martes, 7 de septiembre de 2010

Hacia una transformación social piloto en Lara (II): La perspectiva territorial

Situado aproximadamente entre los 9º y los 11º de latitud norte, y los 69º y 71º de longitud oeste, con límites con el estado Falcón por el Norte, con Trujillo y Portuguesa por el Sur, Yaracuy y Cojedes por el Este, y Zulia por el Oeste, el estado Lara es una de las entidades de la llamada Región Centro-Occidental del país, integrada además por los estados Falcón, Portuguesa y Yaracuy, y geográficamente forma parte de la región natural actualmente conocida como “Sistema de Colinas Lara-Falcón”, que es uno de los nueve ámbitos naturales en que, recientemente, se ha dividido nuestro territorio. Con sus 19.800 km2, que quizás se incrementen una vez que se resuelvan ciertos problemas de linderos territoriales con sus estados vecinos, ocupa el 2,2% del territorio nacional y es el undécimo estado, en tamaño, del país, con una superficie aproximadamente igual a la de El Salvador o del Estado de Israel.

Por su condición limítrofe con cinco de las ocho principales regiones naturales restantes del país, a saber, con la Depresión del Lago de Maracaibo, la Región de los Andes, la Región de los Llanos, la Cordillera de la Costa y la Región Costera, esta región natural del Sistema de Colinas Lara-Falcón, y sobre todo el estado que nos ocupa, ha tendido histórica, cultural y económicamente a comportarse como una especie de bisagra capaz de interactuar con los ámbitos restantes mencionados. En términos político-administrativos el estado Lara limita con los estados Zulia, Falcón, Yaracuy, Cojedes, Portuguesa y Trujillo, cada uno de ellos con un distinto perfil en cuanto a su región natural, lo cual hace a Lara único en cuanto a la diversidad de sus interacciones con sus regiones naturales y estados vecinos.

Orografía

Orográficamente hablando, el estado posee un relieve principalmente montañoso, con alturas predominantes entre los 500 y 1000 metros sobre el nivel del mar (msnm), con cuatro depresiones principales: dos mayores, una en torno a Carora, la mayor de ellas, al centro-oeste del estado, entre 250 y 500 msnm, y otra en torno a Barquisimeto, al centro-este, ligeramente por encima de los 500 msnm; y dos menores, una en los alrededores de Siquisique, al centro-norte del estado, también entre 250 y 500 msnm, y otra, en los alrededores de Moroturo, al noreste, en el valle del río Tocuyo y sus afluentes, entre 100 y 500 msnm. Estas depresiones están insertas en un complejo conjunto montañoso que incluye un sistema de colinas independiente, el cual, además de las depresiones citadas, incluye, al norte y en dirección este-oeste, varias sierras, entre las que destacan las de Baragua, Agua Negra, Matatere y Bobare, con alturas entre los 1.000 y los 1.500 msnm y que dibujan los límites con Falcón; dos ramales terminales o estribaciones de la Cordillera Andina, que abrazan el estado por sus costados este y oeste y con dirección norte, delimitándolo con sus entidades vecinas Portuguesa, Trujillo y Zulia, con varios picos o páramos, entre los que destacan el Páramo de Cendé, con más de 3.500 msnm, los Páramos de Jabón, Las Rosas y Guache, en los límites con Trujillo, con más de 3.000 msnm cada uno, y los picos de Paramito y Curumato, con alturas cercanas a los 2.500 msnm, en los límites con Portuguesa; y una pequeña porción de arranque la Cordillera de la Costa, la Sierra de Aroa, en los límites con Yaracuy. Si lo viésemos desde suficiente altura, el estado se asemeja a una especie de mesa baja asistente anexa a la gran mesa andina, con algunas hondonadas o depresiones, o, si se prefiere, como un escalón intermedio desde el cual se accede desde la costa, el llano, o la región zuliana con su lago, a las alturas andinas, por un lado, y a la Cordillera de la Costa, por el otro.

Hidrografía

Uno de los más serios problemas del estado es la relativa escasez y la desigual distribución del recurso agua, que se agrava con el hecho de que cerca del 90% de la población vive en centros urbanos en las depresiones centrales áridas de Barquisimeto y Carora, mientras que las principales fuentes de agua se sitúan en la periferia del estado, con drenajes hacia los estados vecinos; la única laguna natural del estado, la Ciénaga de la Cabra, se extinguió hace ya varias décadas. Esto ha llevado a proyectar y construir obras de aprovechamiento y trasvase de agua hacia las áreas más pobladas, como Atarigua (con capacidad máxima de 426 millones de m³), Dos Cerritos (127 millones de m³), Los Quediches (39 millones de m³) y El Ermitaño (23 millones de m³) , pero sin un esfuerzo comparable en función del desarrollo agrícola. Con la nueva y largamente esperada presa de Yacambú (con una capacidad instalada máxima de 461 millones de m³), cuya construcción ha llevado décadas, se está intentando corregir esta anomalía.

El principal río del estado es El Tocuyo, que casi lo atraviesa de suroeste a noreste y que, luego de recorrer unos 300 km, desemboca en el Mar Caribe; otros ríos importantes son el Morere, afluente del Tocuyo, en donde mucho nos bañamos cuando éramos imberbes, pero que se ha venido a menos, por mala gestión hídrica, en las últimas décadas, y ahora se la pasa convertido en lodazales durante buena parte del año, y los Baragua, Sarare y Turbio, tributarios del Orinoco a través de los ríos Portuguesa y Apure. No se han evaluado suficientemente, y menos aprovechado, los acuíferos o depósitos de agua subterránea del estado.

Geología y Suelos

Desde el punto de vista geológico, la mayor parte del estado es de origen cuaternario, es decir, de una edad inferior a los 2 millones de años, que lo convierte, junto a la mayor parte de los llanos y de la depresión al sur del Lago de Maracaibo, en una de las regiones geológicamente más jóvenes del país. No obstante, la Depresión de Barquisimeto, conjuntamente con las áreas montañosas al sur del estado, serían más antiguas. Llamamos la atención sobre este hecho geológico pues en nuestro país, desafortunadamente, con el énfasis de los estudios geológicos puesto en la búsqueda de petróleo, sobre todo en los codiciados estratos terciarios y cretáceos, con edades aproximadamente entre los 20 y los 130 millones de años, no es mucho lo que se sabe acerca de los orígenes, naturaleza y potencialidades de estas superficies jóvenes cuaternarias, en donde se ocultan todavía muchas claves para impulsar el tantas veces pospuesto, pero imperioso, desarrollo agrícola venezolano, que bien podría tener en Lara uno de sus motores de arranque.

La depresión de Carora, situada, como ya se dijo, entre los 250 y 500 msnm, con un área aproximada de 8000 km2, contiene un relleno aluvional lacustrino de sedimentos finos del Cuaternario superior, que hace que todavía se encuentren conchas diversas de moluscos en las llamadas "playas", muy semejante al relleno de buena parte de nuestros llanos. La depresión está dividida en dos subáreas principales, una plana y más fértil, hacia el sur, con aluviones o sedimentos arrastrados por los ríos Diquiva, Quediche, Bucare y Sicarigua, afluentes del Morere, y otra, hacia el norte, menos fértil y con relieves accidentados y pendientes entre 30 y 60%, compuesto por ondulaciones y serranías relativamente áridas de rocas sedimentarias y metamórficas, surcado por numerosas quebradas que permanecen secas la mayor parte del año, pero que de cuando en cuando experimentan violentas crecidas, para pánico de personas y animales. Esta conformación geológica reviste particular interés, sobre todo si se toma en cuenta que, dada la afinidad mencionada con los suelos llaneros, que constituyen, junto a depresiones como la caroreña, el 45% de la extensión terrestre del país, con más de 400.000 km2, buena parte de las soluciones agrícolas que ya se han ensayado en el municipio, o que puedan desarrollarse en el futuro, pudiesen ser extrapolables al conjunto del ámbito llanero, en donde diversos autores han señalado que está la clave para el desarrollo agrícola tantas veces postergado de Venezuela y, por tanto, para la ansiada soberanía alimentaria.

En otras palabras, la depresión caroreña puede y debería ser entendida como un tubo de ensayo para la búsqueda de soluciones estratégicas al desarrollo agrícola y alimentario nacional, por lo cual los productores caroreños, como ya han empezado a asumirlo, estarían llamados a ejercer un importante liderazgo a este respecto. La empresa Polar, por ejemplo, gracias a un acertado estudio de suelos, dio con unas tierras aptas para la producción de uvas y ahora está produciendo, en Altagracia, cerca de Carora, en lo que todos creían que era un peladero de chivos, cerca de veinte variedades de vino, algunos de ellos de excelente calidad y con ganas de tutearse hasta con champañas francesas.

A lo anterior cabe añadir que la problemática antes esbozada, de prevalencia de un estilo nacional de desarrollo no sustentable y cargado de pérdida de identidad cultural e inseguridad alimentaria, que implica el desaprovechamiento de las potencialidades de nuestros recursos culturales y naturales, especialmente en los ámbitos agrícola, turístico y artístico, tenderá a agudizarse a medida que, con el correr de este siglo XXI, se hagan cada vez más manifiestos los efectos del denominado Cambio Climático. Los fuertes períodos de sequía experimentados en cada vez más regiones del país, a veces alternados con violentas y súbitas inundaciones y deslaves; el aumento drástico en el número de incendios reportados en casi todas las regiones, con su gran mayoría en vegetaciones; el avance en los procesos de desertificación y de empobrecimiento de los muy escasos suelos con vocación agrícola, entre otras tendencias, lejos de constituir elementos aislados, son apenas el preludio de una problemática que tenderá a intensificarse en los próximos años y décadas y hará más difícil cualquier estilo de desarrollo integral alternativo. En tal perspectiva, no cabe duda de que la experiencia de Lara, y particularmente de Carora, en materia de adaptación económica creativa a un entorno ambiental severamente adverso se tornará cada vez más relevante en un país que verá, con el inevitable Cambio Climático, incrementar la magnitud de los desafíos de adaptación sustentable del proceso de desarrollo a las exigencias del ambiente natural, a la par que disminuirá su disponibilidad para paliar con realazos e importaciones las deficiencias de sus capacidades productivas.

En cuanto a sus tipos suelos, en el estado predominan los agrupados en el orden conocido por los especialistas como Aridisols o comúnmente denominados suelos áridos, constituidos por suelos minerales, es decir, con bajo o muy bajo contenido de materia orgánica, que poseen menos de 90 días consecutivos de humedad, y, dentro de este orden, con una alta participación de suelos caracterizados por horizontes con agregación de las partículas en forma de terrones y ausencia de estructura de roca en más de la mitad de su volumen y/o presencia de cantidades considerables de materiales meteorizables. Sin embargo, en la Depresión de Carora, y sobre todo en las áreas más planas al sur y al oeste del municipio Torres, predominan los suelos del orden Entisols, los cuales, aunque también minerales o con bajo contenido orgánico, son de baja evolución, sin horizontes claramente definidos debajo de la capa superficial, y relativamente menos lavados y acidificados que los del orden Aridisols, por lo cual su potencialidad agrícola es mucho mayor, sobre todo si se compensan, mediante esquemas apropiados de riego y fertilización, sus deficiencias de humedad y de nutrientes orgánicos. Adicionalmente, sobre todo en las estribaciones andinas al sur del estado, están presentes suelos del orden Inceptisols, también minerales aunque con humedad disponible para los cultivos durante no menos de tres meses consecutivos, los cuales, si se lograsen resolver los problemas de drenaje, con, por ejemplo, los sistemas tipo terrazas desarrollados por las poblaciones prehispánicas, adquirirían también un alto potencial para su aprovechamiento agrícola. La búsqueda de soluciones a estos problemas, para los cuales lamentablemente tienen poco tiempo los políticos, siempre atareados con los votos de la elección venidera, podría contribuir enormemente a elevar el potencial agrícola del estado.

Dada su ubicación, justo encima de la llamada Falla de Boconó, el estado forma parte de una de las zonas sísmicas más activas de país, y ha sido afectado por dos de los trece mayores sismos habidos en el país, en fechas 26/03/1812 y 03/08/1950, con efectos devastadores de este último sobre la ciudad de El Tocuyo. Sólo que, a diferencia de los caraqueños, los larenses, en general, ha aprendido a no embelesarse con las construcciones elevadas y caedizas, ni con cerros o barrancos, y buena parte de la población pobre vive todavía en las practicamente sismorresistentes viviendas de bahareque, de patente indígena. Al sureste de Barquisimeto se localizan las fumarolas "Volcán del Humo" o “Volcán de Sanare”, y el "Volcancito de San Miguel", que son los únicos vestigios de actividad volcánica reciente en Venezuela, por lo que son muy visitado por turistas diversos. El estado cuenta con una buena cantidad de cuevas, sobre todo en el sector de Sarare y en las vecindades de El Tocuyo y los Humocaros.

Clima

El clima dominante del estado, según la clasificación de Koeppen, es lluvioso cálido correspondiente a sabanas semisecas, o sea, semejante al clima llanero central, con una franja central semiárida con vegetación xerófila o montes espinosos. Una franja estrecha al sur del estado, y en particular al sur de la depresión caroreña, no obstante, es del tipo sabanas y bosques tropófitos sub-húmedos, y otra todavía más al sur, en las estribaciones andinas, es del tipo bosque húmedo tropófito, e incluso templado de altura tropical. Desde el punto de vista de la clasificación Thornthwaite-Temperatura, el clima dominante es del tipo piso tropical, con temperaturas promedio en los alrededores de 27ºC, que desciende hasta unos 24ºC promedio en las áreas más elevadas al sur del estado; y según Thornthwaite-Precipitación, es del tipo semiárido, con precipitaciones inferiores a 600 mm, concentradas hacia octubre-noviembre, y potenciales de evapotranspiración (la cantidad de agua que puede evaporarse) superiores a los 1800 mm anuales. En el valle de Moroturo, sin embargo, así como en las áreas montañosas al sur, los niveles de precipitación promedio exceden los 1000 mm anuales.

La conjugación de temperaturas de piso tropical, niveles bajos de precipitación, y altas relaciones de evapotranspiración potencial a precipitaciones, determinan que las zonas de vida del estado, según Holdridge, sean predominantemente del tipo monte espinoso tropical a monte espinoso premontano. Las zonas de vegetación predomi- nantes en el estado, según la clasificación del Instituto Geográfico Venezolano Simón Bolívar, IGVSB, son los tipos conocidos como cardonales y espinares, en primer lugar, y arbustales y matorrales, en segundo lugar. Hacia el sur del estado, en las estribaciones andinas, sin embargo, existe una estrecha franja de bosques siempreverdes, mientras que al noreste, en el entorno de los valles del río Tocuyo y de Moroturo, ocurren bosques semideciduos y existen áreas clasificadas como intervenidas.

Vegetación y Fauna

El estado sólo cuenta con poco más de un 6% de tierras con alto potencial agrícola, principalmente en las áreas periféricas, las cuales, sin embargo, están en su mayoría subutilizadas con pastos para ganaderías, plantaciones de caña de azúcar y cereales, y sólo en muy escasa medida, con frutas y hortalizas, más otro 7% de tierras con moderado potencial agrícola, situadas en la depresión central, en donde, sin embargo, se produce la totalidad del sisal y la mayor parte de la cebolla, el pimentón y el pepino, y en el orden de una cuarta parte de los tomates y melones que consumimos los venezolanos. El yabo, el cují negro, el cardón dato, el buche, el anaranjado cartán, la verde vera, el amarillo miguelito, el morado nazareno, el negro quebracho, el rojo sierra de iguana, el hermoso y sorprendente curarí, pariente cercano del araguaney, y el semeruco, el árbol emblemático estadal, portador de la fruta con la más alta concentración de vitamina C en el planeta Tierra, se cuentan, junto a muchos todavía poco conocidos montes con potencial forrajero, como la úveda, entre las especies vegetales naturales autóctonas. Muchas de estas coloridas maderas están siendo bellamente aprovechadas en Guadalupe, mientras que fibras naturales diversas lo están siendo en Tintorero. No obstante, debido a la falta de apoyo científico y tecnológico, ya comienzan a observarse síntomas de sobreexplotación y mal uso de las especies madereras de la zona, que amenazan la sostenibilidad de estas promisorias actividades artesanales.

Por su lado, el cardenalito, el cardenal coriano o de penacho (el de nuestro equipo de beisbol, el Cardenales de Lara), las palomas turcas -¡qué deliciosas son, y más cuando las caza uno mismo- y afines, el delicioso conejo sabanero -ídem-, la iguana -que aunque los caraqueños le tengan asco, es deliciosa y hasta más gustosa que el pollo, y los huevos son para chuparse los dedos-, las culebras cascabel y mapanare, hermosos y peligrosos alacranes, y escarabajos o cocos diversos, y de repente hasta algún oso frontino en el área andina, se hallan entre su fauna natural distintiva.

Áreas Protegidas

El estado cuenta con diecisiete áreas protegidas o bajo administración especial, que ocupan un 34% del territorio estadal. Entre estas áreas se destacan los parques nacionales Terepaima, al sureste de Barquisimeto, con 18.650 ha y alturas de hasta más de 1.700 m, en donde todavía quedan algunos yaguares, pumas y osos frontinos, y residen abundantes cachicamos, lapas, picures y monos araguatos; Yacambú, en la esquina sureste del estado y parte de las estribaciones andinas, con 14.580 ha, en donde se ha construido el nuevo embalse, con una capacidad de 436 millones de m³, que abastecerá de agua a la ciudad de Barquisimeto y al valle agrícola de Quíbor, cuya presa principal, después de cuarenta años de iniciado el proyecto, ya se ha concluido, aunque todavía falta por instalarse la red de tuberías de distribución; y Saroche, predominantemente desértico, en la parte centro-occidental del estado, con 32.294 ha y altitudes entre 500 y 1250 m, con una amplia representación de la vegetación xerófila nacional. También se cuenta con los parques nacionales El Guache, compartido con Portuguesa, y Dinira, compartido con Trujillo y Portuguesa, en donde nace el río Tocuyo.

Recursos Minerales

En cuanto a sus recursos minerales, en líneas generales, el estado, como todas las regiones de suelos jóvenes o cuaternarios, del tipo de la región llanera, carece de la riqueza característica de las zonas geológicamente más antiguas de buena parte del país, y sobre todo de la antiquísima región Guayana. Una excepción relativa la constituyen las reservas, en general no cuantificadas ni suficientemente estudiadas hasta la fecha, de minerales metálicos de hierro en El Tocuyo; de bauxita, en el sitio conocido como Carorita, cerca de Bobare; de mercurio, en el sitio conocido como San Jacinto, al norte de Carora, en la Serranía de Baragua; de plata y cobre, cerca del sitio conocido como Cocuaima, al noreste del estado, y de magnesio, en los alrededores de El Merey, al sureste. Sin embargo, pareciera que el Señor se apiadó después de dejarle tan pocos minerales metálicos al estado, y quiso compensarlo con algunos minerales no metálicos, tales como el carbón del Cerro Saroche, al norte de la vieja carretera Barquisimeto-Carora, y las arcillas blancas o calizas, ricas en silicatos y aluminatos, únicas en el país, con propiedades químicas y físicas muy semejantes a las del caolín, y aptas para la producción de productos cerámicos y pinturas, en una franja discontinua que va desde aproximadamente Barbacoas y los alrededores de El Tocuyo, hasta unos 40 km al norte de Bobare. También se cuenta con yacimientos de óxido de calcio y de antimonio, también cerca de Cocuaima, al noreste del estado, y, en general, con una gran variedad de arenas y arcillas aptas para su aprovechamiento la industria de la construcción o en la cerámica, artesanal o industrial. El estado ya cuenta con una importante cantidad y variedad de loceros, alfareros, ceramistas y adoberos que utilizan el barro para la fabricación de piezas utilitarias, con no pocas incursiones en el ámbito artístico.

Otros Recursos Físicos

Lara dispone de una red vial que, según los últimos datos disponibles, ascendía a 5.883 km, con 1.674 km pavimentados, 1.188 km engranzonados y 3.021 km de caminos de tierra, fuertemente vinculados a la capital, Barquisimeto, y con una orientación predominante este-oeste, con una vía principal, de 153 km, en buena medida con rasgos de autopista, que conecta al estado con las regiones central y zuliana. Una iniciativa zuliana, la de ampliar la autopista Lara-Zulia empezando por Maracaibo, fue detenida no hace mucho, con estrafalario despliegue de fuerzas armadas, porque se trataba de una vía de rango nacional y no estadal, pero luego los trabajos fueron completamente paralizados hasta el sol de hoy, lo cual pone de manifiesto que, con demasiada frecuencia, el Gobierno Central no hace ni deja hacer o, sinónimamente, ni lava ni presta la batea, con no pocos comportamientos hostiles, de hecho, ante cualquier iniciativa no auspiciada y apadrinada por el Presidente. Todo esto significa que muchas de las comunicaciones terrestres, con frecuencia, deben realizarse ineficientemente a través de Barquisimeto, que funciona como nodo central de la red de vías. La carretera que cruza el estado en dirección sur-norte, conectando a Barquisimeto con Acarigua-Araure, Portuguesa, por el sur, y con Coro-Punto Fijo, por el sur, sólo está adecuadamente desarrollada por su tramo sur, pero no por su tramo norte, dificultando las comunicaciones con la importante área industrial refinadora y petroquímica de Paraguaná, agregadora del mayor producto industrial manufacturero en el país. El estado cuenta también con un aeropuerto internacional, en Barquisimeto, y una línea ferroviaria, actualmente sólo de carga, pero que también la conocimos de pasajeros, que lo conecta con el primer puerto de importación/exportación de mercancías del país, Puerto Cabello.

Desde el punto de vista energético, el estado es dependiente de otras regiones del país, principalmente del estado Bolívar, desde donde importa energía hidroeléctrica generada en Guri, mediante una línea de transmisión a alta tensión, 765 kV, que es posteriormente distribuida por ENELBAR; y del estado Carabobo, desde donde importa energía termoeléctrica generada en Planta Centro, mediante una línea de transmisión de 400 kV, también distribuida por ENELBAR, y gas natural a través de un gasducto procedente de Morón. El estado también importa gasolina y combustible diesel de las principales refinerías del centro y el occidente del país, situadas en los estados Falcón y Carabobo. No es descartable, sin embargo, que en el futuro pudiesen encontrarse yacimientos petrolíferos al noroeste del estado, en los alrededores de la Sierra de Baragua, que técnicamente pertenece a la cuenca petrolífera de Maracaibo-Falcón.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Hacia una transformación social piloto en Lara (I): Inclusión y exclusión

Sobre experiencias piloto

Un día de comienzos de la década de los setenta, cuando era un líder estudiantil y discutía largamente con el políticamente visionario, pero organizativamente íngrimo, después de la división del PCV que dio lugar al MAS, Alfredo Maneiro, acerca de cómo avanzar hacia la construcción de una organización de vanguardia, me preguntó, con tono de veterano que quiere tomar en cuenta las opiniones del bisoño, "Edgar*: ¿Qué harías tú para avanzar hacia una revolución en Venezuela y construir un nuevo tipo de organización, distinta de las tradicionales que conocemos?".

Tras tragar grueso y tomarme unos instantes, para coger impulso ante una pregunta que obviamente excedía mi talla, le respondí algo así como que "la verdad, Alfredo, es que no tengo ni idea, pero lo único que sí te puedo decir es que en ingeniería química [estaba en el último año de esa carrera en la UCV, de donde me habían expulsado por disentir y protestar pacíficamente contra la manera como se formaban estos profesionales, y ya había manejado mi propio laboratorio químico y trabajado cinco años como asistente del ingeniero químico Germán Pérez Castillo, hijo de Pérez Alfonzo, en la Sección de Química del Departamento de Promoción Industrial de la Corporación Venezolana de Fomento], cuando hay mucha incertidumbre acerca de como impulsar un proyecto complejo, entonces se programa e implementa una experiencia piloto, en donde se aprende, en pequeña escala, lo que hace falta para acometer luego el mismo proyecto en una escala mayor o industrial". A Alfredo le pareció extraña la respuesta, me respondió algo así como que "pensaré más en lo que me has dicho", y me dejó pues tenía otras cosas que hacer.

Creí que había dicho una pistolada, pero resulta que a los días Alfredo se apareció nada menos que con la idea de que las mejores oportunidades de impulsar las tales experiencias piloto, o en pequeña escala, las teníamos en el movimiento obrero, en SIDOR, Guayana, en el movimiento vecinal, en Catia, Caracas, y en el movimiento estudiantil, con miras a expandirlo hacia el ámbito profesional, en la misma UCV, en Caracas, por lo que, en lo sucesivo, debíamos concentrar nuestros esfuerzos allí, y desde entonces hizo de las referencias a las escalas en que actuábamos un elemento central de todas sus tesis políticas. Simultáneamente, no sé si como especie de premio por mi aporte o para retarme, como gustaba de hacerlo, y ver hasta dónde era capaz de llegar, me asignó nada menos que la responsabilidad de preparar la intervención central sobre estrategia de construcción una organización de nuevo tipo, que luego Francisco Sesto, "Farruco", propuso llamar La Causa R, en la suerte de Primer Pleno o pleno constituyente de ésta, que hicimos a mediados de 1972 en el balneario de Los Caracas, cosa que preparé e hice, y con la que empecé a convertirme en una especie de "miniexperto" en cuestiones organizativas; la otra intervención central y extensa del evento, sobre coyuntura y política, la hizo el propio Alfredo.

¿Por qué en Lara?

Con la frase “Lara es el estado venezolano con menos dependencia del petróleo”, se inicia el correspondiente capítulo del difundido Atlas práctico de Venezuela, editado no ha mucho por el diario El Nacional. “Barquisimeto es la capital –o la ciudad– musical de Venezuela” es una expresión de amplia circulación nacional. “...Y, si escogiera, el sol, nacería en el nombre de Carora, [y] el agua nacería en Cabudare...”, alcanzó a decir, en su Oda a los nombres de Venezuela, el gran Neruda. En cierta ocasión un Bolívar inspirado, y supongo que enamorado, llegó a decir algo así como que, llegadas las cosas a cierto límite, bien valdría la pena perder una batalla por contemplar un crepúsculo barquisimetano. "La riqueza de Carora se debe exclusivamente al trabajo de sus habitantes, por muchas generaciones y por varios siglos" y "Carora [quintaesencia de Lara, quizás incluso más que el propio Barquisimeto, aunque no es mí animo avivar emulaciones fraternales de larga data...] puede ser modelo para el resto de Venezuela en muchos campos, en el campo de la cultura es evidente, en el campo de la cría de ganado, en el campo de la creatividad artística, especialmente en la música y la pintura; y también en cuanto a las ideas en el mundo económico, y el ejemplo que puede dar en cuanto a las fuentes de poder de un país, que no es otro que el 'trabajo'. Esta condición de Carora le da pues, un doble sentido, un sentido de ejercicio para el futuro y un sentido de ejemplaridad para el resto de nuestro país que tanto necesita esto", ha dicho el sabio José Manuel Briceño Guerrero, nacido llanero pero "caroreño por elección propia", en su ensayo "El sentido de Carora", originalmente publicado, en 1999, a propósito de los ochenta años de El Diario de Carora.

Estas frases, y muchas otras que podríamos añadir, sugieren el talante de Lara, entidad que ha tenido una participación decisiva en la conformación de la nacionalidad venezolana, y a la que podríamos considerar como un exponente del mayor avance relativo alcanzado en materia de construcción de un verdadero proyecto nacional, es decir, que podríamos estar hablando, en términos comparativos, del estado menos socialmente polarizado o, lo que es lo mismo, más integrado o con menos exclusión, de toda Venezuela. Lara tiene, probablemente, lo más parecido a lo que sería el tejido social dominante en la sociedad venezolana si un siglo de rentas petroleras y varias décadas de megalomanías y despilfarros estatales no nos hubiesen sumido en el actual pantano de desamor, destrabajo y corrupción. Si, recordando aquella popular metáfora de por dónde empezar a remendar una media rota, en Venezuela fuésemos a escoger por donde comenzar a remendar nuestros tejidos sociales rotos, no parece mala idea comenzar por uno de sus tejidos más firmes o relativamente menos raídos, el larense.

Tengo enormes dudas de que exista otra región de Venezuela en donde la cultura del trabajo y de la búsqueda de soluciones a los problemas esté tan arraigada como en Lara, lo cual se expresa, por ejemplo, en una larga experiencia acumulada en materia de iniciativas económicas, culturales y políticas que no han esperado por los recursos estatales, es decir, derivados de la renta petrolera, para acometerse, con participación de todos los estratos sociales. En Carora, por ejemplo, se contó con acueductos y sistemas de cloacas, empresas eléctricas y de teléfonos, estrategias de construcción de presas hídricas, desarrollos biológicos y tecnológicos ganaderos y agrícolas, restauración del casco colonial, ligas locales de beisbol e iniciativas musicales en el plano infantil y juvenil (de donde luego Abreu extrapoló su idea de las sinfónicas a nivel nacional), por ejemplo, impulsadas sin recursos del Estado, mucho antes que en otras regiones. Contrariamente a lo que asegura cierta izquierda, en la Carora que he conocido no ha habido nunca lucha de clases en sentido estricto sino contradicciones, y también encuentros y cooperaciones, entre estamentos sociales, al punto de que, en la lucha de independencia, es imposible trazar una línea social divisoria, derivada de la extracción de clases, entre patriotas y realistas. La cultura de trabajo reinante, cierto sentimiento generalizado de arraigo y de identificación con una amplia gama de valores, y una amplitud y tolerancia hacia las ideas y los comportamientos ajenos, hacen las veces de crisol en donde se fusionan o coalescen múltiples diferencias sociales, generando una especie de horizontalidad o planeza en las relaciones humanas. Y no es casual que haya sido precisamente aquí, en Lara, en donde ya han comenzado a darse los pasos más firmes en el terreno de la superación de la asfixiante polarización política nacional, pues nadie como Henry Falcón ha expresado tan tajantemente la idea de que de lo que se trata es de propiciar la "inclusión sin exclusión".

Por otro lado, durante muchos años ha sido un secreto a voces que muchas encuestadoras y analistas han estudiado los resultados de encuestas y procesos electorales en Lara para predecir y escalar apreciaciones en la escala nacional. Lara es lo más parecido a una Venezuela en chiquito que conocemos, a un laboratorio, con representación proporcional de todas las potencialidades y grandezas, mas también de todas las miserias y obstáculos, que nos permitiría experimentar y aprender para comprender y actuar con más tino ante los grandes desafíos de nuestra nación.

Introducción a una propuesta de transformación piloto en Lara

He traído todo esto a colación, y ojalá que no para martirio de lectores apurados, porque deseo que se tome en cuenta que, como mínimo, sé de lo que hablo cuando me refiero a experiencias piloto. Desde hace ya más de diez años, con dirigentes larenses del sector productivo, sanitario y cultural, y desde hace casi ocho meses con los dirigentes del PPT y con Henry Falcón y su equipo, he venido insistiendo en la idea de hacer del estado Lara una "experiencia piloto" de superación de la exclusión, profundización plural de la democracia, desarrollo de las fuerzas productivas reales, y avance efectivo hacia una sociedad venezolana con vocación de justicia social dentro del marco de un modelo que por un buen tiempo tendrá inevitablemente que ser el capitalista. Me han escuchado con suma atención, pero hasta ahora no ha habido manera de vencer los miedos de los primeros y ciertas tentaciones electoralistas de los segundos, por lo que creo que ha llegado el momento de sacar estas conversaciones de su escaparate.

Si esta iniciativa se llegase a adelantar, en sintonía con los sueños de quienes ahora la acariciamos, entonces Lara bien podría convertirse en una experiencia pionera en el proceso de búsqueda e implantación de un nuevo y verdaderamente sustentable o endógeno modelo de desarrollo nacional, con verdadera inclusión social.

Como es bien sabido, Venezuela es un país privilegiado en cuanto a su disponibilidad de recursos naturales y culturales, especialmente en lo referente, por un lado, a su biodiversidad, su recursos hídricos, su recursos minerales y energéticos, incluyendo la inapreciable energía solar, y la amplitud de su territorio; y, por otro, dada su condición de lugar de encuentro de prácticamente todas las éticas, estéticas y genéticas del planeta. No obstante, la conjugación de una relativamente fácil disponibilidad de recursos mineros, petrolíferos y gasíferos, cuya exportación ha permitido la obtención de cuantiosos montos de divisas y la importación de toda clase de bienes transables y de modas culturales, con una escasez de suelos con vocación natural agrícola y una escasez, todavía mayor, de personal calificado y conocimientos sobre las características de dichos suelos, de nuestro clima y aun de nuestra cultura, ha determinado históricamente, y sobre todo en el curso del siglo XX, que el estilo de desarrollo nacional haya sido hasta ahora profundamente no sustentable y excluyente, con una base económica rentista y desaprovechadora del grueso de nuestros recursos naturales no extractivos y de nuestro potencial cultural.

No nos cansamos de insistir en la absoluta vigencia de la aspiración nacional, voceada desde hace siglos por pensadores como Simón Rodríguez, el propio Libertador, Cecilio Acosta, Alberto Adriani y nuestro larense Chío Zubillaga, de transformar nuestros sistemas de trabajo en el campo mediante la asimilación de la ciencia y la técnica y la incorporación de fuerza de trabajo altamente calificada, en un contexto de reformas agrarias profundas y superación de las obsoletas estructuras latifundistas. Aspiración que luego fue condensada en la genial frase de Uslar Pietri de “sembrar el petróleo”, y en las premonitorias advertencias de Juan Pablo Pérez Alfonzo de “reducir la dependencia del petróleo” para evitar “hundirnos en el excremento del diablo”, y que sigue actualizándose con advertencias como las que a diario anuncia Domingo Felipe Maza Zabala. Tras dos siglos de haber sido formulada, en general, y tres cuartos de siglo en su versión adaptada a la realidad petrolera, la idea de una nación centrada en su trabajo y en sus sueños profundos todavía sigue siendo una aspiración distante de concretarse en un nuevo estilo o modelo de desarrollo nacional. Las comparaciones de nuestra estructura social con la de un campamento minero dependiente de la renta de un recurso no renovable, con que iniciamos la pasada subserie de artículos sobre Venezuela, están más que vigentes, y de allí la pertinencia de una experiencia social piloto revalorizadora del trabajo y la cultura como la que proponemos.

Aprovechando que este blog es todavía algo parecido a una conversación semipública, o de repente semiprivada, he decidido comenzar a divulgar esta idea ante eventuales sectores interesados en enriquecerla y ponerla juntos en práctica. Este será el sentido de la subserie que se inicia con este artículo, aunque anticipo que no será continua sino que tendrá interrupciones con artículos intercalados sobre otros temas.

Con lo que precede, y en los artículos que seguirán, pretendemos, de un lado, sentar un marco amplio que ayude a impulsar esta experiencia piloto, y, de otro, aprovechar para insistir otra vez en que de ninguna manera entendemos por política el arte de llegar a sentarse en, y después no quererse levantar de, una silla de poder, no importa cuán placentera y mullida sea. La política, sea en el plano mundial, latinoamericano, nacional, estadal, comunal o vecinal, es y será siempre para nosotros una mediación entre anhelos y acciones, sueños y realidades, planes y ejecuciones, los días y la historia.

Con esta subserie de artículos referidos a nuestra tierra chica también queremos aportar elementos útiles para nuestros lectores interesados en elaborar políticas para actuar en otras regiones, o en sus ámbitos de acción inmediatos, de las que poco a poco nos iremos ocupando, o sea, que deseamos otorgarle un valor metodológico o heurístico a ésta y las elaboraciones que seguirán. Asimismo, y con ánimo de ver si nos ponemos un poco al día en cuanto a fechas y de evitarle incomodidades a ciertos lectores, que nos han dicho que no les gusta leer artículos de Transformanueca en primer plana y con fechas viejas, sacaremos aceleradamente estos artículos y les asignaremos las fechas desde el viernes 03/09/2010 hasta el viernes 24/09/2010, ambos inclusive. Así los lectores a quienes no les gusta ocuparse de los fundamentos, los contextos o los detalles de las cosas, pronto tendrán chance para saltarse todos estos artículos intercalados e irse directo al final de la subserie, donde se concentrarán los elementos de política en el sentido convencional.

En las entradas que siguen, exploraremos, con tanta concisión como seamos capaces, pero sin atores, la problemática larense desde diversas perspectivas, y, particularmente, las características del territorio físico, la población, la economía, la educación, la historia y la cultura, y lo que entenderemos por aportes hacia la elaboración de una política piloto en el estado. Supongo que los lectores más acuciosos se darán cuenta de que el análisis que haremos, desde varias perspectivas, es una versión abreviada del análisis más robusto y exhaustivo que podríamos, pero no vamos a hacer, de las capacidades, identidades, y necesidades y libertades del estado, según la metodología del que hemos venido llamando el enfoque transformador. O sea, que seguiremos con Lara un camino parecido al que ya hemos recorrido intentando fundamentar algunos elementos de política para Latinoamérica y para Venezuela en su conjunto.
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*Toda la vida me había llamado Edgar Ricardo, pues en Carora y mi familia siempre me llamaron y me siguen llamando así, puesto que "Edgar" era mi papá, pero Alfredo se empeñó en que ese no era un nombre de político y tenía que acortarlo, y así me rebautizó, me quedé y me conocen unos cuantos amigos y conocidos de esta y posteriores épocas...

martes, 31 de agosto de 2010

La política venezolana (y VI): Las elecciones parlamentarias un poco más en detalle

En correspondencia con lo anterior, empeñados en ser equilibrados y razonables, y a riesgo de pasar por aguafiestas, apreciamos que las alternativas concretas de voto, incluso si expresamos, para empezar, nuestra mayor simpatía relativa por las opciones del PPT, en general, apoyadas por Henry Falcón, en Lara, y Liborio Guarulla, en Amazonas, para la Asamblea Nacional, no nos permiten entusiasmarnos ni augurar cambios sustantivos parlamentarios para lo inmediato.

Tenemos, en primer lugar, la opción del PSUV, cuyos candidatos a diputados, si bien en su mayoría fueron electos por la base, en un proceso interno en donde se estima que participaron más de dos millones de militantes, no parecieran tener algo que ver con los cuadros dirigentes de movimientos o de corrientes ideológicas y políticas que imaginamos en un genuino partido de vanguardia que pretenda avanzar hacia un socialismo, sino con procesos basados en la popularidad aparente por cualquier motivo. Como candidatos vemos a jovencitas y jovencitos simpáticos pero despolitizados, a lo Andreína Tarazón, los unos, no importa si catequizados a la carrera con la ortodoxia socialista al uso; a personalidades conocidas en los medios, como el periodista Earle Herrera, en Anzoátegui, el cantante Cristóbal Jiménez, en Apure, o la gerente comunicacional Blanca Eckout, en Portuguesa, un poco al estilo del Alfredo Peña de aquella vez, otros; a una buena cuota de dirigentes conocidos salidos del ámbito ejecutivo y con escasa vocación de tribunos, tales como Héctor Navarro, Diosdado Cabello, María León, Érika Farías, Francisco Arias Cárdenas, Luis Reyes Reyes, Tania Díaz, Yelitza Santaella y afines, todos en listas y designados a dedo por el presidente, probablemente con ganas de hacerlos actuar como carnadas para atraer votos, pero con intenciones de regresarlos a sus labores gerenciales y dejar a sus suplentes encargarse de las tediosas discusiones parlamentarias; luego están otros pocos ex-ministros o cuadros, en puestos nominales o lista, a quienes sí nos imaginamos en labores de representación de masas y de debates ideológicos, tales como Aristóbulo Izturiz, Luis Acuña y Aurora Morales; y, por último, a parlamentarios experimentados, pero no precisamente lúcidos en lo ideológico, también en puestos lista, tales como Cilia Flores, Iris Varela o Francisco Ameliach.

Adicionalmente, también constatamos que, en un supuesto momento crucial para la revolución, como éste, no hemos tenido noticia de verdaderos debates o liderazgos internos importantes en las elecciones internas del PSUV, de documentos para la discusión estratégica de la construcción socialista elaborados por individualidades o grupos, o de trabajos de masas en pos de la conquista de reivindicaciones concretas a corto, mediano o largo plazo que se expresen en consignas y movilizaciones y se traduzcan en elementos programáticos. Tenemos además la sospecha de que cuanto más salidores hayan sido los puestos nominales o de lista, menor la participación de las bases en su elección y mayor el peso de las prosternaciones demostradas al Jefe Máximo de la Revolución, y viceversa, cuanto menos salidoras y simbólicas las candidaturas, mayor la participación de las masas en base a popularidades de cualquier índole en los distintos ámbitos locales.

En un contexto donde se supone que estos parlamentarios van a trabajar nada menos que en la elaboración de la futura legislación socialista, no pareciera que la formación ideológica y política haya sido, en líneas generales, un criterio importante para la selección de los candidatos. Conocemos en cambio a amigos en este partido, como María Zambrano, Giulio Santosuosso, Arturo Pérez Mujica, Luis José Alfaro, y afines, con formación suficiente como para servir de maestros de socialismo a buena parte de los actuales candidatos a diputados, pero que no fueron considerados en las listas o nóminas ni por aproximación. Una excepción a todas estas reglas la vemos en nuestro apreciado Aristóbulo Iztúriz, en quien sí vemos madera de líder de masas y tribuno socialista, y por quien todavía votaríamos si estuviésemos en el Circuito 1 del Distrito Capital, aunque fuese como premio a su valentía de negarse a acceder virtualmente y mediante el dedo de Chávez al cargo que perdió en las máquinas frente a Ledezma, o en apoyo contra su rival Pablo Medina, nuestro amigo de larga data "Alonso @ El Vernáculo", a quien pareciera que le hubiesen metido un raro chip en la cabeza, pues no lo reconocemos en el Movimiento 2D y etcétera.

Sea como sea, lo cierto es que hace tiempo que no tenemos la experiencia de oir hablar con propiedad del capitalismo o del socialismo a cuadros políticos del PSUV, y que no pareciera haber relación entre la naturaleza de las responsabilidades del futuro parlamento, con o sin mayoría calificada, y los criterios de selección de los candidatos a diputados. ¿Qué criterio, entonces, como no sea la mera lealtad a toda prueba a Chávez, se empleó en el PSUV para escoger a los representantes del pueblo al máximo poder deliberante de la nación, que supuestamente se encargarán nada menos que de crear el marco legal del socialismo?

En relación a la Mesa de la Unidad, ya hemos dicho que nos parece de primordial importancia que se incorporen sus diputados al parlamento, para que este sea más realista y representativo de los venezolanos. Por más que le damos vuelta y tratamos de entenderlo conceptualmente, no logramos entender del todo la lógica del presidente Chávez cuando llama a demoler, triturar y siquitrillar a la oposición, metiéndolos a todos en un mismo saco, provocándolos y acusándolos indiscriminadamente, en buena jerga cubana, de fascistas, traidores a la patria y -el original- escuálidos (preferible, es cierto, al gusanos cubano, pero...), cuando resulta que, puntos más puntos menos, representan a alrededor de la mitad de los venezolanos. Se me ocurren tres cosas: o el Presidente se está preparando para un inevitable enfrentamiento violento con ellos, para una guerra civil de una mitad de los venezolanos contra la otra, por lo cual trata de precipitar un encontronazo, antes de que se organicen más, lo cual sería extremadamente grave; o intenta desesperarlos y frustrarlos, con ánimo de que se vayan del país y quizás monten un bunker golpista en Miami, para librar un poco más en concreto la guerra contra el Imperio, nuevamente al estilo cubano; o sencillamente, mi mejor hipótesis, porque en el fondo no está pensando en ningún socialismo en serio sino en mantenerse en el poder per sécula seculórum, para lo cual cierto lenguaje provocador sirve para alentar las fobias de su electorado marginalizado y asegurar dividendos en votos, a la vez que para mantener a la defensiva e inducir a errores a sus adversarios.

Pero lo que no nos cabe en la mente es que se esté pensando en construir de verdad un socialismo mientras se mantiene simplemente arrecha y dentro de las fronteras nacionales a la mitad menos pobre de la población, lo cual terminaría por volvernos locos a la mayoría de cualquier bando, hasta que fatalmente hubiese un desenlace violento, muy probablemente con intervención de como mínimo los cascos azules de la ONU para mantener cierto orden, al menos en los campos petroleros... Afortunadamente, ya los opositores han aprendido lecciones del pasado, y parecieran estar cada vez menos dispuestos a pisar conchas de mango. (Por cierto, no está demás recordar, o no sé si lo dije ya en otro lado, que esta ha sido la posición, ya desde los días del referendo revocatorio y en las parlamentarias de 2005, de Julio Borges, Capriles Radonski, Carlos Ocariz y otros líderes de Primero Justicia).

Pero, salvo lo anterior y excepto casos puntuales de líderes como Andrés Velázquez y Pastora Medina, por sus demostradas, y conocidas de cerca, vocaciones y gestiones progresistas en Bolívar; Antonio Ecarri en el Circuito 2 de Caracas, por su empeño en la cuestión educativa; o Julio Borges -quien no es santo de nuestra devoción, pero a quien le reconocemos su esfuerzo y el de su equipo por realizar una gestión distinta y sensible a las necesidades de las mayorías pobres en Miranda- en el Circuito 4 de este estado, no es por esta Mesa, o por lo menos hasta tanto defina más claramente qué es lo que propone para Venezuela, y ajuste más claramente sus cuentas con sus veleidades de 2002-2003, por quien se inclinan las preferencias de Transformanueca.

Y, finalmente, está la gente del PPT, hacia quienes volví a sentir respeto y cercanía sobre todo después de que, en 2007, se le plantaron a Chávez y su fanfarronada de emplazarlos a meterse casi por la fuerza en el PSUV. Desde entonces les he ofrecido mi solidaridad, he conversado detenidamente con José Albornoz, Rafael Uzcátegui, José Luis Pirela y los demás compañeros de la Dirección, ante la cual, además, he hecho varias exposiciones sobre mi visión del país; los acompañé en el pleno nacional de Carabobo, a comienzos de este año, en donde me permitieron hacer una intervención; he sostenido largas conversaciones con la gente de la Escuela de Cuadros Alfredo Maneiro, y en particular con Nelson Pérez, su director, explorando la posibilidad de montar un programa avanzado de formación de cuadros; he tenido intercambios recientes con Henry Falcón y otros compañeros de Lara, así como contactos diversos con compañeros de otros estados.

Más particularmente, a Henry Falcón, Vladimir Villegas, José Albornoz, Rafael Uzcátegui, José Luis Pirela y otros les propuse la estrategia de concentrar los mejores recursos en una iniciativa desde abajo en Lara, estado en donde, quizás, pero a juicio de muchos, subsistan muchas de las mejores fibras de una cultura venezolana del trabajo no rentista y basada en la creatividad y el emprendimiento, y en donde se conjugan condiciones hartamente favorables para impulsar una experiencia de transformación económica, cultural, educativa y política centrada en la adquisición de capacidades. Estado además al que bien conozco, por ser mi tierra chica y en donde viví buena parte de mi infancia y adolescencia, y en donde conservo valiosas amistades. Sin embargo, y pese a cierta acogida inicial, nada de esto pudo concretarse y al final de cuentas se impuso una vez más el electoralismo y la fijación en las andanzas de Chávez.

Pese a su devoción por las ideas de Alfredo Maneiro y por razones que no termino de entender, no terminan de decidirse a impulsar un proyecto coherente y desde abajo, al estilo de lo que hicimos en La Causa R en los setenta, en donde podría serles de suma ayuda. Y el problema está en que son muchas ya las veces que me he quedado con los crespos hechos a la espera de que me brinden la oportunidad de apoyarlos, incluso con exposiciones listas, como la de un proyecto para Lara, que le preparé hace poco a Henry Falcón, quien me aseguró varias veces que vendría a mi oficina. A propósito de estas elecciones, los únicos que tomaron la iniciativa de invitarme, y a quienes les dicté un Taller intensivo sobre la actual coyuntura política, fueron José Luis Pirela y los demás candidatos a diputados y compañeros del Zulia, a quienes les agradezco el gesto y entiendo que quedaron muy satisfechos con la experiencia. También a Margarita López-Maya, mi amiga de hace años, le agradezco la oportunidad que me brindó de asistir a algunos foros y reuniones.

Y no digo estas cosas con remordimiento alguno, pues a fin de cuentas siempre hallaré otras cosas interesantes que hacer, sino para que le quede más claro a los lectores del blog que la disposición de Transformanueca es a intervenir en toda iniciativa coherente con sus propósitos, así como a abstenerse de participar en aquello a lo que no le vea sentido.

Para concluir, las sugerencias de Transformanueca ante estas elecciones parlamentarias, para los lectores venezolanos (¡Ejem!, no olviden que esta es una publicación que circula a escala global, o sea, en todo el globo terráqueo...), pueden resumirse así:
  1. Antes que nada, la invitación a los lectores es a que voten tan a conciencia, con el conocimiento tan específico de los candidatos y con el menor entubamiento del voto como puedan. Si el candidato nominal que más les inspira confianza es del PSUV, y el de lista es de la Mesa, pues voten por uno y por el otro, pues en algún momento crítico del futuro ese candidato podría jugar un papel decisivo en el parlamento, mientras que el otro, el del Kino electoral a quien no conocen, podría cometer la peor de las pifias. Y bueno sería que pudiesen votar a conciencia por quienes crean que pueden contribuir más a encontrar una salida a esta crisis que padecemos, sin fundamentalismos y sin odios, sino críticamente y con afán constructivo.
  2. Si no conocen a nadie en el circuito que les inspire suficiente confianza, y/o hay dos o más que se la merecen en igual medida, entonces, si hay la posibilidad de que contribuyan con su voto al triunfo del candidato que no sea del PSUV, entonces Transformanueca les sugiere que voten por ese, pues con ello podrían contribuir a una menor posibilidad de que el gobierno imponga su proyecto de socialismo autoritario a punta de aplanadoras con la mayoría calificada.
  3. Y si no conocen a nadie que les inspire confianza, y/o hay dos o más que se las inspiren por igual, y hay una clara mayoría, según las encuestas, elecciones anteriores, etc., del PSUV o de la Mesa, con lo cual el voto de ustedes no sería decisivo, entonces la sugerencia es a que voten por el candidato del PPT, abajo y ala izquierda, para contribuir, aunque sea simbólicamente, a la vital despolarización.
Por lo que a mí se refiere, he tenido la gran suerte de poder aplicar los tres criterios simultáneamente en mi único voto nominal, pues en mi Circuito 3 del Distrito Capital tengo nada menos que a Margarita López-Maya, a quien conozco y me inspira toda la confianza del mundo, y a quien considero con uno de los perfiles más idóneos para desempeñarse en el parlamento que todos necesitamos; quien tiene algún chance de resultar electa, dada la baja votación prevista para el PSUV en este circuito (parroquias El Recreo y afines), y quien, además, ha sido postulada como independiente por el PPT. Mi voto lista se lo daré a Andrea Tavares, militante abnegada del PPT y merecedora de mi confianza, pues la conozco. Mi voto al Parlatino será para el PPT, pues la lista la encabezan Gustavo Hernández y Wilmer Iglesias, de la Direccion Nacional del PPT, a quienes conozco, mientras que la elección del competente Roy Chaderton, por el PSUV, está prácticamente asegurada a nivel nacional, y Ana Elisa Osorio, a quien también conozco y goza de mi confianza, está de cuarta en la lista del PSUV, con bastante chance de resultar electa. Como no conozco ni sé nada de los candidatos indígenas, pero sé que el gobierno apoya al grupo CONIVE, que va a quedar con casi toda seguridad, y la oposición a los grupos Tawala y Parlinve, entonces votaré simbólicamente por el candidato del grupo Guaicaipuro, que al parecer tiene intereses por lo menos seriamente indígenas (este "voto indígena al Parlamento Latinoamericano" va a ser todo un rollo para muchos, pues poco se ha explicado y menos se sabe sobre esto).

Pronto haremos contacto a propósito de la evaluación de los resultados electorales. (Si alguien conoce alguna oración que ayude a elevar la conciencia del pueblo a la hora de elegir soberanamente a sus representantes, estoy dispuesto a considerar su aprendizaje...).

viernes, 27 de agosto de 2010

La política venezolana ( V): Las elecciones parlamentarias en general

Las elecciones del próximo 26 de septiembre serán un hito importante en el proceso de reacomodo de la estructura del poder político en el país, por varios años distorsionada en demasía dada la lamentable decisión de la oposición de no acudir a los comicios de 2005. En cualquier caso, la emergencia de un parlamento al menos más representativo de la real correlación de fuerzas imperante debería contribuir algo a ponerle coto tanto a los abusos autocráticos y el ejercicio personalista del poder oficial, a que muchos se han ido acostumbrando, como a las permanentes tentaciones antidemocráticas a que ha estado sometida, según el estilo de cierta vieja izquierda, una oposición que ha pasado demasiado tiempo extraña al ejercicio de los poderes públicos nacionales.

La confrontación, el debate de ideas y la búsqueda de acuerdos, a pesar de las inevitables diferencias, de los representantes del pueblo en el poder legislativo no es un elemento más de la democracia sino un componente crítico de su esencia, y, aunque a los venezolanos, tras siglos de ejecutivismo autoritario y caudillesco, y ya varias décadas de presidencialismo basado en el voto universal, nos cueste creerlo, el parlamento es el asiento del principal de los poderes públicos, pues es allí donde los representantes establecen las leyes y pautas generales que deberían regir a todos los demás poderes. La relación entre la Asamblea de diputados y el Presidente es análoga a la de una asamblea de accionistas y el ejecutivo jefe de una empresa, es decir, que este sólo podría tomar decisiones dentro del marco de directrices establecido por aquella. Más aun, y aunque nos parezca una broma, según la letra de nuestra carta magna, repetimos, según la letra, "los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, no sujetos a mandatos ni instrucciones, sino sólo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal" (Art. 201).

Pese a que lo normal sería que las elecciones parlamentarias acarreasen un importante debate acerca de los destinos del país y las leyes necesarias para encauzarlo, así como en torno a las problemáticas estadales y locales, a cuya solución se deben los representantes de los electores, la realidad dista de ser así. En la nueva coyuntura nacional, todas la elecciones terminan convirtiéndose en plebiscitos a favor o en contra del Gran Mandatario, quien arrastra con su imagen portaviónica a gobernadores, diputados, alcaldes o concejales. Buena parte de la propaganda, por citar otro botón de muestra, es elaborada para el nivel nacional, y no pocas veces centrada en la imagen del Presidente, y, cuando contiene escasas alusiones a las realidades locales, más allá de alguno que otro nombre de los candidatos, sólo contiene consignas deducibles de aquellas pocas estandarizadas en el plano nacional. Puesto que el poder legislativo se ha convertido en, y muy probablemente va a seguir siendo, un apéndice del ejecutivo, no son los nombres de los diputados sino su filiación con el poder del Presidente lo que a final de cuentas va a contar.

Lo más importante en juego, en consecuencia, en estas parlamentarias, será la nueva composición del hemiciclo, debido a que, de no alcanzar el gobierno la mayoría calificada de 110 diputados, los dos tercios o 67% de la Asamblea, no podrá aprobar a su antojo las leyes orgánicas, ni designar a dedo los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia o los demás altos representantes de los demás poderes públicos, ni crear o disolver a capricho las comisiones permanentes de la Asamblea, ni interpelar a puertas cerradas a los altos funcionarios de gobierno.

Para conservar esta mayoría calificada se ha estimado, por distintas fuentes, que el gobierno sólo necesita, gracias a los ingeniosos bocetos geométricos del CNE, un 52,6% de los votos totales, que es exactamente la tendencia central predicha por GIS XXI, la encuestadora de Jesse Chacón, lo más parecido a una encuestadora del sector oficial y la que más completamente ha divulgado sus predicciones, con un margen de error de más o menos 2%, para obtener un 67% de los diputados. De los cuatro escenarios previstos por esta encuestadora, que parte del supuesto de que, con base a las tendencias de las elecciones anteriores, el gobierno ya tiene asegurada la mayoría simple, con 97 diputados cautivos, 73 nominales y 24 listas, mientras que la oposición, sobre la base de las mismas tendencias, tendría asegurados 39 diputados, 19 nominales y 20 listas, el gobierno tendría asegurada la ansiada mayoría calificada en tres de ellos, a saber, con votaciones de 54,6%, 53,6% y 52,6%, con sólo un cuarto escenario desfavorable de 51,6% ó menos a favor del gobierno, en el que obtendría sólo 96 diputados, frente a 69 de la oposición.

Tal análisis se basa en la existencia de una especie de tierra todavía de nadie, de 29 diputados, 21 nominales y 8 listas, pertenecientes, los nominales, a 17 circuitos dudosos en los que el Sí de la pasada enmienda constitucional obtuvo menos de un 10% de ventaja sobre el No, y, los listas, a ocho estados en donde o bien se eligen tres diputados y el Sí del gobierno ganó con menos de un 5% de ventaja, cual es el caso de Carabobo y el Distrito Capital, por lo que no queda claro quien se queda con el tercer diputado, que por ejemplo podría ir a manos de la disidencia pepetista, o bien se eligen dos diputados, en estados en donde el PSUV ya ha duplicado la votación de la oposición, pero en donde podría no lograrlo esta vez, cual es el caso de Amazonas, Cojedes, Delta Amacuro, Portuguesa, Sucre y Trujillo.

Tomando como punto de partida los anteriores datos que, al parecer coinciden en buena medida con los de otras dos encuestadoras de prestigio, el IVAD, de Félix Seijas, que predice un 53% para el PSUV, ligeramente por encima de los datos de GIS XXI, y Datanálisis, que anticipa un 52% para este mismo partido, ligeramente por debajo, parece claro que el final de la lucha por la mayoría calificada del PSUV va a ser de fotografía. Sin embargo, y pese a que no es esta nuestra preocupación principal sino la posibilidad de que, sea cual sea el resultado, se inicie de una vez un proceso de articulación de una política estratégica impulsadas por fuerzas no polarizantes y articulada a los intereses de movimientos de masas reales, no sólo deseamos sino que intuimos que dichos resultados van a estar más en la onda de la predicción de Datanálisis que en la de GIS XXI o el IVAD, o sea, por debajo de la votación requerida para la mayoría calificada que el gobierno requeriría para insistir con sus imposiciones autocráticas y socialistoides.

Nuestras razones son las siguientes: Primera: nos resulta optimista el análisis de Jesse Chacón, que parte del supuesto de que el fiel de la balanza electoral tendrá un comportamiento semejante al referendo de la Enmienda de febrero de 2009 y no al de la Reforma de diciembre de 2007 ó a las elecciones de Gobernador de 2008, ignorando que el gobierno ha sido objeto de un desgaste mucho mayor, que su mensaje despierta cada vez menos ilusiones y es cada día más contrastado con su falta de logros, que la recesión económica se ha sentido mucho más que a comienzos del año pasado, cuando se quiso crear la ilusión de que "aquí no ha pasado nada", y que no ha podido disponer de los mismos recursos para comprar votos como en aquella oportunidad (en particular, una de sus armas electorales favoritas de entonces, los enormes pollos brasileños, en esta ocasión fueron repartidos mucho menos profusamente). Segunda: en esta ocasión podría ser más difícil para Chávez y su maquinaria demoledora lograr el mismo tipo de adhesión que en 2009, cuando estaba en juego, para masas humildes que lo ven como su único benefactor, su permanencia en el poder; las necesidades insatisfechas locales, pese a todo el esfuerzo que se ha hecho por relegarlas a un segundo plano, podrían tener un mayor peso esta vez. Tercera: en esta oportunidad por lo menos Henry Falcón, Gobernador de Lara, Liborio Guarulla, de Amazonas, y el PPT en general, con alguna fuerza propia en estados como Guárico, en lugar de sumar votos a la causa del PSUV van a restarlos, por lo cual el impacto de estas restas será doble, puesto que sus votos se sumarán a una disidencia no dispuesta a secundar acríticamente al PSUV. Cuarta: existe ahora un cansancio mucho mayor, incluso en la militancia pesuvista, con el personalismo de Chávez, que podría llevar a muchos a no votar rojo simplemente para apuntar a una Asamblea menos sumisa y darle más chance a otras opciones de candidatos para 2012. Y quinta: el modelo cubano, ayer idealizada vitrina del socialismo de Chávez, ahora está siendo sometido a escrutinios mucho más cercanos y críticos, aún por sus fundadores, por lo que se ha ido desvaneciendo buena parte de su encanto.

No obstante lo anterior, hay un factor en favor de la votación del PSUV, que podría incluso llegar a contrarrestar los anteriores y abonar en favor de la predicción de Jesse, cual es la mucho mayor solidez de la maquinaria pesuvista a la hora de captar y asegurar los votos, en comparación con la maquinaria de la oposición o de la disidencia pepetista, por supuesto que a consecuencia de la mucho mayor disposición de recursos y el ventajismo que supone emplear los recursos del Estado como si fuesen los de un partido político (lo que históricamente ha constituido un verdadero cáncer en la política venezolana, en donde todos sabemos que Sucre Figarella, de AD, o Curiel, eran los grandes contratantes/contratistas, según el turno, y simultáneamente los tesoreros de sus partidos...

No queremos, sin embargo de lo dicho, dejar la impresión de que tenemos elevadas expectativas acerca de un cambio sustancial en nuestra situación política después de septiembre. En parte porque sabemos, de acuerdo a sus conductas precedentes, que el ejecutivo presidido por el presidente Chávez intentará minimizar el poder del parlamento, en caso de que los resultados, relativamente adversos, le reporten una mayoría menos que calificada, así como de maximizarlo, en función de sus propósitos, en caso de que sí la obtenga; y porque, en cualquier caso debemos estar preparados para una táctica que hará lo inverosímil para dar continuidad al paradójico estilo de las habilitantes, y opacar y aislar el rol de los tribunos opositores o disidentes. Por otro lado, porque ya el presidente ha establecido la práctica de decidir primero y discutir después, que mucho va a costar que la modifique, sobre todo si, como lo sugieren todas las encuestas, es casi seguro que obtenga al menos una mayoría simple de diputados, lo cual geométricamente es factible aun si obtiene sólo alrededor del 48% de los votos. Además, porque tanto la oposición como la disidencia pepetista se presentarán a la Asamblea demasiado ayunos de ideas y proyectos, como si, obsesionados por el rechazo a Chávez o de Chávez, sólo hubiesen tenido el tiempo de la campaña electoral para armar un programa de cambios lejano de ser coherente, y asomar apenas algunos títulos de las leyes que impulsarían, en cualquier caso sin una visión estratégica que oriente su participación. Y, por último, pero lo más grave de todo, porque todas las fuerzas participantes, a excepción hecha de alguno que otro dirigente sindical o ex-estudiantil, las más de las veces en puestos poco salidores, se presentan en la liza sólo en representación de sí mismos, de capos diversos de la política, de partidos que funcionan como cascarones vacíos, de medios de comunicación y empresarios que los han financiado, mas no en representación de fuerzas sociales, regionales o políticas organizadas y con programas coherentes, lo cual hace presentir que, con un poco de suerte, quizás apenas se logre que el canal de televisión de la asamblea se torne menos aburrido (pero nada que ver, por ejemplo, con lo que hemos admirado en Brasil, en donde uno de los roles primordiales del canal parlamentario consiste en servir de foro para el intercambio y discusión entre los diputados y las fuerzas sociales organizadas a quienes representan). De chiste que fue en sus comienzos, la frase de que nuestra democracia participativa consiste en que a uno le participan lo que ya decidieron a su antojo los poderes públicos se ha ido convirtiendo en amarga realidad...

En la próxima y última entrega de esta subserie sobre la política venezolana, aportaremos algunos detalles adicionales sobre nuestra postura ante las elecciones del 26 de septiembre.

martes, 24 de agosto de 2010

La política venezolana (IV): ¿Hacia dónde avanzar?

Con el aumento en los niveles de frustración y desencanto, con el visible desgaste del gobierno, y también con un incremento sustancial en los niveles de movilización popular, que han pasado de un promedio de alrededor de mil manifestaciones pacíficas anuales, según las cifras divulgadas por PROVEA, en 2000-2006, a mil quinientas en 2007, casi dos mil en 2008 y tres mil el año pasado, la nueva coyuntura política venezolana augura cambios sustanciales en la correlación de fuerzas políticas. No obstante, como dijimos, poco ganaríamos si se impusiese la mera restauración de quienes detentaban el poder antes de Chávez.

La confusión que percibimos y la falta de recursos para acometer acciones capaces de impactar directamente el curso de los acontecimientos son de tales proporciones que, más que hacernos la clásica pregunta de ¿qué hacer?, que nos queda grande, nos haremos la previa de ¿hacia dónde avanzar o hacia adónde dirigirnos?, que quizás nos coloque en la ruta de plantearnos mañana, sobre bases reales, la primera interrogante.

Con un relativo auge movimiental y del descontento social, en un contexto mundial y latinoamericano favorable a los cambios, y con una enorme debilidad en el manejo de recursos políticos propios, la situación se nos asemeja a la que vivimos en el período 1968-1973, cuando en el país se confrontaron tres vías o estrategias de la izquierda para impulsar el cambio. La primera, dominante y que fue protagonizada por el Movimiento al Socialismo, y más tarde secundada por el MIR, concibió la política como una confrontación de mensajes publicitarios en torno a la idea del socialismo versus el capitalismo, y, por tanto, apostó a la distribución de cuadros y recursos en todo el territorio nacional, abandonó la atención a la activación y organización de movimientos sociales, y enfatizó la lucha en la esfera mediática y electoral. La segunda, liderada por los grupos guerrilleros FALN, OR, Bandera Roja y afines, y sus fachadas legales PRV, Liga Socialista, Ruptura, etc., se empeñó en no admitir la derrota de los años sesenta en un contexto de Guerra Fría, en hacer del antiimperialismo una consigna de combate con la cual revivir la lucha armada como expresión fundamental de la lucha de clases, y en propiciar confrontaciones con los cuerpos policiales y militares del Estado como mecanismo de agitación de los movimientos sociales, a los que veía utilita- riamente como "cantera de cuadros". Y la tercera, minoritaria y casi residual, en la que militamos, con la Causa R y muchos movimientos sociales espontáneos, que se propuso hacer de las reivindicaciones por la democracia, contra la corrupción y el rentismo petrolero -siendo la única fuerza que prestó atención verdadera a las ideas de Juan Pablo Pérez Alfonzo-, por la soberanía y el desarrollo económico autónomo, la guía de una actuación al interior de una sociedad inevitablemente capitalista, en donde la construcción de una fuerza social real y política desde abajo y con respeto a los procesos de maduración de los movimientos sociales constituyó el componente central, y en donde se optó más bien por concentrar los cuadros en sectores estratégicos como el obrero, el estudiantil, el profesional y el vecinal.

La historia de estas tres iniciativas no es precisamente la del triunfo de ninguna de ellas, sobre todo porque, a partir de 1973, cuando a nivel mundial continuó el auge de masas que condujo al derrumbe de Nixon, el triunfo vietnamita, la revolución portuguesa de los claveles, el destape español a la muerte de Franco, la revolución contra el sha de Irán, y otros procesos análogos, en América Latina, con el derrocamiento de Allende y el golpe de Bordaberry, en 1973, y luego de la viuda de Perón, en 1976, y en Venezuela, con un ahogante baño de petrodólares que se derramó sobre el país tras la bonanza petrolera inaugurada en el mismo 1973, sobrevino más bien un proceso de corrupción creciente en las instituciones y de involución en la actividad de los movimientos sociales reales.

No obstante, la perspectiva histórica sí alcanza, a nuestro parecer, para calibrar la justeza relativa de los tres enfoques mencionados, o al menos para extraer lecciones válidas de esa experiencia que nos puedan ayudar a direccionar la acción presente. Mientras que de la iniciativa socialista y anticapitalista en las palabras es poco lo que quedó, con la mayoría de sus líderes y cuadros incorporados a opciones de derecha y defensa del estatus, al punto de que el enfoque socialista mismo fue abandonado, y sin movimientos sociales legados de significación; y en tanto que fracasaron progresivamente los empeños por revivir una guerra antiimperialista que ya a mediados de los sesenta estaba completamente perdida (por no decir que siempre lo estuvo, humanamente hablando), la tercera opción, la residual, la que optó por la concentración antes que por la dispersión, alcanzó a dejar un legado significativo.

De este legado podemos destacar un significativo conjunto de cuadros políticos, que hoy se hallan repartidos entre el gobierno, el PPT, la Causa R y posturas independientes de izquierda; un movimiento de trabajadores organizados, con epicentro en las empresas metalúrgicas de Guayana y que ha echado raíces en sectores como el petrolero, que no es gran cosa pero sí de las pocas fuerzas sociales cohesionadas que sobreviven; una gruesa gama de profesionales críticos que formaron parte de los movimientos estudiantiles de ayer, con experiencia considerable en la gestión pública y muchos de ellos todavía en cargos importantes, que han protagonizado buena parte de los limitados logros del gobierno en, por ejemplo, la materia petrolera, impidiendo la privatización y extranjerización de PDVSA, y la cultural, impulsando o consolidando redes de lectura, cine, música y artesanía, entre otras; remanentes de un movimiento vecinal en Catia y otras barriadas populares, y, por último, pero en absoluto despreciable, una concepción acerca de cómo impulsar la transformación del país, centrada a corto y mediano plazo en la lucha por la democratización y la independencia económica, y contra el rentismo petrolero, la dependencia tecnológica, la corrupción, la burocratización y el facilismo, que se nos antoja vigente en sus rasgos esenciales.

Si ampliamos el lente de enfoque, resulta que el propio Chávez, y sobre todo el Chávez no autocrático y todavía -hasta 2006- apegado al respeto al marco democrático, ha confesado la influencia decisiva que Alfredo Maneiro, el fundador y dirigente principal de la Causa R en la época mencionada, ejerció sobre su pensamiento (aunque dudas no tenemos acerca de que Alfredo, de haber sobrevivido y quien ya en los setenta tenía hondas diferencias con Fidel y era alérgico a todo foquismo, muy probablemente reprobaría el rumbo autocrático y procubano que ha tomado la revolución bolivariana). La propia idea de la Asamblea Constituyente, y del correspondiente énfasis en la modernización democrática y la soberanía económica, y no en un socialismo de mera boca y por tanto oportunista, bien puede considerarse, sin restar méritos a Miquilena, Olavarría, Mayz Vallenilla y otros que la impulsaron en 1999, como una idea de filiación maneirista y causaerrista en el sentido original de este esfuerzo. Las ideas mismas que hemos estado exponiendo en este blog, son de seguro herederas de los enfoques y prácticas de esa corriente política a la que arriba calificamos de residual y que, pese a sus inicios más allá de lo modesto, terminó siendo la de mayor solidez e impacto en el acontecer nacional real. En cambio, las otras dos, que en sus inicios hicieron más bulla, terminaron por ser como latas despeñándose alocadamente por una pendiente.

No estamos abogando, sin embargo, por revivir ningún pasado, y menos todavía si tomamos en cuenta que la izquierda en el poder, la del gobierno chavista, se las ha ingeniado para armar, bajo la principal y casi única asesoría fidelista, una amalgama de todo lo peor y nada de lo mejor de las políticas aquellas. Es decir, una política que postula la proclamación del socialismo de palabra y su negación en los hechos, lo cual para cualquier principiante de izquierda se denomina oportunismo; una que hace de la escena mediática el centro de gravedad de la acción política, en detrimento de la activación y organización real de movimientos en lucha por resolver problemas y satisfacer necesidades; una que refuerza la exclusión, la corrupción, el rentismo petrolero, la dependencia y el facilismo, empeñada en una imposible confrontación belicista, sin tener con qué, con el imperialismo estadounidense, que despilfarra las energías de los movimientos populares en acciones estériles y gasta en armas lo que bien podría invertirse en libros y, sobre todo, en esfuerzos formativos con base en esos libros; y, como si fuese poco, una política que ha terminado por reeditar un estilo autocrático, militarista, ultrasectario y de culto a la personalidad, de clara raigambre stalinista y fidelista, que a ninguna de las corrientes de izquierda mencionadas se le ocurrió jamás asomar siquiera. En una palabra, un dizque socialismo del siglo XXI empeñado en resucitar todas las abominaciones del socialismo real del siglo XX.

Debería sobreentenderse, entonces, que abogamos por un diametral cambio de rumbo en los esfuerzos en pro de la transformación del país, uno inspirado en lineamientos críticos como los que preceden, pero que, ante la impotencia y el extravío presentes, se niega a aplicar aquel principio acomodaticio de que "más vale malo conocido que bueno por conocer", y en su lugar propone aquel otro de que "en materia de primeros pasos, lo que cuenta es la dirección correcta y no la velocidad", que es una versión mejorada del castizo "árbol que nace torcido nunca la rama endereza", o del criollo "el que nace barrigón ni que lo fajen chiquito".

Ya seguimos con las parlamentarias.