viernes, 16 de julio de 2010

La economía venezolana (I): Un campamento minero decadente y disfrazado

Quinientos años de existencia, doscientos de independencia, cien de abundancia petrolera y cincuenta de apariencia democrática no han sido suficientes para que los venezolanos construyamos una verdadera nación.

Las cosas han ocurrido como si de la gestación originaria, de una simiente europea y un vientre indígena, con el posterior implante afrodescendiente, no hubiese evolucionado un solo y homogéneo organismo, como cabría esperar, sino otro con al menos una triple diferenciación genética. Como si la porción híbrida de sus tejidos hubiese crecido acompañada de tejidos descendientes ora del progenitor u ora de la madre solamente, para dar lugar a un engendro tricotómico. Todos los conflictos de la sociedad venezolana, como versiones extremas de aquellos de la sociedad latinoamericana en su conjunto, parecieran derivarse de esta anomalía. Y de nada han valido las explícitas y nada ambiguas prescripciones de nuestro Simón Bolívar, la al parecer única célula a la que todos reconocemos -pese a su obvio pedigree caucásico- como antecesora, en el sentido de que asumamos la identidad híbrida, ni indígena ni europea sino producto de la fusión entre ambas, como la más genuinamente nacional. De la boca hacia afuera lo admitimos, pero rápidamente unos pasan a sentirse, con sus epidermis melanínicamente menos densas, como miembros de una estirpe superior, otros, opuestamente más teñidos, siguen reaccionando como si los cara-pálidas fuesen intrusos, y los más, los ni claros ni oscuros, tendemos a ser testigos grises de las pugnas entre los tonos extremos.

Cualquier libro elemental de historia debería servir para corroborar estos asertos, valga decir para demostrar que las actuales posturas oposicionistas radicales son directa o indirectamente herederas de las facciones promonárquicas, oligárquicas o elitescas del pasado, mientras que el fundamentalismo oficialista es un derivado de las luchas reactivas de los caribes y sus caciques, o del Negro Miguel y los suyos, contra el dominador exógeno, y así hasta llegar al paradójico residuo de los ninís -tanto de piel como de corazón, mente o sueños-, que conformamos nada menos que la inmensa mayoría de la población pero que por lo visto no hemos aprendido a hacer un papel distinto al de espectadores pasivos de las rivalidades antagónicas.

Y nos sale insistir, so pena de repetitivos, en que el mal supremo de nuestra sociedad no es la ya gravísima tricotomía de sus tejidos, sino la cuidado si congénita ilusión de creer que puede haber soluciones al margen de su integración, es decir, que por un mágico procedimiento podríamos llegar a arrancarnos bien los genes paternos o bien los maternos. Y, asimismo, argumentaremos, cual los alumnos que alguna vez fuimos de aquel malcomprendido pero siempre conceptualmente poderoso Carlos, que es en la estructura o base económica donde hay que comenzar a buscar el quid contentivo de las claves para algún día desenmarañar todo este embrollo, pues seguimos convencidos de que es allí, y no en el clima, la latitud, las inspiraciones humanas o divinas, la filosofía o la genética, donde, estadística y no determinísticamente hablando, se han originado nuestras principales aberraciones sociales.

Quinientos y etcétera años después, el modo de producción dominante en el decil de mayores ingresos de nuestra población sigue estando dos grados u oleadas históricas delante del tercil de menores recursos. Si los conquistadores de antaño arribaron a estas tierras con capacidades predominantemente técnico-feudales y se toparon con pueblos agrícolas y socialmente indiferenciados, los criollos posteriores establecieron un mercantilismo apoyado en el esclavismo de la población más autóctona o importada, y este sistema, a su turno y desde hace unas pocas décadas, ha comenzado a transformarse en un capitalismo incipiente y fuertemente apoyado en un sustrato marginalizado. Estructuralmente hablando, las capacidades productivas de este último sector han terminado por ser análogas a las incipientes capacidades técnicas de aquellos conquistadores, diferenciadas todavía de cualquier mercantilismo y aún más rezagadas en relación a todo lo que merezca llamarse capitalismo.

La economía mercantilista de Estado dominante, en donde estimamos que labora un 60% de la población activa, genera alrededor de un 55% del valor agregado o Producto Interno Bruto; no más de un 10% de la población productora, inserta en un verdadero régimen capitalista, que incluye en su núcleo a los sectores de extracción petrolera, refinación y petroquímica, más un puñado de empresas propiamente modernas, genera digamos que un 40% de la riqueza real nacional; mientras que el 30% restante de la fuerza de trabajo, la de capacidades más rezagadas y que no ha podido insertarse en el mercantilismo subsidiado por la renta petrolera, agrega sólo un 5% del valor productivo.

Frente a las advertencias de un desfile de economistas visionarios, desde Alberto Adriani hasta Maza Zavala, y ejecutando los más burdos guiones de la "enfermedad holandesa", hemos mantenido asfixiados los sectores industrial y agrícola de la economía, para estimular el crecimiento desbordado de un sector servicios dependiente de la economía minera y las importaciones, con lo cual nuestro funcionamiento económico se asemeja -fue con nuestro apreciado Orlando Araujo que conocimos esta metáfora a comienzos de los setenta-, en su estructura esencial, a la de un campamento minero. Nuestra población trabajadora en el sector de la economía informal, que abarca un 44% de la población económicamente activa, es antes que nada el resultado de la creciente incapacidad del régimen económico mercantilista dominante para generar puestos de trabajo realmente productivos.

Las dos principales políticas económicas impulsadas en los últimos cincuenta años han querido, una, delegar en las inversiones extranjeras o estatales la responsabilidad de dinamizar el capitalismo local, con el oneroso costo social de dejar excluido de todo progreso social a más de una tercera parte de la población, mientras que la política en boga pretende hacer del reparto de la riqueza petrolera a los más pobres el motor de la transformación. El resultado neto, sin que en ningún momento hayamos priorizado la generación de empleos productivos y el apoyo a la iniciativa de verdaderos empresarios, ha sido la consolidación de un mercantilismo que sólo sobrevive gracias a su parasitismo respecto del sector capitalista petrolero. Ambas posturas coinciden en llamar capitalista a un sector de la economía que, lejos de apoyarse en la ciencia o la tecnología, la optimización de los procesos productivos, la capacitación y profesionalización continua de los trabajadores o la generación de retornos a largo plazo, subsiste gracias a la especulación, el inmediatismo y la obtención de ganancias fáciles, cuando no a través de la corrupción rampante.

Ni el grueso de las empresas afiliadas a Fedecámaras, ni los sectores a los que el gobierno suele atacar como capitalismo salvaje califican dentro de la clase de empresas que en la terminología internacional merecen llamarse capitalistas propiamente dichas. En un listado reciente de las quinientas empresas más agregadoras de valor de América Latina, elaborado por la revista Poder y Negocios (Abril 2010), por citar sólo un ejemplo a la mano, 223 de éstas son brasileñas, incluyendo a Petrobrás, la mayor de todas; 89 son mexicanas, 81 chilenas, 44 peruanas, 36 argentinas, 18 colombianas, y sólo 8 venezolanas (de las que 5: PDVSA, CANTV, Pequivén, La Electricidad de Caracas y Venalum son estatales, y sólo 3 privadas: Polar, Movistar y Sivensa). Con cerca de seis, cuatro veces, y un poco más de la mitad de nuestra población, Brasil, México y Chile, poseen, respectivamente, cerca de treinta, once y diez veces nuestro número de grandes empresas capitalistas propiamente dichas. No tenemos a la vista las cifras de pequeñas y medianas empresas modernas, pero estamos seguros de que los resultados diferirían incluso en mayor grado que los de las grandes empresas, pues, por donde quiera que la vemos, a la economía venezolana la encontramos decadente y disfrazada de modernidad, incluso ya en relación a los estándares de otras naciones latinoamericanas. Continuaremos en la próxima entrega.

martes, 13 de julio de 2010

La contrastada sociedad venezolana


Arquitecturas, economías, culturas, creencias, lenguajes, territorios, educaciones, orígenes sociales, razas..., maneras de vestir, de hablar, de comer, de comunicarse, de trabajar, de creer, de transportarse...: desde la ventana, ángulo o perspectiva que la observemos, la venezolana es una sociedad de contrastes, de tonos blancos o negros y asimetrías extremos. Su enfermedad, sin embargo, no consiste en el mero contraste y ni siquiera en sus disonancias, sino en la empedernida ilusión de creer que puede alcanzarse la armonía a través de la viveza, el engaño, el maquillaje, la pantalla, la evasión, las importaciones, las fachadas, la descalificación, el peloteo... o cualquier otro mecanismo imaginable que no implique el trabajo sostenido y creativo. La extrema polarización política actual es expresión, y nunca la causa, de estos agudos desequilibrios y también de esta incurable enfermedad. Lo extraño sería que una sociedad así tuviese un sistema político legítimamente democrático y equilibrado.

Dos grandes propuestas están enfrentadas en torno a qué hacer ante esta situación, una postula el retorno a la supuesta armonía perdida, al falso orden que imperó en las últimas cuatro décadas del siglo XX, en donde una creciente población excluida coexistía con los sectores establecidos, y ambos, mayoritariamente, votaban por partidos poco interesados en cambiar estructuralmente el statu quo y con intereses propios que les permitían medrar de la situación. La otra propuesta, la del gobierno actual, intenta invertir el orden anterior, pretende "sincerar" la existencia de antagonismos y asimetrías, y crear un Estado, según el modelo cubano, de los pobres y excluidos representados por una nueva burocracia autocrática, cuyo ideal sería, como en el cantar republicano de la Guerra Civil española, "... que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan, y los ricos mierda mierda...", o sea, que "los ricos", o, mejor, los no pobres, acabaran viviendo en ranchos o se terminaran de ir del país.

La propuesta nacional de este blog, resumida en los tres extensos artículos anteriores, y seguramente compartida por otras corrientes pero en cuyo nombre no podemos hablar, es la de aceptar la incurabilidad de la criatura enferma y apostar a un proceso de transformación que se apoye en, organice y potencie los tejidos sociales sanos, es decir no ilusionados ni adictos a la renta petrolera, como vía hacia la construcción de una Venezuela moderna, con perspectivas de evolución hacia una sociedad con un alto grado de justicia social en el largo plazo. No creemos ni en el mejor de los volteos de la misma tortilla, sino que apostamos a la preparación de una nueva y mucho mayor que alcance para todos.

Desde sus orígenes, hace quinientos años, hasta la fecha, la historia de Venezuela es la de sus ilusiones, con, obviamente a nuestro juicio, sólo dos breves excepciones, el período independentista, aproximadamente entre 1810 y 1830, y el postcaudillista o postgomecista, poco más o menos entre 1936 y 1958. Sólo durante estos dos lapsos, que lejos de ser apacibles fueron de luchas encarnizadas entre la inmensa mayoría del pueblo y las élites representantes del orden decadente, encontramos verdaderos esfuerzos transformadores encaminados a una reestructuración y redención profunda de toda la nación, o sea, genuinos proyectos nacionales, compartidos por los líderes políticos e intelectuales y por el grueso de la base del pueblo.

No obstante, ninguno de estos esfuerzos, en buena medida debido al desgaste que implicó batirse contra estructuras de dominación arraigadas por siglos, y sin desconocer sus logros: la
indepen- dencia política, en un caso, y cierta democrati- zación, soberanía en el control de los recursos nacionales y creación de oportunidades de movilidad social, en el otro, pudo alcanzar la irreversibilidad de los cambios impulsados.

La resultante neta de estos procesos ha sido la perpetuación de buena parte de aquellas estructuras de dominación, con sus correspondientes incongruencias sociales, sumadas a nuevas formas de dependencia, hasta conformar un sistema complejo de aparente modernidad en el consumo y algunas fachadas políticas y culturales, pero honda y esencialmente rezagado y premoderno en las capacidades productivas, participativas y creativas reales. Sólo el oxígeno de la renta petrolera ha permitido la sobrevivencia de este esperpento social, cuya superación, como hemos adelantado, sólo será posible con el liderazgo de los sectores emergentes más educados y socialmente más responsables.

En los artículos que siguen, que constituirán un desarrollo de las tesis centrales ya expuestas, exploraremos con más detalle, primero, la crisis de la sociedad venezolana en sus dimensiones económica, cultural, educativa, mediática, territorial y política, y, luego, las posibilidades de superación de esta crisis, de acuerdo al guión para la acción que ya presentamos en el artículo anterior.

viernes, 9 de julio de 2010

Apostemos a la conformación y parto de la criatura sana

A riesgo de abusar de la metáfora escogida para intentar resumir en unas pocas tesis centrales nuestra visión de la problemática venezolana del momento, haremos una acotación adicional para -¡ojalá!- potenciar su elocuencia. Hemos comparado a Venezuela con una criatura incurablemente enferma pero preñada con el embrión de una sana, y dicho que tal enfermedad ha sido agravada, y se mantiene, con una adicción (a los fáciles ingresos petroleros). Pero quizás convendría ahora profundizar el parangón añadiendo que podría tratarse de una mujer nicotinómana, o fuertemente adicta al cigarrillo, a quién ya se le ha diagnosticado un cáncer pulmonar y está embarazada de unas pocas semanas...

Con el símil así ampliado, entonces nos luce que para el polo tradicionalmente establecido, y ahora relativamente excluido del poder, el problema consistiría en mantener el cáncer restringido a los pulmones, o sea, evitando las metástasis, para intentar prolongar o, mejor, restaurar el estatus anterior, que se asume como preferible, y limitando a, digamos, no más de unas dos cajetillas de cigarrillos diarias el consumo vicioso. Al polo tradicionalmente excluido, pero con un alto poder relativo en el presente, lo vemos protestando contra la restricción en el consumo diario, abogando por el derecho de la paciente a fumar cuanto quiera y sin pararle a los riesgos de metástasis, como para "democratizar el vicio", pues los demás órganos, tradicionalmente excluidos, y no sólo los pulmones, tendrían sus "derechos". Y ambos coincidirían en considerar la criatura en el vientre como el hecho más incómodo, como una hinchazón inoportuna y extraña, a la que habría que integrar al organismo de la madre, corrompiéndola con la misma enfermedad, para sincerar la situación, según los primeros, o de la que habría que deshacerse a como dé lugar, cual si fuese ella el tumor maligno, según los segundos...

Y ya supondrán que, para nosotros, en contraste, no sólo se trataría de aceptar la incurabilidad de la madre, sin por ello dejar de reivindicarle la mayor calidad factible de vida en sus últimos días, sino, antes que nada, de apostar al crecimiento y desarrollo del tejido sano, y al nacimiento de la nueva criatura en las mejores condiciones, eliminando cuanto antes el consumo de cualquier cantidad de cigarrillos, incluso frente a las protestas de la adicta, para mejorar las condiciones del alumbramiento, y apuntando, en lo posible, al más profiláctico de los partos. Todo ello aun bajo las protestas de los polarizados abogados del cáncer, con o sin metástasis, quienes ven a los empeñados en apostar a la parición, a los tales ninís, casi como el principal enemigo a derrotar...

O sea, si, por ejemplo, la capacidad de producción alimentaria eficiente del Grupo Polar fuese una parte de ese tejido sano del que hablamos, y así lo creemos, entonces el oposicionismo estaría feliz si Polar se enfrentara más directamente al gobierno y se dedicara a apoyar la restauración del viejo orden adeco-copeyano, puntofijista, o entreguista a los inversionistas transnacionales y Estados rapaces, integrándose plenamente a la criatura enferma. El oficialismo estaría arremetiendo contra dicho embrión al que considera la causa de la enfermedad de la madre y culpable de sus dolencias... Mientras que nosotros consideramos que la extraordinaria capacidad productiva alimentaria de este grupo, basada en esfuerzos autóctonos de investigación y desarrollo, en la agregación de valor a nuestros recursos naturales, y, sobre, todo, en la prioridad concedida a la satisfacción de nuestra más primaria necesidad, la alimentaria, mediante la transformación de capacidades productivas propias, lejos de constituir todo o parte del problema, es más bien un componente esencial de la solución, sin importar aquí en que modelo de sociedad futura estemos pensando... (pues aquí está la diferencia esencial entre el "marxismo" caletrero, cubanoso y limitado a la primera página del Manifiesto del Partido Comunista, al que poco le duele la destrucción de capacidades productivas a las que percibe como "burguesas" y "capitalistas", y muchas otras versiones tanto del marxismo, de la socialdemocracia o, inclusive, del liberalismo o el conservadurismo progresistas -que los hay-...).

Pero, dejando de meternos en camisas de once varas, y no vaya a ser que se nos aparezcan con una oncóloga-pneumonóloga-nicotinóloga-ginecóloga-obstetra-neonatóloga..., o, si no, con una curandera-marialioncera-tabaquera-comadrona-vidente-médium de las tres potencias..., que nos haga quedar en ridículo, volvemos a nuestra promesa de condensar en tres tesis...

Tercera tesis: Tenemos que apostar a la estructuración, evolución y conquista de la hegemonía social de la criatura y los tejidos sanos,
o sea, de la Venezuela trabajadora, participativa y creativa


Para nosotros cualquier esfuerzo centrado en los tejidos de la Venezuela echada a perder carece de sentido estratégico. A la escena política actual la percibimos como un juego de dimes y diretes, de acciones de uno y reacciones del otro, y sus viceversas, de disputas cosméticas en torno a las imágenes electoralmente más atrayentes, pero en donde los problemas de fondo, estructurales, de la nación, de su pasado, presente y futuro, permanecen desatendidos. De allí que nuestro énfasis apunte a impulsar la identificación, comunicación, articulación, organización, potenciación, de los tejidos más sanos, productivos, participativos y creativos del país, y sobre todo de sus componentes no contagiados por los morbos del rentismo, el facilismo, el inmediatismo y su séquito de vicios. El rescate de la criatura social en gestación, identificable más allá de cualquier frontera ideológica o política partidista, implica la búsqueda de espacios aptos para la búsqueda de soluciones reales a los problemas, la conquista de lenguajes que nos permitan hablar con propiedad de lo que pasa y de por qué nos pasa, y la actuación pertinente en múltiples ambientes.

El punto de partida de cualquier salida sustentable a la actual crisis, cuyo fondo no hemos tocado todavía, implica superar la verborrea radicalista y fundamentalista, la mentira que uno y otro día despliegan los principales y variopintos medios de comunicación y que impide pensar, así como el torbellino de marchas, concentraciones, agitaciones y acciones ciegas o concebidas para ser retratadas como símbolos de poder en diarios o canales televisivos. O, en positivo, la restauración del derecho a la reflexión, al hablar pausado pero comprometido con la superación de la asfixiante situación presente, que amenaza con aniquilarnos a todos, y a la acción sostenida y constructiva. Este blog está empeñado en ser útil en esta perspectiva, en contribuir a la ejecución de esta gran tarea que visualizamos.

Sabemos que esta posición no será del agrado de ninguno de los dos bandos de la polarización, quienes directa o indirectamente argumentarán que esto "le hace el juego" a su rival, que esto facilita la nefasta permanencia de Chávez en el poder y acelera el proceso de descomposición del país, para unos, o que abona en favor de los intereses del Imperio, la CIA, el Pentágono, la oligarquía criolla y los escuálidos pitiyanquis, para los otros. Para nosotros, en cambio, no hay nada que "le haga más el juego" a la descomposición en marcha del país que olvidarse de sus problemas de fondo y pretender que la presencia o retiro de un hombre de Miraflores va a cambiar las cosas como por arte de magia, mientras hay miles o decenas de miles de venezolanos en cola, con igual o mayor incapacidad que el actual Presidente, listos para reemplazarlo a la primera oportunidad y colocarse ellos a la cabeza del proceso de deterioro, y millones padeciendo, cada vez más, en carne propia, sus consecuencias.

Estamos convencidos de que el actual Presidente hace rato hizo por el país todo lo bueno que podía hacer, que de aquí en adelante no hará sino profundizar sus desvaríos megalómanos, que llegó la hora de hallar y propiciar su reemplazo, y que cualquier empeño en mantenerlo en el poder más allá de 2012 es no sólo contraproducente para todos, incluso para él mismo, sino inclusive hasta obsceno e inconstitucional (dada la carga de vicios y ventajismos con que se logró una reeligibilidad que ya había sido rechazada, y que legalmente no podía ser objeto de nuevos referendos...), pero nada positivo esperamos de una cayapa electoral de fuerzas cuya única misión sea desplazar a Chávez del poder como sea. La coherencia programática, ideológica y organizativa, el proyecto a ejecutar una vez que se disponga del poder,
sin descartar el establecimiento de alianzas circunstanciales para esta u otra elección, es absolutamente esencial, y es eso lo que reclamamos.

Más concretamente, distinguimos, de entrada, ocho ámbitos o espacios principales, ocho instancias para la acumulación de conocimientos y resultados constructivos, y, por tanto, para el fortalecimiento de tejidos de la Venezuela sana, cada uno de los cuales adaptable al tamaño de las ideas o al calibre de las actuaciones de cada quien:

  1. Conversar constructivamente y construir un lenguaje útil para la búsqueda de soluciones a nuestros problemas: Las conversaciones constructivas se distinguen porque gravitan en torno a los problemas y sus soluciones, y no en torno a los culpables y los inocentes de siempre, y porque nos dejan una sensación como de haber aprendido algo, como si nos enriqueciésemos con ellas o se nos prendieran bombillos (es decir, sinapsis nuevas, indicadoras de conocimientos nuevos) en la mente. No sabemos como medir esto, pero estamos convencidos de que las actuales conversaciones entre los venezolanos deben estar en el clímax de la insulsez, la esterilidad y la falta de creatividad de todos los tiempos, lo cual, sumado a, y mutuamente reforzado con, la inseguridad, el estrés, la intolerancia, la agresividad, la proliferación de prejuicios, etc., nos arroja a consumirnos cada día más en nuestras propias salsas. El rescate del diálogo constructivo entre nosotros, en todos los niveles y esferas, incluyendo este blog, que ya comienza a ser acosado por la marea de vacuidad en que nos hundimos, es un prerrequisito para la construcción de una nueva cultura, para el afianzamiento de nuevos y/o más hondos valores, y, por ende, para cualquier avance real en la senda de superación de nuestra crisis.
  2. Activar movimientos que fortalezcan los tejidos de la Venezuela sana emergente y ejerzan la crítica práctica y superadora de la Venezuela enferma y decadente: El impulso a movimientos, que en sus inicios pueden consistir de muy pocas personas, en campos profesionales, laborales, empresariales, gerenciales, culturales, estudiantiles, vecinales, femeninos, ambientales, por los derechos humanos, indígenas, familiares, etc., en torno a necesidades materiales, de mediación organizativa o espirituales diversas reales, es otra condición sine qua non para avanzar. Mientras que todo lo que gire en torno a movidas, repartos, rebatiñas, hacer bulla, hacer bulto, conseguir palancas, crear imágenes, meterse en pomadas, jalar bola, adularle a perencejo, apoyar a fulano porque es fulano, atacar, insultar o repudiar a zutano por ser tal, e incluso asegurar el voto acrítico de uno, diez, cien o mil electores para el candidato mengano, es más de lo mismo que tenemos, o sea, más cigarros y más alegría de tísica para la Venezuela enferma y en tinieblas, para seguir en la misma pelazón...
  3. Formar nuevos líderes para la Venezuela sana con base en actividades de investigación, de elaboración de orientaciones programáticas, de manejo de información relevante, de intercambio de experiencias significativas...: El aprendizaje de nuevos conocimientos es la clave de la formación de los líderes de la Venezuela futura, y esta formación, a su vez, es crítica para el ejercicio de nuevas formas de liderazgo que refuercen y potencien los tejidos de la Venezuela naciente. Aunque no es descartable que puedan hallarse espacios dentro de las instituciones educativas formales para impulsar estos procesos formativos de los nuevos dirigentes, pensamos que es tal el titulismo enfemizo, la intoxicación de palabrería hueca y de frases hechas o escritas para ser repetidas de memoria en exámenes y evaluaciones, el extravío y el aislamiento que afectan a nuestro sistema dizque educativo (con honrosas excepciones que confirman la regla), que, para efectos prácticos, es preferible apostar a las iniciativas informales o semiformales de aprendizaje, es decir, no conducentes a títulos formales sino, a lo sumo, a participaciones, aprobaciones y certificaciones.
  4. Construir redes y organizaciones para el liderazgo y la acción, tanto físicas y personales como virtuales, que aseguren la continuidad de los esfuerzos en el mediano y largo plazo: En términos de lo que estamos proponiendo, vale más un círculo de estudios o de discusión y actuación ante algún problema real, capaz de mantenerse funcionando establemente en el tiempo, aunque sea con dos personas, que una turba anodina de diez mil que se desvanece después de marchar unas cuadras y posar para el canal o el periódico alfa o beta. Mientras que en el segundo caso seguimos en la danza del desmadre, en el primero estamos dando un paso tímido pero en el sentido relevante. Estamos en una circunstancia en donde más valen las orientaciones apropiadas que los avances acelerados, y sólo cuando estemos en el camino correcto valdrá la pena apurar la marcha.
  5. Difundir ideas, compartir información y establecer vínculos locales, nacionales, latinoamericanos o globales, a través de medios de comunicación preferiblemente alternativos: Los medios de comunicación establecidos son rehenes de sus audiencias presentes, que están incapacitados para expresar nuevas ideas so pena de perder rating o bajar los volúmenes de ventas; los televidentes o lectores polarizados sintonizan o leen los canales o diarios que expresan lo que ellos esperan y no otra cosa: dime que canal o diario prefieres y te diré cuál es tu posición política... Frente a tal círculo cerrado, es necesario apostar por los medios de comunicación alternativos; de no ser por estos, por ejemplo, habría sido impensable el triunfo de Obama en los EUA, en donde todo el establecimiento mediático estaba con McCain o, en menor medida, con Hillary.
  6. Sembrar el territorio patrio con experiencias piloto que prefiguren los rasgos de la Venezuela a edificar: Todo lo que funcione eficiente y dignamente y se base en el trabajo sostenido y el aprendizaje de nuevos conocimientos debe ser protegido, estimulado y potenciado, buscando maneras de extraer lecciones válidas y útiles para propagarlo o extenderlo a nuevos ámbitos geográficos o temáticos, y evitando en lo posible el propagandismo, el pantallerismo o la vacuidad que nos azotan. El país está harto de promesas improvisadas, campañas publicitarias y anuncios o denuncias cuyo fin último no es otro que el de atornillar o reemplazar en el poder, es decir, en las sillas de mando y en las chequeras respectivas, a los representantes de los bandos de la polarización. Necesitamos muchas más experiencias como la de las sinfónicas infantiles y juveniles, a prueba -o casi- de sectarismos y manipulaciones, puesto que se dan a respetar por sí mismas; pero eso sí, con los logros y la satisfacción de necesidades reales al mando, para que no nos pase como con la vinotinto en fútbol o con el equipo de las muchachas de softbol, en donde la fama y la publicidad han precedido las realizaciones.
  7. Rescatar las interpretaciones sanas de nuestro pasado para comprender mejor nuestro presente y encauzarnos hacia mejores futuros: Asistimos a un torneo de lecturas de nuestra historia con lentes contemporáneos, en donde, para el oposicionismo recalcitrante, liderado por Pino Iturrieta y sus adeptos, toda la gesta patriótica habría sido un desvarío impuesto por el personalismo, el autocratismo y las veleidades mujeriegas de Bolívar, y todo el esfuerzo serio de construcción de la nación habría comenzado sólo a partir de 1830, con Páez y sus cosiateros en plan de constructores de la patria liberal...; mientras que para el oficialismo, comandado por el mismísimo Presidente de la República Bolivariana, ocurre que Fidel Castro, el Che Guevara y, por supuesto, él mismo, no serían sino reencarnaciones del padre de nuestra patria, y el pensamiento bolivariano un mero borrador del socialismo a la cubana. Esto es inaceptable y más todavía cuando El Libertador nos dejó, clara, terminantemente y por escrito, como su última aspiración, que sólo descansaría tranquilo en su sepulcro cuando cesasen los partidos [es decir, las facciones sectarias] y se consolidara la unión...
  8. Conocer y valorizar las potencialidades de nuestros recursos autóctonos para satisfacer nuestras necesidades, conquistar nuestras libertades y realizar nuestras identidades: En nuestros genes, suelos, subsuelos, flora, fauna, clima, latitud, raíces históricas, cultura, antepasados, intelectuales y líderes serios, experiencias creativas..., existen infinitas posibilidades de conformación de tejidos sociales sanos y de apalancamiento de nuestros procesos de transformación, a la espera de una pasión por construir un mejor futuro para todos y de que se disipe el enratonamiento que nos aturde después del bonche de los petrodólares con que nos embriagamos, intoxicamos y enfermamos, y que nos ha llevado a la ilusión de creer que con tales divisas podemos importar todo lo físico, lo biológico, lo humano y lo divino.
La activación y organización de movimientos, en múltiples escalas, en torno a la comprensión y búsqueda de soluciones a problemas reales, tendría que ser el Leitmotiv de nuestras reflexiones y acciones, y la herramienta fundamental para la conformación de esos tejidos sanos de que hablamos. La diferencia entre una iniciativa individual aislada y un movimiento no es otra sino su inserción en, o adscripción a, un esfuerzo transformador general, sin importar si al inicio se trata de actividades locales o puntuales. Los movimientos electorales para las elecciones parlamentarias de septiembre, y, sobre todo, para las presidenciales de 2012, pueden ser de suma importancia a condición de que se centren en la búsqueda de soluciones a problemas reales, es decir, que no agarren el rábano por las hojas, haciendo del mantener o sacar del poder a Chávez y sus candidatos el centro principal de las actuaciones.

Llevamos ya varios meses de conversaciones, viajes e intercambios diversos con fuerzas políticas y sociales potencialmente interesadas en nuestros enfoques, con énfasis en aquellas que gravitan en torno al estado Lara, al que percibimos como el que ha permanecido relativamente más inmune a la barahunda rentista; pero debemos admitir que el clima electoral, que creímos sería caldo propicio para la elaboración de estrategias sólidas ante los problemas, hasta ahora sigue sumando más leña a la candela de la improvisación y el inmediatismo que nos agobian.

Sin embargo, tenemos ante nosotros una oportunidad para, como mínimo, dotar al que debería ser el poder público principal de una mucho más genuina representatividad de la Venezuela de más 28 millones de habitantes que ya somos, con casi 20 en edad de trabajar, cerca de 18 en la de votar, 13 incorporados a la fuerza de trabajo, 12 ocupados, 7 con ocupaciones más o menos formales, 1 estudiando a nivel superior y unos 2 trabajando y con un nivel educativo superior o su equivalente. (Y ya debería haberse entendido, a estas alturas del partido del blog, que el proceso de cambio que visualizamos parte, antes que nada, del despertar de los 3 últimos, para liderar a los 7 anteriores, abrir nuevos rumbos a los 12 y a los 13, conquistar una representación democrática genuina para los 18, construir instituciones realmente modernas con los 20, y despejar el camino para un futuro promisorio de los 28 y sus descendientes, con la única restricción de que para ello se requiere pensar mucho, trabajar mucho y tener mucha paciencia, ante todo lo cual la Venezuela dominante, la enferma, la agonizante, es resueltamente fóbica).

En resumidas cuentas, lo que planteamos a nivel nacional es una aplicación de lo que hemos venido sustentando a todo lo largo del blog, pues si se fijan bien las ocho esferas de actuación que hemos señalado no son sino una manera de concretar y facilitar la memorización de los paquetes de capacidades estructurales, procesales y sustanciales a transformar, de que hemos hablado todo el tiempo y particularmente hace varios meses, con miras a satisfacer las necesidades, conquistar las libertades y realizar las identidades, que examinamos -aunque no terminamos de explorar, y lo tenemos pendiente- hace otros meses más. Y, en un esfuerzo adicional por facilitar la visualización y comprensión de lo que planteamos, podemos apuntar que el tejido sano de que hablamos y los ocho ámbitos de capacidades que postulamos vendrían a ser como la franja azul con las ocho estrellas de nuestra bandera, que constituirían la única manera de integrar sus actualmente disociadas franjas amarilla y roja (como si las hubiésemos heredado del estandarte español...). Mientras que al polo oposicionista liberal dominante, heredero del mantuanato colonial y ahora aliado a intereses foráneos, lo vemos representando el afán de control de las riquezas y el Estado, representado por la franja amarilla y el escudo, al polo oficialista "socialista", identificado con el color rojo, lo vemos empeñado en hacer de las necesidades, exclusiones y resentimientos del pueblo secularmente empobrecido la base de apoyo para enfrentar a los de la banda amarilla; y estamos persuadidos de que, tal y como ha ocurrido con todas las naciones que han sido capaces de avanzar hacia su modernización y la elevación de su calidad de vida de toda su población, sólo con el despertar y la sana integración de las fuerzas sociales más educadas y capacitadas, o sea, el tejido azul intermedio y sus estrellas -y éstas como símbolos de sus conocimientos-, será posible dejar atrás la Venezuela enferma actual y alumbrar el esperanzador embrión que incuba en su seno.

Frente a las pataletas y pitas de tantos que nos circundan y acosan, seguiremos insistiendo en estas ideas y la manera de llevarlas a la práctica...

martes, 6 de julio de 2010

Pero hay una Venezuela sana en el vientre de la enferma

Aunque las primeras miradas ponen de bulto la existencia de una Venezuela enferma y disociada, con dos economías, dos culturas, dos territorios, dos aparatos mediáticos, dos sistemas educativos... y dos proyectos políticos antagónicos dotados, cada uno, de su stock de viernes, caracazos, golpes de Estado, deslaves, referendos revocatorios, referendos constitucionales, y hasta interpretaciones constitucionales y mares de la felicidad, cuando observamos con mayor agudeza descubrimos una especie de residuo que no encaja en ninguno de los polos disociados, como si hubiese otra criatura en los intersticios de la disociación, o si esa Venezuela decadente estuviera preñada de otra. En esta segunda tesis sumaria e introductoria sobre Venezuela, exploraremos la naturaleza de ese residuo, cuya magnitud real va mucho más allá de su aparente insignificancia, puesto que bajo él subyace todo el tejido del país sano que ha logrado bien permanecer inmune, tras siglos de devastación, destrabajo y rapiña, o bien emprender, embrionariamente, un proceso de transformación real de la Venezuela enferma.

Intentaremos demostrar, además, que en el reconocimiento, articulación y potenciación de este tejido sano está la clave para encontrar un nuevo rumbo factible para la nación, y que este tejido no sólo consiste en algo distinto de la polarización entre establecidos y excluidos, que actualmente nos corroe, sino que se desprende de una lógica diferente. El punto de vista superador que nos proponemos defender aquí no es el de la inclusión versus exclusión al interior de una Venezuela premoderna, mercantilista, dependiente, rentista... e inviable, sino el de la transformación profunda de esa Venezuela estructuralmente obsoleta en otra realmente moderna, y con perspectivas de superar la modernidad misma a largo plazo, en donde haya espacio para todos. De donde se deriva que, para nosotros el enfoque transformador, como lo hemos venido sustentando desde que arrancamos este blog (véase, por ejemplo, el artículo "El enfoque transformador para armar nuestro rompecabezas latinoamericano"), es previo y privativo ante cualquier enfoque meramente "incluidor", ya sea del tipo conformador, basado en la adopción de modelos liberales de consolidación de la dependencia y maquillaje de la Venezuela agonizante, o ya del tipo anticonformador, inspirado en la idea de hacer tabla rasa con la sociedad existente y adoptar el modelo "socialista" cubano o sus variantes.

Y aquí va, sin más preámbulos, nuestra segunda tesis.

Segunda tesis: La aguda polarización política actual, el síntoma más visible de la enfermedad que padecemos, impide ver que la sociedad venezolana está también preñada con una criatura y tejidos sanos

En el ring social visible de la conflictiva Venezuela contemporánea se hallan dos contendores principales: por una parte, una alianza social de herederos de amos del valle, comerciantes especuladores, terratenientes improductivos, patronos desalmados, excontratistas y exfuncionarios corruptos, egresados universitarios socialmente insensibles, empleados y trabajadores sindicalizados burocratizados, profesores y maestros repetitivos, estudiantes caletreros, y, en general, estamentos de viejo cuño y sectores tradicionalmente privilegiados de variada índole, por décadas habituados a medrar de, y considerar como suya o potencialmente suya, la fácil renta petrolera, provistos de una cáfila de politiqueros que, a conciencia o con escasez de ella, han venido defendiendo sus intereses y permiténdoles captar los necesarios votos de incautos para ganar elecciones, versus, por otro lado, una población marginalizada que nunca pudo accesar al establecimiento de una sociedad cerrada y con escasas oportunidades de superación, crónicamente desempleada o subempleada, escasamente capacitada, resentida, ahita de penurias y necesidades insatisfechas, ancestralmente excluida y ahora representada y armada con su propio batallón de funcionarios públicos y militares, representantes y vociferantes tribunos prestos a quitar a los de ayer para ponerse ellos, que se siente con derechos a recuperar en poco plazo, sin mayores esfuerzos y de ser preciso por la fuerza o con una mínima legalidad, los bienes y servicios que le habrían sido negados por décadas o siglos.

Lejos de un proceso de edificación social sobre la base del desarrollo de fuerzas productivas, participativas o creativas reales, nos topamos con un torneo de fuerzas improductivas, conservadoras o arribistas, sin imaginación o plagadas de fantasías, y lideradas ambas por artistas de la manipulación. Estamentos privilegiados versus muchedum- bre empobreci- da, o estable- cidos versus excluidos, pareciera ser el título del combate central, ante el cual todos los demás reclamos y conflictos, incluyendo la lucha de clases entre verdaderos burgueses y verdaderos proletarios, rezada en los textos marxistas clásicos, quedan relegados a un segundo plano. La marcada conflictividad, irracionalidad e intolerancia que azota las discusiones políticas cotidianas, y que ya ha comenzado a hacerse sentir en este mismo blog, a medida que nos metemos con la problemática venezolana inmediata, tiene como telón de fondo una disputa ciega por el reparto de una casi misteriosa riqueza que emana del Estado y, para efectos prácticos, es tratada cual maná que cae del cielo.

En el fondo, los dos polos, aparentemente tan irreconciliables, son las dos caras de una misma Venezuela premoderna y fóbica ante la modernidad real, o sea, los síntomas disociados de una misma sociedad enferma, que sólo sobrevive gracias a la morfina o el oxígeno artificial que le brinda la renta petrolera, y de allí que la disputa a muerte por esa renta sea la obsesión característica de ambos polos. Sólo a manera de botón de muestra, queremos observar ante los lectores críticos que buena parte de los ataques más acerbos recibidos hasta la fecha, tanto en el plano cotidiano político como en este blog, proceden de exponentes de dichos polos, quienes, curiosamente, parecieran coincidir cuando de defenderse ante racionalidades intrusas se trata. (Fenómeno que, no sobra observar, nos ha resultado familiar a todo lo largo de nuestra modesta, pero no despreciable, participación en la escena política nacional: llegadas las cosas a las chiquitas, los representantes de los sectores de extrema derecha fácilmente se ponen de acuerdo con sus colegas epistemológicos de extrema izquierda para enfrentar, como lo hicieron con nuestra expulsión de la Universidad Central hace unos cuantos años, a quienes reconocen como outsiders...).

La situación nos recuerda las trifulcas y sus conatos que muchas veces hemos presenciado -y algunas contribuido a superar- en mostradores de aeropuertos, taquillas de entrada de teatros, colas de camionetas por puesto, supermercados con artículos escasos, accidentes con motorizados en la vía, daños en edificaciones, y afines, es decir, situaciones de crisis cuyas causas resultan incomprendidas. Allí tienen lugar enfrentamientos entre quienes, por distintas razones, se sienten o se creen -porque llegaron primero, tienen mejores palancas, gozan de un estatus social más elevado, etc.-, con más derechos que los otros a optar por las escasas plazas, oportunidades, reparos o bienes disponibles, y quienes, bien porque llegan tarde, porque se sienten desplazados o discriminados, o simplemente creen que con presión o forzando la barra tendrán más chance de obtener lo suyo, deciden batirse contra el poder de los primeros.

En tales circunstancias, la propensión a irse a las manos está siempre latente, y sólo la intervención de fracciones que coherentemente demuestran la legitimidad de sus derechos y/o de algún mediador, o de alguna autoridad, líder o representante del ente que distribuye el servicio o bien, estableciendo reglas o pautando soluciones razonables, suelen ser los mecanismos para apaciguar los ánimos caldeados; y viceversa, la apatía de los derechantes y/o la parcialización e indolencia de mediadores u organizadores actúan como disparadores de conductas irracionales, que no pocas veces han desembocado en rupturas, golpes, pedradas, plomazos y hasta mierdazos (pues todo esto lo hemos visto desde en ambientes estudiantiles, sindicales y profesionales, hasta circunspectos inmuebles y colectivos de clase media...).

Durante la pasada crisis política de 2002-2003, e incluso antes, desde septiembre de 2001, constituimos un pequeño movimiento, sacamos y divulgamos algunos documentos, y acudimos a los medios de comunicación para, en medio de las burlas y chiflidos de extremistas de ambas polaridades, que se cansaron de tildarnos de ingenuos cuando no de bolsas y tontos útiles, proponer la figura constitucional del Referendo Revocatorio como vía para dirimir el enfrentamiento que nos asfixiaba y que por un tris no nos condujo a una guerra civil. Debemos confesar que, otra vez, tuvimos poco éxito, y que de no ser por la intervención, en 2003-2004, del Centro Carter, con el propio Jimmy Carter al frente, de la OEA, con su Secretario General César Gaviria, quien se instaló en el país durante meses con su Comisión Mediadora, y, sobre todo, pese a su bajo perfil, de los buenos auspicios de Lula, como máximo líder latinoamericano, no se hubiese llegado a la superación del aparentemente insoluble conflicto político, basado en la aplicación, en agosto de 2004, del... ¡Referendo Revocatorio!.

(Y, otra vez, curiosamente, y a riesgo de traer a colación recuerdos que nos acrediten al estatus de chochos: alguna vez adquirimos tanta experiencia en el desmontaje de estos encontronazos irracionales que, más de una vez nos fueron a buscar a la Facultad de Ingeniería para que fuésemos a servir, en otras facultades, de mediadores en conflictos entre facciones armadas de, por ejemplo, la Juventud Revolucionaria Copeyana, de un bando, y de Bandera Roja, por otro. Aunque también debemos admitir que, años después, ya comenzamos a saborear fracasos al pretender aplicar los mismos métodos pacifistas en el medio sindical obrero, para evitar, por ejemplo, enfrentamientos entre las bandas armadas de Acción Democrática, acaudilladas por Lucas Pérez, de un bando, y fracciones de izquierda del MEP y otros, organizadas en movimientos como el Movimiento de Trabajadores del Transporte, MTT, en el otro. En otra ocasión, en el medio profesional, debimos resignarnos a presenciar el destrozo del Colegio de Ingenieros de Guayana, en un acto político promovido por la Causa R, a cargo de bandas armadas sindicales de Acción Democrática... En los ambientes sindical, campesino y barrial venezolano es cosa corriente, desde hace muchos años, y con tendencia al agravamiento en años recientes, que se desprecie el debate, y que las elecciones y procesos políticos, o de contrataciones o negociaciones colectivas, se aderecen con cayapas, palizas, cabillazos y hasta asesinatos. De acuerdo a datos del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos, PROVEA, que circulan en Internet, sólo en 2009 fueron asesinados, en Venezuela, 29 sindicalistas y trabajadores...).

Al país lo vemos como a la deriva, marchando ciega y lenta, pero seguramente, hacia su degradación en un callejón sin salida; abonando el terreno para probables enlutamientos y tragedias futuras, aunque con reservas que nunca será tarde para reivindicar. No se trata de que en la sociedad venezolana presente no existan muchísimos venezolanos responsables, serios y honorables, desde empresarios, profesionales, gerentes, artistas e intelectuales, hasta dirigentes de la comunidad, trabajadores diversos, artesanos, vecinos, amas de casa, madres abnegadas, estudiantes genuinos, etc., sino de que estos están como pasivos, opacados y apabullados por los chillones, extremistas y arbitrarios. Como ya lo señalamos, desde ambos polos en pugna se ha generalizado el empleo del término nini, para denotar los especie de pendejos residuales que todavía no se han dado cuenta de cómo es que se bate el cobre y a quienes hay que sacudir de su letargo cuanto antes mejor. Se asocia la condición nini a la pasividad o la indolencia, a la inconsciencia o la confusión, mientras que la belicosidad de los oposicionistas versus oficialistas, alias escuálidos versus chavistas, o "con el proceso" versus "con la unidad", se reivindica como normal.

Cierto es que no será nada fácil construir una fuerza social y política al margen de la polarización presente, y que ya han ocurrido y siguen teniendo lugar, protagonizadas por ambos bandos -a la colombiana...-, muchas manifestaciones ilegales y actos reñidos con la constitucionalidad, tales como el desconocimiento de representantes populares legítimamente electos (desde el propio Presidente hasta el Alcalde metropolitano), intentos de organizar procesos electorales revocatorios al margen del CNE, la revotación de la elegibilidad continua que ya había sido rechazada, la manipulación de las circunscripciones electorales y la Ley de las Comunas, entre los recientemente más odiosos, pero de allí no podemos derivar, como ha querido hacerlo cierto oposicionismo, y también cierto oficialismo, que estamos ante un "régimen de facto" o "una subversión de facto". Y muchísimo menos podemos arribar a esta conclusión si quienes peroran sobre ilegalidad constitucional son los mismos que hace todavía pocos años, y sin que se hayan dignado a admitir sus faltas, pisotearon los textos constitucionales y estuvieron, ambos bandos, en 1992 y 2002, en los umbrales de un magnicidio. Si cada vez que alguien comete un delito, e incluso si comete muchos, vamos a concluir que ha sido abolido el Código Penal y que estamos al margen de la ley, estamos fritos y atrapados sin salida. Los evidentemente ilegales actos del actual gobierno o de buena parte de la actual oposición tienen que constituir un incentivo adicional para restaurar la majestad perdida de la Constitución y de la Asamblea Nacional.

Y lo mismo vale para el tráfico mafioso de alimentos y la especulación rampante con la comida, para el despelote disfrazado de soberanía alimentaria que estamos atestiguando, o para la arremetida contra el Grupo Polar, que es de lo mejor, más moderno y competente con que contamos para avanzar hacia cualquier desarrollo alimentario sustentable. Estos hechos tienen que conformar un desafío a la eficiencia, a la productividad, a la buena producción, conservación y distribución de los productos alimenticios, y no un pretexto para confiscar bienes de empresas productoras genuinas, o para volver a intentar tumbar el gobierno, por incapaz que sea, pues todo ello podría sumirnos en un peor caos alimentario o de cualquier otra índole, cuando no una anarquía a lo Rwanda, ante la cual el desorden que tenemos se convertiría en un recuerdo de armonía.

En todas las esferas sociales tenemos evidencias del mismo síndrome polarizante que oculta e intenta minimizar la importancia de los tejidos sociales sanos. Especuladores versus confiscadores, en el ámbito económico, que no dejan ver a los productores genuinos, tanto empresarios, como gerentes, profesionales, técnicos y trabajadores en general; tan mal estamos aquí que los sindicatos, y no pocos patronos, suelen ser enemigos de los programas de capacitación y elevación de la productividad, y si hay algún trabajador deseoso de aprender su oficio y superarse rápidamente es despedido ante la amenaza de que quiera hacer carrera en la empresa (lo que implica aumentos de sueldo, prestaciones, etc.), o tratado de esquirol y vendido al patrón por sus colegas del sindicato... En el plano cultural, son incontables, por decir algo, los verdaderos artistas desahuciados y en situación de penuria económica, sea porque no gozan del favor oficial o porque compradores públicos o privados de sus obras no se las pagan, o los intelectuales que intentan hacer carrera sin adscribirse a las poderosas toldas enemistadas; y hasta la Santa Madre Iglesia se involucra en las diatribas políticas del día a día... En la esfera mediática, no pocos hablan de la desaparición del periodismo, pues la labor de informar con un mínimo de objetividad parece cosa del pasado, y sólo los palangristas vergonzantes o declarados parecieran tener sus trabajos asegurados. ¿Quién se acuerda ya de la época en que las noticias eran sinónimo de una mínima imparcialidad, y hasta era de rigor colocar en un recuadro o tipo aparte las opiniones del reportero o del entrevistador?... En cuanto al mundo educativo, que ya hemos dicho en otro lado que es más instructivo que cualquier otra cosa, los verdaderos maestros y estudiantes, los amantes del saber y el aprender, resultan opacados por los repetidores de textos y los afanosos de copiarse si es preciso y obtener sus títulos como sea... Hasta en la órbita de la ocupación del territorio: ¿Cuántos espacios hay en el país, y verdaderos empresarios dispuestos a valorizarlos, dispuestos para urbanizaciones y edificaciones racionalmente planificadas y con precios accesibles para la población trabajadora? ¿O es que acaso los inmuebles no pueden dividirse fácilmente entre los de precios exhorbitantes, no pocas veces inflados por el lavado de dinero de procedencia ilegal, y los informalmente construidos tanto en sus espacios como en sus materiales? ¿Quién dice que es falso que existen tanto especuladores de cuello blanco como invasores de cuello marrón especializados en construcciones en laderas de montañas, playas y quebradas inaptas para la construcción, incluso de acuerdo a ordenanzas vigentes?...

La polarización política actual, la más visible y evidente de todas nuestras asimetrías, no es sino la punta del iceberg de una mucho más profunda y vetusta polarización que recorre a lo largo y ancho toda nuestra estructura social. Y nuestra tesis segunda es la de que no es posible intentar superar tal polarización política si no se parte de tejidos sociales sanos, es decir, no afectados por los morbos generales que nos devoran.

En todos los casos, los rasgos distintivos, la piedra de toque para reconocer los rasgos de la Venezuela enferma en contraste con la sana son la actitud ante el trabajo y el conocimiento. Dondequiera que apreciemos valores y conductas de respeto al trabajo, por la adquisición de conocimientos, y al menos de tolerancia ante las opiniones ajenas, estamos ante las fibras sanas, mientras que allí donde reinen el rentismo, el facilismo, el inmediatismo, la improvisación, el amiguismo, el clientelismo, el fanatismo, el autoritarismo, el personalismo, el premodernismo, el elitismo, el marginalismo, y demás y demasiados ismos que nos acogotan, nos hallamos en presencia de la Venezuela enferma, no importa con que gorra o con que franela se nos presente.

Y, ¡ojo!, no se pierda de vista lo que dijimos arriba en cuanto a la racionalidad de esta distinción, o las lecturas de artículos que recomendamos en la entrada anterior: aquí estamos hablando de una estructura social, de valores, de comportamientos, de instituciones..., enfermos, no de individuos enfermos, y no es nuestra intención estigmatizar a, o negar la posibilidad de la superación de, nadie. Nuestras críticas, muchas veces nada suaves, a las políticas de Acción Democrática o COPEI, o a la actual oposición o al gobierno, no significan que creamos que todo lo que hagan la oposición o el gobierno está malo, y menos que sean moralmente malos los partidarios de uno y otro. Lo que deseamos resaltar es la existencia de prácticas y dinámicas viciosas en ambos polos, que no conducen a la superación sino al empeoramiento de nuestra ya agudísima crisis presente. Y es por esto que no quisimos abordar, desde el inicio de nuestro blog, la conflictiva problemática política vigente, sino que decidimos, y vamos a continuar haciéndolo, meterle una lupa potente a la problemática general de la transformación de capacidades en nuestros países, pues sólo así podemos apostar a una superación real de nuestros conflictos y contradicciones de hoy.

En la próxima entrega nos concentraremos en indicar algunos elementos que podrían servir de guía a la hora de impulsar un esfuerzo superador, basado en el deslinde de campos entre la Venezuela sana y la enferma, y apostarle fuerte a
la superación de nuestra grave crisis estructural.

viernes, 2 de julio de 2010

Tenemos el pesar de anunciar que Venezuela padece una enfermedad incurable

Este artículo es el primero de una serie en donde examinaremos intensivamente, por lo menos durante el actual mes de julio -y seguramente después, pero de manera más espaciada-, la conflictiva y delicada actual situación política y, en general, social, de Venezuela.

Nos sentimos ante el reto de alcanzar un razonable equilibrio entre la atención a las angustias por el acontecer cotidiano del país, según el tenor expresado por algunos lectores, y el examen más de fondo de las múltiples determinaciones de lo que nos pasa. Entre la mirada a la superficie de los fenómenos o síntomas políticos, al oleaje de acontecimientos y opiniones resaltados en las primeras planas y titulares de diarios y noticieros, y una auscultación o estudio de los diversos factores que condicionan, o interinfluyen sobre, los mismos fenómenos. La sensación que experimentamos no sólo es análoga a la que intuimos sienten muchos médicos ante las angustias de padres o pacientes que a menudo no quieren oir hablar de anatomía, fisiología, causas, exámenes, historias, contextos, nuevas consultas, etc., sino simplemente recuperar de una vez la salud perdida o amenazada, sino bastante más crítica que eso, pues los dolientes parecieran convencidos, primero, de que es un fulano, casi siempre el mismísimo Presidente de la República, el culpable, o conjurador, según sea el caso, de los males, y, segundo, que la receta curativa debe ser cuanto más mágica mejor, vale decir, que no les exija ningún esfuerzo, cambio de actitud o disciplina para curarse... La situación se nos asemeja a la de un galeno tratando a quien está convencido de que su problema es el mal de ojo y/o se cree una criatura índigo, por lo que sólo un gran brujo lo puede curar...

Francamente, no nos percibimos improvisando en absoluto, y aun tenemos la impresión de haber dado con una buena porción de las raíces de la compleja enfermedad venezolana, a cuya comprensión, y tratamiento -pues no hemos estado precisamente contemplándola a través de una vidriera-, hemos dedicado muchos de nuestros más lúcidos y mejores días. Pero, incluso si renunciamos a pretender expresar palabras finales sobre nada, y sólo aspiramos a la posibilidad de interpretar hechos más allá de sus apariencias, o a intentar incidir sobre peligrosísimas tendencias en curso, tenemos que admitir de entrada que no sólo nos vemos ante un desafío mayúsculo, lo cual nos estimula, sino también ante una formidable barrera comunicacional, que a ratos nos anonada.

(De paso, no sería nada malo si, al menos los lectores que no estén tan apurados, le dieran, previamente, en paralelo o como complemento, a esta lectura, una ojeada al panorama de artículos relacionados del blog y, especialmente, a la subserie de cinco artículos sobre la realidad venezolana, de julio del año pasado: "Hibridados e ilusionados (I, II, III, IV y V): ...", pues, en alguna medida, esta nueva serie supone al menos cierta familiaridad con esas ideas).

Y, sin ánimo de ahorrarnos la tarea de sustentar todo lo que afirmaremos, comenzaremos con un enunciado o síntesis, una especie de "sumario", armado en tres artículos y tesis centrales, de las que probablemente serán las principales conclusiones de nuestra reflexión en curso. Este es el primero de estos artículos introductorios, con la primera de tales tesis. A quienes esto ya les resulte intragable los invito a que nos veamos de nuevo, en el blog, por allá por septiembre, después de que pase esta subserie, pues es maldad que insistan en leerme si no soportan esta primera dosis de la prescripción que haré (y no vaya a ser que se empecinen en insultarme a mí y a mi madre más y más y más..., hasta que las cosas se nos puedan salir de control (y de repente se suelte algún bicho de los que también llevo por dentro)).

Primera tesis: A la venezolana la vemos como una sociedad estructuralmente obsoleta e incurablemente enferma, a la espera de una tragedia fatal muchas veces anunciada

Bajo el ropaje de una sociedad moderna y cuajada de aparatos de último modelo, en Venezuela se oculta una estructura social no lo suficientemente distinta del mantuanato latifundista/mercantilista que, pese a los ingentes y heroicos esfuerzos de los fundadores, emergió tras las cruentas luchas independentistas y siglos de dominación colonial.

Mientras que a las sociedades primitivas las podemos identificar por su modo de vida centrado en la imaginación, la planeza en las relaciones humanas y la adaptación armoniosa a la naturaleza; a la mayoría de las antiguas las vemos gravitando en torno a las tradiciones, las descendencias privilegiadas y el trabajo artesanal o de fundamentación empírica; a las medias, dentro de las que incluimos a las mantuanas, latifundistas o feudales, y a las mercantilistas, las concebimos como jerárquicamente estructuradas en base a leyes y dogmas revelados, a la racionalidad lógica y al trabajo técnico; mientras que a las verdaderamente modernas las entendemos organizadas en base a ciudadanos con derechos y deberes democráticos iguales, capacidad para elegir y controlar a sus gobernantes, soberanías realmente residentes en el pueblo organizado, ideologías centradas en la idea de la libertad y asidero en el conocimiento científico, economías reposantes en el trabajo y la innovación tecnológica, y enfoques sistémicos u optimizadores de las soluciones a los problemas.

Inclusive si hubiese errores gruesos en la anterior y ya burda caracterización, nos resulta obvio que Venezuela no calza las botas de una sociedad verdaderamente moderna, ni rellenando estas con papeles, si fuesen de talla mayor, o untándolas con vaselina, en el caso opuesto. Con su petróleo y las rentas anexas, Venezuela ha comprado, instalado, ostentado y despilfarrado numerosas fachadas, ropajes, envoltorios y guilindajos de tipo moderno, pero ella misma, como aquella que se vestía de seda..., sigue siendo una típica sociedad con un modo de vida medio, con no pocos arrestos antiguos. Y, a quien esto le parezca subido de tono, o de contenido, la invitamos a preguntarse, sólo como abreboca: ¿Cuándo y dónde ha visto al pueblo venezolano seleccionando en base a sus méritos a, y ejerciendo el control sobre, sus gobernantes (más allá del pase de factura en las siguientes elecciones, cuando todos los platos se han roto y todos los males quedan hechos)? ¿A cuántos venezolanos conoce que hayan escogido sus destinos con base en el conocimiento de sus mejores potencialidades y la escogencia consciente entre sus oportunidades, o sea, haciendo uso de su libertad? ¿Cuántas veces ha visto que una discusión o conflicto entre venezolanos concluya arribando a un nuevo planteamiento que englobe, al menos parcialmente, los postulados originales de las partes, sin lo cual es difícil imaginar que pueda funcionar un régimen realmente democrático? ¿Cuántas empresas, instituciones, profesionales, gerentes o individuos en general conoce, a quienes pueda considerar como innovadores tecnológicos y empeñados en estudiar científicamente los problemas para buscarles soluciones óptimas? ¿Cuántos verdaderos estudios de factibilidad ha visto, en donde se considere el retorno a largo plazo de inversiones en capital físico y humano? ¿A cuantos venezolanos conoce de quienes pueda asegurar, sin redondeos, que poseen un marcado afán de superación por sus propios méritos, una misión clara en la vida, una preocupación por mantenerse al día en su campo profesional, una vocación de servicio responsable ante la colectividad?... ¿No les da la impresión de que los entes criollos dentro del rango de las respuestas a estas preguntas son más bien la excepción que confirma la regla, mientras que cualquiera que haya vivido unos meses en una sociedad moderna -hablando el idioma de ellos, claro está- rápidamente aprecia que la situación se presenta a la inversa, o que la mayoría sí calza las mencionadas botas?

O, si todo esto les parece complicado, invitamos al lector residente en el territorio patrio a levantarse unos pocos minutos y hacer un minitour por su propia casa o por el ambiente en donde está leyendo este artículo, y reconocer los artefactos domésticos, utensilios, materiales, libros, discos, etc., verdaderamente Hechos en Venezuela..., pues nos resulta claro que lo que resaltará será la impronta de los No hechos en Venezuela y el carácter postizo de nuestro modo de vida. Bastará con que vayamos a la cocina y examinemos un simple rallo, de esos de rallar queso: si está oxidado, abollado y renegrido, probablemente fue hecho aquí, pero si está reluciente, compacto y sin oxidar es importado, pues en nuestra amada tierra, después de medio siglo de "desarrollo siderúrgico" y más de un siglo de explotaciones del mineral de hierro (casi tres si recordamos a los capuchinos catalanes aquellos...), no se produce todavía acero inoxidable y se cuentan con pocos dedos las empresas que saben darle el temple apropiado a los objetos metálicos. ¿Qué clase tan singular de sociedad moderna es ésta que todavía no ha aprendido a hacer un vulgar rallo de cocina?

Toda la vida venezolana contemporánea gira en torno a ilusiones bien de modernidad -erradamente llamada armonía en aquel valioso libro del IESA coordinado por Moisés Naím-, o bien de acceso, por vías milagrosas y mesiánicas, a la modernidad, ahora @ "Socialismo del Siglo XXI"; a pretensiones de dárselas de haber visto cosas en Disney World o Epcot Center y querer vivir como los amigos o parientes que viven en Miami, pero sin echarle ni un centésimo de bola a producir, crear y organizarse socialmente como en Miami, o, en el reverso de la moneda, a echarle la culpa a los pitiyanquis que van a Miami de que en el cerro se acumulen las basuras, se cobren peajes o se cometan varios crímenes todos los fines de semana... La vida, el discurso venezolano de cada día, transcurre en un mar de mentiras y fantasías, con el beneficio de que el inmediatismo permite que cada día se olviden las del anterior. Echones, despelotados, desconfiados, palabreros, incumplidos, pantalleros, informales, desarraigados..., vivimos bajo la premisa de que no hay que trabajar ni pensar mucho pues algún día nos tocará el premio gordo de la lotería, nuestra merecida cuota del reparto petrolero, como el fulanito aquel que era un pelador como yo y, después que lo nombraron Jefe de Compras de..., o de que consiguió el contrato con su amigo de..., o de que contactó al jíbaro aquel que distribuye el crack..., etc., se metió en la pomada.

No sabemos cuando, ni como ocurrirá, pero tenemos la certeza absoluta de que este modo artificial, falso, obsoleto y agonizante de vida tiene sus días contados y morirá trágicamente, cuando se agote su sustento no tan secreto: la renta petrolera. Vivimos en un caldo de ilusiones, mentiras y aspavientos porque nuestras necesidades, en mayor o medida, se satisfacen no gracias a nuestros esfuerzos y talentos, lo que rápidamente nos conduciría a un mejor sentido de las proporciones de la realidad, sino a las palancas, el amiguismo, el clientelismo, el mesianismo... que, en última instancia desembocan en lo mismo: el acceso a la riqueza no ganada. La tan vilipendiada, de boca afuera, "corrupción", no es sino uno de los mil mecanismos vigentes de acceso a la riqueza, sin escalas en la creatividad o el trabajo. Una sociedad así es claro que no puede sobrevivir indefinidamente, pues sería como una especie de inmenso móvil perpetuo que, con siglo y medio de termodinámica a cuestas, los científicos no han podido construir, incluso en las mínimas escalas de los experimentos de laboratorio.

Como quiera que nos gusta desconfiar de lo razonable y confiar en lo irrazonable, que el autor pudiese estar equivocado o exagerando, incluso concediéndole momentáneamente sentido a las sutilezas de la joyita que hace días escribió en un comentario anónimo del blog que al autor lo mata "la prepotencia", que es un "niñito de mamá [a quien] nadie le quita su juguete", que por tales razones está "solo", que es un "abuelo viviendo de recuerdos" que se ha quedado "viejo", y piropos afines, o, más incluso todavía, admitiendo que quien suscribe pudiese ser el bolsa o pendejo más consumado del planeta, a quien no habría ninguna razón para creerle ni papa, entonces, siempre caros lectores, los invito a no pararle a mis palabras, sino a pasearse, aunque sea brevemente, por algunas de los millones de páginas de Internet que tratan del tema de la "enfermedad holandesa", "síndrome holandés" o "mal holandés" (cada vez más también conocido por sus alias "enfermedad venezolana", etc.), y/o a los cientos de miles que se ubican bajo el rubro "Tragedia de los comunes" (o, mejor todavía, si le entran por "Tragedy of the Commons"...), pues allí se encontrarán con un exhaustivo tratado del drama de fondo de Venezuela.

Mientras que la "enfermedad holandesa" -llamada así por la experiencia de las distorsiones de la economía de Holanda tras los descubrimientos de petróleo, en el Mar del Norte, en los años sesenta-, y con cada vez más frecuencia llamada también "venezolana", se describe por el síndrome del deterioro de los rubros no sobrepreciados en los mercados internacionales, en relación a aquellos que sí lo están -como el petróleo-, y la "Tragedia de los comunes" cuenta el caso paradójico de una sumatoria de "éxitos", "logros", "liderazgos" e ilusiones diversas de individuos aislados, gracias al aprovechamiento de un recurso agotable, verbigracia, el petróleo, pero que tarde o temprano conducirá a un "inesperado" colapso o tragedia de los comunes, o del colectivo, cuando se agote el recurso del que dependían tales resultados, la conjunción de ambos síndromes constituye un retrato al carbón de la enfermedad venezolana y su bastante seguro desenlace. Dicha tragedia es, en síntesis, el guión, a las escalas favoritas de cada quien, de las "bullas" y los campamentos mineros, de la historia de España y su adicción a la plata y el oro de América, de los que se vuelven locos con premios de lotería, de Perez Jiménez y su boom de concesiones en los años cincuenta, de Carlos Andrés Pérez en los setenta, del Morocho Hernández y su fortuna ganada súbitamente en el boxeo, de la actual gestión de gobierno... y basta de redundancias.

Toda la falsedad que impregna hasta los tuétanos la política venezolana parte del hecho de que los actores, ahora llamados operadores, políticos, intentan convencer a los electores de que manteniendo constante toda la trama de vicios del país, pero con ellos sentados en el gran sillón de Miraflores, las cosas van a cambiar. Con dádivas, halagos, subsidios, becas, pensiones, regalos, ayudas, favores, limosnas..., bajo el principio, ahora hasta convertido en consigna política, de que el "amor con amor se paga", todos los gobiernos, sin excepción aunque fuese por meses, que este ahora apedreado bloguero ha conocido, han participado de este vicio estructural de la política criolla. Y, viceversa, todos los que han predicado lo contrario han salido con las tablas en la cabeza.

¿De nuevo como Santo Tomás? Está bien, aquí van, de memoria, pues si me pongo a jurungar fichas sí es verdad que esto va para rato, algunos botones de mi muestrario de vivencias directas. Mario Briceño Iragorri, en su Mensaje sin destino, nos dice que somos una nación "antihistórica" y que para reconstruirnos debemos empezar por reinterpretar nuestro pasado y librarnos de la manía de todos nuestros dirigentes de seguir usando las ideas y luchas de los fundadores de la patria para la obtención de beneficios políticos inmediatos (le pidió al gobierno, de Larrazábal, apoyo para crear una nueva universidad obrera y recibió, como respuesta irónica, una propuesta de nombramiento de director de una empresa publicitaria de modas); en su despedida, en un artículo en El Nacional, pocos días antes de su fallecimiento, en 1958, denunció que la mayoría de personalidades aparentemente responsables del país en el fondo no estaban sino pendientes de obtener poder, beneficios y prebendas personales, y oró por que los jóvenes pudiesen edificar la República a la que no habían sabido servir los viejos como él... Mariano Picón Salas dice, en algun lugar de su Comprensión de Venezuela, que no somos un verdadero país sino una geografía con alguna gente encima, que termina por execrar a sus intelectuales, y que tenemos el reto de construir, con las mejores cabezas pensantes de todas las disciplinas y frente al oscurantismo e ignorancia que arremete una y otra vez contra la inteligencia creadora, una nación verdadera; murió en 1965, más reconocido en el exterior que en su patria, y la izquierda guerrillerista tuvo los riñones de sabotear el principal homenaje en su honor que quiso rendirle la Universidad Central de Venezuela... Juan Pablo Pérez Alfonzo, el primero que estudio la estrecha relación entre la "enfermedad holandesa" y el caso venezolano, hablaba, en sus últimos años, en los setenta, de los desastres y la corrupción de la Venezuela actual, cual si los hubiese vivido, y, desesperado porque los líderes no querían escuchar sus gritos de alerta ante la enfermedad del derroche y el despilfarro que ya corroía al país, tituló su último libro, en un esfuerzo por llamar la atención, con la frase Hundiéndonos en el excremento del diablo; murió en 1979, aislado, difamado, tratado de "Loco de los Chorros" y de "Profeta del Desastre", pidió expresamente que, ya que no se le había prestado atención alguna, pues que tampoco se le hiciera reconocimiento post mórtem alguno... Alfredo Maneiro, el único político importante del país que le prestó atención a los sombríos pronósticos de Pérez Alfonzo -que le fueron presentados en Londres por el muchacho que fue el suscrito- y elaboró un Proyecto de Ley de Reducción de la Producción Petrolera, para impedir la inevitable corrupción que se nos venía encima, y que fue objeto, tanto él como el Proyecto, de burlas y comidillas por todo el establecimiento político criollo; murió, relativamente joven, en 1982, si no estrictamente solo, sí mientras dirigía un grupúsculo con escaso impacto real en el acontecer político nacional; el actual gobierno, campeón si no olímpico por lo menos bolivariano del derroche y la corrupción, pero quien ha engrosado sus filas con algunos cuadros venidos de las iniciativas de Alfredo, está empeñado en capitalizar su imagen, le ha dado su nombre a la Siderúrgica del Orinoco, y no pierde ocasión de asociar citas aisladas suyas a las ejecutorias del presente... Miguel Otero Silva, escritor, periodista, intelectual, en su legado literario nos dejó su desgarradora visión de la sociedad venezolana del siglo XX y sus antecedentes; en una de sus novelas, Cuando quiero llorar no lloro, lanza un grito angustioso sobre la falta de salidas superadoras de la juventud venezolana, en cualquiera de sus tres extracciones sociales principales: baja, media y alta, pues allí tres jóvenes de nombre Victorino, nacidos el mismo día de 1948, marchan inexorablemente, uno Pérez, como malandro, otro Perdomo, como guerrillero, y el otro Peralta, como patotero, hacia una muerte trágica un mismo día de fines de los sesenta; murió en 1985, leído, sí, pero escuchado nunca, al punto de que sus novelas se estudian cual piezas estéticas de museo y la oligarquía criolla con sus padrinos transnacionales le impidieron ejercer la dirección de la empresa periodística de su propiedad, El Nacional, que le legó su padre, por lo cual, con su legendario humor, llegó a decir que él era el único verdadero capitalista privado del país, puesto que el capital que había heredado le había sido privado por los ricos... Jóvito Villalba, político, tribuno, uno de los principales constructores de la poca democracia que hemos conocido, declaró a fines de 1987, antes del Caracazo, que nuestra democracia era ficticia y estaba asentada sobre un polvorín de miseria que en cualquier momento estallaría con una avalancha desde los cerros; nadie le prestó atención, murió en 1989, poco después de la puesta en escena de sus pronósticos, solo, con su partido venido a menos... Luis Beltrán Prieto Figueroa, convencido de que la construcción de un verdadero país pasaba por crear un sólido sistema educativo, le dedicó su vida a convertir en realidad su sueño de pasar "de una educación de élites a una [con calidad] de masas", y a la "canalización del instinto de lucha" de los jóvenes; logró, a contracorriente, algunos resultados hasta fines de los sesenta -que muchos creemos haber aprovechado-, pero a partir de 1968, cuando se le privó, por la soberbia y el entreguismo de Rómulo Betancourt, de ser Presidente de la República, en elecciones, muy probablemente fraudulentas (cuando en el Consejo Supremo Electoral se estrenó el "procesamiento" automatizado de datos, bajo el exclusivo control de AD y COPEI...), se inició el desmantelamiento de su obra educativa, hasta llegar al desolador panorama actual; fue aislado y ridiculizado, murió, bastante solo, con un MEP en decadencia, en 1993, y nunca se le hicieron los reconocimientos que merecía... José Ignacio Cabrujas, brillante escritor, articulista y dramaturgo, se cansó de criticar la grandilocuencia y falsedad de nuestros discursos, ideologías, mitos y textos legales, demostró que en nuestro teatro no podía haber héroes ni verdaderas tragedias, pues nos faltaba el más elemental sentido de nobleza o grandeza, sin el cual es imposible el heroísmo, comparó a Caldera, en su segundo gobierno, con un Windows vacío, y propuso que nuestra Constitución empezase por sincerarse y ser una especie de letrero detrás de la puerta trasera de hotel, con listados específicos de lo obligatorio y lo prohibido por los usuarios; murió, aunque leído, en 1995, mientras se empeñaba en sacar al teatro de su aislamiento y sin entregarnos su obra magna, alejado de todos los partidos, y -en lo personal, pues me consta- abatido y desilusionado... Arturo Uslar Pietri, intentó desentrañar las raíces ideológicas e históricas de la llamada "viveza criolla" y predicó por décadas que teníamos que aprovechar el período de las vacas gordas y los ingresos petroleros, para prepararnos para el inevitable período de las vacas flacas, pero, aparentando que se le oía, se hizo exactamente lo contrario de lo que predicaba; murió, en 2001, aislado, solo, declarando que nada había podido contra los "vivos" y que él había sido un "pendejo"...José Manuel Briceño Guerrero, en su discurso de aceptación del sillón en la Academia de la Historia, declaró que "no somos una patria" y algo así como que debería llenarnos de vergüenza mantener un culto a Bolívar que no se corresponde con lo que sentimos y llevamos en nuestros corazones; vive, aislado, tratado como jarrón chino, en Mérida, y el Gobierno está empeñado en usar extractos de su obra con fines proselitistas, pero hasta la fecha no hace sino corroborar la incongruencia sacrílega que él ha denunciado acerca de nuestras almas... Domingo Felipe Maza Zabala, gloria de las mentes nacionales, con una vida y obra entregada a comprender y reorientar nuestra economía, lleva años alertando sobre los peligros superlativos de la dependencia de la renta petrolera y la adicción importadora; vive, diagnostica, publica, alerta, suplica... nadie le para bolas y ya empieza a correr la conseja de que es un acomplejado y resentido, y ya es candidato a "traidor a la patria"... Francisco Rivero, filósofo clásico educado en las mejores academias del planeta, lleva años diciéndonos a los venezolanos que estamos profundamente extraviados en las entrañas de la modernidad, el materialismo, el hedonismo, el [añadimos nosotros, plebeyos] vivalapepismo, sin que nadie lo escuche con seriedad; en todas las universidades de las élites y en foros encumbrados lo han acosado, tildándolo de comunista o sus sinónimos, mientras que de los canales y emisoras estatales lo han echado, entre discretamente o a patadas, por el delito de sospechoso de lesa escualidez; y allí está también, aislado, incomprendido, preparándose para sumarse al antipanteón de los venezolanos repudiados por un país morbosamente intoxicado, que se humilla ante el poder y la riqueza fácil, pero se enardece y subleva ante los justos...

Y así podríamos pasar horas, yo escribiendo y con ganas de que ustedes sigan leyendo, y luego días, con apelación a mis fichas, y luego años, con base en consultas en mi biblioteca, y luego décadas, recurriendo a las bibliotecas y hemerotecas venezolanas públicas y privadas, y luego por los siglos de los siglos, en los sistemas de información del planeta, sólo para llegar a la mismísima conclusión de marras: la sociedad venezolana está enferma, y no sólo no le para a su enfermedad, sino que, como suele ocurrir con los adictos a cocaínas, cafés, cigarrillos, refrescos (con cafeína, por supuesto, con los que es posible hasta suicidarse, a lo Christina Onassis...), y drogas afines, arremete, si es preciso con violencia, contra quienes le critiquen sus caros vicios...

Y, como quiera que muchos compatriotas desconfían de los intelectuales y de todo lo que se les ocurra, aquí va otro rosario, esta vez no de ideas, sino de hechos, recientes, conocidos, sin mayores pretensiones estadísticas, que también le dan soporte a la tesis de la Venezuela más allá de lo gravemente enferma e indispuesta a reaccionar incluso ante los más crasos síntomas de su crisis. En febrero de 1983 se derrumbó, con el llamado Viernes Negro, para los incrédulos más conscientes, el mito de la bonanza petrolera eterna, y el bolívar con todo y economía se derrumbó estrepitosamente; muchos creímos, ingenuamente, que a partir de allí el país reaccionaría y se enderezarían las cosas, pero ¡qué va!, al poco nos dimos cuenta de que había ocurrido también un Viernes Blanco, para los vivos que fueron dateados y especularon obscenamente con las divisas, y encima, a los pocos meses, ya Lusinchi había inventado la fábrica de divisas fáciles de RECADI, para sus amigotes, y enseguida empezó a decir que aquí no pasaba nada y las botijas del país estaban llenas... En 1989 hubo dos "veintisietes de febrero" o "Caracazos", en el primero, durante los días 27 y 28 de febrero, y 1 de marzo, la población marginalizada, creyendo que se habían autorizado los saqueos, y alucinada por imágenes televisivas de guardias nacionales poniendo orden en el desvalijamiento de supermercados (sic), arremetió contra la inmensa mayoría de los comercios de las grandes ciudades y lanzó a la ruina a numerosos pequeños, medianos y no tan pequeños ni medianos comerciantes y productores, y ya se alistaba para iniciar, ante el vacío de poder, el saqueo de las quintas y apartamentos de las urbanizaciones de clase alta y media, que a su vez ya se organizaba para su autodefensa; en el segundo, durante los días 2, 3, 4 y 5 de marzo, se produjo una brutal e indiscriminada arremetida contra los barrios humildes, ahora acusados en bloque de saqueadores, con lo cual se sintieron objeto de una trampa o de haber mordido una carnada, que dejó todavía no se sabe si cientos o miles de muertos, en su mayoría inocentes; ambos Caracazos provocaron, a juicio de muchos y en particular tanto del gran Comandante en Jefe como de este quizás peorro servidor, la ruptura social entre establecidos y excluidos, pero, ¡vaya ironía!, la sociedad venezolana, con sus políticos, intelectuales e investigadores científicos, en lugar de abocarse a comprender lo que a cualquier mente sensata le revelaría un agudo problema social estructural, ha terminado por escindir los dos caracazos y escoger, según el talante de cada quien, el Caracazo de su preferencia. Para los establecidos, llamados "escuálidos" por el otro bando, sólo existió el primero, con sus hordas de saqueadores violentos y arruinadores; para los excluidos, llamados "tierrúos" y hasta "monos" por aquellos, sólo existió el segundo, con sus matanzas y fosas comunes, y bastante empeño le han puesto a declarar, claro que con apoyo oficial, al 27 de febrero como día de fiesta nacional o, como rezan muchas pintas en la ciudad, como el "5 de julio popular"; buena parte de la severa polarización y antagonismo a muerte de los bloques opositor y oficial del presente, hinca sus raíces en este quid pro quo... En 1992 ocurrieron dos golpes de Estado, uno en febrero, dirigido por el teniente coronel Hugo Chávez Frías, que intentó vengar a las víctimas del Caracazo II y fracasó, luego de no poder controlar la base aérea de Maracay -en donde, con mucho, se concentra el mayor poder de fuego de la fuerza militar nacional-, y otro en noviembre, que logró tomar la gobernación del Zulia pero falló al intentar tomar La Carlota y, otra vez, a Palo Negro, en Maracay, dirigido por Arias Cárdenas. Tan enferma y apocada estaba ya la joven democracia que, lejos de indignarse ante la ofensiva contra un gobierno que, mal que bien, había sido recientemente electo por una gran mayoría del pueblo, o por lo menos preguntarse seriamente por las causas de semejante crisis, el grueso del país, harto de adecos y copeyanos, decidió colocarse del lado de los golpistas, destituir al Presidente Pérez, nombrar como presidente interino a Ramón J. Velázquez, y elegir luego como nuevo presidente... a Caldera (aunque muchos creen que el verdadero ganador fue Andrés Velazquez...), nada menos que quintaesencia del copeyanismo y de la luego llamada "Cuarta República", y, se asegura -sin que haya sido desmentido- que padrino de bautizo del propio Chávez. (Estos dos son los golpes malos para los defensores del estatus...)... En 1998 hubo otro conato de golpe, a manos de Ruben Rojas Pérez, Comandante del Ejército y yerno de Caldera, quien, se asegura, y fue denunciado por Chávez en su momento, intentaba desconocer el triunfo electoral de éste y sólo fue frenado en el último instante, con intervención del expresidente Jimmy Carter, que rápidamente avaló los resultados de los comicios y amenazó con denunciar al mundo la treta del supuesto fraude; esta intentona de golpe nunca fue debidamente investigada ni aclarada, y ni el presidente Caldera ni el actual volvieron a abrir la boca al respecto... En diciembre de 1999 ocurrió el Deslave de Vargas, hecho aparentemente fortuito y natural, cual mero fenómeno hidrometeorológico, mas resulta que, en una estructura social sana y con una vulnerabilidad razonable, anclada en el aprendizaje derivado de fenómenos muy semejantes anteriores (y, sobre todo, el no tan lejano de la tormenta de febrero de 1951), las pérdidas hubiesen sido décimas o centésimas partes de las realmente ocurridas, estimadas por una Comisión del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en 15 a 50 mil víctimas, 273 mil personas afectadas (en ocho entidades federales), cerca de cien mil damnificados, 64 mil viviendas dañadas, más de 25 mil viviendas destruidas, 9 hospitales y más de 150 escuelas averiadas, y cerca de 2 mil millones de dólares en pérdidas materiales, principalmente en Vargas; la negligencia e irresponsabilidad, tanto, por un lado, de sectores acomodados que especularon con la venta de terrenos y las construcciones playeras en conos de deyección y áreas previamente inundadas por las crecidas de las quebradas, como, por otro, las invasiones de territorios y la construcción de viviendas informales levantadas en áreas de alto riesgo, ante la indiferencia de organismos oficiales, potenciaron el impacto de las amenazas naturales; pero esto, que ya linda por los lados del colmo, es todavía la parte menos patética del drama: lo que escapa a la lógica de cualquier sociedad mínimamente sana no es sólo que ya se estén volviendo a ocupar muchas de las mismas riberas peligrosas de quebradas, sino que ya existen allí asentamientos marginalizados con caciques que han exigido y siguen exigiendo... ¡el cobro, con la anuencia de la Guardia Nacional Bolivariana, de subidos peajes a quienes pretendan construir y mantener presas de seguridad para contener los sedimentos de futuros y anunciados desastres!... En mayo de 2000, todo sugiere que se tramaba otra asonada, al calor del despelote que se armaría con los resultados inciertos de un megaproceso electoral cuyos registros habían sido deliberadamente envenenados por la empresa Election Systems & Software, conocida como ES&S; tampoco este conato de golpe fue debidamente investigado... En 2002 tuvieron lugar otros dos golpes, esta vez los golpes malos para los partidarios del actual Presidente y los buenos, o meros "vacíos de poder", para sus opositores acérrimos, uno en abril, liderado por Gustavo Cisneros, Alfredo Peña y otros, y que logró llevar por varias horas a Pedro Carmona a la silla de Miraflores, antes de ser derrocado y restituido el Presidente legítimo por la conjunción de una vigorosa reacción popular y la firme respuesta de la base de Maracay, bajo la dirección de Raúl Isaías Baduel, y otro, el del paro petrolero, en diciembre, con Luis Giusti como cerebro más visible, después de que fueran perdonados e incluso ascendidos en sus cargos buena parte de los participantes petroleros en el primer golpe. Lejos de diagnosticarse las causas de estos por lo menos cuatro golpes y dos conatos, en el país se ha optado, según el innovador método de análisis de los Caracazos y más allá de una ola de retaliaciones indiscriminadas, por separarlos en dos golpes buenos, para unos, dos golpes malos, para otros -por supuesto que con signos invertidos según de quien se trate-, y dos conatos inexistentes con aparente consenso de todos (nunca hemos entendido el silencio de tirios y troyanos sobre estos casi golpes...), siempre con la curiosidad de que no se habla de los principales responsables y se estigmatiza e intenta castigar hasta lo último a buen número de inocentes... Luego vino el capítulo de los referendos revocatorios, uno organizado desde un poder paralelo, por Súmate, a fines de 2003 y comienzos de 2004, cuya primera pregunta decía apenas que si uno estaba de acuerdo con aceptar la legitimidad del Presidente de la República (sic), y otro por el CNE, en agosto de 2004, avalado por distintos organismos internacionales y, en particular, por el Centro Carter, que le dio el triunfo al presidente Chávez; esta vez, para de verdad variar el probado esquema de los caracazos y los golpes, en lugar de simplemente aceptar uno y negar el otro, lo que por supuesto se hizo, se introdujo la paradójica innovación de que el gobierno terminó por perseguir, meter en la lista negra de Tascón y despedir de los cargos públicos, no a los firmantes del referendo malo e ilegal organizado por Súmate, sino a los del... ¡bueno, legal y organizado por el CNE!... El mismo esquema se repite con los otros dos referendos constitucionales, en donde el gobierno desconoce, en términos prácticos, la validez del Referendo de la Reforma Constitucional, de diciembre de 2007, en donde el país le dijo no a un proyecto de socialismo precipitado y poco comprendido, pues está implementando, de hecho, tanto el supuesto socialismo como el poder de las comunas y la reorganización territorial a capricho del presidente; mientras que la oposición, esta vez con sentido, considera ilegal el Referendo Aprobatorio de la Enmienda Constitucional, de febrero de 2009, ganado por el gobierno a punta de la más obscena utilización de los recursos públicos, con el reparto de los enormes pollos brasileños como punta de lanza de la campaña electoral... También pareciera que tenemos una doble Constitución, para ambos bandos, una para esgrimirla cuando conviene, incluso con lágrimas de cocodrilo, y otra para violarla cuando y como salga del forro...

Con bastante menos indicadores intangibles y tangibles de crisis que los arriba citados, en cualquier país serio, con verdaderas ganas de sanarse y salir adelante, se habrían investigado a fondo las causas de tales fenómenos, todos y cada uno de los cuales nos han colocado en el mero borde de una guerra civil fratricida. Pero, en las antípodas de eso, en el nuestro se ha procedido a declarar, desde cada bando, que la culpa de todo la tiene sólo el otro, y ambos parecieran coincidir en que lo definitivamente más molesto son los insoportables ninís, los elementos no polarizados del conflicto, que ¡ojalá y pudieran hacerlos desaparecer del mapa, o por lo menos asegurarse de que los malditos no se irán al bando contrario!, para entonces quedarse ellos a cargo de todo y dedicarse, con carácter exclusivo y sin distracciones menores, a caerse a golpazos, caracazos, referendazos, constitucionazos, eslavazos, y, por ende, al escoñete total y absoluto de la patria...

En síntesis, si este no es un país esquizofrénico, gravemente enfermo y descompuesto, y que tiene el tupé de atacar y considerar como una especie de minusválidos mentales a quienes se niegan a plegarse a semejante y suicida polarización, por ambos bandos llamados despectivamente ninís, entonces somos nosotros los esquizofrénicos, enfermos y desvariantes, que merecemos que nos llamen fifís, pipís, titís o como les venga en gana a los obsesionados de ambos polos. Pero, si lo que venimos diciendo tiene sentido, entonces los fulanos ninís somos los cuerdos, las "mujeres del médico" de la partida -recuerden la novela Ensayo sobre la ceguera, de Saramago...-, quienes todavía conservamos, en medio de la "ceguera blanca colectiva", la capacidad para reconstruir el país, es decir, que somos, nada más y nada menos, que un embrión de criatura sana en el vientre de la Venezuela podrida e incurablemente enferma, con al menos un punto de partida para rescatar la visión perdida y con una más sana comprensión del desafío para resucitar la nueva patria después de que se termine de morir la agonizante, es decir, mejor que ninís, una especie de concóns, y a su impulso y despertar quiere contribuir este blog...

Seguiremos en la próxima entrega y con la segunda tesis: no se la pierdan quienes hayan logrado terminar de leer esta sin enloquecer de arrechera y por lo menos con alguna inquietud en la cabeza, pero, por favor, piérdansela los que sí...