% caprichosa, sino también el resultado de por lo menos una adaptación sui generis a un ambiente social que no ha querido ni podido entender - seguramente también con mi grandísima culpa, la que, sin embargo, no logro precisar-, cómo alguien no académico y sin currículo puede pretender ser un autor o expresar críticamente algo que valga la pena en materia de reflexiones, narraciones o acciones por la transformación de nuestros países latinoamericanos, y especialmente de nuestras capacidades productivas, culturales, científicas tecnológicas.

De todo lo cual podría derivarse, entre pitos y flautas, que pareciera procedente aplicarle un leve ajuste a la apreciación inicial que hice acerca de la experiencia de este blog. Tal vez sea atinada en cuanto a la publicación misma de los cincuenta artículos, mas podría ser severa al analogar mi periplo autoral completo con el de Colón a la mañana siguiente de su partida en el primer viaje, pues, si se toma en cuenta la trayectoria de diarero y afines, podría tal vez añadírsele unos días más a la metáfora del viaje colombino. Calculo, por ejemplo, que si me lo propusiese, y tuviese el debido financiamiento, podría llegar a vaciar todo lo ya escrito en mi "carrera literaria" en este blog, con fechas atrasadas de los viernes y martes, y llegaría sin mayores dificultades hasta aproximadamente aquel 1962, con equivalencia holgada a unos dos mil y pico de artículos. Sólo que, como no hay más pruebas, sino mi sola palabra, de que tal cosa sería posible, nada más nos sentimos autorizados para añadir, a la comparación con el viaje de Colón a las Islas Canarias, unos tres o cuatro días, o sea, a ponerlo por allí a golpe de 8 de agosto, a la mitad del trayecto a éstas, lo cual todavía nos deja sin méritos como para estar celebrando nada.

Rebuscando un poco más, a ver si completamos los fundamentos para una celebración, aunque sea modesta, podríamos referirnos a ciertas otras dificultades del viaje, como la de que, pese a disponer de brújula, no está claro a cual de las islas arribar. Este aspirante a autor no sólo no es ni quiere ser un académico, sino que le fastidia alérgicamente escribir para académicos afanados por sus escalafones, estudiantes ansiosos por sus notas y títulos, o toda clase de personas para quienes el conocimiento sea apenas un instrumento para escalar algún tipo de posición, y no para comprender la vida, superar necesidades y alcanzar libertades. En otras palabras, tan exquisito quiere ser este autor en pininos, en la escogencia de su audiencia y sus lectores, que ha pretendido siempre y sigue pretendiendo, ahora dizque con un blog, nada menos que dirigirse a jóvenes, ancianos, trabajadores, amas de casa, gente de la calle, profesionales, artistas, investigadores, etc., interesados en comprender, discutir y atacar en profundidad la esencia de los problemas de la transformación fundamental de América Latina, sin divismos académicos ni poses intelectuales ni profesorales ni estudiantiles de ninguna índole.

Aunque con mil diferencias, la situación recuerda una escena patética de la película El beso de la mujer araña, adaptada por Babenco de la novela homónima del argentino Manuel Puig, en donde William Hurt (quien ganó un Oscar al mejor actor por esta interpretación), haciendo del homosexual Molina, le confiesa a nuestro admirado y desaparecido Raúl Julia, quien hace de guerrillero latinoamericano y está preso en la misma celda, que a él no le gustan los otros homosexuales sino los hombres fuertes y varoniles, pero que su problema radica en que a éstos les gustan son las hembras de verdad y no los tipos amaricados como él... Con analogías, sin dejar de insistir en las disimilitudes y distancias, podría decir que me gustaría comunicarme con lectores y gente corriente y no con académicos, ni pomposos, ni petulantes del conocimiento, ni interesados en aprobar exámenes ni graduarse de nada, pero tal vez mi problema consista en que a esta gente común no le interesan los tipos demasiado complicados y quizás sesudos como yo, pues para ocuparse de las cosas serias tienen a artistas y animadores de televisión y a sacerdotes, y para decidir que hacer en América Latina tienen a políticos de oficio que no les exigen pensar nada sino hacer bulto o sumar votos. Entonces, aunado esto a las consideraciones precedentes y ante una cuenta regresiva de tiempo, surgen las preguntas de dónde estoy parado y hacia dónde enrumbar mi viaje intelectual.

El meollo de las preocupaciones que acompañan la pequeña alegría, en el sentido hessiano, de haber llegado a los cincuenta artículos del blog es el mismo -¿por qué no decirlo?- que muchas veces me ha asaltado durante los largos años de mi accidentada vida intelectual. Consiste en preguntarme, aun a sabiendas de que son prácticas difíciles de enmendar, pues se han convertido en una suerte de segunda naturaleza, en donde perdí el poder de escogencia, sobre el sentido o utilidad de lo que pienso, escribo o fotografío. Dejar de pensar o escribir o de hacer fotografías, a estas alturas de mi vida, sería como pedirle a un ave que se dedique al submarinismo o a un pez que construya nidos en la copa de los árboles, y, sin embargo, a veces se nubla tanto el horizonte que no sé si estoy o hacia dónde voy avanzando y si podré llegar aunque sea a las Islas Canarias. La situación del blog no es precisamente para estar eufóricos, pues, pese a que el ritmo y número de visitas se han mantenido, y hasta se han elevado ligeramente, todas sus magnitudes siguen siendo exiguas y, entre otras, demasiado escasos los comentarios.

Tranquilícense las lectoras que esto no está en la ruta de una nota de despedida, y mucho menos de algún mundo cruel... Quizás el quid del asunto esté en que, precisamente por la característica de sociedad todavía relativamente ciega al conocimiento que considero tiene nuestra América Latina y, más particularmente, Venezuela, con frecuencia me siento sin colegas o transitando un camino demasiado solitario, pues a decir verdad no conozco de cerca a nadie que se haya dedicado tan intensamente al estudio de nuestra realidad y las perspectivas de su transformación, desde una óptica externa al mundo académico. Dicho diferentemente, no conozco a ningún otro investigador sin medios de fortuna, que no haya jamás recibido ningún subsidio público ni donación financiera privada, y con un centro de investigación propio. Sí sé de numerosos profesores que se interesan y escriben sobre temas afines a los míos, a quienes, por cierto, todavía no he invitado formalmente a leer mi blog, pero a veces tengo la sensación de que sus interlocutores favoritos serán siempre otros profesores o sus estudiantes, y no es a esa audiencia a la que quiero dirigirme. Mi anhelo es encontrar, sin desdecirme ni convertirme en una persona diferente al pensador que soy, un vínculo con los latinoamericanos de base deseosos de aprender y actuar para transformar nuestras realidades..., algo así como lo que logró Walt Whitman en Norteamérica o Neruda o García Márquez o Joan Manuel Serrat entre nosotros, pero no en el terreno de la ficción y la imaginación, sino en el de la reflexión de fondo, aunque no religiosa, sobre nuestros problemas y nuestro destino. Pareciera que mi onda quisiera emular la labor de... -se le atraganta a uno el espíritu de sólo imaginarlo-, de un Sócrates..., pero aquí entramos a aguas y mares tan pero tan profundos, que hasta el Atlántico colombino empieza a parecer un charco... ¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo y hacia dónde continuar... ?

Bueno, no sé qué pasó aquí, pero tras la angustia llegó un poco de calma, como si mientras pensábamos en como reanudar el viaje el viento nos hubiese empujado un poquito y, de repente, allá en el horizonte, se ven como unos islotes -por supuesto, nada que ver con la Tierra de Gracia ni con doces de octubre históricos, aunque sí con el 12/10/2009, fecha calendario de cuando esto escribo, lo que me puso en onda de descubrimientos y esperanzas, aunque también, a la víspera de un mero martes trece, ...-, que podrían hasta llegar a islas, tal vez algo parecido a las Canarias y con ellas a un doce, aunque todavía de agosto..., y, si así fuese, completaríamos nuestros recaudos para celebrar el paso dado, e invitar a nuestras lectoras y lectores a ayudarnos a pensar en el destino de Transformanueca. Para ello los invitamos encarecidamente, desde hoy y por todo lo que resta de mes, a enviarnos comentarios sobre la trayectoria, perspectivas y sentido del blog, y también a llenar, bien una encuesta detallada, que requiere apreciaciones sobre las distintas series del blog, que les hemos preparado para facilitar sus aportes, a la que pueden acceder con sólo un clic en el hipertexto: Mejorando a Transformanueca., y/o bien una versión abreviada de la misma encuesta, que sólo demanda opiniones a nivel del blog en su conjunto, a la que pueden acceder a través del hipertexto: Opinando sobre Transformanueca.

¡Cumpleartículos feliz,

te deseamos a ti,

cumpleartíííículos


Transformanueca,


cumpleartículos feliz...!

viernes, 24 de abril de 2009

Acerca de este blog o cuaderno de bitácora (I)

Aunque la idea de publicar weblogs o, abreviada y comunmente, blogs es relativamente reciente y casi una moda, al punto de que el término no aparece todavía en nuestros diccionarios usuales y tampoco tiene una traducción estandarizada, no sobra decir que la práctica de los cuadernos de apuntes o diarios no es nada nueva y está, cuando menos, hondamente arraigada en nuestra cultura.
En lo personal, la práctica de escribir diarios, apuntes o cuadernos de notas es prácticamente un instinto que me ha acompañado desde que era un niño, y a ella le debo innumerables satisfacciones, aunque también terribles frustaciones, de las que hablaré en alguna otra oportunidad. Y algo parecido me ha ocurrido con la fotografía, que ha sido como un segunda manera de expresarme y tomar notas, pues durante cuatro décadas me ha brindado hondos goces, mas también sinsabores y sensaciones de impotencia, sobre todo desde que andar con un equipo fotográfico sofisticado por las inseguras calles de la mayoría de ciudades de América Latina se convirtió en una aventura más riesgosa que cualquier safari africano.

Para complicar más el asunto, también a menudo me he sentido desadaptado en la cultura estamental y disciplinaria imperante: demasiado "poeta" para muchos amigos científicos e ingenieros y demasiado "racional" para amigos humanistas y artistas, peligrosamente "político" para numerosos pares de clase media e insoportablemente "pequeñoburgués" para proletarios y gente de los barrios, con una trayectoria indigeriblemente "radical" para tecnócratas y a menudo con relaciones sospechosamente "tecnocráticas" para militantes ortodoxos de izquierda. Cuando he intentado establecer relaciones con distintos editores y directores de medios de comunicación ha sido usual que no termine de ser lo que les gustaría que fuese, y me ha quedado la sensación de que, al aceptar sus pautas y en el contexto del resto de sus mensajes, lo que quiero decir quedaría irreversiblemente desvirtuado.

Así las cosas, la necesidad de divulgar o comunicar tantas cosas pensadas, escritas o fotografiadas fue, sin embargo, agigantándose en mí, hasta que de pronto, con estos medios de comunicación social a través de la web, se ha presentado una oportunidad que ya no puedo dejar pasar. Estos nuevos medios, que recién comienzan a desafiar el poderío de los medios de comunicación centralizados, de manera análoga a como hace poco más de dos décadas los microcomputadores desafiaron el monopolio de los centros tradicionales de procesamiento de datos, ofrecen oportunidades de comunicación nunca antes soñadas. Todo ha ocurrido como si fuese ahora o nunca que tengo que empezar la labor de divulgar, compartir y enriquecer tantas ideas elaboradas no en un ambiente académico, en donde nunca quise estar, sino en conexión con un amplio conjunto de proyectos, iniciativas y acciones de variada índole.

Por lo que antecede, me empeñaré en publicar, "postear" o "colgar" los artículos del blog todos los martes y viernes de cada semana a partir del próximo primero de mayo, salvo ediciones extraordinarias o cambios que anunciaré oportunamente a mis potenciales lectores. Espero que muchos puedan disfrutar la experiencia que ya comienza a deleitarme, aunque debo confesar que también estoy emocionalmente prevenido, cual "picado de culebra ante bejuco", para afrontar las amenazas y riesgos que intuyo aparecerán.

A quienes decidan acompañarme en esta experiencia comunicacional les doy mi fraternal bienvenida y mi anticipado agradecimiento por el apoyo que me puedan brindar.